Enero 20, 2015 0

De castas y otras comadrejas

Por Javier en General

Suelo decir que todo radica en el factor humano. Que es apenas un cóctel agridulce: vanidad, mediocridad e ingenuidad —en el mejor de los casos— a partes iguales. Al final, casi todo se sustancia en un “aquí estoy yo”, una variante educada del “por mis cojones”.

Irrumpieron los automóviles y al poco se hicieron los amos de las ciudades. Cláxones, humos, velocidades: ¡como para atraverte a poner el pie en la vía! Llegó después la edad del peatón con sus disuasorios pasos de cebra y otros artilugios, mecanismos, disposiciones: no he visto una dictadura igual. Hasta el punto de haber comido la moral de los pobres conductores, hoy proscritos cuando no sospechosos habituales y hasta maleantes por defecto. En fin, una glaciación más tarde hemos desembocado en la edad de la bicicleta. Ésta se ha abierto paso a machete con sus montaraces ‘pedaliers’ al frente. Los ciclistas urbanos —que en su gran mayoría nunca antes habían montado en bici— son los nuevos amos: sólo hay lugar para ellos y no hay lugar para nadie más, ¡y ay si te pillan invadiendo uno de sus sagrados carriles!

Aquí estoy yo.

En este mundo en ruinas que vivimos gana siempre el sobrevenido, la última casta. Basta con señalar un argumento viejuno, es decir, anterior, y descalificarlo. No es verdad que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero tampoco es verdad que cualquier tiempo presente, por el hecho de serlo, lo sea. La correspondencia entre Joseph Roth y Stefan Zweig que acaba de publicar Acantilado estremece por contemporánea. En otro tiempo ruinoso, el de entreguerras, ya tocado aquí alguna vez, los dos escritores se escriben —qué bonito escribirse— y se lamentan. Lo hicieron durante once años y lo dejaron en 1938, poco antes de la muerte de Roth en París. Nostalgian el mundo de ayer desde su compromiso radical con el humanismo y la razón. Con algunos valores necesariamente permanentes, porque si no… ¿qué nos queda?

Tengo para mí que los nuevos amos suelen ser incluso peores que los anteriores: los que han dejado de fumar, que los fumadores; los que ahora andan en bici, que los se mantienen al volante; los yihadistas de la igualdad de género, que los galantes a la antigua. Los digitales, que los papeleros. ¡Si ya no nos dejan ni echar un piropo!

Mal que les pese a los dizque nuevos políticos, estos no son diferentes de los anteriores: descalifican grosso modo, sin matices. Meten todo lo anterior en el mismo saco. Vienen ellos, que son el rasero, la vara de medir. ¡Aquí esto yo!

También algunos periodistas que fueron referencia acaban cayendo en el mismo error vanidoso. Pedro J. Ramírez, por ejemplo, que se empeña en presentarse como arponero ingenuo en lugar de cínico. El ex director de El Mundo tiene el atrevimiento de echar basura sobre todo lo que este país ha construido colectivamente durante cuatro décadas, como si él no hubiera tomado parte activa en lo que con tanta saña descalifica. “Es muy difícil, casi imposible, que la nueva política pueda brotar de las madrigueras en las que siguen atrincheradas las comadrejas de la vieja política”, aseguraba el otro día, ya en plena campaña de autopromoción y captación de fondos. Y no se quedaba ahí: “No hay síntoma más elocuente de la gangrena de una sociedad que el nivel de concentración del poder en un voraz Leviatán político, económico y mediático, regido por el principio de auxilios mutuos. El gobierno se ejerce al servicio de unos pocos, la democracia deviene en oligarquía, al público se le narcotiza y al disidente se le ahoga. Este es el monstruo con forma de Estado (autonómico) que ha progresado geométricamente en España, arrinconando cada vez más a la ciudadanía”. Leía esto y sentía vergüenza.

Ramírez llama a su nueva nave El Español y con ella quiere —o eso dice— cambiar España. ¿De qué habla? ¿Dónde ha estado él todo este tiempo? ¿Con qué autoridad descalifica a tantos colegas de profesión, a tantos políticos honestos, a tanta gente que ha trabajado y se ha esforzado? ¿Qué tipo de populismo no le deja ver o no le deja reconocer que aquí han robado muchos, muchísimos, todo lo que han podido, y no sólo la desprestigiada casta? ¿Por qué las comadrejas de la vieja política tienen que retirarse y las comadrejas del viejo periodismo en cambio no? Unos con tonsura, otros con coleta: la vanidad es cegadora.

