Mayo 18, 2015 0

Periodismo contra la gente

Por Javier en General

Gracias al bueno de Miguel Ángel Jimeno, que es el mejor radar que conozco, leo una entrevista a Martín Caparrós en la edición digital del tinerfeño Diario de Avisos. Sabrosa entrevista. Caparrós acaba de presentar su monumental ‘El hambre’. Sin haberlo leído aún, el título me interpela, deja al aire mis vergüenzas, tanta tibieza. “La pobreza extrema impide a quienes padecen hambre buscar horizontes”, cuenta descarnadamente. “Pero nosotros hacemos lo mismo. Hay una especie de pobreza extrema de reflexión y de voluntad política que hace que no podamos pensar un poco más allá y creer que no tiene por qué haber hambre en el mundo”.

Miguel Ángel no me recomendaba el enlace del periodista y escritor argentino por ‘El hambre’, sino por esto otro, no menos sabroso: “Hay que hacer periodismo contra la gente. Si vamos a decidir qué hacemos en función de la gente, busquémonos otro oficio”. En realidad, las tesis del libro y esta reflexión sobre el presente y el futuro del periodismo tienen todo en común. En Argentina, para referirse a la carencia de algo se utiliza el positivo: ‘faltante’, y así en lugar de decir ‘no hay’ dicen ‘hay’: ‘hay faltante’, cosa que siempre me ha hecho gracia. Convengamos con Caparrós que en el periodismo actual hay una faltante extrema de reflexión.

Por suerte, voy y vengo, visito diarios en diferentes países. Sigo haciéndolo aún. En todas partes encuentro lo mismo: cómo contentar al anunciante, con qué contenidos asegurar unas migajas de pan, o también cómo contentar al lector o a la audiencia, que es lo mismo, y para ello andamos locos pendientes de los ránkings de lectoría, de los ‘like’ y ‘share’, de las redes, de todas esas gilipolleces. De la gente. En román caparrosiano: hay una pobreza extrema de reflexión tan enorme hoy en los diarios que produce escalofrío. O, sin recurrir a argentinismos, no hay ninguna reflexión. Es para ser pesimistas.

Tiene toda la razón Luis Goytisolo cuando escribe en El País que “internet y las redes sociales suponen un cambio de mayor trascendencia que el que en su día representó la máquina de vapor”: algo así como pasar de la Edad Moderna a la Edad Contemporánea en dos décadas. Su artículo ‘Lo reciente queda antiguo’ es lúcido y escalofriante. Sin embargo, intuyo que el camino anda por donde Hans Magnus Enzernsberger: me quedo con “la sabiduría y la ironía de sus 87 años”, como apunta —cómo no— Juan Cruz, canario de Tenerife, como el Diario de Avisos. Dice el filósofo alemán: “La rodilla es analógica, la lengua no es un ordenador… Vivimos y morimos analógicamente”. Analógico es el corazón del periodismo, se pongan como se pongan. Por ahí deberían los diarios empezar a llenar su faltante.

PD. Enhorabuena a Miguel Ángel Jimeno y a su impagable blog ‘La buena prensa’, que ha alcanzado el millón de visitas justo cuando se han hecho públicos los ganadores de la cuarta edición de los premios que convocan anualmente.

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Mayo 17, 2015 1

El dinosaurio

Por Javier en General

Cuando desperté, El (nuevo) País todavía seguía aquí.

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Mayo 11, 2015 6

Puesta a punto

Por Javier en General

‘Fútbol 948’ es una revista trimestral nuevecita que pone la lupa en los héroes y en las historias del balompié navarro más modesto. Nació en febrero de este año. 64 páginas y 1.500 ejemplares gratuitos repartidos por esos campos de Dios. El segundo número saldrá a la venta el 15 de mayo, ahora ya al precio de tres euros, “porque hay que pedir un esfuerzo a los lectores después de la buena acogida que nos brindaron”.

