Julio 1, 2015 0

El rey león

Por Javier en General


 
No sigo los pasos de El Español pese a su calculada campaña de expectativa. No me interesa mucho su arponero ingenuo. Es Cristina la que de vez en cuando me recuerda lo que andan cociendo. Leo, pues, por Cristina que El Español acaba de celebrar su primera junta general de accionistas, “multitudinaria y efervescente”, al decir del arponero. Leo también que el magnífico y pamplonés Javier Muñoz va a ser su jefe de Ilustración. (Le deseo lo mejor al bueno de Javier).

Todo lo demás es de carcajada. O lo sería si no fuera porque es irresponsable, frívolo, bochornoso. Incluso con récord mundial.

Dice el arponero: “Será un equipo de leyenda que acelerará la transición del viejo periodismo al nuevo periodismo. No destinaremos ni un euro a pagar a la industria papelera, los impresores o los transportistas puesto que todos los recursos se aplicarán a la búsqueda de la excelencia en los contenidos”. ¿También las decenas, los cientos de ingenieros, informáticos y programadores, que son la versión actual de los viejos departamentos de producción? Todo, todito el equipo de El Español, incluido su vanidoso y manipulador director, está configurado por conspicuos representantes del viejo periodismo: mayormente, papeleros y de la casta. Qué casualidad.

Dice también el arponero: “El Español será un periódico indomable que velará vigilante por los derechos de los ciudadanos y la prosperidad de la Nación. Aportará razones y argumentos como buen merodeador intelectual; pero no dudará en rugir cada noche para denunciar lo inaceptable. Con estos atributos es fácil comprender que hayamos elegido y presentado como emblema del periódico al más antiguo símbolo de los españoles: el león español”. ¡Joder! ¡Y yo que creía que el león era el rey de la selva! ¿Pero no habitábamos la piel de toro? Español, español.

Por cierto, que si tanta explicación necesita el arponero para argumentar su elección leonina es que algo no cuadra. Suena forzadito. ¡Vaya viaje nos propone! El Pozo Moro,el reino de León, los galeones que enfilaban hacia las Indias, la Revolución liberal del diecinueve y hasta las dos repúblicas españolas. Me he mareado españolamente. Y anda que el vídeo explicativo… El arponero habla de él maravillas, pero para mí que desprende tufillo del nodo. ¿Son ésas las nuevas narrativas que promete como oro en paño El Español? Para este viaje no necesitamos alforjas…

En fin, el arponero se descuelga con el botón del accionista (valiente majadería), una identidad corporativa rugiente (obra del bielorruso Sergey Kovalenko) y hasta himno (obra de Alex Baranovsky). “Seremos el primer diario de la historia que patentará su banda sonora”, asegura. No, no es broma.

Cristina, no sé si será una finta más del arponero. Yo por mucho que miro al león de El Español no reconozco a periódico alguno y sí al león de la Metro o al pobre Mufasa, el papá de Simba. Tú a lo tuyo. Hoy, como el año pasado, amanece el primer día del resto de tu vida. Abre bien los ojos. Escucha. Por allí anda Rodrigo, ¡Rodrigo! ¿Te imaginas? Lee las noticias y no olvides que eres periodista. Aprende a querer cada página —incluso un roba— como si fuera la última. Y estáte orgullosa: el papel es la base de todo. Ya verás qué bien surca los mares sin arponero ese barquito de papel al que te subes. Que pases un estupendo verano.

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Julio 1, 2015 1

Albarracín (y 2)

Por Javier en General


 
Albarracín es un pueblo encaramado. Se pega todo el día haciendo equilibrios para no precipitarse sobre el Guadalaviar. Albarracín es demasiado bonito: parece un decorado de Port Aventura, no te lo acabas de creer. Y además tiene las puertas cerradas a cal y canto y no hay nadie en el interior. En los alrededores de Albarracín parten cinco ríos. Cada uno toma una dirección: el mencionado Guadalaviar, el Tajo, el Júcar, el Cabriel y el Jiloca. Qué raro, tanta agua. Albarracín es un nacedero que se pinta de color teja, que aquí se llama rodeno. Creo que ahora entiendo por qué pasan cosas en Albarracín o cerca de Albarracín.


