Septiembre 15, 2014 0

Escribir el mundo

Por Javier en General

Por retomar la reflexión anterior, sobre la que me quedé meditando un rato, no sé si un periódico sirve para ser más felices, pero sí desde luego para leer cosas bellas y bien escritas.

Esta semana ha fallecido el banquero Emilio Botín, a quien no discutiré su olfato extraordinario con el dinero. El despliegue periodístico ha sido de tal magnitud que uno pensaría que transitó una figura histórica, de las que se estudiará en los libros de texto futuros. Con todo respeto, no creo que Botín merezca esa consideración ni que dé para semejante estrépito. A la noticia le falta alma, ese fulgor que sí tuvo, por ejemplo, la muerte de quien fue su yerno: Seve Ballesteros. Digo yo que el impacto periodístico y, por tanto, el número de columnas adjudicado en un diario deberían derivar no sólo de la posición en el ránking económico sino, sobre todo, de la conmoción humana suscitada. Periodismo es la suma de rigor y empatía. La desaparición de Botín a mí me deja frío. Sigo desconcertado.

Encuentro, en cambio, la belleza en páginas adyacentes y mi perplejidad inicial, mi casi enfado lector trocan en admiración. Por este diario sí pago, me digo.

El periodista Miguel Ángel Bastenier es un poco cascarrabias, ¡pero cómo escribe el tío! Sus columnas en la serie ‘El español de todos’ son una delicia. En la última, ‘De cómo somos la lengua que somos’, esta misma semana, toca un asunto de enorme interés como es la cantidad de palabras que maneja el hablante medio. Y, por ahí, las diferencias abismales entre el hablante anglosajón y el latino: mientras el primero se maneja con menos de 700 palabras, el segundo necesita unas 2.000. Al parecer, la diferencia estriba en que mientras estos nacen aquellos se hacen. Todo esto tiene algunas consecuencias periodísticas que conviene subrayar. Escribe Bastenier: “El ciudadano medio, heredero de Roma, vive mucho más por la palabra que su equivalente nórdico, lo que no se refleja en absoluto en la producción periodística, o sí puede que se refleje, pero para mal, porque el profesional de prensa anglosajón habita en el seno de una sociedad en la que la especialización hace que todos los periódicos estén técnicamente bien hechos, mientras que en nuestro medio la naturalidad, unidad de propósito, claridad implacable de que la línea recta es la distancia más corta entre dos puntos, brillan frecuentemente por su ausencia. Hemos aprendido a no hacerlo del todo bien, porque siempre hemos leído periódicos que no estaban del todo bien”.

Diarios bien hechos, diarios mal hechos. Diarios bien escritos, diarios mal escritos. Diarios pulcros y rigurosos; diarios zafios, con exceso de grasa. ¿Diarios anglosajones, diarios latinos?

Gustavo Martín Garzo, imprescindible, desentrañaba el sábado ‘El Decamerón’, de Bocaccio. Me diréis: ¿y qué tiene esto que ver con los periódicos, con la lengua, con Botín? A ver. Martín Garzo destaca en El País que el tema central de ‘El Decamerón’ es lo humano; pero no lo humano ideal sino lo humano real, y aún más el deseo, que es lo que mueve todo. “Nada puede agotar el mundo del deseo y el de la belleza. Una albahaca nos dice que el amor es fuerte como la muerte; y el canto del ruiseñor, que no se puede causar daño o perjuicio a las cosas hermosas del mundo”, concluye el escritor a propósito de los cien relatos que componen ‘El Decamerón’, una de las obras cumbre de la literatura universal.

Botín ha muerto, le sustituye como presidente su hija primogénita, la historia del Santander —que es un monstruo poderosísimo— continúa. Un banco. Sólo un banco que especula con nuestro dinero. ¿Qué es un banco si lo comparamos con la potencia de la lengua, que es el sustento de nuestro oficio y de la belleza —o del pasmo, o del horror, o del afán…— contada?

