Octubre 17, 2014 0

Era de titanio

Por Pablo en Apple Mac, diseño

Un nuevo mac luce encima de la mesa de “El Moma” robusto y pide a gritos que cambiemos todos los materiales del estudio por titanio, o algo duro. El primer uso que le doy no precisa de corriente eléctrica. Me miro en él y veo reflejada la cara de un pingüino. Apple siempre ha ido en ese plan de impresionar con sus fantásticas piezas de museo que rompen moldes en esta vida ultra-moldeada que llevamos en la que uno corre constantemente el riesgo de pasar desapercibido, y no digamos el ordenador de uno… Por eso —y por muchas más cosas— me gustan estos aparatos.

Cuando llega un mac nuevo es mucho más importante que cuando llega un coche nuevo, más divertido que cambiar de casa, traumático como cambiar de lugar y enfrentarse a no encontrar nada donde estaba antes. No sigo con comparaciones… Hay que revisar bien los fondos de armario para no perder nada importante en la mudanza.

También se corre el peligro de migrar como imagen calcada de lo que se era antes. Los ordenadores de hoy permiten hacerlo así. Mejor hacerlo manualmente para saber lo que uno lleva consigo, porque no nos engañemos: un ordenador no se ordena solo, aunque la propia palabra española ‘ordenador’ lo intente.

Cuando llega un nuevo mac afloran recuerdos del primero, el segundo, quizá del tercero o el cuarto. Uno se ve envuelto en un viaje atrás en el tiempo y recuerda esas fechas inevitablemente.

El primer mac con el que trabajé estaba en una oficina en valencia —primer lugar en el que trabajé de ‘diseñador’—, y recuerdo enfrentarme a él como chucho indefenso, avergonzado de no saber ni cómo se ordenaban las fuentes tipográficas. Nos odiábamos. Apenas fui capaz de conectarlo a internet en los 9 meses que pude utilizarlo, aunque por aquellas internet no era tan necesario. Tengo mejores recuerdos de los libros que leí y las personas que conocí entonces que de aquel ordenador.

Cuando llega un nuevo mac surgen nuevas preguntas: ¿cuántos mac me quedan? ¿dónde estaré el próximo mac? ¿habrá más mac? Es probable que ya no, que el elemento físico desaparezca (que desaparezca el mac, o el que lo usa, puestos a dramatizar). No me extrañaría que este sea el último mac en este mundo cada vez más virtual y nublado. Puedo afirmar que ya no ocupa el espacio físico de antes, ni impresiona por su tamaño, cada vez más parecido a una nespresso. Es posible que el título de este post sea un verbo y no un sustantivo de aquí a unos años.

Steve Jobs sabía todo esto (y mucho más, claro) sobre el componente sentimental de los aparatos que inventó, y por eso cuidaba los detalles hasta el punto de que podía echar atrás un material si se veía feo. Steve Jobs hubiera echado atrás, no me queda ninguna duda, las arandelas plateadas de los botoncitos de los nuevos iPhone 5S y 6. Puede resultar absurdo, pero no lo es. La muerte de Steve Jobs es por desgracia mucho más dramática para quienes piensan –pensamos– que un mac es un aparato fabricado y diseñado con buen gusto.

Este es el documento visual que conozco que mejor retrata a Steve Jobs

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Octubre 14, 2014 0

Portadista

Por Javier en General

Anuncian la llegada del nuevo diccionario de la Real Academia Española, el primero desde 2011 y el número 23 desde 1713, fecha en que fue creada la institución que da brillo al idioma. Este pedazo de tomo no será el último en papel, pero sí el último que se conciba primero para el soporte impreso. Contiene en 2.376 páginas 91.111 entradas, de las que 19.000 son americanismos, un récord.

Me encanta saber que el primer americanismo recogido por la primera compilación, la de Nebrija en el siglo XV, es canoa. Canoa es una palabra sonora, retardada y deslizante, preciosa. Con una canoa uno se adentra a lo más recóndito y descubre. Me acuerdo aquí de Marcelo Godoy: en Chile —y entre amigos— canoa significa otra cosa, innombrable, pero ésa es otra historia.