 
Al otro lado lado de la sierra, el Tajo, por ejemplo, toma el camino del oeste. El fin de semana pasado, antes de Halvarracín (ver entrada anterior), anduvimos de ese lado, fotográficamente. En Casa Zavala, sede de la Fundación Antonio Saura y sede también de PhotoEspaña en Cuenca, descubrí a Osvaldo Salas, uno de los grandes fotógrafos de la revolución cubana, sorprendentemente desconocido para el público (y para mí hasta ese momento). Salas se inició en la fotografía por accidente. Conoció, también por accidente, a Fidel Castro en 1955 cuando el comandante cubano viajó a Nueva York a recaudar fondos para el Movimiento 26 de julio. Fue responsable del departamento de Fotografía del diario ‘Revolución’ y fotorreportero en ‘Granma’. Falleció en 1992. De él dijo Korda, integrante del mismo grupo: “Puede que yo tomara la imagen más famosa del Che, pero la tuya es la más bella’. Una aparición.


 
Otra: en Huete, aguas abajo, donde acaba de inaugurarse el Museo Nacional de Fotografía por iniciativa de la Fundación Antonio Pérez, que ha restaurado para la ocasión un soberbio convento renacentista. Hasta Huete nos descolgamos sin otra cosa que hacer, albarracinadamente. Francesc Català-Roca y sus ‘Obras maestras’ protagonizan la primera muestra del centro, dentro del programa de PhotoEspaña. Mientras en Cuba Fidel y los barbudos se deshacen de Fulgencio Batista y Salas y sus colegas se apresuran a capturar el momento, en la España plomiza de los cincuenta Català-Roca, tarraconense de Valls, hace lo propio: “Me di cuenta de que estaba siendo testigo de cosas que desaparecerían rápidamente, lo presentía; al cabo de cinco años ya no habría podido hacer esas fotografías”. El mundo de ayer, el de entonces, cuando aún se vendían muuuuuuuchos periódicos y las personas sabían esperar. Català-Roca está considerado con razón el Cartier-Bresson español. Ha dejado 180.000 instantáneas y 17.000 hojas de contacto.


 
Dejamos Cuenca y Huete con la certeza de habernos reconocido en blanco y negro. Después, cruzamos la sierra y nos vinimos de este lado, para Albarracín, donde nos hemos vuelto a reconocer intensamente los últimos y abrasadores días. Se celebraba IX Curso Internacional de Ilustración y Diseño Gráfico, organizado por la Fundación Santa María y dirigido por Isidro Ferrer y Carlos Grassa Toro. Que esta vez lo titularon ‘El ruido, el silencio y todo lo demás’. En el pueblo encaramado, personas de talla y hondura (Aitana Carrasco, Pablo Juncadella, Eduardo del Fraile, Pablo Auladell, Camilla Engman) han jugado a funambulistas. Fuera de contexto, puede que estas frases suenen a perogrullo o incluso parezcan pedantes, pero me da lo mismo porque han hecho silencio en mi ruido:

“Los pelirrojos somos ruido porque somos de color naranja”.
“Colecciono cosas para salvarlas de la muerte”.
“El ruido es la memoria y el silencio el olvido”.
“La amistad es el motor de la creatividad”.
“Todo consiste en encontrar el regalo escondido”.
“Quería dibujar para no estar en el mundo”.
“Internet te hace creer que importas a alguien”.
“Se ha perdido la fuerza y la nobleza del grito: todo es alarido”.
“Lo exótico es una falacia”.
“A todo ilustrador le llega su albarracín”.
“El título es siempre lo primero”.

Por eso, porque es lo primero, el título de esta entrada es encaramadamente Albarracín.
¿Qué pasa?

