Julio 31, 2015 0

El diario del 31

Por Javier en General


 
Recorro la cartografía de la urbanización, bajo los pinares. Las calles tienen nombres de árbol: abedul, cerezo, sauce; de pájaro: alondra, colibrí, perdiz; de país: Australia, Bulgaria, Holanda. Busco su corazón, el lugar exacto donde se condense todo, el secreto de las vacaciones. No consigo encontrarlo, ni siquiera cerca de Andorra o Francia, calles de. A derecha e izquierda escucho voces, un cortacésped, chapotear en las piscinas. Ayer, cantos desafinados. Felicidad de veraneante. Ando detrás de ella, cada día desde hace quince, todos los años. Se escabulle.

Mañana recogeremos todo —quizá algún bañador—, cerraremos la puerta, enfilaremos el interior, al norte. Habrá por fin silencio en la casa. Llegará la nueva hornada agosteña, otras vidas, otras vacaciones, acaso con ellas la densidad que no alcanzo. Aunque no creo…

Cierro julio, cierro ‘La pecera’, de Juan Gracia; me adentro en agosto, me adentro en ‘El impostor’, de Javier Cercas. Todavía Johnny martillea mi cerebro. Pronto se irá Carlos. Mi sobrino Miguel, seis años, le pregunta a su padre: ¿cuánto falta para que dejes el móvil? Diez minutos. Yo le reto: ¿a que no sabes cuánto son diez minutos? Claro que lo sé, me contesta displicente, como siempre. Pienso para mí, desolado: ya estás jodido, chaval.

Diez minutos es lo que se tarda en leer —como mucho— un mal diario de verano (Este verano los diarios están malísimos en general). Los periódicos son como las vacaciones, como la puta vida en realidad: persiguen, porfían, pero no colman nunca. Novelas diarias de esta insatisfecha impostura.

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Julio 31, 2015 0

Quijote diario

Por Alvaro en General

Antes de que el sur vuelva al norte y el espejismo se convierta en realidad, descubro de la mano de Juan Cruz una interesante propuesta de El País para el mes de agosto. Un mes raro en Pamplona —y en estos tiempos de mudanza más todavía— que va al revés del mundo. Las vacaciones se cogen en julio. Así se disfrutan más o eso dicen.

Tras los pasos del Quijote nos llevarán dos maestros de la palabra y de la imagen, Julio Llamazares y José Manuel Navia. Cada uno aporta lo mejor que sabe hacer. A Navia tuve la suerte de conocer en la tercera edición del congreso ÑH, que se celebró en Burgos hace ya unos cuantos años (cómo pasa el tiempo… y vamos a por la edición 12). Una delicia de trabajo y de persona.

Una entrega diaria en el cuadernillo de verano del periódico impreso. No me importa que no sea un recorrido exhaustivo. Prometo disfrutarlo. Será por las cuentas pendientes en Argamasilla de Alba o en La Solana, quién sabe. Seguro que la idea no surgió de ningún laboratorio de innovación ni workshop creativo. Supongo que basta un poco de olfato periodístico. Por cierto, la palabra ‘pasión’ aparece cuatro veces en el texto.

Sólo por esto ya me apetece que llegue agosto.

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Julio 21, 2015 2

Espejismo

Por Javier en General


 
Vi agua, a mares, en Madrid. Tanto calor fotográfico me debió de confundir.

Me quemé con fuego latino en las catacumbas de Cibeles y encontré a Zurbarán no en el Thyssen sino en Gran Vía esquina Guatemala. Decía llamarse Luis González Palma y trabajar obras catóptricas. En Recoletos penetré oquedades, hallé bustos clásicos y el cuello infinito de Rebecca. ¿Cómo pudo olvidarlo Paul Strand? ¿Cómo pudo? China y Venezuela y la Alemania reconstruida y hasta Sunset Boulevard irrumpieron antes del almuerzo por la calle de Zorrilla construyendo mundos de hormigón como si tal cosa, ¡y a esas horas! En fin, olí una rosa roja, saludé cerdos volando y visualicé —como se dice ahora— infografías vacunas de 30, 60, 90 y hasta 120 días de maduración que conformaban diverxos lienzos en Chamartín. Ya digo, el calor…

Cádiz es Chile, estrecho y alargado. La Habana es Cádiz, su malecón… ¡qué más quisiera! Apenas un hilo de tierra une a Cádiz con San Fernando, la isla de Camarón, aunque de isla tiene lo que Pamplona. Por ese istmo donde caben apenas una carretera y una línea férrea ha desfilado media historia de España. Atrapado entre mar y mar, todavía puedo escucharla. Elegiría siempre ese lugar exacto.