Historia y apasionante es la que cuenta Javier Rodríguez Marcos, en esta ocasión a propósito del diccionario. Historias. Nos revela, por ejemplo, que cultura es por mucho la palabra más buscada (51.085 búsquedas) desde 2012. En junio de este año la superaron efímeramente abdicar (en España) y puto (en México), ambas por razones coyunturales obvias. Pero después volvió al primer lugar. La segunda palabra más buscada del diccionario es bizarro (35.172 búsquedas) y la tercera procrastinar. ¿Por qué será? Enigmas de la lengua y de los hablantes.

Han entrado por fin tuitear, interactuar, spa, externalizar o multicultural; y tienen que esperar clicar, identitario, choni, pibón o táper. También, Facebook, que es la más buscada de las no aceptadas. Me pienso gastar los 99 euros que cuesta el diccionario porque es periodístico y genial.

Por aplicar términos del diccionario ya mencionados, José Juan Gámez es un periodista y diseñador andaluz multicultural y bizarro, que no quiere decir como se cree estrafalario (esto es por influencia del inglés) sino valiente, lúcido y generoso. Gámez es hijo predilecto de Luis Infante, uno de los diseñadores de prensa españoles más importantes de la segunda mitad del siglo XX, como bien se encarga de recordar Fermín Vílchez a cada rato y en su libro imprescindible: fue el inventor de Marca. Infante, a su vez, es discípulo de Cancela, otro de los grandes del diseño periodístico español… y tan desconocido. No me extraña que cultura sea la palabra más buscada del diccionario. Ni nosotros sabemos de dónde venimos.

Pues bien, José Juan Gámez capitaneó durante años la nave imbatible de Recoletos: una mezcla de gabinete de curiosidades y laboratorio de I+D. Allí podía encontrar uno a gente del calibre de Pablo Ramírez, Germán Pizarro, Manuel Romero o Antonio Martín. Vaya equipazo. Y, sobre todo, ¡cómo se lo pasaban! Ellos —es mi opinión— jugaban como niños grandes y por ahí pusieron patas arriba el diseño periodístico español a partir de la llegada de los Mac a las redacciones. Fueron los primeros, unos ‘frikies’, que no sé si es palabra aceptada por el diccionario aún, pero que lo será. En aquel garito, el comandante Gámez lo mismo estaba rediseñando Marca por enésima vez que pilotando su flamante simulador de vuelo, con el que viajaba en tiempo real a Nueva York y siempre se la pegaba al tratar de aterrizar en el JFK. Inolvidable.

Después de 25 años en el grupo, en 2013 José Juan Gámez dejó Marca, que ya era parte de Unidad Editorial. Era y no era lo mismo. Me cuenta Manolo Romero esta semana que no ha durado mucho su exilio puesto que este verano ha regresado a la prensa, que es su casa. Lo ha reclutado Abc como diseñador senior de portada. No lo sabía, pero sí que algo estaba pasando en ese diario. Bastaba con ver sus porradas en el quiosco. Lo sabía sin saberlo.

Me paro a pensar: creo que el fichaje de Gámez por Abc y su nuevo rol son una de las grandes y escasas novedades de la prensa española en los últimos años, del nivel de las columnas visuales de Jaime Serra en La Vanguardia. Por su coraje y trascendencia. José Juan ha empezado a hacer de las suyas. Está disfrutando como un enano, eso seguro. Y de paso, jugando jugando, ha puesto a la Academia en un brete. Ni clicar, ni choni, ni táper ni pibón: ya puede ir pensando en incluir en la próxima edición del diccionario el término portadista.

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Octubre 8, 2014 1

Demeuncacharritodeesos

Por Nerea en General, visto, vivido

— Hola, buenas, ¿podría darme unos cacharritos así para cerrar prendas, por ejemplo, una chaqueta? Tela con tela. —Me manda mi madre.
— Mmmm, así, como de arriba abajo, ¿como una cremallera?
— Eh, no, me los ha enseñado —mira que no traer un ejemplo— son así como pin y pin, dos cositas.
— A ver… ¿Será un corchete? Tenemos corchetes de latón, con muelle inox, sin muelle inox, con presilla, para pantalón y falda, peletero…

— …
— Tenemos también alamares, alamar normal, alamar para trenka, alamar con botón, de punto para chaquetas y jerseys, con forma de Rosa..

— No, no son así. Son como redonditos, los tenía en la falda del uniforme del cole de pequeña…
— ¿Broches doble aro snaps? ¿Botones magnéticos? ¿Broches automáticos? ¿Broches de cierre pajaritas?