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Junio 30, 2015 2

Halvarracín (I)

Por Javier en General


 
En Albarracín, hacia finales de junio, puede darte un siroco importante. Y acabas escribiendo cosas como ésta:

Halvarracín se escribe con hache y uve porque me sale del forro, o de la pilila, que es la palabra del verano. En Halvarracín cuelgan pililas de todas partes: de las páginas de los cuentos infantiles, de las pinturas rupestres, de los periódicos. A las pililas les sale del forro colgarse de donde quieran. He visto aquí pililas pelirrojas y pililas azules con forma de globo que explotan, porque en Halvarracín las pililas pueden adoptar formas prodigiosas, cualquier forma imaginable o inimaginable: de botellín de cerveza, de balón de fútbol, hasta de martillo venerable. Me entero en Halvarracín de que existen pililas disociadas o hipermetrópicas, medias pililas que buscan a sus otras medias, pililas de mosca desintegrada que sólo se pueden ver al microscopio, pililas que orinan donde no deben y que corren el riesgo de que ser cortadas, pililas tropicales y desérticas, pililas muy escondidas que hay que descubrir, pililas con sabor a sushi o que hablan solas, pililas que quieren abrir una ventana… Todas, todas son pililas buenas, asegura Aitana. No hacen daño. Sólo se ponen tiesas. Algunas veces piden que se la casquemos, pero nada más. Desahogarse un ratito, pobres: 4 minutos y 33 segundos, que en Halvarracín duran dos minutos en fracciones de 30 segundos. A ver. Como en Halvarracín los diarios tienen pilila, los ejemplares se agotan muy rápido: la gente te los quita de las manos, los devora. Qué gusto da ser periodista aquí. Menos mal que nunca llegué a Albarracín, al dichoso curso ése de ilustración y diseño gráfico. Debe de ser un aburrimiento.

PD. Texto publicado como editorial en una de las tres revistas realizadas en el taller que acabo de dirigir durante el IX Curso Internacional de Ilustración y Diseño Gráfico titulado ‘El ruido, el silencio y todo lo demás’,organizado por la Fundación Santa María de Albarracín y dirigido por el ilustrador Isidro Ferrer y el escritor Carlos Grassa Toro.

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Junio 25, 2015 0

El diseño, esa cosa muy útil

Por Pablo en General, Infografía, Tipografía, diseño

Aquí va un pequeño homenaje a mi hermana, que no es periodista, ni diseñadora. A ella lo que le va es la economía de la salud, y le debe ir bien, porque acaban de premiarla por su tesis doctoral de 2014. María. A los 23 me fui de casa, cuando ella tenía 13 o 14. Ya había conseguido enseñarle algunos acordes de guitarra y que le gustara un poco el rock and roll. No me costó gran cosa porque tenía habilidades para casi lo que quisiera.

A los años regresé a casa para saludar, y ella ya había terminado una licenciatura en economía. No sé muy bien cómo cayó en aquello de economía de la salud. Le interesaba algo parecido a la motivación de las personas para donar sangre, así que trabajó en una fórmula estadística para analizar las respuestas que por lo visto ha tenido repercusión. Son cosas complejas que estoy intentado explicar fatal para que se entiendan.

Un día me llamó para hacerle un cartel sobre este asunto tan árido y para mí fue un descubrimiento. Se lo hice en un fin de semana y se lo entregué orgulloso porque había conseguido comprenderlo. Parece que le gustó, porque al tiempo me pidió otro cartel, después unos formularios y por último, hace un año, la portada de su tesis. Ella ha encontrado en su hermano un aliado y ha comprendido, a mi entender, el verdadadero valor del diseño como herramienta para encontrar respuestas y entender mejor la realidad. En el diseño ella ha visto la necesidad de hacerse entender y en la infografía —a un nivel nada complicado—una herramienta básica pero también con enorme potencial si está bien utilizada.