Hoy he vuelto la cabeza: de la duna bajan a la playa unos veraneantes desconocidos. No son mis primos, ellos bajaron antes, desde el día 1 hasta ayer. Ya no están, ya se han ido, ya no son. Es otra gente. Miro las hamacas, la terraza de la casa abierta al mar y al rayo verde, que busco y no encuentro. Las mismas hamacas tumbadas por otras personas son hamacas distintas. Nostalgia convexa.

Camino del aeropuerto, por la mañana, todas las señales anuncian, prometen: San Fernando, Cádiz, El Puerto de Santa María, Jerez. Pero uno devora kilómetros y nunca llegan. Desfilan lateralmente San Fernando, Cádiz, El Puerto e incluso Jerez, escurridizos, pasan de largo pese a lo prometido, no hay destino, el viaje es relativo, no colma jamás. ¿Dónde están, dónde su esencia?

Fernando me trajo un día un gorro de un soldado caído del Vietcong y así crecí. Cayéndome, levantándome. Quise ser periodista. Quise seguirle. Nunca le llegué a la suela de los zapatos. Hasta ayer Fernando bajaba la duna, hoy el caído es él: en Chile esquina La Habana esquina Cádiz, puerta del mar, un hospital de mierda.

No sé qué estoy diciendo. Espejismos de verano. ¿Un delirio? Ojalá que sólo una deshidratada pesadilla.

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Julio 14, 2015 1

Obeliscos

Por Javier en General


 
Hay un pueblo en Granada que se llama Jun y que ha levantado un obelisco de 16 metros dedicado a Twitter. Jun tiene su Twitter Bulevar, una avenida de dos kilómetros que une la localidad con Granada capital. En el cemento fresco de Twitter Bulevar ya están dejando ‘impresas’ sus manos celebridades de la red social como Dick Costolo, director de la empresa del pájaro azul hasta hace unos días. Con la ayuda económica de Twitter, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) analiza la ‘twitteradministración’ puesta en marcha por el alcalde Juan Antonio Rodríguez para ver si se puede aplicar en Nueva York y otras grandes urbes estadounidenses. Leo en El País que uno de cada tres habitantes de Jun tiene cuenta en la red social y que todos los empleados municipales están comprometidos en la atención y el servicio permanentes de los 3.800 juneros. “Lo llamamos la sociedad del minuto. Aquí no existen las colas”, explica orgulloso Rodríguez. En fin, Jun tiene página web desde 1995, en 1999 declaró el acceso a internet como derecho de los ciudadanos y ha extendido la fibra óptica antes que muchas ciudades españolas.

A mí ese obelisco, la verdad, me da mucho miedo. Siento que me está vigilando o que me ha lavado el cerebro y me dicta cada paso que tengo que dar. ¡Dice tanto de nosotros! El obelisco de Jun es un estremecedor retrato de la estupidez humana, y el alcalde tan contento.

“Dejé Twitter y Facebook y mi vida es más tranquila”, le contesta sin contestarle, en la misma contraportada de El País, Kristine Billmayer, decana en la Universidad de Columbia. Una descarga constante de información es lo contrario de lo que hacían Joyce o Beckett, dice, que se pasaban horas juntos sin hablar para sentir confianza. O los apaches, que hablan de la pérdida de fe en las palabras. Fomentan, por eso, el silencio, estar callados semanas: cuando se enamoran, o cuando regresa un hijo después de mucho tiempo, o cuando alguien se acaba de morir. “Están días sin hablar para observar cómo han cambiado”, ellos y las cosas.