— (¡Fiuu!) No, mire, son así, circulares, como chinchetas pero distintos, como ruedas de coche pequeñas, metálicos, un poco feos, con unos agujeritos y se cierran apretando uno contra el otro, clip, clip
— Ahhhh, tú quieres unos broches a presión metálicooos…

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En algunas ciudades y pueblos de Kenia, la conversación habría sido más breve. Allí, los pequeños comerciantes ilustran las puertas de sus tiendas con dibujos de los productos del interior, y así solo hay que señalar: “deme uno de esos”.

pd. Una imagen suele valer más que mil palabras, aunque en ocasiones está bien dejar espacio a la imaginación :].

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Octubre 3, 2014 2

Cosas serias

Por Javier en General

La inminente salida de un diario en el que has venido trabajando los últimos meses sigue despertando en mi estómago algunas mariposas. Es tiempo de nervios y relativa incertidumbre: al final, claro, un diario siempre sale porque conoce el camino. Más o menos puntual, haciéndose o no de rogar, pulcro o descuidado, latino o escandinavo. De una u otra forma, las rotativas acaban escupiéndolo. Y yo no puedo evitar ese viejo conocido temblor al entresacarlo del carrusel, sin secar, aún calentito.

Pamplona, San Juan de Puerto Rico, Tampere, Oporto, Kalmar. Ahora, México. En breve, otra vez, San Juan de Puerto Rico, en ese Caribe que inflamaron Hearst y Pulitzer mientras modelaban la prensa moderna tal y como después la conocimos: fin del imperio español de ultramar. Sacar un diario impreso a la calle es algo muy serio.

Hay profesionales que nos miran por encima del hombro. Muchos. Hoy, por ejemplo, en Pamplona, un arquitecto; otras veces, antes, han sido médicos o ingenieros. También el señor Karl Lagerfeld, conocido diseñador de moda, nos mira así. Por mucho que proclame su amor por la prensa, ‘Karl Daily’, su última ocurrencia disfrazada de diario, es una muestra de falta de consideración. Tengo muchos, muchos millones, sacar un diario es pan comido, debió de pensar. No pasaría de ser un estrambote más en su disparatada y egocéntrica carrera, si no fuera porque con los diarios no se juega.

El lanzamiento de ‘Karl Daily’ el pasado 20 de septiembre, coincidiendo con la semana de la moda de París, fue saludado con alborozo por críticos, publicistas y blogueros, que rindieron sus honores al octogenario y hasta quisieron ver en el experimento luces para salvar el periodismo impreso. Yo, más bien, no creo que su gata Choupette —presentada como columnista estrella— tenga nada interesante que decirnos. Además, regla número uno, un diario no habla de sí mismo. O lo menos posible. Y este ‘Karl Daily’ es un pesado monumento a la vanidad, un ‘selfie’ coñazo. ¿Por qué nos empeñamos en ser unos botarates fascinados?

Sí, un diario es una cosa seria. Comprar y leer un diario cada día es un acto de civismo. Hoy más que nunca. Debería ser gozosamente obligatorio, en casa y en las escuelas. Y, por ahí, amasaríamos una de las mejores herencias que dejar a nuestros hijos. A los míos les he hecho prometer esta semana que comprarán siempre uno —cada cual el suyo— cuando salgan de casa o cuando yo ya no esté. Uno serio, no el ‘Karl Daily’ ni ninguna de las otras fruslerías que inundan los quioscos. Porque convengamos que los quioscos están repletos de subperiódicos y subrevistas. Todos dicen lo mismo: ¡nada! Diarios, lo que se dice diarios, van quedando pocos. Y las sociedades no son lo mismo con o sin diarios de verdad. No van a ser lo mismo.

Financial Times es un diario muy serio, pero en su reciente cambio la maravillosa tipografía de Kris Sowersby se les quedó pequeña. Ser serio no quiere decir ser aburrido ni tomarse a uno mismo demasiado en serio, que en el fondo son la misma cosa y el mismo problema. Para ser serio hay que desdramatizar, ser capaz de hacer autochanza. Por ejemplo, el FT debería regalar a sus lectores unos lentes de aumento y reconocer con sorna que se quedó corto. Y después hablar seriamente de Escocia o de la deuda pública.