Todo esto se aprecia en sus presentaciones, en cómo organiza los contenidos, o en cómo plantea el texto en la página. No hace falta ser diseñador para apreciarlo, y no hace falta ser diseñador, como ella, para diseñar con cierto arte una presentación o un trabajo. Su tesis doctoral utiliza Futura 12 pts. desde la primera página hasta la última, y ha conseguido lo que su hermano no logró en 15 años: que se lea de maravilla.

El diseño es una herramienta para hacernos preguntas y entender muchas cosas de la vida. También para hacerla más bonita, entretenida, interesante, equilibrada: estamos ante una caja de herramientas apasionante para cualquier persona que tenga curiosidad y paciencia para utilizarla.

¡Enhorabuena, María!

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Junio 23, 2015 1

Presencias

Por Nerea en visto

Uno-dos-tres-cuatro. Eran cuatro hermanos. Demasiado pronto, solo fueron tres.
Eduardo Raúl Germano nace el 20 de febrero de 1958 en Villaguay (Entre Ríos). Es el mayor de cuatro hermanos. Con dieciséis años es elegido presidente del Centro de Estudiantes de La Salle y empieza a Militar en Montoneros. (…) En marzo de 2009, Eduardo continúa detenido- desaparecido”.

Gustavo Germano, fotógrafo argentino afincado en España, lo fue contando a lo largo de los años con un proyecto fotográfico en forma de trilogía: Ausencias (Argentina), Ausências (Brasil) y Distancias (España).

Ausencias, el primero de los trabajos, surgió con la idea de recordar y reivindicar la desaparición de 30.000 detenidos/desaparecidos en la dictadura militar argentina entre los años 1976 y 1983.

Germano compuso cada pieza del proyecto en forma de díptico: una foto del antes, otra, del después. La primera es siempre una instantánea tomada prestada de un álbum familiar, joven, fresca, espontánea y alegre. La segunda reconstruye exactamente la misma escena, en el mismo lugar, con aquellos que sobrevivieron, que dejan entre ellos el espacio reservado a los desaparecidos. Su gesto es serio, pausado, circunspecto, digno. Una escena incompleta en el mismo paisaje que habitaron, treinta años después.

Germano lo fue explicando en distintas entrevistas: “Los procesos de mantener la memoria fueron hechos a partir del momento mismo de la dictadura. Las madres, las familias… utilizamos las fotos de los desaparecidos en el mismo momento de la desaparición. El proyecto surgió de la necesidad de hablar de las presencias de las ausencias, que es un tema recurrente en los familiares de desaparecidos. Y quiere transmitir una cosa que a mí siempre me obsesionó, que es el no haber podido ver a mi hermano (Eduardo Raúl) envejecer. (…) Intenta generar empatía, no intenta explicar lo que pasó. Más bien que una persona lo entienda, se plantee la relación entre el tiempo y la imposibilidad de la continuidad de una vida. La imposibilidad de ver envejecer a alguien, que es lo que vemos permanentemente de nosotros mismos. (Está dirigido a) gente a quien le resulta difícil comprender la desaparición forzada por asesinato o víctima del terrorismo de estado.

Orlando René Méndez y Leticia Margarita Oliva cierran Ausencias Argentina. Una pareja joven con un bebé en brazos, en una habitación. Orlando fue secuestrado junto a su hija de 11 meses en 1976. Él fue asesinado y ella recogida. Su madre la recuperó. Cuando el bebé tenía tres años un comando se llevó a su madre. La foto de la derecha, en la misma habitación, es la de Laura con 32 años, sin sus padres.

Cada díptico es un mundo en sí mismo, una historia completa, en la que el que mira va descubriendo quiénes están y quiénes dejaron el hueco. Historias a las que nos asomamos de puntillas y cuya gravedad no conseguimos aprehender en profundidad.

Como citó Germano en una entrevista a El País, nada más presentarse el primer libro: “Decía Ernesto Sábato, los muertos mueren una vez, y los desaparecidos, todos los días”.

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Junio 16, 2015 1

Eolionimia

Por Javier en General


 
A pesar de los piropos de Jeremy Leslie en magculture.com, los lectores y militantes de Libération han mostrado su enojo con nuestro rediseño, puesto de largo el pasado día 1 de junio. Demasiado ruido, dicen. ¡Ay!

