Abril 24, 2016 1

Despistado

Por Javier en General

De Suecia a Perú. De Dubai a Canadá. De Taiwán al Reino Unido. Portugal, Francia, Alemania, Italia, Suiza, Noruega… Brasil y El Salvador. The New York Times, The Washington Post, Los Angeles Times. Naturalmente, los diarios de Minneapolis. Incluso The Wall Street Journal, que ya me diréis qué tiene que ver. En enero fue la infanta Cristina que se comió a Bowie. Esta semana es cualquier nadería política que se come a Prince. ¿Están despistados los diarios españoles o soy yo quien no se entera?

Abril 23, 2016 1

Día del Libro

Por Javier en General

Mi hija presenta en pocos días su proyecto fin de carrera: una estupenda revista sobre fotografía y fotógrafos. No es una publicación estrictamente fotoperiodística sino que más bien abre sus páginas a la narrativa y a la creación fotográficas en el más amplio sentido de ambos términos. Está repleta de metáforas visuales y sugerencias. Es limpia, elegante. El prototipo lo protagoniza Patxi Úriz, reciente ganador de un Goya por el documental ‘Los hijos de la tierra’. Aunque si tuviera que elegir, me quedaría con un reportaje sobre México: fascinante, prolijo y barroco, como corresponde. Bravo.

El proyecto de Cristina y su grupo no tiene nombre. Tan sólo una almohadilla, #, que precedería a cada número trimestral (#01, #02, etcétera) en el caso improbable de que la revista se llevara a efecto. La almohadilla presenta un problema grave: ¿cómo nos referiríamos a la revista para pedírsela al quiosquero? No podría ser déme #, porque # no suena, no se pronuncia, no es nada. Tendríamos que añadir: ya sabe, esa revista nueva sobre fotografía… Como símbolo gráfico de acompañamiento al número de cada edición funciona, como marca comercial no. Se lo advertí a mi hija, pero no me ha hecho caso. Es muy cabezota.

Lo importante, sin embargo, es que Cristina y sus compañeros han decidido que su revista no tendrá extensión digital. Por toda página web, sólo un sitio sencillito para vehicular suscripciones. Nada más. (Juro que no he tenido nada que ver). No quieren que los contenidos de #01 ni los de los siguientes números estén disponibles gratis en la red. Eso lo tienen claro. No tanto que el tribunal que les va a juzgar esté de acuerdo con su estrategia. He procurado tranquilizar a mi hija y me he brindado a estar presente durante la defensa, por si hay que echar una mano.

La otra semana nos topamos en San Francisco con ‘Swan Oyster Depot’, un legendario establecimiento gastronómico especializado en marisco. Uno puede entrar y comprar, como si se tratara de una pescadería, o también quedarse a comer. Lo recomiendan todas las guías. Pero lo que me llamó la atención al asomarme fue un modesto cartelito escrito a mano y pegado en la pared, bien alto, al otro lado de la barra, para que se vea. Ese cartel advierte sin complejos que ‘Swan Oyster Depot’ no tiene página web; aún más, que si alguien encuentra en internet cualquier cosa sobre ‘Swan Oyster Depot’ sepa que no es contenido autorizado. “Preferimos el trato personal”, concluye. Con un par.

Hoy es 23 de abril, día del libro. Acabo de salir de la única librería del centro de Santo Domingo: un oasis. He comprado ‘Bajo el agua’, un ensayito de David Foster Wallace; ‘Ursúa’, de William Ospina; ‘Gratitud’, la coda de Oliver Sacks a su impresionante ‘En movimiento’; y una edición nueva de ‘Pedro Páramo’. Hace mucho calor afuera. Salgo reconfortado. Vuelvo a comprender que no es lo mismo tener una biblioteca en casa que un ebook de mierda y las paredes vacías. Intuyo claramente que el hilo argumental de nuestra especie no es frenético ni actualizable sino flotante, tembloroso, circular. Está ahí siempre. Discreto, pero abrumador. Paciente, invencible. Une siglos y afanes. Se podía masticar en la librería.

La vida es mancharse, sí. De tinta o de marisco. Impresa, no digital.

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Abril 13, 2016 1

Tendencia

Por Javier en General

Encuentro un folleto promocional de una facultad de Comunicación. Se basa en 27 historias de profesionales graduados en esa facultad. Me parece una buena idea comunicativa, aunque el número es extraño, poco redondo. Será mi tendencia natural al orden, que es más par que impar.