En México DF también hay un obelisco. Está coronado no por un pájaro sino por un ángel. Es el monumento a la independencia mexicana, en pleno Paseo de la Reforma. En esa ciudad inacabable ha vivido su enfermedad desde 2002 Francisco Gómez Antón, quien anticipó hace algunas décadas tanto el desembarco tecnológico en el periodismo como las tonterías que probablemente traería consigo. A él sólo le importaba enseñar a aprender y que amuebláramos la cabeza, y lo decía una y otra vez.

Artífice del legendario Programa de Graduados Latinoamericanos (PGLA), conversador exquisito, insuperable contador de historias, Gómez Antón fue mi profesor de Instituciones Jurídico-Políticas Contemporáneas en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de Navarra. Mis primeros apuntes en sus clases los tomé el 8 de octubre de 1986. En mayúsculas y apretando las líneas, una costumbre tomada de Alberto Erro. Las instituciones tienen mucho de obelisco: son lo que nos damos como sociedad para articular la convivencia. Pueden ser sólidas o frágiles, o las dos cosas al mismo tiempo, como los obeliscos. Exigen que se les cuide cada día, casi amorosamente, por muy firmes o poderosas que parezcan erigirse. Son, en cualquier caso, una referencia ineludible, no pueden pasar inadvertidas ni nadie saltárselas a la torera. Creo.

No volví a ver al mejor profesor de la carrera hasta un día de 1997, en Japón: al maestro Gómez Antón le preocupaba más su joven, inexperto y agripado ex alumno que toda la cohorte de editores de periódicos de aquel congreso. Removió Roma con Santiago hasta conseguir analgésicos. Se desvivió por mí. Me cuidó. Después, otro paréntesis hasta 2012: se enteró de que andaba en México y, a pesar de su postración, mandó llamarme para almorzar con él. Se acordaba de todo. Era el mismo Gómez Antón de siempre, rocoso y tierno. Vigilante de la estupidez. Ineludible. Un obelisco.
 

 
En memoria de Francisco Gómez Antón (Ordizia, 1930; Ciudad de México, 2015).

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Julio 10, 2015 2

Supermario

Por Javier en General


 
Mario es único porque trabaja con la seriedad de un niño que juega, como dijeron una vez Robert Louis Stevenson o Nietzsche. Me lo encuentro ahora con su iWatch —el nuevo reloj de Apple— y, lo que es mejor, usándolo. Se informa con él. Naturalmente, ya ha ampliado su teoría del ciclo informativo: del reloj al diario impreso, pasando por el móvil, la tableta y el ordenador de mesa. Le fascina la propuesta novedosa de The Economist para el iWatch, y de paso me traslada su fascinación: un reloj no para leer sino para escuchar las noticias; es decir, un reloj que es radio. Eureka.

En realidad, Mario se la pasa anticipando, soñando, inventando. Y explicándolo a los cuatro vientos para quien quiera oír. Con una naturalidad y una convicción pasmosas. Mario es un maravilloso contador de historias. No se le agotan nunca: ya van 700 periódicos rediseñados en 120 países, según leo en una entrevista que acaba de publicar el diario argentino La Voz del Interior, también, cómo no, rediseñado por él. Prefiero no hacer cuentas ni sacar la media. Es Supermario. El mejor.

Pero no lo parece. Siempre tiene una palabra amable para ti. Siempre se acuerda de todo. Siempre saca tiempo. La generosidad de Mario es una supergenerosidad. Y su historia una superhistoria. Fue uno de los integrantes del operativo Pedro Pan, que entre 1960 y 1962 llevó de La Habana a Miami a catorce mil niños. Sus padres lo enviaron con 14 años, tres mudas de ropa y 28 días de plazo para volver a Cuba que vencieron, claro. En tres meses aprendió inglés y después se comió y se corrió —literalmente— el mundo. Le admiro por las dos cosas. Ha cumplido 68 años.