En fin, en un diario serio uno lee cosas serias como las que escribe Jordi Soler en ‘La vida sin cuerpo’: “Los ordenadores y los teléfonos que sirven para facilitar la comunicación entre las personas también nos simplifican esa comunicación, le restan complejidad y misterio, liman rugosidades y lo que queda es un intercambio liso de palabras; se trata, desde luego, de un intercambio preciso y eficaz, pero sin temperatura, demasiado expuesto, sin rastro, sin cicatriz, sin cuerpo”. ¿Se habrán enterado los maestros?

O como la profundísima entrevista de Javier Rodríguez Marcos a Adonis, el poeta sirio de 84 años, un clásico de las letras árabes, que me ha dejado rumiando, bastante noqueado: “¿La identidad? Según la noción al uso, la identidad es una pertenencia en la que es central el pasado: de una familia, de una raza, de un pueblo… Para mí, lo esencial es el individuo, aunque el individuo no se entiende sin el otro. La identidad es una creación perpetua, una apertura, no una adquisición. No se hereda porque el ser humano es una proyección hacia el futuro”. ¿Se habrán enterado los que pugnan por romperlo todo?

El de los diarios, como el de tantos otros, puede que sólo sea en el fondo un serio problema de identidad. Tendremos que hacérnoslo mirar a fondo. Al menos, leo que a Lagerfeld le gusta escribir cartas a mano: cicatrices. Yo ya pienso en la rotativa, tan carnal. Continuará.

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Septiembre 26, 2014 0

Viernes inuit

Por Ángela en General, visto

Mi gran amigo H me manda casi todos los meses el Suplemento Ojarasca del diario La Jornada calentito, recién salido del horno.

¡Ahí te mando el mes de agosto!—, escribe entre exclamaciones. Y esas mañanas, al leer sus escuetos emails, no puedo evitar imaginarme a la mitad de los días del verano saliendo de la pantalla del ordenador y desparramándose encima de mi mesa, como si abriera un buzón lleno de cartas  —de cuando recibíamos postales además de propaganda— y H se empeñara en regalarme, incomprensiblemente, todos los días del mes.

Después de la reflexión recurrente, me dedico a repasar el ejemplar que llega. Todos los números de Ojarasca, sin excepción, son especiales. Todos dan un repaso al mundo, te ponen los pies en el suelo y terminan con un aporte del arte que más me gusta: el que todavía no conozco. En el último envío, por ejemplo, publicaron una ilustración del artista inuit Pudlo Pudlat (1916-1992).

Pudlo, cuyas obras están presentes en la mayoría de las colecciones de los museos de Canadá, reflejaba en sus trabajos el mundo tal y como lo percibía: natural, espontáneo, simple, y lo enriquecía con colores y algunas fantasías. Esquimales, pavos, arcoíris, renos, búfalos y cacerías. Todo esto dibujaba este señor indígena, descendiente de los indígenas del Ártico, también llamados esquimales, expertos piragüistas, pescadores y cazadores de focas. Sobre todo me ha parecido muy simpático y muy moderno. Ya lo hubiera querido conocer ‘el aduanero’ Rousseau, icono de la pintura naïf, he pensado.

En la obra de Pudlo también se puede leer entre líneas algo de travesura. Me ha parecido que tenía mucho que ver con una tranquila y soleada tarde de viernes como la de hoy.

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Septiembre 24, 2014 1

Papel interactivo

Por Bea en General

Ayer me encontré de casualidad con este anuncio de Ikea. Caprichos de la red y sus enlaces enlazados.

No enseña el producto. No dice dónde está, ni cómo encontrar alguno de sus locales. En lugar de ello, se dedica a evocar a otra marca. Y a esperar a que una sola persona con cuenta en alguna red social lo vea. Tras esto, está todo hecho. Hay quien mira a lo digital con recelo. No le falta parte de razón: el papel -los periódicos- ha pagado cara la expansión de la red. Pero las ventajas también están ahí, sólo es cuestión de dar con ellas. Ikea lo ha intentado. Y no le ha ido mal.

Septiembre 22, 2014 0

Nacimiento

Por Javier en General

Han nacido en septiembre, que yo sepa…

…el curso con su otoño, ¡vaya lata!

…’Popular problems’, decimotercer álbum de un octogenario genial: Leonard Cohen.

…’Así empieza lo malo’, la última novela de Javier Marías, el maestro de la suspensión narrativa, que me voy a leer del tirón, muerto de envidia, como siempre.

…uno no que es un sí en Escocia, menos mal, ojalá, porque es mejor estar juntos y yo soy geográficamente clásico.