Qué sabrán ellos, pugna por contestar descontrolado el ego que uno lleva dentro. Algo sabrán… Cuenta Alfredo Relaño que Hugo Sánchez no soportaba a Butragueño porque, a pesar de meter goles como churros, la gente prefería al Buitre. No lo entendía. No lo superó. Claro, dejó el Madrid. A Ronaldo le pasa lo mismo con Messi. Pobres infelices. Más reos para el penal de la vanidad: tener razón, salirnos con la nuestra, sobre todo que nos quieran.

Y he aquí que andamos remendando el proyecto, el de Libération, procurando escuchar y entender qué pasa. Jodidos, pero confiando en esa “bondad de los desconocidos” a la que se refiere la protagonista de ‘Un tranvía llamado deseo’ y que con tanto tino traía a colación Gustavo Martín Garzo el sábado en El País refiriéndose a los escritores. “La palabra humana —decía Flaubert— es como caldera rota en la que tocamos música para que bailen los osos, cuando lo que querríamos es conmover a la estrellas”. Como los escritores, los que apenas nos dedicamos a modelar periódicos suspiramos “desvelados soñando con locas historias que logren conmover a las estrellas”, pero todo lo que conseguimos es “hacer bailar a los osos”. Lo que pasa es que “no podemos vivir sin esos bailes”, vuelve a acertar, ¡y de qué manera!, Martín Garzo; “por eso, sólo nos queda confiar en la bondad de esos desconocidos que son los lectores”, que alguna vez llaman a la puerta. A ver.

Yo no entiendo mucho qué está pasando en general ahí fuera. Aquí mismo. Me abruma también, como a los lectores de Libération, el demasiado ruido. No consigo ver los árboles ni mucho menos el bosque. Y los diarios participando del griterío: no hacen silencio, no me ayudan a separar el grano de la paja. ¡Me gustaría tanto que los diarios fueran de otra manera! ¡Que lucharan a brazo partido por la palabra! En España no sabemos hablar. Somos Hugo Sánchez o Butragueño, Ronaldo o Messi. Conmigo o contra mí. País de vanidosos. Drama terrible: donde unos ven cielo azul radiante, otros grisura y hasta rayos y truenos. Nueva era o apocalipsis. Euforia o abatimiento. ¿Cómo hablar, tan sólo hablar sin partirnos la cara?

‘Tender puentes’ es un programa de producción, creación e investigación impulsado desde 2004 por el Fondo Fotográfico de la Universidad de Navarra, cristalizado ahora en el Museo Universidad de Navarra, recientemente inaugurado. El proyecto propone un diálogo entre la mirada fotográfica actual y la del siglo XIX, el de los albores de la fotografía. Javier Vallhonrat visitó la colección en 2010 y se fijó en dos instantáneas captadas en 1853 por el vizconde Joseph Vigier tras ascender desde Bagneres de Luchon al Portillón de Benasque, a 2.440 metros. Ahí arranca ‘Interacciones’, la sobrecogedora exposición de Vallhonrat que ocupa estas semanas el sótano del edificio de Moneo.

Montaña, altitud y condiciones extremas, ‘Interacciones’ se desarrolla entre 2011 y 2014. Es un monumento a la humildad y al silencio. En “Interacciones” retrocedo cien años y me encuentro al imaginario noruego Kåre Aarset en su cabaña, no lejos de Akureiri, al norte de Islandia. Está escribiendo los haikus de ‘Poemas desde el glaciar’, que son el origen de una serie de 18 fotografías de gran formato de Vallhonrat sobre tormentas de nieve, icebergs y auroras boreales. Entre el asombro y la celebración ante lo inconmensurable, se desliza una palabra que no consigo soltar: eolionimia. El arte de nombrar los vientos.