Zanja Bastenier: “La lengua española es uno de los más potentes reflectores para el conocimiento y descripción del mundo. Una lengua de una potencia extraordinaria en la que se expresan los sentimientos más intensos, fecunda de erres y jotas que la dotan de una expresividad que no es común en las restantes lenguas occidentales. No necesitamos, por tanto, ni rebuscar, ni enrevesar, ni perdernos en vericuetos porque, lineal, preciso y contundente, al español o castellano —sinónimos totales— nada de lo humano le es ajeno. Latinoamericanos y peninsulares tenemos por ello la obligación de amueblarnos con su riqueza para usar el término adecuado en cada caso. Mucho más que conocer las reglas que la rigen, lo que cuenta es sentir la intensa familiaridad con una lengua, sumergidos en cuya vastedad escribimos. Poseer un léxico extenso es importante, pero no para emplear aquellos vocablos que hagan esotérica la lectura. La escritura periodística tiene que ser, por ello, esa décima parte del iceberg que sobrenada el agua, porque tiene por debajo otras 9/10 partes que la sustentan. Con dos o tres mil palabras que emerjan de ese conocimiento y esa familiaridad carnal con el idioma, habremos dado un paso de gigante para hacer periódicos bien hechos; aunque que ya pueda ser tarde”.

Lo malo es que en éstas llega Google, clausura “por sospechas” tu cuenta de correo electrónico y quedas más mudo que un anglohablante básico. No hay entonces lengua que valga, no hay diálogo ni belleza posibles cuando al otro lado ‘viven’ máquinas que ni sienten ni padecen. Y que por supuesto no entienden de fulgores. ¡Con esas máquinas quieren algunos escribir los diarios!

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Septiembre 8, 2014 0

Inutilidad de los diarios

Por Javier en General

En Pamplona, en julio, por Sanfermines, sirve enrollado para citar a los toros y medir las distancias. En Salta, cualquier día, a cualquier hora, lo guardan enrollado como en Pamplona, y cuando un forastero pide por favor que hagan algo con los perros, la maldita plaga de perros callejeros, el mesero se decide por fin y avienta a los bichos con el periódico y uno puede cenar tranquilo. En esa misma plaza 9 de Julio de Salta, para mi pasmo, la quiosquera derrama café y no se le ocurre mejor cosa que agarrar —no coger— un diario nuevecito de los que acabamos de rediseñar y esparcirlo por el suelo para que absorba bien todo. Pobre diario. En Uruguay tampoco son muy originales: un amigo de Pamplona que acaba de hacer las Américas se compra el diario del domingo, que viene gordito, y me cuenta que con sus brasas el asado le sale para chuparse los dedos.

Cito estos usos no por originales, que esos ya los enumera Grassa Toro en ‘Imprensa’, sino por recientes, porque han salido en conversaciones este verano, que ya se va, y me hacen gracia. Pienso: a mí me da lo mismo que no los lean, que no lean los diarios, lo importante es que los compren. Pero a renglón seguido me sincero: no, no es verdad que dé lo mismo.

Estoy leyendo el manifiesto-ensayo de Nuccio Ordine ‘La utilidad de lo inútil’, editado por Acantilado, que es provocador y delicioso. En él encuentro la historia de ‘Lo Spettatore Fiorentino’, una aventura periodística que proyectaron entre 1831 y 1832 Giacomo Leopardi y su amigo Antonio Ranieri. ‘Lo Spettatore Fiorentino’ iba a ser un periódico semanal inútil. Como suena. En su preámbulo, el autor declaraba: “Reconocemos con franqueza que nuestro periódico no tendrá ninguna utilidad. Creemos razonable que en un siglo en el que todos los libros, todos los pedazos de papel impresos, todas las tarjetas de visita son útiles, aparezca finalmente un periódico que hace profesión de ser inútil: porque el hombre tiende a distinguirse de los demás y porque, cuando todo es útil, no queda sino que uno prometa lo inútil para especular”.

Ante la insatisfacción de la vida, el placer de lo inútil. El conde Giacomo Taldegardo Francesco di Sales Saverio Pietro Leopardi (1798-1837) fue poeta, filósofo, filólogo y erudito adscrito al movimiento romántico. Su madre era católica recalcitrante y de la cofradía del puño, leo: se alegró por la muerte de un hijo recién nacido en vista del ahorro que suponía. Su padre, en cambio, dilapidó la fortuna familiar para construirse una formidable biblioteca en casa. Aunque de salud frágil, Leopardi consumió su infancia y adolescencia leyendo desesperadamente. A los once devoraba a Homero, a los trece escribió su primera tragedia y a los 14 años ya hablaba siete idiomas. Toda su obra está impregnada de amores imposibles y de un profundo pesimismo que por muy poco no da con sus huesos en una fosa común. ¡Vaya historia la suya!