A Mario lo conocí en el Poynter Institute en 1989. Era la primera vez que salía al extranjero. En la universidad Juan Antonio Giner había conseguido que se editara un libro suyo en español. Fue nuestro primer manual. Volé a Estados Unidos por él, siguiéndolo, y lo que he hecho después, mejor o peor, se lo debo en buena parte a él. Me enseñó, que es lo que mejor hace porque Mario es un maestro. Guardo en la biblioteca de casa una fotico de 1997: estamos los dos en Japón, sonrientes y embutidos en nuestros kimonos. Allí compartimos un congreso; después, otros. Siempre han sido encuentros breves. Me quedo con el último, en México, hace dos años. Su presentación fue inspiradora, como tantas veces. Luego, sonó una ranchera y las lágrimas le arrasaron. Y a mí con él. Le había venido a la memoria María, su mujer, fallecida. María es inolvidable. Y Supermario, además, humano.

Escribo todo esto porque Nerea me ha pasado la entrevista, que es del lunes pasado, porque la he leído y porque en medio de la marabunta sanferminera caigo en la cuenta de lo importante que es hablar bien de la gente y, sobre todo, procurar dar a cada cual el espacio que merece.

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Julio 1, 2015 0

El rey león

Por Javier en General


 
No sigo los pasos de El Español pese a su calculada campaña de expectativa. No me interesa mucho su arponero ingenuo. Es Cristina la que de vez en cuando me recuerda lo que andan cociendo. Leo, pues, por Cristina que El Español acaba de celebrar su primera junta general de accionistas, “multitudinaria y efervescente”, al decir del arponero. Leo también que el magnífico y pamplonés Javier Muñoz va a ser su jefe de Ilustración. (Le deseo lo mejor al bueno de Javier).

Todo lo demás es de carcajada. O lo sería si no fuera porque es irresponsable, frívolo, bochornoso. Incluso con récord mundial.

Dice el arponero: “Será un equipo de leyenda que acelerará la transición del viejo periodismo al nuevo periodismo. No destinaremos ni un euro a pagar a la industria papelera, los impresores o los transportistas puesto que todos los recursos se aplicarán a la búsqueda de la excelencia en los contenidos”. ¿También las decenas, los cientos de ingenieros, informáticos y programadores, que son la versión actual de los viejos departamentos de producción? Todo, todito el equipo de El Español, incluido su vanidoso y manipulador director, está configurado por conspicuos representantes del viejo periodismo: mayormente, papeleros y de la casta. Qué casualidad.

Dice también el arponero: “El Español será un periódico indomable que velará vigilante por los derechos de los ciudadanos y la prosperidad de la Nación. Aportará razones y argumentos como buen merodeador intelectual; pero no dudará en rugir cada noche para denunciar lo inaceptable. Con estos atributos es fácil comprender que hayamos elegido y presentado como emblema del periódico al más antiguo símbolo de los españoles: el león español”. ¡Joder! ¡Y yo que creía que el león era el rey de la selva! ¿Pero no habitábamos la piel de toro? Español, español.

Por cierto, que si tanta explicación necesita el arponero para argumentar su elección leonina es que algo no cuadra. Suena forzadito. ¡Vaya viaje nos propone! El Pozo Moro,el reino de León, los galeones que enfilaban hacia las Indias, la Revolución liberal del diecinueve y hasta las dos repúblicas españolas. Me he mareado españolamente. Y anda que el vídeo explicativo… El arponero habla de él maravillas, pero para mí que desprende tufillo del nodo. ¿Son ésas las nuevas narrativas que promete como oro en paño El Español? Para este viaje no necesitamos alforjas…

En fin, el arponero se descuelga con el botón del accionista (valiente majadería), una identidad corporativa rugiente (obra del bielorruso Sergey Kovalenko) y hasta himno (obra de Alex Baranovsky). “Seremos el primer diario de la historia que patentará su banda sonora”, asegura. No, no es broma.

Cristina, no sé si será una finta más del arponero. Yo por mucho que miro al león de El Español no reconozco a periódico alguno y sí al león de la Metro o al pobre Mufasa, el papá de Simba. Tú a lo tuyo. Hoy, como el año pasado, amanece el primer día del resto de tu vida. Abre bien los ojos. Escucha. Por allí anda Rodrigo, ¡Rodrigo! ¿Te imaginas? Lee las noticias y no olvides que eres periodista. Aprende a querer cada página —incluso un roba— como si fuera la última. Y estáte orgullosa: el papel es la base de todo. Ya verás qué bien surca los mares sin arponero ese barquito de papel al que te subes. Que pases un estupendo verano.