No dispongo de ninguna varita, pero algo me dice que el verdadero periodismo no tiene que ver con los focos sino con la modestia y un perfil tirando a bajo. Los periodistas no debemos ser protagonistas.

Se anuncia a bombo y platillo que El Español ha zarpado, y que el futuro del país y el de nuestro oficio dependen de su arribo salvífico. De entrada, me pongo en guardia. No sé yo si fiarme de esta nave digital que salió mutilada del astillero: a falta de eñes en internet, El Español sólo podrá ser el espanol. ¿Habrá gato encerrado? Quién sabe, quizá después de tanta bravuconada salvapatrias la escuadra del #nohacefaltapapel llegue a puerto en otoño con alguna sorpresa impresa que por el momento no se atreve a anunciar. Lo entiendo, claro, eso sería mezclarse con la casta…

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Enero 14, 2015 0

Porcentajes e historias

Por Nerea en General

Estela no llegó de Oriente sino de Logroño, pero se trajo a los Reyes con ella.
Bajo el brazo traía el libro Viñetas de Vida, publicado a finales del 2014 por Oxfam Intermón dentro de la campaña Sí Me Importa, que pretende “dar voz a un movimiento ciudadano que demuestre que a la sociedad española sí le importa la política pública de Cooperación al Desarrollo”, y mostrar que la cooperación “funciona y cambia y salva vidas”. Ella siempre me regala cosas que mucho tiempo después recuerdo.

El libro recoge siete historias de cooperación en Colombia, Marruecos, Nicaragua, República Dominicana, Filipinas, Mauritania y Burundi, dibujadas y contadas por autores del cómic español: Sonia Pulido, Álvaro Ortiz, Isabel Cebrián, Cristina Durán, Miguel A. Giner Bou, Miguel Gallardo, Antonia Santolaya, Enrique Flores, Paco Roca y David Rubín.

Todos ellos viajaron con sus lápices, cuadernos, cámaras, sensibilidades y ojos abiertos a proyectos de Oxfam Intermón donde se les enseñó la historia concreta de cientos de personas con vidas cruzadas con la cooperación y cambiadas por ella. Y el libro palpita con lo que ellos sintieron, con sus puntos de vista distintos, con su estilo para esbozar y contar lo que vivieron. Falsos positivos de Colombia, niñas violadas, historias de superación de mujeres en cooperativas, incertidumbres, sequías, precariedad frente a los elementos, campos que reverdecen en Filipinas, pescadores, crisis alimentarias, comunidades dependientes de un pozo roto, pequeños líderes, emprendedores y comprometidos, niños con sonrisa y sin espejo, la diferencia que supone para una familia poseer una vaca, la comparación con este nuestro mundo tan excesivo y rebosante de todo…

Las últimas páginas recogen algunos bocetos y el proceso de creación de los autores, sus cuadernos de viaje, dibujos, esbozos rápidos, fotos, notas a lápiz, gestos, garabatos sobre una libreta, retazos espontáneos y genuinos que ayudan al lector a caminar de su mano en ese proceso de descubrimiento y sorpresa y que casi merecen un librito propio.

El libro, que anteriormente se había publicado en formato digital, relata: “España ha recortado hasta un 70% la partida de ayuda internacional y queremos recuperar a la ciudadanía en la lucha contra la pobreza, en el apoyo a las políticas de Cooperación al Desarrollo que funciona y salva vidas”. Leo hoy también en los periódicos locales que “Oxfam Intermón denuncia que la ayuda del Gobierno de Navarra a la cooperación ha caído a niveles de 1994″, y que el próximo gobierno “tendrá ante sí el reto de levantar una política en la que Navarra llegó a ser líder y emblema para el resto de las autonomías”.

No sé mucho de política, nada de macro-gestión, poco de presupuestos, cero de intrincados mecanismos internacionales ni de frágiles equilibrios, fuerzas e hilos que interconectan a personas, tierras, gobiernos, recursos naturales, libertades y derechos. Pero entiendo las historias corrientes y sé que pateando y acercándose uno comprende un poco más del sufrimiento de la gente y, prestando un poco de atención, encuentra las razones para querer cambiarlo.