¿Podrán entonces los diarios inútiles hacernos más felices o es que me he dejado llevar por el romanticismo de Leopardi? Malayala Manorama, el diario de Kerala con el nombre más bonito que pueda tener un periódico, no lo cree y proclama su convicción desde la cabecera: como ya expliqué en octubre de 2011, cuando comenzábamos aquel rediseño, ‘manorama’ significa en idioma malayala “lo que me hace sentir mejor o feliz al enterarme”. Idea, por cierto, de tres poetas en 1888: Kerala Varma, Valiakoyhithampuran y Vilvavattathu Raghavan Nambiar.

El proyecto de Leopardi y Raniero no obtuvo el permiso de las autoridades florentinas y murió antes de nacer. Naturalmente, dice Nuccio Ordine en su ensayo. Un diario inútil y que hace feliz a la gente debe de ser muy peligroso.

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Agosto 31, 2014 0

Vidal Quadras

Por Javier en General

Pues resulta que no, que José Antonio Vidal Quadras no fue el inventor de ‘Desde Faustino’. Según leo, ahora que nos ha dejado, fue el entonces decano de la facultad, Manuel Casado, quien lanzó el número 1 en noviembre de 1988. Fernando López Pan expandió la carta a ocho páginas entre 1989 y 1991, siendo yo ya estudiante de Periodismo, e inventó lo de los nombres propios en negrita y, entre paréntesis, el año de la promoción de la persona mencionada. Dos señas de identidad de la publicación.

Vidal Quadras sólo recogió el testigo en 1992. ¡Pero de qué manera! Su firma apareció por primera vez en la edición número siete. ‘Desde Faustino’ se convirtió de inmediato en el ‘Hola’ de la facultad. Conozco muchos que lo criticaban, pero ninguno que no lo leyera de pé a pá. Me incluyo. Al número siete le siguieron el ocho, el nueve, el diez y así hasta el 44, fechado en julio de 2006: fue el último ‘Desde Faustino’ en papel. Se envió —lo cuenta él con precisión— a 5.780 ex alumnos. A partir de ahí, la popular carta se escondió en internet y, no mucho después, desapareció.

En la muerte de este profesor veterano y entrañable de la Universidad de Navarra, he leído varias necrológicas laudatorias. Todo hay que decirlo: a mí su magisterio no me dejó especial huella. Tampoco tuve trato personal con él más allá de saludarnos ocasionalmente. Poco puedo decir. Pero sí que cuando nos cruzábamos me llamaban la atención su delicada figura, como de otro tiempo, su extrema afabilidad, su paciente impaciencia y la pregunta, la pregunta siempre en la punta de la lengua. Y un trozo de papel para apuntar un nombre, un dato, cualquier referencia.

No sé qué pensaba Vidal Quadras sobre el periodismo actual. Sí sé que de su trayectoria se desprende lo siguiente:

1. En periodismo lo importante no es ser el primero.

2. Sólo son esenciales los datos y las personas detrás de los datos, si es con nombre y dos apellidos —y en negrita— mucho mejor. Y aún más ponerse en el lugar de esas personas: empatizar.

3. Lo que no se imprime tiene menos valor informativo, interesa menos, tiende a olvidarse. No cuenta. Desaparece.

Lo mejor que podía hacer la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra es rescatar ‘Desde Faustino’ y volver a enviar una edición impresa a todos sus exalumnos. Candidatos hay para recoger el testigo de José Antonio Vidal Quadras.

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Agosto 29, 2014 0

Nuevas y viejas fórmulas (II)

Por Pablo en General

«Escoja nuestro modelo de cubierta». Una conocida editorial daba ayer a elegir a sus «perspicaces lectores» el modelo de cubierta para la edición actualizada de un libro monográfico que está a punto de salir a la venta en formato extragrande de lujo. Se trata tan sólo de elegir entre una foto u otra, y decidir cuál queda mejor como fondo para la cubierta del libro.

