Julio 24, 2014 1

Brevísimo álbum del verano (7): Vejer

Por Javier en General

Carlos Arribas recordaba anteayer la debacle de Induráin en Les Arcs, cuando el dichoso chubasquero, y, dos días después, en Hautacam, esta vez sin chubasquero. No daba más: fue ya en 1996. Cinco años antes, en 1991, fui a París con Santy Mendive porque Induráin, navarro, había ganado su primer Tour. Ambos tuvimos la suerte de escribir la crónica de aquella jornada inolvidable. Induráin tiene hoy 50. Santy y yo vamos para 48. Pese a lo que dicen, el verano en el sur no pasa más lento.

Da gusto leer a Arribas; mi texto ciclista no valía gran cosa. He subido Les Arcs (fácil) y Hautacam (difícil) en bici, aunque lo que más me gustaría no es escalar cumbres sino escribir como los ángeles. Como Arribas o como Winston Manrique Sabogal: su texto sobre la crisis del sector editorial español (ver El País de 14 de julio de 2014) es deslumbrante. Se suma a otros de estos últimos meses cuya estructura narrativa y expositiva consigue atraparme cada vez. No creo que se publique nada igual este verano.

Abaten un avión en Ucrania. Buscan a otro en Mali. Yo podía haber viajado en ellos. Los de Cuatrotipos anuncian un nuevo diario deportivo sevillano (El Decano) a partir del 1 de agosto y una nueva revista trimestral (Volata), sobre ciclismo, precisamente. Me calzo la camiseta que Paul Smith diseñó para Libération en septiembre de 2009 y busco la playa una mañana más: la información no dejará nunca, nunca, de ser un combate.

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Julio 23, 2014 0

Brevísimo álbum de verano (6): Plasencia

Por Javier en General

Después de una primera quincena de julio pasada por agua, sin quitarnos la chaqueta de Pamplona ni por supuesto esa cara de acelga tan característica, con la que somos y vivimos, viajamos al sur como alma que lleva el diablo. Viajar al sur es siempre calmante y vitaminante. Esta vez paramos en Plasencia, de atardecida y a 39 grados. No parecía una buena idea…

Y, de repente, en la rúa Zapatería 22, como por ensalmo, apareció ‘La puerta de Tannhäuser’, que no sólo es donde brillan rayos C en la oscuridad sino también un oasis extremeño. Sudaba a mares, entré. Fui mal periodista y no hice las preguntas que hubiera hecho Ángela ni las que le digo a mi hija que haga antes de zambullirse en un reportaje. Sólo sé que allí dos hermanos llevan construyendo desde 2011 un proyecto “con el fin de acercar el mundo de la literatura, la música, el cine y la educación a todas aquellas personas que buscan un espacio cultural y de ocio diferente”.

Gracias a la cuenta de mi hijo pequeño, entro en su facebook y en su twitter, leo también su blog. En ‘La puerta de Tannhäuser’ tienen lugar presentaciones de cuentos, poemarios y dibujos; hay citas nocturnas, cinematográficas y replicantes; se celebran cursos de música o escritura, escancian vinos con maridajes imposibles y tes de mil colores, uno se da de bruces con libros no tan habituales. Yo me compré dos. Y descubrí —y me llevé— el ‘Cuaderno de Vacaciones para Adultos’, que edita Blackie Books y firman Daniel López Valle y Cristóbal Fortúnez: en su tercera edición, 96 páginas y 150 “ejercicios, pasatiempos, y otros quehaceres más o menos eruditos para la reforestación cultural y la desoxidación mental de nuestro país”.

Rayos C en la oscuridad… Elogié el café-librería a la hermana, di las gracias y proseguí rumbo al sur.

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Julio 15, 2014 1

Lapsus

Por Javier en General

Nerea me envía la portada de la sección de deportes de The New York Times del pasado sábado. Informa del regreso de Lebron James, tal vez el mejor jugador de baloncesto del mundo hoy, a su equipo de origen, los Cavaliers de Cleveland, después de una estancia exitosa en Miami. Es una página que en las redes ha despertado admiración por su concisión y eficacia creativas. Concisión y eficacia que se multiplican gracias al blanco generosísimo que rodea el puro anuncio del fichaje: como un zoom, atrapa la mirada del lector y la conduce inevitablemente hacia el texto apretado donde se detallan las transacciones de diversos jugadores, y en concreto, subrayada en amarillo, la de James. Es todo lo que hay.