Enero 14, 2015 1

Yo (hoy) soy Charlie

Por Javier en General

Alguno me criticará por reproducir (precisamente) la portada del número 1.178 del semanario francés Charlie Hebdo, la que sale hoy miércoles a los quioscos. La primera tras el terrible ataque de la semana pasada y el asesinato de una parte mollar de su equipo. Confieso: he dudado horrores. Y no por miedo. Al final, a pesar de todo, me he decidido a subir la foto.

Del número 1.178 de Charlie Hebdo van a circular tres millones de ejemplares. El número se publicará también en inglés, español, árabe y turco. Seguro que se agotan. Pero ni aún así está garantizada la supervivencia de la publicación, que lleva años malviviendo. La presente edición ha sido elaborada por los supervivientes del ataque, alojados desde el viernes en la redacción del diario Libération, en la rue Beránger de París, muy cerca de la Plaza de la República. Allí me los cruzaré el jueves. Lástima no hablar ni leer francés.

La portada verde de hoy, la que nunca hubiera querido ilustrar, está firmada por el dibujante Luz. Muestra a Mahoma llorando. El profeta sostiene un cartel que dice: “Je suis Charlie” (“Yo soy Charlie”). Justo encima, otro rótulo anuncia: “Tout est pardonné” (“Todo queda perdonado”). Me parece un monumento a la dulzura y a la concordia, a pesar de que no lo vean así muchos musulmanes. De hecho, ya llegan nuevas acusaciones y nuevos anuncios apocalípticos.

La portada del número 1.178 de Charlie Hebdo es tan delicada, tan generosa, tan conmovedora… que hoy sí soy Charlie.

Y sé que en el fondo me contradigo porque al publicarla estoy faltando al respeto de muchos creyentes islámicos que siguen considerando ofensiva la reproducción de la imagen de Mahoma. Espero que me perdonen.


L'équipe de «Charlie Hebdo» raconte sa première… por liberation

PD. No tiene nada que ver con el tema, pero al ver con calma el vídeo en el que el equipo de Charlie Hebdo comenta la portada de su edición número 1.178 he caído en la cuenta de que la sala está llena de cervezas y ceniceros, y que gente habla a cámara fumando. Me ha encantado. Las redacciones tienen que ser así: sucias, vividas. Periodísticas. Que me perdonen los de la liga antitabaco y los gurús de las redacciones galácticas también.

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Enero 11, 2015 8

Yo no soy Charlie

Por Javier en General

Pasado el horror, he leído un montón de cosas y otras tantas se me han venido a la cabeza, aturullándola.

Yo no soy Charlie aunque quisiera porque no tengo tanto valor. Dudo que el 99% de los que ahora se dicen Charlie lo tengan. Es fácil salir a la calle protegido por el anonimato que proporciona la multitud. En nuestra tierra sabemos de eso.

Yo no soy Charlie porque me pone en guardia tanta unanimidad corporativa (o corporativista, o hipócrita). Por cierto, me han aburrido soberanamente las portadas y las viñetas de los diarios estos días. Han sido un calco.

Yo no soy Charlie porque dudo de la primacía absoluta de la libertad de expresión. No creo que, bajo el paraguas de la libertad de expresión, uno pueda faltar al respeto tan grosera e impunemente. Una, dos, mil veces. ¿Por qué se puede faltar al respeto sólo en una dirección? ¿Por qué hay asuntos, en cambio, sobre los que no se permite la mofa?

Yo no soy Charlie porque, aunque la libertad de reírse es importantísima, y muy sana, también lo es la libertad de molestarse. Incluso profundamente. No entiendo por qué a nuestras higiénicas sociedades occidentales, tan hipersensibles con algunas cosas, les resbalen tanto otras y no se afanen en inculcar el respeto a las creencias de los demás. Por muy trasnochadas que a algunos les parezcan.

Yo no soy Charlie Hebdo porque la palabra (o la palabra dibujada) no es inocente. La palabra (o la palabra dibujada) también puede ‘matar’, o al menos hacer mucho daño.

Yo no soy Charlie porque considero que el periodismo es otra (una sola) cosa. Y que sirve, con datos, no para insultar ni mofarse sino para facilitar la comprensión, y por ahí el diálogo y el respeto. Es decir, la convivencia.