Desaparece así la capacidad de predecir o percibir lo que otro individuo puede sentir. Aquí se trata precisamente de lo contrario. De no predecir, sino de preguntar. No de empatía, sino de respuestas. En 1985 esta idea no habría sido tan fácil de llevar a cabo.

Tengo sentimientos encontrados sobre esta campaña. Por un lado, hay que vender libros comossea. Es muy interesante que internet permita que editores y lectores se conozcan mejor, y que lo que uno haga se acerque más a lo que el otro necesita.

Pero yo prefiero que sea el editor quien decida un modelo de cubierta, y que me lo intente vender. Y que, yendo hacia atrás en esta cadena, sea el diseñador el que intente convencer al editor de qué portada es mejor; que lo haga con sus propios argumentos. Que uno y otro, en esta cadena que llega al destinatario final, que es el comprador, se arriesguen. Y que también, con mayor o menor acierto, sea el periodista, librero o el bloguero quien reseñe o critique la obra, que sean mis amigos, conocidos o cercanos los responsables del efecto boca-oreja. Y sea yo quien la compre si me gusta.

Símplemente, no quiero escoger. No quiero convertirme en una parte de la estadística. No quiero estar entre los que les gusta la portada A o los que les gusta la portada B.

Los libros, los discos, llevan consigo un recuerdo, una historia desde el día en que los descubrimos o que pasan a estar en nuestras manos. No creo que los vayamos a recordar por ‘Ese libro cuya portada yo elegí”, sino ‘Ese libro que compré porque estaba obsesionado con Goya’ o ‘Ese libro que me regalaron por mi cumpleaños’, en todo caso.

Sé que el argumento es discutible utilizando este ejemplo tan light, porque realmente no hay mucha diferencia entre una cubierta u otra. La cubierta, además, es sólo la cubierta. Pero desde el momento en que se nos da a elegir, se pierde el efecto sorpresa. Es como si la víspera de tu cumpleaños tu pareja te pone delante dos regalos, los abre delante de tus ojos y te pregunta: —¿qué regalo prefieres que te regale mañana, este o este otro?—.

En librerías de Burdeos como Mollat nos pasabamos el rato leyendo las fogosas recomendaciones con las que el librero o responsable de sección acostumbra a sembrar las portadas de los libros que vende. A veces la literatura que había en ellas engrandecía la del libro que recomendaban.

Agosto 18, 2014 0

Brevísimo álbum del verano (9): Barcelona

Por Javier en General

Fui a Barcelona recién.

Había marcado en la agenda ‘Big Bang Data’, que muestra en el CCCB el esplendor de los datos, su dictadura actual, diría yo, y por ahí algunas conexiones con la seguridad, la privacidad y el dizque arte. Nada me sorprendió, todo resultó previsible: ‘Big Bang Data’ me aburrió soberanamente.

De repente, hoy todo son datos. Miles, millones, trillones. A falta de intuición, la cosa consiste en repetir y contabilizar. En abrumar. Las visualizaciones resultan indescifrables; te hacen sentir como un tonto. Hay que resistir la tentación empero, rebelarse: la capacidad de almacenar cantidades ingentes de datos no nos hace más sabios ni más humanos. Su interpretación es una quimera. Lo registramos todo, pero seguimos más perdidos que un pulpo en un garaje.

Como por ensalmo, en el piso de abajo del CCCB me encuentro ‘Metamorfosis’. ‘Metamorfosis’ reúne a los cuatro nombres más importantes del cine de animación. Confieso que no los conocía: el ruso de origen polaco Ladislas Starewitch (1882-1965), considerado el Mélies del género, el checo Jan Svankmajer (1934) y los hermanos estadounidenses Quay (1947). No encuentro palabras para definirla: es extraordinaria.

De repente, no hay un sólo dato. Por el camino, que es una experiencia única, aparecen insectos, marionetas, collages biológicos, fetiches africanos, órganos sexuales desaforados, decorados fantasmagóricos, escenografías delirantes, un bebé-árbol-pulpo amamantado y mecido por su madre ida, colecciones médicas, ojos patológicos, un diorama con la habitación de Gregor Samsa, fragmentos de películas, gritos al fondo, esqueletos, animales y vegetales antropomorfos, criaturas aberrantes… Y obras de Arcimboldo, Bosco, el increíble Athanasius Kircher, Goya, Ensor, Kafka, Bruno Schulz o Dalí, que ilustran y contextualizan el universo de estos fascinantes cineastas. Medio millar de piezas en total, un gigantesco ‘wunderkammer’ o gabinete de curiosidades.