Hago recuento de los 27: cinco graduados en Periodismo, cinco en Publicidad y Relaciones Públicas, cinco en Comunicación Audiovisual, diez estudiantes de máster (Gestión de Empresas de Comunicación, Gestión Audiovisual, Comunicación Política y Corporativa, e Investigación en Comunicación) y dos doctorandos. Los propiamente periodistas digamos que suman el 18,5% del total de historias. Me parece poco. Será mi tendencia natural a pensar que en realidad no puede haber facultades de Comunicación y que el periodismo no tiene nada que ver con la publicidad ni con el cine o la ficción. Vamos, que habría que desglosar en tres las actuales facultades de Comunicación para devolver el periodismo a su corazón.

Pero sigo. Quiero saber quiénes son esos cinco periodistas seleccionados para representar a las decenas de graduados de la facultad durante más de cincuenta años. El pasado, el presente y tal vez el futuro de esa facultad, lo que se vislumbra. Para mi pasmo, sólo identifico a un reportero, y ni siquiera trabaja ya en un medio sino que dirige una productora. Los otros: uno trabaja en una gran empresa de comunicación y relaciones públicas española, otro en la Unión Ciclista Internacional, otro más en Airbus y el quinto en una universidad de América del Sur. Es decir, un 0% de las historias seleccionadas para ‘hablar’ de la facultad corresponde a periodistas en activo, a periodistas que trabajan como periodistas, en medios: diarios impresos o digitales, emisoras de radio, revistas de información, informativos de televisión… En este punto no encuentro palabras para expresar mi tendencia natural. Sólo me cabe consignar que este 0% es una tendencia triste y general.

Abril 9, 2016 1

Al revés

Por Javier en General

Hace mucho frío en Pamplona, un frío tardío que no hay manera de sacudirse. Este inicio de primavera está siendo duro, al contrario que el invierno: el mundo al revés.

Ni un mes después de anunciar que la edición impresa es un miserable resumen para ingenuos-nostálgicos, El País sube su precio. El precio del boletín de papel, claro está, el que lo sostiene todo; la versión completa en internet sigue siendo gratis. Si ya lo decía: el mundo al revés. Como rediseñar un estupendo magazine dominical para volverlo gráficamente insípido en lugar de poner patas arriba el diario, que es lo que verdaderamente se cae a pedazos.

Pero el otro diario de mi rincón también me ha propinado una patada en el culo. En lugar de hacernos la ola a los suscriptores de toda la vida, va y nos cierra su edición digital. Conformaos con el papel, nos dice sin decirlo. Y sin explicaciones. A cambio, ha creado otra figura, y parece que más importante: el suscriptor digital. Alertas en el móvil, contenidos sin candado (que son, paradójicamente, los que produce y proporciona el papel: los que yo mantengo con mi suscripción), acceso al pdf de la edición impresa, incluso dos ediciones exclusivas para tabletas: una vespertina y otra de fin de semana. ¡Y le da todo a precio de saldo!

Así que tengo dos opciones: o clausuro definitivamente mi rincón o cambio en este caso una suscripción por otra. Me hago suscriptor digital, pago la cuarta parte y obtengo todo lo nuevo, todo eso que viral y lustrosamente ha pregonado mi diario. Más por menos. Otra vez el mundo al revés. (Eso sí, no puedo evitar preguntarme: ¿y si hacen lo mismo que yo todos los demás suscriptores?)

Asisto al congreso anual de la Society for News Design en San Francisco. Cerca de Silicon Valley, el programa está repleto de desarrolladores y otros tipos estrafalarios que invitan a la audiencia a hacer ruiditos con sus teléfonos móviles. Sesiones ¿muy inspiradoras? En medio del despiste, la SND valora seriamente la posibilidad de pasar a denominarse Society for New Design. Para estar a la altura de los tiempos y de lo que se nos demanda, argumenta sin pestañear. New Design… De no creer, como diría en La Nación Carlos Roberts. Iba a California buscando algo de calorcito y regreso congelado y meditabundo. ¿No serán muchas tres cancelaciones?

En el aeropuerto compro el último número de Panenka. Dedica su número 50 a mi promoción, la de 1966. Me reencuentro con una cuadrilla de cincuentones mayormente calvorotas y barrigones. A muchos de ellos no los vi más: Penev, Futre, Milla, Stoichkov, Djukic, Pantic, Zola, Romario, Nayim, el maldito Savicevic, Kosecki, Rubén Sosa, Nadal, Higuita, Weah, Mazinho… Caigo en la cuenta de que Mazinho es el padre de Thiago y Rafinha. Sonrío resignadamente, que es como sonreír al revés. En medio de tantas calamidades, The Times sigue fuerte. Su edición impresa crece, me cuentan. Y además ha decidido dejar de actualizar al instante sus plataformas digitales. A partir de ahora sólo lo hará tres veces al día y dos los fines de semana. Qué maravillosa decisión al revés.