…un equipo de fútbol sala que se llama como nuestro estudio, que estrena así vena patrocinadora por culpa de la perseverancia de mi hijo Javier, capitán y presidente.

…un hermoso proyecto de crowfunding para mantener vivo un loco lugar donde nacen monstruos.

…un amigo periodista, aragonés y cuarentón, Pablo, con su nuevo páncreas: ¡vive!

…otro amigo periodista con su trabajo nuevo y unas castañuelas.

…un amor secreto y periodístico con olor a vaca, desbordante, gozoso.

…un niño minúsculo y guapo —cosa rara en un bebé— llamado Lucas, hijo de Patricia y Miguel, o sea mi sobrino: una cosita tan pequeña e inexplicable que no hay diario en el mundo capaz de contarlo.

¡Y aún hay periodistas que dicen que no hay noticias!

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Septiembre 15, 2014 0

Escribir el mundo

Por Javier en General

Por retomar la reflexión anterior, sobre la que me quedé meditando un rato, no sé si un periódico sirve para ser más felices, pero sí desde luego para leer cosas bellas y bien escritas.

Esta semana ha fallecido el banquero Emilio Botín, a quien no discutiré su olfato extraordinario con el dinero. El despliegue periodístico ha sido de tal magnitud que uno pensaría que transitó una figura histórica, de las que se estudiará en los libros de texto futuros. Con todo respeto, no creo que Botín merezca esa consideración ni que dé para semejante estrépito. A la noticia le falta alma, ese fulgor que sí tuvo, por ejemplo, la muerte de quien fue su yerno: Seve Ballesteros. Digo yo que el impacto periodístico y, por tanto, el número de columnas adjudicado en un diario deberían derivar no sólo de la posición en el ránking económico sino, sobre todo, de la conmoción humana suscitada. Periodismo es la suma de rigor y empatía. La desaparición de Botín a mí me deja frío. Sigo desconcertado.

Encuentro, en cambio, la belleza en páginas adyacentes y mi perplejidad inicial, mi casi enfado lector trocan en admiración. Por este diario sí pago, me digo.

El periodista Miguel Ángel Bastenier es un poco cascarrabias, ¡pero cómo escribe el tío! Sus columnas en la serie ‘El español de todos’ son una delicia. En la última, ‘De cómo somos la lengua que somos’, esta misma semana, toca un asunto de enorme interés como es la cantidad de palabras que maneja el hablante medio. Y, por ahí, las diferencias abismales entre el hablante anglosajón y el latino: mientras el primero se maneja con menos de 700 palabras, el segundo necesita unas 2.000. Al parecer, la diferencia estriba en que mientras estos nacen aquellos se hacen. Todo esto tiene algunas consecuencias periodísticas que conviene subrayar. Escribe Bastenier: “El ciudadano medio, heredero de Roma, vive mucho más por la palabra que su equivalente nórdico, lo que no se refleja en absoluto en la producción periodística, o sí puede que se refleje, pero para mal, porque el profesional de prensa anglosajón habita en el seno de una sociedad en la que la especialización hace que todos los periódicos estén técnicamente bien hechos, mientras que en nuestro medio la naturalidad, unidad de propósito, claridad implacable de que la línea recta es la distancia más corta entre dos puntos, brillan frecuentemente por su ausencia. Hemos aprendido a no hacerlo del todo bien, porque siempre hemos leído periódicos que no estaban del todo bien”.

Diarios bien hechos, diarios mal hechos. Diarios bien escritos, diarios mal escritos. Diarios pulcros y rigurosos; diarios zafios, con exceso de grasa. ¿Diarios anglosajones, diarios latinos?

Gustavo Martín Garzo, imprescindible, desentrañaba el sábado ‘El Decamerón’, de Bocaccio. Me diréis: ¿y qué tiene esto que ver con los periódicos, con la lengua, con Botín? A ver. Martín Garzo destaca en El País que el tema central de ‘El Decamerón’ es lo humano; pero no lo humano ideal sino lo humano real, y aún más el deseo, que es lo que mueve todo. “Nada puede agotar el mundo del deseo y el de la belleza. Una albahaca nos dice que el amor es fuerte como la muerte; y el canto del ruiseñor, que no se puede causar daño o perjuicio a las cosas hermosas del mundo”, concluye el escritor a propósito de los cien relatos que componen ‘El Decamerón’, una de las obras cumbre de la literatura universal.