Nombrar es decir el nombre de las personas o de las cosas, detenerse en lo esencial. No es redundante. Al nombrar puede uno empatizar: identificarse mental y afectivamente con el estado de ánimo del otro. Pues bien, para buscar la bondad de los desconocidos en París, subiría antes con Vallhonrat al macizo de las Maladetas, escucharía todos los vientos, pronunciaría sus nombres. Decidiría ser otra vez nada, como al principio. Y hacer de la nada un periódico. No cualquier periódico sino uno eoliónimo, es decir lleno de viento, que apagara el ruido y sofocara vanidades. Un periódico pequeñito, asombroso y asombrado, que contara las cosas en haikus. Para hablar y entendernos.

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Junio 3, 2015 2

Uno largo

Por Javier en General


 
Uno largo para mi hija, para mí, para muchos.

“Lo diré corto, lo diré rápido y lo diré claro: yo no creo que el periodismo sea un oficio menor, una suerte de escritura de bajo voltaje a la que se pueda aplicarse una creatividad rotosa y de segunda mano. Es cierto que buena parte de lo que se publica consiste en textos que son al periodismo lo que los productos dietéticos son a la gastronomía: un simulacro de experiencia culinaria. Pero si me preguntan acerca de la pertinencia de aplicar la escritura creativa al periodismo, mi respuesta es el asombro: ¿no vivimos los periodistas de contar historias? ¿Y hay, entonces, otra forma deseable de contarlas que no sea contarlas bien? Yo no creo en las crónicas interesadas en el qué pero desentendidas del cómo. No creo en las crónicas cuyo lenguaje no abreve en la poesía, en el cine, en la música, en las novelas. En el cómic y en sor Juana Inés de la Cruz. En Cheever y en Quevedo, en David Lynch y en Wong Karwai, en Koudelka y en Cartier-Bresson. No creo que valga la pena escribirlas, no creo que valga la pena leerlas y no creo que valga la pena publicarlas. Porque no creo en crónicas que no tengan fe en lo que son: una forma de arte. Excepto el inventar, el periodismo puede, y debe, echar mano de todos los recursos de la narrativa para crear un destilado, en lo posible, perfecto: la esencia de la esencia de la realidad. Alguien podría preguntarse cuál es el sentido de poner tamaña dedicación en contar historias de muertos reales, de amores reales, de crímenes reales. Las respuestas a favor son infinitas, y casi todas ciertas, pero hay un motivo más simple e igual de poderoso: porque nos gusta. Yo no creo que haya nada más sexy, feroz, desopilante, ambiguo, tétrico o hermoso que la realidad, ni que escribir periodismo sea una prueba piloto para llegar, alguna vez, a escribir ficción. Yo podría morirme —y probablemente lo haga— sin quitar mis pies de las fronteras de este territorio, y nadie logrará convencerme de que habré perdido mi tiempo. Quizás el verdadero trabajo de todos estos años no ha sido para mí el de escribir sino, precisamente, el de olvidar cómo se escribe. El de fundirme en el oficio hasta transformarlo en algo que se lleva, como la sangre y los músculos, pero en lo que ya no se piensa. En algo cuyo funcionamiento, de verdad, ignoro. En algo que hace que a veces, al releer alguna crónica ya vieja, contenga la respiración y me pregunte, con cierto sobresalto: “Pero, ¿dónde estaba yo cuando escribí esto?”

No.

Daría un dedo meñique por haber escrito esto. O los dos. Pero no he sido yo.

Lo escribió y lo leyó la deslumbrante Leila Guerriero en Bogotá en el año 2007, en un seminario de escritura creativa. Luego fue publicado en la revista colombiana ‘El Malpensante’. Lo he leído ahora en su ‘Zona de obras’ (Círculo de Tiza), que acabo de comprar en la Feria del Libro. También he comprado otras cosas.