De tanto dar vueltas, he acabado por confundirme. Ya no sé si cuando digo al revés es para criticar o para elogiar. Será el frío. ¡Abril antipático y adverso!

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Abril 1, 2016 1

Locuras en papel

Por Laura en General, Ilustración, diseño

Aplaudo el reto del próximo número de abril de la prestigiosa publicación alemana de diseño gráfico Novum.

Han diseñado y coloreado a mano, una a una, 13.000 portadas y el culpable es el ilustrador Felix Scheinberger. Fue el que propuso los responsables de Novum esta locura.

Se han ilustrado dos versiones, 6.500 con el rostro de un hombre y otras tantas con el rostro de una mujer (el ilustrador y su novia).

Cosas como estas me hacen amar el papel.

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Marzo 21, 2016 7

Miedo

Por Javier en General

El vocerío es ensordecedor. El brillo de los focos deslumbra, no deja ver. La velocidad de las cosas se acelera irremediablemente: uno vive con la desagradable y resignada sensación de que le ha pasado una ola por encima. Algo parecido debieron de sentir quienes vivieron en el tiempo de la Revolución Francesa, por ejemplo. El vértigo se serena en los libros de historia, pasado el tiempo, cuando adviene una cierta perspectiva, pero en el durante todo es muy fragmentado y confuso.

La avalancha. Y ahora, ¿qué? ¿Qué pinto yo —si pinto algo— en esto?

Emilio García-Ruiz, máximo responsable digital de The Washington Post, conversa con Virginia P. Alonso en El Mundo: “Si los humanos han modificado sus hábitos, claro que vamos a tener que cambiar el periodismo. Esto es más grande que nosotros. Y si te agarras a la silla y te repites “no me voy”, no sólo no estás ganando nada sino que además te estás perdiendo un momento histórico. Hemos recorrido sólo el 30% del proceso de cambio de esta revolución. Vienen cosas mucho más grandes”. Drones, realidad aumentada… Se le nota seguro. A mí en cambio me asalta el miedo. Por qué no decirlo: tengo mucho miedo. Miedo de haberme quedado atrás. Puede que todo lo que digo y escribo sea sólo fruto de una pataleta atemorizada e infantil propia de quien fue educado para que las cosas permanecieran ordenaditas y no cambiaran nunca. Qué sé yo.

No es cuestión de poner excusas. No sé qué hacer ni cómo afrontar la avalancha. Otros tienen menos miedo y no dudan en subirse a la cresta para navegar la ola a donde les lleve. En el fondo de mi pataleta, les admiro.

Pero va y uno tiene de repente la oportunidad de escuchar a Archie Tse, subdirector de Gráficos de The New York Times. Al final de las deliberaciones de los 24 Premios Malofiej de Infografía, que acaban de fallarse en la Universidad de Navarra. Y luego en su charla, la mejor del congreso, la única verdaderamente periodística. “Voy a tratar de explicar por qué ahora hacemos menos gráficos interactivos”, suelta la bomba contracorriente. En medio de decenas de bases de datos con sus correspondientes visualizaciones, al otro lado de la jungla estadística y participativa, Tse dice con discreta modestia: “Es que cada vez más nos dedicamos a escribir”. No les interesa el gráfico como pieza suelta, y menos para que el usuario o lector abra puertas, sino la historia en su conjunto, la narración. “Pocas veces una historia justifica un interactivo”, añade.

No creo que Archie Tse sea sospechoso de ningún miedo paralizante como el mío. Al contrario, como buen patinador que es, hace tiempo que se subió a la ola y, navegándola, trata de entenderla y de contarla sin que le pase por encima. Pero le interesa más un título bien escrito que un interactivo. “Muchos de los trabajos presentados a concurso estaban mal titulados”.

The New York Times presentó una joya, ‘Greenland is Melting Away’ (http://www.nytimes.com/interactive/2015/10/27/world/greenland-is-melting-away.html?_r=0), pero la joya no fue entendida por el jurado, que consideró que la pieza no es propiamente un gráfico sino un reportaje en el que se incrustan vídeos y un ‘zoom’ cenital. Archie Tse, que es educado, no dijo nada. Pero ahora entiendo su frustración, su estupor disimulado bajo las gafas y su pestañeo apretado, el mismo que tenía mi tío Miguel, el que me enseñó los museos de Madrid.