“Yo busco lo fantástico en la realidad para dudar de ella”, dice Svankmajer. Que advierte y aconseja: “Si no empezamos otra vez a contar cuentos e historias de fantasmas antes de irnos a dormir y rememoramos nuestros sueños al levantarnos, nada podemos esperar de nuestra civilización occidental. Abandónate a tus obsesiones, intercambia sueño y realidad”.

De repente vuelven a mí los monstruos de Chodes, las fotonovelas. Todo lo que en la vida queda fuera de medida. Lo que no puede registrarse ni —seguro— visualizarse. Sueños, magia, ilusiones ópticas, sombras, márgenes. Radicalidad y potencia subversiva. Sin fórmulas ni seguridades.

De todo esto ha habido en abundancia durante 41 años en los estantes de la librería pamplonesa El Parnasillo, que de repente —o no tanto— cierra. Se fue FPO y El Parnasillo ha ido vaciándose de duendes y otros seres imposibles. Echan el cierre los libreros por jubilación y más cosas. Habrá metamorfosis en el ensanche pamplonés. Con suerte abren una tienda de chucherías, que no deja de ser a su manera otro gabinete.

“Los visitantes de un gabinete de curiosidades deberían salir metamorfoseados, renacidos, ya que acaban de pasar por un ritual de iniciación”, asegura Svankmajer. Así debería ser con las librerías, con los periódicos. No vitrinas sino objetos que adquieren vida propia y la irradian. Seres animados que nos espolean, que nos hacen dudar de todo y, por tanto, que nos hacen peligrosamente subversivos.

Todavía sobrecogido y —confío— un poco más subversivo que antes, deseo larga vida a estos diarios y a El Parnasillo.

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Agosto 16, 2014 6

Nuevas y viejas fórmulas

Por Pablo en Inspiración, visto, vivido

Nuestros vecinos franceses se las apañan para sacar de cuando en cuando nuevas fórmulas periodísticas en los estantes de sus kioskos y librerías. Una de las más interesantes es la que lleva la actualidad a la ilustración (XXI) o viñetas. Ya han salido tres o cuatro revistas así: entre ellas, la Revue Dessinée. Pueden encontrarse en kioskos, no pocas librerías o tiendas de cómics.

Otra fórmula exitosa, la que recoge algunas de estas tendencias y las fusiona con otras en el semanario Le Un. ‘Cada semana, una cuestión de actualidad, diversas miradas’, dice en la cabecera. Cuidado tipográfico, ilustración, original formato desplegable que parte de un A4 y termina en un poster A1, firmas y artículos literarios, son en realidad un compendio de fórmulas que ya existen para dar con una idea original e interesante que ya lleva 20 números y tiene su espacio en todos los kioskos, que no es poco hoy en día.

Las nuevas fórmulas alimentan la salida de otras nuevas, y así el kiosko francés sigue su particular y dinámico curso.

Entre tanta nueva fórmula. en rincón cualquiera de Burdeos, en plena calle, nos encontramos durante estas vacaciones con una vieja fórmula. A unos les resultará más familiar y a otros menos. A nosotros nos resultó exótica a más no poder.

En la entrada al Jardin Publique —y en otros puntos de la ciudad— había una mini biblioteca. Una estantería donde los visitantes al parque dejan el último libro que han leído para que otros lo recojan. El sistema es muy sencillo. Se lee uno un libro y ya no sabe qué hacer con él, porque no todo el mundo es coleccionista. Le pone una marquita para no poder ser vendido nuevamente, y lo deposita en la boîte à Lire, que así se llama el artefacto.

Son maneras de compartir la cultura que no perjudican a nadie y además benefician a todos.