Miguel me envía desde Sanlúcar una foto reveladora. La ha tomado esta mañana. Su hija Clara lee el periódico mientras desayuna. (Al otro lado del vaho viene el Guadalquivir con su último meandro). La imagen llega por whatsapp acompañada de un mensajito: “Aún hay futuro”. Sonrío. ¡Cómo me conoce Miguel! Y pienso: ojalá haya muchos niños en el mundo que lean el periódico por la mañana, sí, pero no sólo ni principalmente para que los diarios no mueran sino porque su lectura hará más difícil cualquier fanatismo.

PD. No, yo no soy Charlie, pero en esta hora tan triste mi corazón y mi modesta palabra están con ellos.

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Enero 1, 2015 1

Selfi

Por Javier en General

—¿Qué hay que hacer para salir del pozo?
—”Dejar de cavar”, le dice el editor Daniel Fernández a Winston Manrique Sabogal en El País.

Qué gran frase. Qué aplastante y necesaria obviedad. Me vienen a la cabeza —no sé por qué— tantos agoreros que llevan matando a los diarios desde hace años, poniendo incluso fecha a su desaparición. O esos que disfrutan viendo arder al papel y además avientan las llamas.

La Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) ha escogido ‘selfi’ (así, castellanizada) como la palabra del año. Qué gran majadería. Que ‘selfi’ sea la palabra del año y que el autorretrato fotográfico sea de repente el no va más. Demuestra la “ansiedad por lo epidérmico” que nos trastorna, y también que confundimos “lo importante con lo visible”, como asegura Andrés Neuman, el autor de ‘Barbarismos’. ¡Vaya paquete le tengo a la palabrita!

Roberto Calasso, italiano, escritor y editor también, pone el dedo en la llaga: “La cuestión fundamental es que existe un sentimiento de odio hacia la mediación. Por un malentendido perverso, no pocos creen que odiar cualquier forma de mediación es una señal de espíritu democrático. Mientras, son beatos ante la palabra ‘acesso’. Ésta es la clave: la idea de que no haya intermediarios entre el escritor y el lector. Es la ideología de Amazon y una trampa funesta”.

Calasso habla de libros, pero lo mismo da. Porque, en el fondo, el problema de los diarios no es sólo ni primordialmente de precio sino de confianza. La confianza es la razón de ser un mediador. Los mediadores son imprescindibles en cualquier orden de la vida. Los periodistas somos grandes, imprescindibles mediadores. Dejémonos pues de selfis, de tanto onanismo profesional. Sí, por favor, dejemos de cavar.

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Diciembre 30, 2014 0

Por un año de cuernos

Por Javier en General

Si hoy es 25 y estoy corriendo, ya de anochecida, es que el año declina. Se va a despedir en cualquier momento.

Hoy, 25, no hay diario (en papel). El Rey con cara de Príncipe en realidad no dijo nada (tampoco) anoche. Hay que aprovechar las ocasiones (pienso). Leo el (diario) de ayer.

Un día sin diario es un día suspendido, hibernado. Destemplado. Hace (aún) más frío sin diarios. Los quioscos digitales no me dan calorcito.

En el (diario) de ayer encuentro cosas maravillosas. Justifican los periódicos. Me hacen sentir orgulloso. No me importa leerlas con retraso…

La visita del catedrático Manuel Fraijó al teólogo Hans Küng. El viejo profesor Küng, que a sus 86 años reconoce lo mismo que este 2014 declinante: “Estoy a la espera para despedirme en cualquier momento”. ‘En el atardecer de la vida’ es el conmovedor capítulo XII del tercer volumen de sus memorias: ‘Humanidad vivida’. “Sus males de ahora y sus esperanzas de siempre”, dice Fraijó. O, dicho con otras palabras, el párkinson y el misterio, que algunos llaman Dios. El final. (¿El final?)

Una reunión de filósofos en el Retiro de Madrid: Fernando Savater, Carlos García Gual y Javier Gomá, a vueltas con Epicuro. Juntos han escrito ‘Muchas felicidades. Tres visiones y más de la idea de felicidad’ (Ariel). Juntos rastrean la historia de la búsqueda de la felicidad. ¿Un final feliz?

A un Dios triangular y silencioso interpeló durante décadas como niño perplejo el dibujante Máximo, fallecido ayer (ya no es 25, ahora escribo el 29). El filósofo de la opinión dibujada, lo llama Juan Cruz. ¿Dónde estará ahora Máximo? ¿Será feliz?

Adiós, adiós, 2014. Larga vida.

• Este año he visto a los diarios enfrentarse con Google News. Temo que se echen atrás al hacer recuento. Ése es el problema: nadan y guardan la ropa. Faltan cojones.