Anduvo también por Pamplona Jaime Serra, una aparición bajo la nieve, delgado y afeitado. ¿Visualización de datos? “En periodismo eso se llama dejación de funciones”, me dice con esa voz despaciosa y cavernaria, tan inconfundible. Abro los ojos como platos y trato de silenciar mi carcajada en medio de una de las sesiones. Le pido permiso para utilizar su definición. Me lo da.

Tengo mucho miedo, soy bastante miedica. Pero sigo pensando que el rumbo es equivocado.

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Marzo 7, 2016 4

Carta abierta

Por Javier en General

Señor Caño

Después de leerle con mucha atención y confirmar mis peores presagios, le comunico que con fecha 7 de marzo de 2016, es decir, hoy, he solicitado al departamento correspondiente de El País mi baja como suscriptor. Deseo con todo mi corazón que los otros miles de suscriptores de la edición impresa que sostienen el periódico como yo lean su carta con la misma atención, caigan en la cuenta de la tomadura de pelo y decidan seguir mis pasos.

Y que cada palo aguante su vela.

El País, dice, entra en una nueva era: la de la sincronización. Van tan adelantados, tanto, que ya consideran la integración cosa de viejunos. Las redacciones no se integran, se sincronizan, nos explica. Y se llenan de analistas de audiencias, expertos en posicionamiento y buscadores, responsables de vídeo e imagen, diseñadores, visualizadores… Me produce sonrojo, señor director, casi vergüenza ajena toda esta palabrería de consultor barato.

Esta última lección se la podía haber ahorrado. No debió ahorrarse nunca, sin embargo, el detalle de dirigirse antes a sus lectores, y singularmente a sus suscriptores, lo mejores clientes de El País, los más fieles, a los que más respeto debe. Explicarnos cómo están las cosas. Pedirnos perdón por lo que van a hacer. Una cortesía, tan sólo eso. Tampoco es pedir mucho, ¿no cree?

Pero hace tiempo que no esperamos nada. En realidad, su carta certifica no sólo una felonía sino sobre todo su salto definitivo al marasmo, donde —no lo dude— se disolverán como un azucarillo. Qué pena ver cómo los amos del marasmo, criaturas de fauces pavorosas y más pavoroso magnetismo de cuello blanco, esos Facebook y Google a los que desesperadamente se han echado en brazos, se mueren de risa.

Es un momento triste para el periodismo en español, señor Caño. No me gustaría estar en su pellejo: pasar a la historia como el director que dio la puntilla a El País. Le agradezco al menos que me haya hecho 500 euros al año más rico, los que me ahorro con la suscripción. Aunque seguramente los emplee en suscribirme a otro periódico. Ya veré.

Antes de despedirme, quiero compartirle una historia que ayer traía su diario. La he leído en papel. No sé si usted la leyó. Un día de hace un cuarto de siglo un tal Eduardo Donato se hartó de la construcción, renunció a su puesto y decidió trabajar para vivir. Buscó lugares por España y encontró una dehesa abandonada en la sierra de Aracena. Luego, investigó qué producir de manera sostenible en ese lugar perdido. El catalán Donato, de 67 años, se afincó en Cortegana (Huelva) y hoy produce 80 jamones al año de la variedad Manchado de Jabugo ibérico, el más caro del mundo: a 4.100 euros la unidad. Los cerdos que se crían en Maladúa —así se llama la dehesa, ver en la foto superior— viven entre arroyos, cascadas y encinares; si tienen heridas se las curan con ceniza de encina y aceite de oliva virgen extra; los desparasitan con hierbabuena y pipas de calabaza. Pasan tres años desde que nacen hasta que alcanzan el peso de comercialización, y otros seis o siete para que el jamón se cure en bodega. Donato renuncia al comercio electrónico y entrega las piezas a domicilio: en Madrid, Bruselas, Berlín, Viena y hasta en Hong Kong. La Biofach de Nuremberg, la mayor feria europea de producción ecológica, ha elegido los jamones de Eduardo Donato como el mejor producto del continente. Ojo, no el mejor jamón sino el mejor producto. Enhorabuena.

Sin otro particular, decirle señor Caño que a partir de ahora nos encontraremos gratis en la red.