Nada tiene de original esta página de The New York Times. El diario español Marca viene empleando este recurso gráfico amplificador con buen criterio desde hace lustros. La semana pasada, sin ir más lejos, a raíz de la muerte de Alfredo di Stefano. Pero Marca no es The New York Times. Por eso, esta portada me inquieta. No encuentro concisión ni eficacia en ella. No encuentro información: ¡no encuentro nada! Es tan caro el papel y son tantas las cosas que contar…

Sobrediseñar páginas ha sido un mal fomentado por la Society for News Design (SND) durante años. Con el viento de popa, muchos diarios se agarraron a eso para ganar premios y saciar vanidades. Quién sabe si para ocultar otras carencias. Con el viento en contra, sobrediseñar es peor que un mal. ¡Sólo nos faltaba eso para ser totalmente prescindibles!

Ojalá, ojalá esta página haya sido sólo un lapsus del mejor periódico del mundo a propósito del mejor baloncestista del mundo.

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Julio 15, 2014 0

Entrambasaguas

Por Javier en General

Existen unas lenguas de tierra más o menos alargadas, más o menos oblicuas, entre dos ríos que se llaman entrambasaguas. Entrambasaguas es una de esas palabras únicas del acervo popular español. La descubrí hace muchos años en las páginas de ‘El río del olvido’, el inolvidable librito de viajes de Julio Llamazares que nos juntó Curueño arriba a Javier Marrodán, a Diego Paños y a mí mismo un verano de carrera. Luego, me la he vuelto a encontrar con relativa frecuencia, para denominar parajes o incluso poblaciones.

Entrambasaguas —creía yo— es el lugar último, el más remoto: un paso más y los dos ríos confluyen. Uno de ellos o afluente vierte sus aguas en otro más principal, aunque no necesariamente más ancho o generoso, por lo que no es tan fácil adivinar cuál es cuál. Tampoco suele quedar claro el punto exacto de confluencia, que depende del ímpetu de los caudales y por tanto es cambiante. En fin, las confluencias fluviales me han generado siempre un enorme desasosiego.

He visitado numerosas y en todas es lo mismo: el corazón se acelera, entre la fascinación y el pavor. Pensando, pensando, caigo en la cuenta de que el desasosiego no es únicamente fluvial: que también me falta el aire cuando me aproximo a una caída de agua y ya se escucha su fragor, o en la bocana de un puerto, a punto de salir al mar abierto; o justo antes de asomar el fanal del faro, sobre todo el de Conil, regresando a Roche ya de oscurecida; o en una desembocadura, o en cualquier bifurcación —vial o ferroviaria—, o cuando camino el último, cerrando el grupo, y no hay nadie detrás salvo la montaña.

Según la Academia, confín es el último término a que alcanza la vista. O sea, que entrambasaguas no es un confín propiamente dicho, no es el lugar último, sino el penúltimo: uno ve el confín desde esa lengua de tierra más o menos alargada, más o menos oblicua (¡Oh, decepción! Resulta que entrambasaguas no figura en el diccionario).

Compré recién en la Feria del Libro una joyita titulada ‘Atlas de islas remotas’, de la escritora y diseñadora alemana Judith Schalansky, cuya traducción al español han editado Capitán Swing y Nórdica. Fue ver la cubierta y sofocarme, acelerárseme el corazón. Querer acudir y querer huir simultáneamente. La autora jamás pisó ninguna de las 50 islas que constituyen esta colección fabulosa: lugares remotos, solitarios e inaccesibles en muchos casos, casi nunca paradisíacos y sí, más bien, infernales o desolados. Sin embargo, Schalansky ha hecho acopio de acontecimientos históricos e informes científicos de cada una de las islas (detalla, por ejemplo, la distancia que la separa de tierra firme, si está o no habitada, etcétera) y propone un impagable cuaderno de aventuras que demuestra que el verdadero viaje siempre es hacia adentro. Porque cuando llegas al confín… nunca acabas de llegar. ‘Atlas de islas remotas’ es silencioso o fragoroso, según, y sus mapas deslumbrantes.

Si pudiera elegir, viajaría no a los confines de la Tierra sino a todos los lugares penúltimos desde los cuales puede uno avizorar el final, o intuirlo, para contarlo. ¡Entrambasaguas! Un término muy periodístico, por cierto. Al fin y al cabo, ¿qué es un diario sino el último territorio conocido desde el cual ser testigo de esta cosa tan turbulenta y desasosegante que es la vida?