• He leído de proyectos periodísticos estimulantes. The Marshall Project, por ejemplo, cuya web se estrenó en noviembre. Lo lideran Neil Brasky y Bill Keller, ex director de The New York Times. Una organización sin ánimo de lucro sostenida por donantes y fundaciones. Periodismo en profundidad con la convicción profunda de influir en la opinión pública y llegar a cambiar políticas, estructuras. Con periodistas competentes y recursos. Dicen.

• El (proyecto) que viene de Jill Abramson, ex directora también del Times, es aún más ambicioso y con muchos, muchos ceros. Será —cómo no— digital, aunque de pago por suscripción, y centrado exclusivamente en historias de gran, gran formato. Me cuentan que Pedro J. suspira por aliarse con Abramson de una u otra manera. Su proyecto ya reúne a varios conocidos, y más que se irán sumando. Aunque parece que de momento el personal no se acaba de animar.

• Sin Pedro J, Rodrigo Sánchez le ha dado un buen meneo a El Mundo. A nivel gráfico es lo más destacable del año en España. No me interesa tanto el cambio de color del icono de la mancheta, ni que ésta luzca en negativo los domingos. Lo valioso es haber ‘contagiado’ el espíritu de Metrópoli a la segunda parte del diario, ahora llamada EM2. No hay nada parecido en la prensa española. Como Rodrigo no es de los que se contentan con el halago, le dejo aquí las dos preguntas que me rondan tras el rediseño. Una: ¿por qué no extender el contagio a la primera parte? Y dos: ¿es adecuado aplicar a un diario las mismas estrategias visuales que ya se emplean en un suplemento?

• Otros (proyectos) están provocando fascinación universal. Hay que decir que sí, que se conocen, ¡cómo no! Porque, si no, no estás puesto y en seguida te llaman viejuno. Vox, Quartz, Circa, Yahoo News Digest… A mí no me parecen tan novedosos, la verdad. Poco o nada me aportan. Los miro, sí. Prefiero mis diarios. Los de mi rincón. Por cierto, se me han amontonado unos cuantos estos días.

• No podía faltar: el charlatán de Jeff Jarvis —otro gurú insufrible— acaba de publicar libro (‘Geeks bearing gifts’) antes de finalizar el año. Dice (de nuevo) bastantes bobadas: a saber, que es equivocado pensar que el rol del público es consumir el contenido que producimos los periodistas y que es igualmente equivocado pensar que los periodistas somos contadores de historias. ¡Y yo que en estos dizque novísimos medios sólo encuentro historias!

En fin, a punto de recibir 2015, brindo por los miles de diarios locales y regionales que pespuntean nuestro planeta. Los diarios que lee la gente normal. Más bien modestitos. Mayormente impresos. Desconocidos casi todos. Sufrientes. Cercanos. Reales. Esos diarios de los que nadie habla en blogs periscópicos y que, sin embargo, están a la vanguardia del periodismo. En primera línea. Brindo por ellos con toda el alma. Y por la gente que los hace y con la que hemos aprendido y compartido tantas cosas verdaderas.

Ojalá 2015 sea un año de cuernos.
(¿A quién o a qué te gustaría ponérselos?)

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Diciembre 12, 2014 7

#hacefaltapapel

Por Javier en General

Pedro J. Ramírez dice en facebook que le faltan veintitantos días para recobrar la libertad. Pobre prisionero: desde su mazmorra repleta de millones, ha creado una empresa y la ha llamado #nohacefaltapapel. En 2015 alumbrará, cómo no, un medio digital. ¡Qué mas quisiera él que lanzar un diario impreso!

Qué pena. Qué injusto y desagradecido eres, Pedro J. Y qué irresponsable.

Con #nohacefaltapapel, almohadilla incluida, el ex director de El Mundo se suma al grupo de arribistas que se mofan del periodismo impreso. Esos que celebran y aventan jubilosos las malas noticias que llegan de los diarios de papel: cuanto peor, mejor. Son los mismos que queman el papel en blogs. Los que vienen anunciando la muerte de los periódicos. No les vale con eso: son también los que aseguran tener la patente periodística, la pócima mágica. Al parecer, son los únicos que saben… vender humo. Eso sí, ¡cómo lo venden!