Detrás de ‘Fútbol 948’, que sigue a su modo la estela de ‘Líbero’, ‘Panenka’ y otras cabeceras emergentes ligadas al deporte en España y fuera de España, bulle un grupo de seis jóvenes periodistas con base en el Centro Europeo de Empresas e Innovación de Navarra. Han hecho el recorrido a la inversa: del web al papel. “La inmediatez puede ser el futuro, pero el papel es la historia viva del periodismo. Aporta un plus. Queremos demostrar que no está muerto”, explica Javier Ugalde, de 27 años, su editor. “Además, nos cuesta mucho conseguir un anunciante para la web; en cambio, para el papel es mucho más fácil”, añade Eduardo Vázquez, de 24, fotógrafo. Se lo contaban todo esta semana a Gorka Fiuza en Diario de Navarra. Más claro…

Del papel a la web, uno de los diarios de mi rincón anuncia hoy, con gran despliegue, que se ha puesto a punto (en papel). Sí, El País se renueva desde mañana “pensando en el lector”, según David Alandete, director adjunto. Siento un escalofrío.

Sin cambios tipográficos salvo en los suplementos, llaman la atención varios guiños gráficos al pasado: regresan el lead en negrita con sus firmas arriba a la derecha, las chimeneas o pequeñas llamadas en portada y el indicador grande de la sección de Economía, que parece indicar que es la más importante de todas. Pero hay más: han puesto el diario patas arriba. Se adelanta Opinión al inicio, entre las secciones de Internacional y Nacional; se desplaza la sección de Economía al final, después de Deportes; desaparece la sección de Sociedad… Es decir, también regresa en cierto modo la antigua paginación, la del diario de antes de 2007. Vaya lío de puesta a punto. Ya veremos. Hay que dejar reposar las cosas.

Con todo, esto no es lo más importante. Lo verdaderamente grave son las declaraciones del director, Antonio Caño: “El cambio persigue adaptar el papel a una proporción y a un tiempo en el que la prioridad del periódico es profundizar en su renovación digital. Queremos tener una edición impresa acorde con las necesidades de una época en la que ya existe una intensa oferta de información en Internet y la función de un diario de papel es complementaria, no dominante. Es una actualización del producto impreso dentro de una renovación más amplia de nuestro periódico en la que la mayor relevancia le corresponde a nuestros productos digitales”.

Cada día unas 250.000 personas sacamos 1,40 euros (1,80 euros el sábados y 2,50 euros el domingo) de nuestros bolsillos para comprar y leer El País en papel. Unos cuantos miles, por cierto, como suscriptores. Nada tienen que pagar en cambio los usuarios digitales de El País: lo tienen todo gratis (y más). Como suscriptor, como comprador del El País en papel, me siento estafado. Estoy pagando por un producto “complementario”, es decir de segunda, según su director, mientras el producto de primera es gratis. El mundo al revés: pago business y me sientan en turista o, peor, me anuncian que estoy abocado al ‘low cost’. Pero pagando a doblón. La prioridad la tiene quien no paga. ¿Por qué pagar entonces?

Yo llamaría a esta puesta a punto de El País ‘rediseño paradójico’ o ‘al retrovisor’: una marcha atrás visual. Y ‘rediseño burla’: pensado para engañar a los tontos lectores que aún estamos dispuestos a pagar por un producto dizque “complementario”, es decir de segunda, y así sostener todo el chiringuito digital y más. Tremendo. Así nos va.

Ni soy tonto ni soy ese dinosaurio predigital que algunos creen porque no saben leer entre líneas, pero el 15 de mayo pagaré sin dudar mis tres euritos por ‘Fútbol 948’. Claro que vale la pena el esfuerzo. Gracias, chicos.

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Mayo 8, 2015 0

Verde

Por Javier en General

Cada vez que llega mayo la ciudad se transfigura. Me parece que esto ya lo he dicho aquí alguna vez. No importa. Me repetiré.

El cielo encapotado pesa plomo y caen algunas gotas. Pero es tal el frescor y tanto el verde que deslumbra. Me siento bien recorriendo las avenidas, y eso que no consigo contar todos los verdes. No sé siquiera reconocerlos. Ojalá supiera: absenta, ambrosía, bosque, botella, camuflaje, caribe, clorofila, eléctrico, esmeralda, espárrago, helecho, jade, lima, malaquita, manzana, menta, musgo, oliva, pera, peridot, pistacho, riboflavina, turquesa, veronés… Ésta es sólo una de las listas de verdes disponibles. Hay otras. Se me escapan todas. Me pasa igual con los árboles. En el colegio no nos enseñaron a reconocer los árboles ni las plantas, tampoco cuándo tocaba sembrar ni recoger. Qué rabia.