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Julio 1, 2015 1

Albarracín (y 2)

Por Javier en General


 
Albarracín es un pueblo encaramado. Se pega todo el día haciendo equilibrios para no precipitarse sobre el Guadalaviar. Albarracín es demasiado bonito: parece un decorado de Port Aventura, no te lo acabas de creer. Y además tiene las puertas cerradas a cal y canto y no hay nadie en el interior. En los alrededores de Albarracín parten cinco ríos. Cada uno toma una dirección: el mencionado Guadalaviar, el Tajo, el Júcar, el Cabriel y el Jiloca. Qué raro, tanta agua. Albarracín es un nacedero que se pinta de color teja, que aquí se llama rodeno. Creo que ahora entiendo por qué pasan cosas en Albarracín o cerca de Albarracín.


 
Al otro lado lado de la sierra, el Tajo, por ejemplo, toma el camino del oeste. El fin de semana pasado, antes de Halvarracín (ver entrada anterior), anduvimos de ese lado, fotográficamente. En Casa Zavala, sede de la Fundación Antonio Saura y sede también de PhotoEspaña en Cuenca, descubrí a Osvaldo Salas, uno de los grandes fotógrafos de la revolución cubana, sorprendentemente desconocido para el público (y para mí hasta ese momento). Salas se inició en la fotografía por accidente. Conoció, también por accidente, a Fidel Castro en 1955 cuando el comandante cubano viajó a Nueva York a recaudar fondos para el Movimiento 26 de julio. Fue responsable del departamento de Fotografía del diario ‘Revolución’ y fotorreportero en ‘Granma’. Falleció en 1992. De él dijo Korda, integrante del mismo grupo: “Puede que yo tomara la imagen más famosa del Che, pero la tuya es la más bella’. Una aparición.


 
Otra: en Huete, aguas abajo, donde acaba de inaugurarse el Museo Nacional de Fotografía por iniciativa de la Fundación Antonio Pérez, que ha restaurado para la ocasión un soberbio convento renacentista. Hasta Huete nos descolgamos sin otra cosa que hacer, albarracinadamente. Francesc Català-Roca y sus ‘Obras maestras’ protagonizan la primera muestra del centro, dentro del programa de PhotoEspaña. Mientras en Cuba Fidel y los barbudos se deshacen de Fulgencio Batista y Salas y sus colegas se apresuran a capturar el momento, en la España plomiza de los cincuenta Català-Roca, tarraconense de Valls, hace lo propio: “Me di cuenta de que estaba siendo testigo de cosas que desaparecerían rápidamente, lo presentía; al cabo de cinco años ya no habría podido hacer esas fotografías”. El mundo de ayer, el de entonces, cuando aún se vendían muuuuuuuchos periódicos y las personas sabían esperar. Català-Roca está considerado con razón el Cartier-Bresson español. Ha dejado 180.000 instantáneas y 17.000 hojas de contacto.


 
Dejamos Cuenca y Huete con la certeza de habernos reconocido en blanco y negro. Después, cruzamos la sierra y nos vinimos de este lado, para Albarracín, donde nos hemos vuelto a reconocer intensamente los últimos y abrasadores días. Se celebraba IX Curso Internacional de Ilustración y Diseño Gráfico, organizado por la Fundación Santa María y dirigido por Isidro Ferrer y Carlos Grassa Toro. Que esta vez lo titularon ‘El ruido, el silencio y todo lo demás’. En el pueblo encaramado, personas de talla y hondura (Aitana Carrasco, Pablo Juncadella, Eduardo del Fraile, Pablo Auladell, Camilla Engman) han jugado a funambulistas. Fuera de contexto, puede que estas frases suenen a perogrullo o incluso parezcan pedantes, pero me da lo mismo porque han hecho silencio en mi ruido:

“Los pelirrojos somos ruido porque somos de color naranja”.
“Colecciono cosas para salvarlas de la muerte”.
“El ruido es la memoria y el silencio el olvido”.
“La amistad es el motor de la creatividad”.
“Todo consiste en encontrar el regalo escondido”.
“Quería dibujar para no estar en el mundo”.
“Internet te hace creer que importas a alguien”.
“Se ha perdido la fuerza y la nobleza del grito: todo es alarido”.
“Lo exótico es una falacia”.
“A todo ilustrador le llega su albarracín”.
“El título es siempre lo primero”.