Botín ha muerto, le sustituye como presidente su hija primogénita, la historia del Santander —que es un monstruo poderosísimo— continúa. Un banco. Sólo un banco que especula con nuestro dinero. ¿Qué es un banco si lo comparamos con la potencia de la lengua, que es el sustento de nuestro oficio y de la belleza —o del pasmo, o del horror, o del afán…— contada?

Zanja Bastenier: “La lengua española es uno de los más potentes reflectores para el conocimiento y descripción del mundo. Una lengua de una potencia extraordinaria en la que se expresan los sentimientos más intensos, fecunda de erres y jotas que la dotan de una expresividad que no es común en las restantes lenguas occidentales. No necesitamos, por tanto, ni rebuscar, ni enrevesar, ni perdernos en vericuetos porque, lineal, preciso y contundente, al español o castellano —sinónimos totales— nada de lo humano le es ajeno. Latinoamericanos y peninsulares tenemos por ello la obligación de amueblarnos con su riqueza para usar el término adecuado en cada caso. Mucho más que conocer las reglas que la rigen, lo que cuenta es sentir la intensa familiaridad con una lengua, sumergidos en cuya vastedad escribimos. Poseer un léxico extenso es importante, pero no para emplear aquellos vocablos que hagan esotérica la lectura. La escritura periodística tiene que ser, por ello, esa décima parte del iceberg que sobrenada el agua, porque tiene por debajo otras 9/10 partes que la sustentan. Con dos o tres mil palabras que emerjan de ese conocimiento y esa familiaridad carnal con el idioma, habremos dado un paso de gigante para hacer periódicos bien hechos; aunque que ya pueda ser tarde”.

Lo malo es que en éstas llega Google, clausura “por sospechas” tu cuenta de correo electrónico y quedas más mudo que un anglohablante básico. No hay entonces lengua que valga, no hay diálogo ni belleza posibles cuando al otro lado ‘viven’ máquinas que ni sienten ni padecen. Y que por supuesto no entienden de fulgores. ¡Con esas máquinas quieren algunos escribir los diarios!

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Septiembre 8, 2014 0

Inutilidad de los diarios

Por Javier en General

En Pamplona, en julio, por Sanfermines, sirve enrollado para citar a los toros y medir las distancias. En Salta, cualquier día, a cualquier hora, lo guardan enrollado como en Pamplona, y cuando un forastero pide por favor que hagan algo con los perros, la maldita plaga de perros callejeros, el mesero se decide por fin y avienta a los bichos con el periódico y uno puede cenar tranquilo. En esa misma plaza 9 de Julio de Salta, para mi pasmo, la quiosquera derrama café y no se le ocurre mejor cosa que agarrar —no coger— un diario nuevecito de los que acabamos de rediseñar y esparcirlo por el suelo para que absorba bien todo. Pobre diario. En Uruguay tampoco son muy originales: un amigo de Pamplona que acaba de hacer las Américas se compra el diario del domingo, que viene gordito, y me cuenta que con sus brasas el asado le sale para chuparse los dedos.

Cito estos usos no por originales, que esos ya los enumera Grassa Toro en ‘Imprensa’, sino por recientes, porque han salido en conversaciones este verano, que ya se va, y me hacen gracia. Pienso: a mí me da lo mismo que no los lean, que no lean los diarios, lo importante es que los compren. Pero a renglón seguido me sincero: no, no es verdad que dé lo mismo.

Estoy leyendo el manifiesto-ensayo de Nuccio Ordine ‘La utilidad de lo inútil’, editado por Acantilado, que es provocador y delicioso. En él encuentro la historia de ‘Lo Spettatore Fiorentino’, una aventura periodística que proyectaron entre 1831 y 1832 Giacomo Leopardi y su amigo Antonio Ranieri. ‘Lo Spettatore Fiorentino’ iba a ser un periódico semanal inútil. Como suena. En su preámbulo, el autor declaraba: “Reconocemos con franqueza que nuestro periódico no tendrá ninguna utilidad. Creemos razonable que en un siglo en el que todos los libros, todos los pedazos de papel impresos, todas las tarjetas de visita son útiles, aparezca finalmente un periódico que hace profesión de ser inútil: porque el hombre tiende a distinguirse de los demás y porque, cuando todo es útil, no queda sino que uno prometa lo inútil para especular”.