Decía que está preciosa la ciudad en mayo. Rebosante. Invita a mirar con optimismo lo que ha de venir. También a mirar más comprensivamente. Es una lástima ver a tantas personas que circulan con el móvil en las narices. Se están perdiendo los verdes y el espectáculo. No ven nada.

Abro por casualidad un ‘Babelia’ retrasado. Me presenta a Axel Honneth. Honneth es director de la legendaria Escuela de Francfort: Adorno, Horkheimer, Fromm, Marcuse, Habermas… Le dice a Francesc Arroyo: “El optimismo es una obligación moral”. Tiene razón, pienso. Le dice más: “Va contra la democracia hacer creer a la gente que carece de capacidad para cambiar las cosas”. Tiene razón, vuelvo a pensar. Y aún le dice más: “Los diarios no nacieron para divertir al público sino para informarle, para que los ciudadanos puedan formarse su propia opinión”. Claro que sí. Me acuerdo de tanto periodismo soft inútil y casi me pongo a aplaudir en la calle. Pero la cosa no acaba ahí: “No deberíamos permitir que los medios fueran completamente mercantilizados. Si no pueden sobrevivir por sí mismos, creo que tenemos que preguntarnos seriamente si no es nuestro deber, como público, financiar su supervivencia”. Vaya tela. Esto sí que es tomarse los diarios en serio.

Levanto los ojos y de nuevo estallan ante mí todos los verdes del mundo. Tengo predilección especial por los confines de la ciudad, esos espacios limítrofes donde los perfiles se desdibujan y la certidumbre se desvanece, donde lo antiguo se hace de pronto moderno, lo urbano rural, sin solución de continuidad. Como en las fotografías de Carlos Cánovas.

Experimento uno de esos escasos y reconfortantes momentos de plenitud. Instantes densísimos que concentran el sentido del mundo. Un periódico sirve también para confrontarte, para recordarte algunas cosas esenciales. Para evitar la autocomplacencia.

Se lo voy a contar todo a mi hija, con pelos y señales, a ver si le levanto la moral.

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Mayo 6, 2015 6

El bicho

Por Javier en General

A mi hija se le están quitando las ganas de ser periodista. No es para menos, creo yo.

Estos tres episodios han tenido lugar recientemente en su facultad:

• Uno. Después de haberse pateado Navarra en fiestas de arriba abajo, cuando se cumple casi un año de la abdicación real y del primer día del resto de su vida, Cristina decide cambiar de aires. Ha solicitado prácticas de verano en la sección de diseño de un diario regional de otra comunidad. Andaba a la espera. Hasta hoy, cuando comprueba a través de la plataforma digital de su universidad que las prácticas le han sido denegadas. Como es natural, decide acercarse a la oficina que coordina esas prácticas con los medios y preguntar por qué no ha sido elegida. ésta es la respuesta de la persona a cargo: has excedido el número de horas trabajadas que marca la ley, por eso te hemos descartado. Es decir, no ha sido el diario el que no la ha elegido sino su propia universidad la que esgrime semejante argumento peregrino para tacharla de la lista. Cristina no da crédito. ¡El problema es haber trabajado desde el verano y durante el curso en un periódico! O eso le dicen. Para tener perfil digital, ¿se trata de fichar, de trabajar con horario de oficina, de no trabajar?

• Dos. Esta semana Cristina anda a vueltas con el examen de Ciberperiodismo. A saber qué será eso, le digo. Ciberperiodismo es una palabreja nostálgica, más viejuna que mi perfil analógico. Suena setentera, o aún anterior. De la época de maricastaña, vamos. Me hace pensar en las latas de sardinas que se enviaban al espacio entonces, en la guerra fría y sus mastodónticos computadores, en el punk. Todo lo que era arrebatadoramente futurista hace cincuenta años y hoy apenas miramos encogiéndonos de hombros, con media sonrisa comprensiva. Cristina se aburre, y con razón. Para ganar el futuro y dar el perfil digital, ¿hay que disfrazarse del Dr Spock?