Guerriero escribe además esta otra piecita titulada ‘Arbitraria’, con la que abre el libro, y que se publicó antes en la revista Sábado, de El Mercurio chileno, en abril de 2011. Se resiste a dar consejos a quien quiere arrancarse con esto de la escritura, pero…

“Dar consejos es oficio de soberbios. Entonces, cuando me preguntan, digo: ninguno, nada. Pero hoy es abril y ha sido un buen día. Hice una entrevista con una mujer a quien voy a volver a ver en dos semanas y varios llamados telefónicos que dieron buenos resultados. Compré frutas, conseguí un estupendo curry en polvo. Hay nardos en los floreros de la cocina. Corrí al atardecer. Me siento leve, un poco feroz, arbitraria. De modo que, si hoy me preguntaran, les diría: corran. Les diría: sientan los huesos mientras corren como sentirán después las catástrofes ajenas: sin acusar el golpe. Aguanten, les diría. Pasen por las historias sin hacerles daño (sin hacerse daño). Sean suaves como un ala, igual de peligrosos. Y respeten: recuerden que trabajan con vidas humanas. Respeten. Escuchen a Pearl Jam, a Bach, a Calexico. Canten a gritos canciones que no cantarían en público: Shakira, Julieta Venegas, Raphael. Vayan a las iglesias en las que se casan otros, sumérjanse en avemarías que no les interesan: expónganse a chorros de emoción ajena. Sean invisibles: escuchen lo que la gente tiene para decir. Y no interrumpan. Frente a una taza de te o un vaso de agua, sientan la incomodidad atragantada del silencio. Y respeten. Sean curiosos: miren donde nadie mira, hurguen donde nadie ve. No permitan que la miseria del mundo les llene el corazón de ñoñería y de piedad. Sepan cómo limpiar su propia mugre, hacer un hoyo en la tierra, trabajar con las manos, construir alguna cosa. Sean simples, pero no se pretendan inocentes. Conserven un lugar al que se pueda llamar ‘casa’. Tengan paciencia porque todo está ahí: sólo necesitan la complicidad del tiempo. Aprendan a no estar cansados, a no perder la fe, a soportar el agobio de los largos días en los que no sucede nada. Maten alguna cosa viva: sean responsables de la muerte. Viajen. Vean películas de Werner Herzog. Quieran ser Werner Herzog. Sepan que no lo serán nunca. Pierdan algo que les importe. Ejercítense en el arte de perder. Sepan quién es Elizabeth Bishop. Equivóquense. Sean tozudos. Créanse geniales. Después aprendan. Tengan una enfermedad. Repónganse. Sobrevivan. Quédense hasta el final en los velorios. Tomen una foto del muerto. Tengan memoria, conserven los objetos. Resístanse al deseo de olvidar. Cuando pregunten, cuando entrevisten, cuando escriban: prodíguense. Después, desaparezcan. Acepten trabajos que están seguros de no poder hacer, y háganlos bien. Escriban sobre lo que les interesa, escriban sobre lo que ignoran, escriban sobre lo que jamás escribirían. No se quejen. Contemplen la música de las estrellas y de los carteles de neón. Conozcan esta línea de Marosa di Giorgio, uruguaya: “Los jazmines eran grandes y brillantes como hechos con huevos y lágrimas”. Vivan en una ciudad enorme. No se lastimen. Tengan algo para decir. Tengan algo para decir. Tengan algo para decir”.

Así es fácil escribir una entrada, ¿verdad?
Hagas lo que hagas, no lo olvides, Cristina.

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Junio 3, 2015 0

Hoja de reclamaciones

Por Javier en General

Nunca un rediseño había sido tan devastador. Nunca un rediseño hizo antes que el diario, de pronto, se me cayera de las manos. Nunca antes había preferido la versión online a la impresa, en ningún diario. Jamás. Juan Cruz, Ramón Besa, Luis Gómez, Daniel Verdú, Leila Guerriero… Escriben los mismos, pero no leo lo mismo. O no leo igual. ¿Qué han hecho con mi periódico? ¿Qué ruinas son éstas?