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Agosto 12, 2014 0

Brevísimo álbum del verano (8): Tourmalet

Por Javier en General

Cuando uno llega arriba no importa si el día es espléndido y la mirada puede abarcar todo el derredor grandioso (Tourmalet, ayer domingo), o si se ha echado la niebla y entonces dan ganas de abrigarse y bajar rápido porque el lugar se vuelve inhóspito, de repente desaparecen las motos, las caravanas, incluso las vacas con sus cencerros (Aubisque, ayer domingo).

Uno sube a la velocidad del caracol —del caracol del Tourmalet, el de la foto—, y a mucha honra. Y seguiría subiendo así todo el día, la vida entera. En busca. Con la sabia paciencia del caracol del Tourmalet, que se parece a mi hermano Dani. No vi caracoles en Cádiz, aunque sí a Dani, cuya velocidad de crucero es un prodigio en la playa o en la montaña. Dani me ha confesado dos cosas obvias que también me dijo el mar, y ahora el Tourmalet. De puro obvias no las veo: 1) nadie es especial en absoluto; y 2) el secreto de todo este embrollo que es vivir es tan sólo una cierta normalidad. Gestionar las expectativas, entiendo yo. Nada más. Y, claro, saber ver de vez en cuando algunos milagros en esa normalidad. Como el rayo verde. Espero que se me entienda.

El verano viaja en cambio a mil por hora y sin contemplaciones. Se ha llevado por delante al legendario diario comunista italiano L’Unitá, donde escribieron en sus noventa años gentes como Tabucchi o Pasolini. Murió matando, pero murió. Me había encantado el rediseño reciente de Cases. Una pena, descanse en paz. Al menos, regresa en papel Experimenta, la revista española dedicada a las artes gráficas y al diseño, según leo en Cuatrotipos. Volando, ¡ya 30 años!, Robert Álvarez junta hoy en El País a Andrés Jiménez y a José María Margall, integrantes de la selección española de baloncesto que consiguió la medalla de plata en la final de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles de 1984. Veo a los dos cincuentones botando el balón en la foto de Vicens Giménez, leo el articulito adjunto de Iturriaga y lloro unas pocas lágrimas de San Lorenzo. ¿Dónde estás, caracol?

El primer día de mi hija en el diario va ya para tres meses. En efecto, aquel era el primer día del resto de su vida. Quizá le recomiende el ensayo de Víctor Sampedro ‘El cuarto poder en la red. Por un periodismo (de código) libre’, que acaba de salir y tiene muy buena pinta. Dice César Rendueles del libro: “(…) el problema de los periódicos, televisiones y radios tradicionales no es que sean viejos y analógicos, sino su connivencia con las élites económicas y políticas, y su disolución en la industria del entretenimiento los ha convertido en herramientas rotas, inservibles para cumplir su función pública”.

Pensaba en ella, en mi hija, al leer la crítica del filósofo en Babelia. Y en los caracoles. En su velocidad interestelar, que es la única posible para poder mirar el mundo y procurar ser felices.

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Julio 31, 2014 0

Día negro

Por Alvaro en General

El 28 de julio de 2014 se cumplieron 100 años del estallido de la Primera Guerra Mundial. La ‘noticia’ ha sido recogida por medios locales y nacionales en especiales, infográficos, reseñas en las secciones de efemérides, reportajes históricos e, incluso, se ha emitido una serie de televisión, por supuesto, en un canal temático. Cerca de diez millones de soldados perdieron la vida y desaparecieron cuatro imperios. El mapa de Europa cambió por completo en cuatro años, tiempo habitual para una legislatura actual.

Bien conocido es el detonante del conflicto: el asesinato del heredero al trono del Imperio Austro-Húngaro, el archiduque Francisco Fernando, y su esposa, Sofía Chotek, el 28 de junio de 1914 en Sarajevo. La declaración de guerra llegó un mes más tarde, a través de un atípico telegrama escrito en francés. La filtración a la prensa del contenido de la misiva enviada a Belgrado desencadenaron el pánico en la población y los primeros disparos. ¡Oportunas ediciones vespertinas de los diarios!