• Tres. Cristina es admirable. No porque sea mi hija sino por el entusiasmo desbordante que pone en todo. Da lo mismo que se trate de un calderete en la Rochapea que del Pilón de Falces o de una pavorosa riada en Baztán. Ese entusiasmo que tanto se echa de menos en las redacciones, el que ahora está en peligro, todo él lo atesora Cristina. Pues bien, ha decidido que el proyecto de fin de carrera que desarrollará el curso próximo será un proyecto… ¡impreso! ¡Ah! Pero ha sido comentarlo con sus profesores y encontrar de vuelta puras caras de póquer. Que si mejor lo reconsideras, que si hoy por hoy sólo tienen alguna posibilidad los proyectos digitales, que si cómo vas a hacer a estas alturas algo en papel, cosa que nadie lee… (Alguno, secretamente, sí la apoya). Para conseguir el lábel digital, ¿hay que pasar entonces por el aro, hacer el pino puente y repetir cuantas sandeces nos venden en clase o en los congresos de alcurnia?

Qué está pasando en nuestras facultades de Comunicación es algo verdaderamente preocupante.

Aunque yo trato de apaciguar a mi hija… Hay proyectos como XXI en Francia y uno nuevo que se está gestando en España, 5W, y otros muchos que valen la pena.

Tranquila, Cristina, si llevas dentro el bicho nadie, nadie, nunca conseguirá aplacar tus ganas, que son el mejor perfil para afrontar lo que ha de venir ahora: el segundo año del resto de tu vida.

(A propósito, ‘El bicho’ es el título de la última obra que pintó Mariano Royo (San Sebastián, 1949-Pamplona, 1985), muerto prematuramente por un cáncer al que se atrevió a retratar. Estas semanas se homenajea a Royo con una fascinante antológica en la Sala de Armas de la Ciudadela de Pamplona).

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Mayo 5, 2015 1

Adioses

Por Javier en General

Me daba tanta envidia Hermida que he decidido pagarle a Juan Cruz mi obituario. Quiero que lo deje escrito para cuando yo me muera. Con cita a Ángel González incluida, naturalmente. Ojalá acceda. Qué tío el canario Cruz, cómo escribe. Qué torrencial facilidad. A él le envidio aún más que a Hermida. Estarás contento, ¿no, Jesús?: para tu viaje, no te hace falta más equipaje que este hermosísimo y profundísimo texto. Te lo has ganado. Te vamos a echar de menos. Adiós.

Adiós a ti también, Casimiro (García-Abadillo). Ha sido breve tu reinado. Partes de inmediato. Ve tranquilo: yo tampoco tengo perfil digital. Créeme, es mejor no tenerlo. Y un consejo, si me lo permites, o dos: sal elegante, no como el otro, y persevera en tu analógico y viejuno olfato, ese perfil que siempre trae las noticias. El único que las trae. El que nos interesa a los lectores. Los papanatas digitales, que sigan con lo suyo… Allá ellos.

Y adiós, Tentaciones. Sí: hola y adiós. Has vuelto, mensual y revista, pero yo echo de menos el original. El que deslumbró. Eres una mala copia. No, ni eso. No sé bien qué eres. Gráficamente, absurdo. Otro bazar. No me interesas. Me he hecho mayor, supongo.

Dice con razón Gustavo Martín Garzo que nunca como hoy hemos estado tan informados, pero que eso no significa tener más sensibilidad. Y tanto. Nos rodean un ‘big data’ aburrido e insensible y su ejército de ‘gurús’ irresponsables que sólo repiten consignas con el viento a favor… hasta que cambie. Cotorras sin un gramo de imaginación y sin alma, ¡basta ya de confundir a los estudiantes de Periodismo! Si no os gusta esto, coged vuestros bártulos y marchad con vuestra canción a otra parte, cuanto más lejos mejor. Pero a los chavales, por favor, dejadlos en paz.

De imaginación y contra el espectáculo ha hablado una vez más Mario Vargas Llosa, ahora en el I Foro Internacional del Español 2.0, recientemente celebrado en Madrid: “Si la palabra es reemplazada por la imagen, peligra la imaginación”. Aún ha dicho más el Nobel peruano en defensa del periódico impreso: “(Los periódicos) producen un efecto mucho más profundo (que la lectura digital), crean ciudadanos más responsables y críticos, y contribuyen a un mundo mejor”. Sin ellos, añade, “sería la pesadilla de Orwell, se aboliría el espíritu crítico”.