Por eso, porque es lo primero, el título de esta entrada es encaramadamente Albarracín.
¿Qué pasa?

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Junio 30, 2015 2

Halvarracín (I)

Por Javier en General


 
En Albarracín, hacia finales de junio, puede darte un siroco importante. Y acabas escribiendo cosas como ésta:

Halvarracín se escribe con hache y uve porque me sale del forro, o de la pilila, que es la palabra del verano. En Halvarracín cuelgan pililas de todas partes: de las páginas de los cuentos infantiles, de las pinturas rupestres, de los periódicos. A las pililas les sale del forro colgarse de donde quieran. He visto aquí pililas pelirrojas y pililas azules con forma de globo que explotan, porque en Halvarracín las pililas pueden adoptar formas prodigiosas, cualquier forma imaginable o inimaginable: de botellín de cerveza, de balón de fútbol, hasta de martillo venerable. Me entero en Halvarracín de que existen pililas disociadas o hipermetrópicas, medias pililas que buscan a sus otras medias, pililas de mosca desintegrada que sólo se pueden ver al microscopio, pililas que orinan donde no deben y que corren el riesgo de que ser cortadas, pililas tropicales y desérticas, pililas muy escondidas que hay que descubrir, pililas con sabor a sushi o que hablan solas, pililas que quieren abrir una ventana… Todas, todas son pililas buenas, asegura Aitana. No hacen daño. Sólo se ponen tiesas. Algunas veces piden que se la casquemos, pero nada más. Desahogarse un ratito, pobres: 4 minutos y 33 segundos, que en Halvarracín duran dos minutos en fracciones de 30 segundos. A ver. Como en Halvarracín los diarios tienen pilila, los ejemplares se agotan muy rápido: la gente te los quita de las manos, los devora. Qué gusto da ser periodista aquí. Menos mal que nunca llegué a Albarracín, al dichoso curso ése de ilustración y diseño gráfico. Debe de ser un aburrimiento.

PD. Texto publicado como editorial en una de las tres revistas realizadas en el taller que acabo de dirigir durante el IX Curso Internacional de Ilustración y Diseño Gráfico titulado ‘El ruido, el silencio y todo lo demás’,organizado por la Fundación Santa María de Albarracín y dirigido por el ilustrador Isidro Ferrer y el escritor Carlos Grassa Toro.

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Junio 25, 2015 1

El diseño, esa cosa muy útil

Por Pablo en General, Infografía, Tipografía, diseño

Aquí va un pequeño homenaje a mi hermana, que no es periodista, ni diseñadora. A ella lo que le va es la economía de la salud, y le debe ir bien, porque acaban de premiarla por su tesis doctoral de 2014. María. A los 23 me fui de casa, cuando ella tenía 13 o 14. Ya había conseguido enseñarle algunos acordes de guitarra y que le gustara un poco el rock and roll. No me costó gran cosa porque tenía habilidades para casi lo que quisiera.

A los años regresé a casa para saludar, y ella ya había terminado una licenciatura en economía. No sé muy bien cómo cayó en aquello de economía de la salud. Le interesaba algo parecido a la motivación de las personas para donar sangre, así que trabajó en una fórmula estadística para analizar las respuestas que por lo visto ha tenido repercusión. Son cosas complejas que estoy intentado explicar fatal para que se entiendan.

Un día me llamó para hacerle un cartel sobre este asunto tan árido y para mí fue un descubrimiento. Se lo hice en un fin de semana y se lo entregué orgulloso porque había conseguido comprenderlo. Parece que le gustó, porque al tiempo me pidió otro cartel, después unos formularios y por último, hace un año, la portada de su tesis. Ella ha encontrado en su hermano un aliado y ha comprendido, a mi entender, el verdadadero valor del diseño como herramienta para encontrar respuestas y entender mejor la realidad. En el diseño ella ha visto la necesidad de hacerse entender y en la infografía —a un nivel nada complicado—una herramienta básica pero también con enorme potencial si está bien utilizada.