Y mientras estas personas siguen dale que te pego, aburridamente, leo en papel cosas mucho más estimulantes. Que París Match vende todas las semanas 600.000 ejemplares, por ejemplo. Francia es un hervidero de publicaciones y de lectores. De creatividad y convicción editoriales. No hay más que pararse en un quiosco. ¡Ah, cómo envidio a Francia! La envidio incluso ahora que Liberátion anuncia la salida de un tercio de sus periodistas.

En papel leo a Guadalupe Nettel, novelista mexicana: “Para ser creativo tienes que callar al juez que llevas dentro, decirle: No hables ahora”. Me hace pensar en mi juez, implacable tantas veces con todo y con todos. También leo a Harold Bloom, el crítico de críticos, que la ha armado buena: “En la literatura actual no hay nada radicalmente nuevo”.

¿Nuevo? ¿Qué es nuevo? ¿Qué es innovar? ¿De verdad es tan importante la innovación, estar a la última? “Nada hay nuevo bajo el sol”, proclama el desesperanzado Qohelet en el libro del Eclesiastés. A propósito de Bloom, Alberto Manguel escribe en El País: “(…) Hay creadores auténticos, inspirados autores que, no sabemos ni por qué ni cómo, nos dan viejas palabras en permutaciones nuevas para nombrar aquí y ahora nuestras ancestrales angustias, temores y esperanzas”. Lo siento, Bloom.

Leo, cómo no, en papel a Julio Caro Baroja, de quien se cumple el centenario de su nacimiento. Caro solía citar a Kant —leo, sí, leo— por influencia de su tío Pío. “El hombre debe conocerse a sí mismo desde dentro, y no por confrontación o comparación”. Qué certero y demoledor vuelve a ser nuestro querido Qohelet: todo, todo es vanidad. Y en esa aventura vanidosa y empobrecedora, corta de miras, miserable, nacida del resentimiento, no desde dentro, andan ahora personas influyentes como Pedro J. Ramírez, que todo lo deben al periodismo impreso. Lástima que algunos lo vayan a seguir.

Alguna vez pensé que soy periodista por mi tío Fernando. Pero, en realidad, soy periodista —agárrate, papá— por mi padre. Perito agrícola, no fue nunca suscriptor ni tampoco compraba la Hoja del Lunes, cosa que yo no podía entender: ¡estar dos días sin periódico! Pero, salvo los lunes, el diario jamás faltó en casa. Él me enseñó a amar con sencilla hondura los periódicos.

No soy ingenuo ni nostálgico. Ni ciego. Ni viejuno. El papel nos humaniza y nos hace entender el mundo mejor que la pantalla. Hace falta papel. ¡Claro que hace falta papel! A ver, si no, cómo nos limpiamos el culo de tanta mierda.

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Diciembre 3, 2014 0

Otoño

Por Nerea en General

Tanto verano, tanto verano, que el otoño se nos fue colando por debajo de la puerta…
Y ahora otra vez se nos escapa…

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Diciembre 1, 2014 2

Lágrimas de periodista

Por Javier en General

Una niñita argentina me ha pintado hoy de colores las uñas de los dedos de la mano. Hasta brillantina les ha puesto. Si le dejo, me pinta las de los pies. Nunca antes me habían pintado las uñas.

Hace unos buenos meses, en otro verano austral, muy cerca de este río que tanto me recuerda al Jarama de Sánchez Ferlosio —aunque en nada se le parece—, esta misma niñita me pintó la cara. Luego nos hicimos fotos. Como hoy. No sé si antes me habían pintado la cara.

Lo que sí sé es que nunca antes había visto llorar a los directivos de un diario. Sucedió esta extraña, ubicua e intensa semana. Almorzábamos. Esas empanadas que me saben a gloria. Han sido meses difíciles, de mucha presión. La presión acaba supurando. En la mesa cada uno puso lo mejor de sí mismo, lo más auténtico. Nada va a arreglar la llorera, pero estoy seguro de que por ahí se les ha aparecido un camino de inmensas posibilidades que vale la pena explorar. Imprescindible hacerlo. El mejor periodismo que llevan dentro tiene mucho que ver con abandonarse por ese camino.

En los congresos periodísticos, sin embargo, sólo se habla de teléfonos. No se habla de ninguna otra cosa. Vaya rollo. Es como si habláramos de rotativas, de bobinas de papel o de los motores de los camiones que distribuyen los diarios. Tanta integración nos ha desintegrado el cerebro. ¿El corazón?