Por favor…

Que las fotos de Gorka Lejarcegi se desplieguen en su justa medida. Que puedan lucir otra vez las fotos. Que unan los párrafos de los despieces. Que desaparezcan estos despieces. Que eliminen las entradillas en negrita, antediluvianas. Que las columnas de opinión parezcan columnas de opinión. Que compacten esos blancos de diario barato. Que reaparezca Sociedad con sus historias. Que Economía no incomode, que regrese a su sitio (y sin cabecera). Que se dejen de tanto breve y nota de medio pelo. Que Internacional abra como corresponde: a doble página. Que vuelva El Roto a su sitio. Y la cuarta página. Que el diario tenga más páginas. Que vuelva a parecerse a un diario.

Que alguien venga y apague la pesadilla. Que se lleven al dinosaurio. Que me devuelvan El País.

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Mayo 18, 2015 0

Periodismo contra la gente

Por Javier en General


 
Gracias al bueno de Miguel Ángel Jimeno, que es el mejor radar que conozco, leo una entrevista a Martín Caparrós en la edición digital del tinerfeño Diario de Avisos. Sabrosa entrevista. Caparrós acaba de presentar su monumental ‘El hambre’. Sin haberlo leído aún, el título me interpela, deja al aire mis vergüenzas, tanta tibieza. “La pobreza extrema impide a quienes padecen hambre buscar horizontes”, cuenta descarnadamente. “Pero nosotros hacemos lo mismo. Hay una especie de pobreza extrema de reflexión y de voluntad política que hace que no podamos pensar un poco más allá y creer que no tiene por qué haber hambre en el mundo”.

Miguel Ángel no me recomendaba el enlace del periodista y escritor argentino por ‘El hambre’, sino por esto otro, no menos sabroso: “Hay que hacer periodismo contra la gente. Si vamos a decidir qué hacemos en función de la gente, busquémonos otro oficio”. En realidad, las tesis del libro y esta reflexión sobre el presente y el futuro del periodismo tienen todo en común. En Argentina, para referirse a la carencia de algo se utiliza el positivo: ‘faltante’, y así en lugar de decir ‘no hay’ dicen ‘hay’: ‘hay faltante’, cosa que siempre me ha hecho gracia. Convengamos con Caparrós que en el periodismo actual hay una faltante extrema de reflexión.

Por suerte, voy y vengo, visito diarios en diferentes países. Sigo haciéndolo aún. En todas partes encuentro lo mismo: cómo contentar al anunciante, con qué contenidos asegurar unas migajas de pan, o también cómo contentar al lector o a la audiencia, que es lo mismo, y para ello andamos locos pendientes de los ránkings de lectoría, de los ‘like’ y ‘share’, de las redes, de todas esas gilipolleces. De la gente. En román caparrosiano: hay una pobreza extrema de reflexión tan enorme hoy en los diarios que produce escalofrío. O, sin recurrir a argentinismos, no hay ninguna reflexión. Es para ser pesimistas.

Tiene toda la razón Luis Goytisolo cuando escribe en El País que “internet y las redes sociales suponen un cambio de mayor trascendencia que el que en su día representó la máquina de vapor”: algo así como pasar de la Edad Moderna a la Edad Contemporánea en dos décadas. Su artículo ‘Lo reciente queda antiguo’ es lúcido y escalofriante. Sin embargo, intuyo que el camino anda por donde Hans Magnus Enzernsberger: me quedo con “la sabiduría y la ironía de sus 87 años”, como apunta —cómo no— Juan Cruz, canario de Tenerife, como el Diario de Avisos. Dice el filósofo alemán: “La rodilla es analógica, la lengua no es un ordenador… Vivimos y morimos analógicamente”. Analógico es el corazón del periodismo, se pongan como se pongan. Por ahí deberían los diarios empezar a llenar su faltante.

PD. Enhorabuena a Miguel Ángel Jimeno y a su impagable blog ‘La buena prensa’, que ha alcanzado el millón de visitas justo cuando se han hecho públicos los ganadores de la cuarta edición de los premios que convocan anualmente.

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Mayo 17, 2015 1

El dinosaurio

Por Javier en General


 
Cuando desperté, El (nuevo) País todavía seguía aquí.

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