Sin ellos, añado yo, no cabría ni imaginar siquiera eso de ‘perfil digital’, sea lo que sea que signifique, con toda su costosa y ventajista parafernalia.

Así que, entre tanto adiós, aún no me despediré de los queridos diarios, que buena falta hacen para sostenerlo todo… y para que otros hablen. Ya sabes, Juan Cruz: vas a tener que seguir escribiendo muchos obituarios todavía.

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Abril 30, 2015 1

Réquiem (según Sabina)

Por Javier en General

(A Google, que no vale para nada sin los diarios, y no al revés)

Tonto como un portátil sin archivos,
inútil como un teléfono sin conversación,
vacío como una novela de mil páginas en blanco,
ciego como un selfi sin ton ni son.

Ridículo con una cena sin amigos,
patético como un strip-tease sin seguidor,
mentiroso como un amor color de rosa,
bocazas como un político fanfarrón.

(Ocho diarios europeos y Google acaban de firmar un acuerdo dizque “para fomentar el periodismo de calidad”. Google pone sobre la mesa 150 millones de euros en tres años “para proyectos que muestren nuevas formas de pensar en la práctica del periodismo digital”. Digital News Initiative se llama pomposa, peligrosa, tristemente la cosa).

Así estamos hoy…

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Abril 29, 2015 2

Sabina

Por Javier en General

Hay días en que simplemente tengo muchas, muchas ganas de escribir y nada, realmente nada que decir. O nada claro. Hoy es un día de esos.

En días como éste a uno le ronda la tentación de tirar de repertorio. Digo bien: repertorio. No es que el repertorio sea amplio ni que me sienta particularmente orgulloso del mismo. Repertorio son los fantasmas, las obsesiones, los mitos… cualquier cosa que has leído o escuchado y que refuerza argumentos ya conocidos. Territorio familiar, senda segura. Me vais a perdonar.

El sábado estuve en Madrid con Joaquín Sabina. No con él, no; tan sólo escuchándole en el Palacio de los Deportes. Comprobando cómo ha envejecido, compartiendo secretamente con él tanto estrago. Sintiéndole más dulce que nunca, frágil y enternecedor, a pesar de todo. Debe de ser un tío complejo Sabina. A mí me gusta que siga en sus trece: él y siempre él primero, nostálgicamente izquierdoso, mujeriego sin remedio, no sé si antes delicado o bruto, ronco y más solo que la luna, y eso que estaba con su ‘familia’ en el escenario y arropado por quince mil almas con bombín.

Sabina me hizo llorar. Eso tiene la buena música, la que te parte el alma. Eres un cabrón, Sabina.

Al día siguiente busqué las crónicas de ’500 noches para una crisis’ en los diarios. Las leí todas. Pensé cómo hubiera escrito yo la mía. Hubiera dado cualquier cosa por escribir una: una que partiera el alma. Y caí en lo de siempre, qué extraña obsesión: no puede ser de otra manera un diario sino imperfecto y conmovedor, como la música de Sabina. Escrito maravillosamente. Perfectamente inútil, y que me perdone mi amigo Grassa Toro. Para poder decirle mirándole a los ojos: diario cabrón.

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Abril 16, 2015 4

Portadas

Por Javier en General

Dieciocho años después, lo mejor del Newseum —el museo de las noticias— de Washington sigue siendo su colección de portadas. Alrededor se suceden muestras temporales con munición de grueso calibre, pero sólo en la silenciosa colección permanente de portadas encuentra uno el pálpito de la historia, que ilumina la demasiada penumbra de la sala.

Porque una portada no sólo es la foto fija de un día: es el espejo en el que nos podemos mirar y reconocer incluso muchos años y siglos después de haber sido publicada.

Desde que el mundo es mundo, el día tiene 24 horas y los humanos lo ordenamos todo según haya luz u oscuridad. Ni la sensacional invención de la electricidad ni la necedad del tristemente converso Pedro J. Ramírez han conseguido doblegar esta jerarquía natural de las cosas. A la noche le sigue el día, al descanso la actividad. Y así hasta que el mundo deje de ser mundo.