A los que quieren hablar de historias se les calla la boca. No tienen autoridad. Telefónica, supongo. Les llaman viejunos. Son tachados de antiguallas. Sólo los ‘avanzados’ digitales tienen la palabra, sólo ellos —parece— saben qué hacer. Al papel, que es lo vuestro, les dicen a los viejunos. Y no se os ocurra salir de ahí. Les conviene mantenerlos a raya, desacreditarlos. ¡Vaya si les conviene!

Pues no, nada de eso.

Hay que combatir de frente las mezquindades que nos matan, tanta estúpida vanidad que es un sumidero por el que se escapa energía a chorros: esa buena onda que necesitan los diarios. Dejar que pase un ángel. Llorar juntos. Humanizar radicalmente las redacciones.

Marcelo, que sabe un rato de esto, piensa como yo. ¿Teléfonos? Conversación.

Esta niñita con nombre de flor es un maravilloso diablillo. Voy a darme un poco de acetona en las manos, que si embarco con estas pintas…

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Noviembre 24, 2014 0

Ruinas

Por Javier en General

Vas y vuelves. Un diario, otro. Otro más. Anteayer, bañado por las aguas calentitas del mar Caribe, que saben a gloria en noviembre. Ayer, como quien dice, en la oscuridad invernal del polo norte cercano: viento y nieve de Finlandia. De repente, abierto al Atlántico en la Lisboa que recrea Muñoz Molina; en un abrir y cerrar de ojos, París, visto y no visto. Hoy, a dos mil metros, junto al zócalo mexicano y en clave popular. En breve, la frontera norte de Argentina, por donde arribaron los españoles…

Y es siempre lo mismo: el mismo pesimismo, la misma resignación. Las mismas ruinas.

Un tiempo no de cambio sino de ruinas. Esto vivimos. Todo se desmorona, no sólo los diarios. ¡Qué desagradable sensación!

Pero, al menos, ahí debemos estar nosotros, contándolo en primera línea. Enviados especiales a las ruinas del mundo de ayer, que todavía era mañana para Stefan Zweig. Gervasio Sánchez ha estado en primera línea y no tiene pelos en la lengua. El otro viernes zarandeó en Madrid a los asistentes del congreso ÑH11 Lo Mejor del Diseño Periodístico España&Portugal. A mí me repasó en la cara toda una vida, por tibio y por poco comprometido. A la profesión se la repasó también por no estar donde debe y sí por donde olfatea el dinero. Como las facultades de periodismo, añadiría yo, tan atentas a los focos, tan alejadas de la pasión por contar, que es el verdadero fulgor de este oficio.

Emilio Lledó ha obtenido el Premio Nacional de las Letras. Lo ha aceptado sin aspavientos, por cierto, allá los que buscan promoción con sus renuncias maleducadas y de pacotilla. Dice Lledó: “Obsesionar a los jóvenes con ganarse la vida es la manera más terrible de perderla”. ¡Ah, puto dinero!

Contar las ruinas, entenderlas… Y, sin embargo, los periodistas no acabamos de entender.

Una encuesta pone patas arriba el mapa político de la región donde vivo. Mi diario no es capaz hasta la fecha de presentar a los protagonistas de ese vuelco que vaticina el sondeo, que es lo que buscábamos en el rincón de la cocina este fin de semana. Repica las declaraciones de los portavoces habituales. Se aferra al ayer. Más sencillo aún: para representar el tema caliente de los viajes todo-gratis de diputados y senadores, no se le ocurre otra cosa que desplegar a doble página un avión de… ¡Copa Airlines, aerolínea de Panamá! Yo tampoco entiendo.

En agosto visité dos exposiciones, ‘Big Bang Data’ y ‘Metamorfosis’, ambas en el CCCB de Barcelona. Ahora he visitado otras dos en Madrid: ‘Ferran Adrià. Auditando el proceso creativo’, en la Fundación Telefónica, y ‘Sorolla y Estados Unidos’, en la Fundación Mapfre. La sensación es la misma, me quedo tranquilo: la vida no está en la empanada mental de Adrià, que no hay manera de entender, sino en las olas, el sol lateral, las velas blanquísimas, la piel bronceada, los juegos y hasta en la mirada adusta de los retratos americanos de Sorolla.

Tal vez, por eso, para entender, para no dejar de entender nunca, nunca, me aferro a los diarios de ayer, que son los de mañana. Estas pegatinas sorollescas son muestra de nuestra convicción.

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