Ante la insatisfacción de la vida, el placer de lo inútil. El conde Giacomo Taldegardo Francesco di Sales Saverio Pietro Leopardi (1798-1837) fue poeta, filósofo, filólogo y erudito adscrito al movimiento romántico. Su madre era católica recalcitrante y de la cofradía del puño, leo: se alegró por la muerte de un hijo recién nacido en vista del ahorro que suponía. Su padre, en cambio, dilapidó la fortuna familiar para construirse una formidable biblioteca en casa. Aunque de salud frágil, Leopardi consumió su infancia y adolescencia leyendo desesperadamente. A los once devoraba a Homero, a los trece escribió su primera tragedia y a los 14 años ya hablaba siete idiomas. Toda su obra está impregnada de amores imposibles y de un profundo pesimismo que por muy poco no da con sus huesos en una fosa común. ¡Vaya historia la suya!

¿Podrán entonces los diarios inútiles hacernos más felices o es que me he dejado llevar por el romanticismo de Leopardi? Malayala Manorama, el diario de Kerala con el nombre más bonito que pueda tener un periódico, no lo cree y proclama su convicción desde la cabecera: como ya expliqué en octubre de 2011, cuando comenzábamos aquel rediseño, ‘manorama’ significa en idioma malayala “lo que me hace sentir mejor o feliz al enterarme”. Idea, por cierto, de tres poetas en 1888: Kerala Varma, Valiakoyhithampuran y Vilvavattathu Raghavan Nambiar.

El proyecto de Leopardi y Raniero no obtuvo el permiso de las autoridades florentinas y murió antes de nacer. Naturalmente, dice Nuccio Ordine en su ensayo. Un diario inútil y que hace feliz a la gente debe de ser muy peligroso.

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Agosto 31, 2014 0

Vidal Quadras

Por Javier en General

Pues resulta que no, que José Antonio Vidal Quadras no fue el inventor de ‘Desde Faustino’. Según leo, ahora que nos ha dejado, fue el entonces decano de la facultad, Manuel Casado, quien lanzó el número 1 en noviembre de 1988. Fernando López Pan expandió la carta a ocho páginas entre 1989 y 1991, siendo yo ya estudiante de Periodismo, e inventó lo de los nombres propios en negrita y, entre paréntesis, el año de la promoción de la persona mencionada. Dos señas de identidad de la publicación.

Vidal Quadras sólo recogió el testigo en 1992. ¡Pero de qué manera! Su firma apareció por primera vez en la edición número siete. ‘Desde Faustino’ se convirtió de inmediato en el ‘Hola’ de la facultad. Conozco muchos que lo criticaban, pero ninguno que no lo leyera de pé a pá. Me incluyo. Al número siete le siguieron el ocho, el nueve, el diez y así hasta el 44, fechado en julio de 2006: fue el último ‘Desde Faustino’ en papel. Se envió —lo cuenta él con precisión— a 5.780 ex alumnos. A partir de ahí, la popular carta se escondió en internet y, no mucho después, desapareció.

En la muerte de este profesor veterano y entrañable de la Universidad de Navarra, he leído varias necrológicas laudatorias. Todo hay que decirlo: a mí su magisterio no me dejó especial huella. Tampoco tuve trato personal con él más allá de saludarnos ocasionalmente. Poco puedo decir. Pero sí que cuando nos cruzábamos me llamaban la atención su delicada figura, como de otro tiempo, su extrema afabilidad, su paciente impaciencia y la pregunta, la pregunta siempre en la punta de la lengua. Y un trozo de papel para apuntar un nombre, un dato, cualquier referencia.

No sé qué pensaba Vidal Quadras sobre el periodismo actual. Sí sé que de su trayectoria se desprende lo siguiente:

1. En periodismo lo importante no es ser el primero.

2. Sólo son esenciales los datos y las personas detrás de los datos, si es con nombre y dos apellidos —y en negrita— mucho mejor. Y aún más ponerse en el lugar de esas personas: empatizar.

3. Lo que no se imprime tiene menos valor informativo, interesa menos, tiende a olvidarse. No cuenta. Desaparece.

Lo mejor que podía hacer la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra es rescatar ‘Desde Faustino’ y volver a enviar una edición impresa a todos sus exalumnos. Candidatos hay para recoger el testigo de José Antonio Vidal Quadras.

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