Todo esto se aprecia en sus presentaciones, en cómo organiza los contenidos, o en cómo plantea el texto en la página. No hace falta ser diseñador para apreciarlo, y no hace falta ser diseñador, como ella, para diseñar con cierto arte una presentación o un trabajo. Su tesis doctoral utiliza Futura 12 pts. desde la primera página hasta la última, y ha conseguido lo que su hermano no logró en 15 años: que se lea de maravilla.

El diseño es una herramienta para hacernos preguntas y entender muchas cosas de la vida. También para hacerla más bonita, entretenida, interesante, equilibrada: estamos ante una caja de herramientas apasionante para cualquier persona que tenga curiosidad y paciencia para utilizarla.

¡Enhorabuena, María!

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Junio 23, 2015 1

Presencias

Por Nerea en visto

Uno-dos-tres-cuatro. Eran cuatro hermanos. Demasiado pronto, solo fueron tres.
Eduardo Raúl Germano nace el 20 de febrero de 1958 en Villaguay (Entre Ríos). Es el mayor de cuatro hermanos. Con dieciséis años es elegido presidente del Centro de Estudiantes de La Salle y empieza a Militar en Montoneros. (…) En marzo de 2009, Eduardo continúa detenido- desaparecido”.

Gustavo Germano, fotógrafo argentino afincado en España, lo fue contando a lo largo de los años con un proyecto fotográfico en forma de trilogía: Ausencias (Argentina), Ausências (Brasil) y Distancias (España).

Ausencias, el primero de los trabajos, surgió con la idea de recordar y reivindicar la desaparición de 30.000 detenidos/desaparecidos en la dictadura militar argentina entre los años 1976 y 1983.

Germano compuso cada pieza del proyecto en forma de díptico: una foto del antes, otra, del después. La primera es siempre una instantánea tomada prestada de un álbum familiar, joven, fresca, espontánea y alegre. La segunda reconstruye exactamente la misma escena, en el mismo lugar, con aquellos que sobrevivieron, que dejan entre ellos el espacio reservado a los desaparecidos. Su gesto es serio, pausado, circunspecto, digno. Una escena incompleta en el mismo paisaje que habitaron, treinta años después.

Germano lo fue explicando en distintas entrevistas: “Los procesos de mantener la memoria fueron hechos a partir del momento mismo de la dictadura. Las madres, las familias… utilizamos las fotos de los desaparecidos en el mismo momento de la desaparición. El proyecto surgió de la necesidad de hablar de las presencias de las ausencias, que es un tema recurrente en los familiares de desaparecidos. Y quiere transmitir una cosa que a mí siempre me obsesionó, que es el no haber podido ver a mi hermano (Eduardo Raúl) envejecer. (…) Intenta generar empatía, no intenta explicar lo que pasó. Más bien que una persona lo entienda, se plantee la relación entre el tiempo y la imposibilidad de la continuidad de una vida. La imposibilidad de ver envejecer a alguien, que es lo que vemos permanentemente de nosotros mismos. (Está dirigido a) gente a quien le resulta difícil comprender la desaparición forzada por asesinato o víctima del terrorismo de estado.

Orlando René Méndez y Leticia Margarita Oliva cierran Ausencias Argentina. Una pareja joven con un bebé en brazos, en una habitación. Orlando fue secuestrado junto a su hija de 11 meses en 1976. Él fue asesinado y ella recogida. Su madre la recuperó. Cuando el bebé tenía tres años un comando se llevó a su madre. La foto de la derecha, en la misma habitación, es la de Laura con 32 años, sin sus padres.

Cada díptico es un mundo en sí mismo, una historia completa, en la que el que mira va descubriendo quiénes están y quiénes dejaron el hueco. Historias a las que nos asomamos de puntillas y cuya gravedad no conseguimos aprehender en profundidad.

Como citó Germano en una entrevista a El País, nada más presentarse el primer libro: “Decía Ernesto Sábato, los muertos mueren una vez, y los desaparecidos, todos los días”.

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