Hoy las guerras se desatan y se cuentan de otra manera, pero no dejan de ser igual —o más— crueles que hace cien años. Y el interés por ello también ha cambiado. El principal problema que preocupa a los españoles —leo en el último barómetro del CIS—  es el paro (46,7%), seguido de lejos por los problemas de índole económica (27,3%) y la sanidad (11,7%). Un siglo después del comienzo de la ‘Gran Guerra’ los medios se centran en las batallas políticas, las batallas deportivas, las batallas lúdicas, las batallas del bolsillo, las batallas sangrientas, las batallas por los derechos y la corrupción, mucha corrupción. ‘Casos’ de todos los colores que inundan las ediciones matutinas de los diarios en papel… ¿Y los vespertinos de qué estarán hablando?

Seguro que alguno prefiere no leerlos. Precisamente hoy —día negro— que se acaba el sur.

Julio 24, 2014 1

Brevísimo álbum del verano (7): Vejer

Por Javier en General

Carlos Arribas recordaba anteayer la debacle de Induráin en Les Arcs, cuando el dichoso chubasquero, y, dos días después, en Hautacam, esta vez sin chubasquero. No daba más: fue ya en 1996. Cinco años antes, en 1991, fui a París con Santy Mendive porque Induráin, navarro, había ganado su primer Tour. Ambos tuvimos la suerte de escribir la crónica de aquella jornada inolvidable. Induráin tiene hoy 50. Santy y yo vamos para 48. Pese a lo que dicen, el verano en el sur no pasa más lento.

Da gusto leer a Arribas; mi texto ciclista no valía gran cosa. He subido Les Arcs (fácil) y Hautacam (difícil) en bici, aunque lo que más me gustaría no es escalar cumbres sino escribir como los ángeles. Como Arribas o como Winston Manrique Sabogal: su texto sobre la crisis del sector editorial español (ver El País de 14 de julio de 2014) es deslumbrante. Se suma a otros de estos últimos meses cuya estructura narrativa y expositiva consigue atraparme cada vez. No creo que se publique nada igual este verano.

Abaten un avión en Ucrania. Buscan a otro en Mali. Yo podía haber viajado en ellos. Los de Cuatrotipos anuncian un nuevo diario deportivo sevillano (El Decano) a partir del 1 de agosto y una nueva revista trimestral (Volata), sobre ciclismo, precisamente. Me calzo la camiseta que Paul Smith diseñó para Libération en septiembre de 2009 y busco la playa una mañana más: la información no dejará nunca, nunca, de ser un combate.

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Julio 23, 2014 0

Brevísimo álbum de verano (6): Plasencia

Por Javier en General

Después de una primera quincena de julio pasada por agua, sin quitarnos la chaqueta de Pamplona ni por supuesto esa cara de acelga tan característica, con la que somos y vivimos, viajamos al sur como alma que lleva el diablo. Viajar al sur es siempre calmante y vitaminante. Esta vez paramos en Plasencia, de atardecida y a 39 grados. No parecía una buena idea…

Y, de repente, en la rúa Zapatería 22, como por ensalmo, apareció ‘La puerta de Tannhäuser’, que no sólo es donde brillan rayos C en la oscuridad sino también un oasis extremeño. Sudaba a mares, entré. Fui mal periodista y no hice las preguntas que hubiera hecho Ángela ni las que le digo a mi hija que haga antes de zambullirse en un reportaje. Sólo sé que allí dos hermanos llevan construyendo desde 2011 un proyecto “con el fin de acercar el mundo de la literatura, la música, el cine y la educación a todas aquellas personas que buscan un espacio cultural y de ocio diferente”.

Gracias a la cuenta de mi hijo pequeño, entro en su facebook y en su twitter, leo también su blog. En ‘La puerta de Tannhäuser’ tienen lugar presentaciones de cuentos, poemarios y dibujos; hay citas nocturnas, cinematográficas y replicantes; se celebran cursos de música o escritura, escancian vinos con maridajes imposibles y tes de mil colores, uno se da de bruces con libros no tan habituales. Yo me compré dos. Y descubrí —y me llevé— el ‘Cuaderno de Vacaciones para Adultos’, que edita Blackie Books y firman Daniel López Valle y Cristóbal Fortúnez: en su tercera edición, 96 páginas y 150 “ejercicios, pasatiempos, y otros quehaceres más o menos eruditos para la reforestación cultural y la desoxidación mental de nuestro país”.

Rayos C en la oscuridad… Elogié el café-librería a la hermana, di las gracias y proseguí rumbo al sur.

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