No, no es una excepción el periodismo. Nos pongamos como nos pongamos, se ponga como se ponga el director de El Español, el día seguirá teniendo 24 horas y el orden diurno seguirá siendo el más lógico —y más conveniente— para contar qué hacemos y cómo vivimos. Y para entenderlo. Necesitamos una mínima perspectiva para entender: la que da el día. No es verdad que el periodismo sea igual a simultaneidad. El mejor periodismo casi nunca es simultáneo. Ni tampoco asambleario. Ni tecnológico. No es el que abre puertas a discreción sino que el que las va cerrando, suavemente o a trompazos, indicándonos así el camino.

Una portada de periódico es un prisma mágico que genera en sus lectores la ilusión de poder capturar 24 horas del devenir histórico. Es memorable, que significa “recordable”, y por eso mismo “capturable”. Gracias a las portadas, el torbellino de acontecimientos que sucedió ayer cobra perfiles reconocibles hoy. Una portada nos ancla, nos hace el mundo más familiar y manejable. Nos permite además revisitarlo cuando queramos y recordar el perfume de los días.

Me acuerdo perfectamente de algunas portadas memorables de los diarios de mi rincón: la del primer Tour de Induráin, la de la última entrevista de don Juan de Borbón, la de su agonía con coma… También me acuerdo de otras portadas históricas, las tengo muy vivas en mi memoria: las de la guerra de Cuba y Puerto Rico en la prensa estadounidense (Pulitzer: The World, Hearst: New York Herald); la del naufragio del Titanic y la de la proeza de Lindberg en The New York Times; las de la llegada del hombre a la Luna; la de la dimisión de Nixon en The Washington Post; las de la muerte de Franco, las de atentados terribles, las del gol de Iniesta en la prensa española…

Justo lo contrario de las portadas digitales, que son inasibles, inexpresivas, incomunicables. Paradójicamente, incompartibles. En todos estos años no consigo recordar ni una sola portada digital. ¡Ni una! Me pregunto, inevitablemente: ¿cómo revisitarán la Historia los investigadores cuando sólo haya medios digitales? Y más: ¿qué verán, qué encontrarán, qué entenderán? Y aún más: ¿entenderán algo?

No hay portadas digitales memorables. Ni siquiera Pedro J. Ramírez, que ayer abochornó a los estudiantes de Periodismo de la Universidad de Navarra, conseguirá hacer una nunca.

En realidad, el mundo digital es un mundo sin portadas. Y un mundo sin portadas es como un hombre sin pasado. Por eso, mal que le pese al frívolo, al cínico, al irresponsable de Pedro J. Ramírez, cuyo pasado tenemos muy fresco, por cierto, los diarios de papel no sólo no son “un estorbo para el periodismo” ni “culpables de la tala de árboles” sino sencillamente insuperables. Representan el periodismo más genuino, el más necesario. El único que permanecerá siempre.

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Abril 14, 2015 0

Facebook premiado

Por Javier en General

El Newseum de Washington es un buen lugar para celebrar un congreso periodístico y un mal lugar para premiar a Facebook. No puede haber peor lugar, si es que hay alguno bueno para hacerlo (periodísticamente).

(La Society for News Design (SND) ha elegido a Facebook como la publicación digital ¿periodística? mejor diseñada del mundo en 2014. Lo anunció el sábado en la gala de clausura de su 34 congreso anual, celebrado en el Newseum).

Es triste ver cómo algunos ‘grandes’ coquetean con la red social de Zuckerberg, a punto ya de echarse en sus brazos. Y es de un masoquismo pasmoso lo que acaba de perpetrar la SND.

Vuelvo de Washington asombrado por la magnitud apabullante de sus museos gratuitos, boquiabierto ante el ejemplar de la biblia de Gutemberg que conserva la maravillosa Biblioteca del Congreso, contento por haber conocido las catacumbas de National Geographic.

Pero triste y con pocas verdaderas historias que contar del congreso en el equipaje. Y con ésta muy mala noticia —la del premio a Facebook— que muestra hasta qué punto tenemos lo que nos merecemos.

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