Atentamente

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Marzo 4, 2016 0

M24

Por Ángela en Infografía, oído

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Existe una antigua tradición, en algunas regiones del norte de España, por la que, cada 31 de diciembre, los adultos invitaban a los niños a buscar “a un hombre con tantas narices como días tiene el año”. Así hacía mi bisabuelo con mi madre y su hermana, que pasaban todo el día entre alucinadas, divertidas y angustiadas, esperando ver a un monstruo deforme con trescientas sesenta y cinco narices, sin darse cuenta de que ese era el último día del año y que nada más iban a ver a los señores de todos los días. Humanos comunes y corrientes, al fin y al cabo.

Lo mismo hubiera servido este juego para el día uno de enero, pero Cástor Armendáriz y la tradición prefirieron quedarse con el preludio del nuevo año, el momento anterior, el instante previo.

El espacio del justo antes es una nada minúscula, fértil e ineludible: el minuto de salida ante la cuesta abajo del esquiador, o del ciclista antes de lanzarse a la contrarreloj. El instante antes de que el pincel se aproxime, decidido o no, al lienzo en blanco del artista; o de que suba el telón y comience la obra del actor. El momento en que la cabeza, o el cuerpo entero, te piden que digas no antes de contestar sí, siempre sí…

Preparando la vigésimo cuarta edición de Malofiej hemos querido hacer un pequeño homenaje a estos momentos, a los cientos y cientos de segundos inmediatamente anteriores a nuestras cosas de todos los días que no se quiebran, ni se paralizan, ni enmudecen antes de nacer, y fluyen libres permitiendo que lleguen obras, actos, palabras, historias, gráficos, trabajos tan buenos como los que ya estamos esperando ver, emocionados.

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Marzo 3, 2016 1

Pesa el papel

Por Javier en General

Después de meses clamando que no hacía falta papel, prometiendo regenerar el oficio y hasta el país, levantando una polvareda densísima, menospreciando indirectamente a los demás, yo me pregunto: ¿de verdad no hace falta?

Bien lo dijo Agus Morales, director del proyecto 5W / Crónicas de larga distancia, el sábado pasado durante la presentación en Madrid del primer número impreso de su revista, que se titula ‘Después de la guerra’: “Ahora que la vemos impresa, nos lo creemos de verdad”. Estaban para confirmarlo Martín Caparros, Carlos Alsina, buena parte del equipo, algunos mecenas, simpatizantes, partidarios.

Lo mismo sentí yo en diciembre, cuando la presentación del libro ‘El diario o la vida. Una defensa a tiros de los periódicos y del periodismo’. Sentí entonces todo el peso del papel, que no tiene un blog ni nada de lo digital. Los demás, presentes y ausentes, también lo sintieron conmigo.

Yo creo que sí, que todavía hace mucha falta. A la vista están los datos, la doliente invisibilidad, esa terrible sensación de que nada te estás perdiendo: la irrelevancia. Pero aún hace más falta humildad en este machacado periodismo nuestro.

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Febrero 29, 2016 0

Contenidos

Por Javier en General

Llevo dos horas encerrado con un consultor amigo y directivos de una empresa periodística latinoamericana. Hablamos del filón del ‘content marketing’. En la mesa se afirma sin tapujos que el futuro de la profesión está ahí. Escenarios posibles, diferentes servicios, sistemas de cobro… Monetizar, la palabra del momento. Hacer caja disfrazando de información la publicidad, pienso.

Llevo dos horas encerrado con un consultor amigo y directivos de una empresa periodística latinoamericana. El nuevo departamento de ‘content marketing’ dispondrá de reporteros, diseñadores, fotógrafos, personal de ventas, vehículo adscrito… Es extraño. Va a generar —se supone— contenido de calidad para otros —para otras compañías— un diario que apenas es capaz de generar contenido de calidad para sí mismo.

Llevo dos horas encerrado con un consultor amigo y directivos de una empresa periodística latinoamericana. Hago como que no me aburro, incluso participo puntualmente. Pero me aburro mucho. Miro el reloj. Cruzo los dedos para que antes de acabar la reunión alguien ponga una buena historia sobre la mesa y yo pase de descreído a creyente. En el diario de mañana no hay una sola tampoco.

Llevo dos horas encerrado con un consultor amigo y directivos de una empresa periodística latinoamericana. Y así se van las horas en el periodismo contemporáneo.

PD. Todo hay que decirlo: también las obras maestras de Velázquez eran ‘content marketing’.

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