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Julio 5, 2014 1

Vísperas

Por Javier en General

Ayer tarde regresaba a casa después de otro periplo.
Viernes maravilloso de julio.
En el coche, viendo pasar los campos de cereal ya asoleados, imaginé cómo sería el diario que anunciara el verano…

Ancho, sería ancho como los cuadros de Salaberri que estos días iluminan la Ciudadela.

Porque en un diario ancho caben todos, generosamente.
Porque en uno estrecho no caben las ganas, ¡y son tantas!

Hay pocas noticias al cabo del año tan venturosas como la llegada del verano, pero jamás veo que los diarios se transfiguren. Continúan manejándose con el ceño fruncido, estrechamente amarrados al corsé del invierno. No ensanchan el alma ni contagian ganas de vivir… a pesar de todo.

Las previas no deben ser nunca el corazón de un diario. Pero los diarios deberían mirar el mundo con ojos de previa o víspera: cuando la demasiada realidad es aún brumosa, cuando todo está por cumplirse. Serían otros diarios y servirían más de lo que sirven.

¡Verano! ¡Ya está aquí el verano! Ni que caigan chuzos de punta: es la gran noticia, la que estábamos esperando. Periódicos del mundo, periódicos de mi rincón favorito: enteraos.

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Julio 2, 2014 0

La misión

Por Javier en General

No creo que Chris Ware (Omaha, 1967) haya oído hablar nunca de Marvin Teel (Christopher, 1924), que falleció el pasado sábado 21 de junio. Ignoro si Teel conocía a Ware, aunque es poco probable. Chris Ware es fabricante de historias; Marvin Teel las repartía en su bicicleta Schwinn.

Durante 45 años Marvin Teel repartió las historias de The Benton Evening News en su pueblo del condado de Franklin (Illinois, Estados Unidos). Incluso este mismo año, incluso el día en que lo ingresaban en el hospital para no salir más, según informa The Southern Illinoisian, el diario en el que publicaba sus cartas al director. Dicen que era un prolífico contribuyente de esa sección.

Teel reivindicó para sí antes de morir el hecho de ser el repartidor de diarios más viejo del mundo. Veterano de la Segunda Guerra Mundial, graduado en física, química y matemáticas, y reparador de antenas durante décadas, la World Association of Newspapers debería tributarle un emocionado homenaje en su próximo congreso anual antes que esas mil zarandajas en las que suele enredarse, y desde luego abrirle espacio en el desesperazado informe de situación que cada año presenta, y que sólo salvan India y otros pespuntes latinoamericanos o asiáticos. Con gente como Teel… Por cierto, daría cualquier cosa por saber cuántos periódicos repartió en su vida. Datos y testimonios, pero primero datos, sin demasiada literatura, o sólo con la justa, como procuro inculcarle cada día a mi paciente hija. Pobre.

Gracias a Miguel Ángel Jimeno, me entero de que Marvin Teel era un insobornable ángel guardián de los diarios, y además una buena persona, o al menos ése era el sentir general en el condado de Franklin. Tengo para mí que ambas cosas van indisolublemente unidas: no es posible ser mala persona y contar buenas historias. Ni repartirlas.

La de Teel es una historia conmovedora de principio a fin. Como la de la mujer que protagoniza ‘Fabricar historias’, la última obra de Chris Ware —al que algunos se refieren como el Joyce del cómic—, el ¿libro? más premiado de los últimos tiempos, un artefacto multiformato e inclasificable, pero sobre todo en papel, porque en el fondo el dibujante norteamericano reivindica el soporte impreso y, singularmente, los periódicos.

De la mano del papel, con sus 14 libros, cuadernillos, revistas, diarios, folletos, tiras y hasta un tablero de juego de mesa, un cofre del tesoro de 260 páginas en donde no cabe el orden aunque sí el concierto, Ware habla del sentido de la vida y de la búsqueda infructuosa de la felicidad. ¡Ah, ser feliz! ‘Fabricar historias’ es el fruto de diez años de trabajo y el reconocimiento de un imposible, que es el nuestro, el tuyo, el mío. Impresiona su rigor, y aún más su silencio íntimo y clamoroso. Leo: el tío abuelo de Ware fue editor y ganó un Pulitzer en 1919; su abuelo fue periodista deportivo y jefe de redacción; y su madre, periodista y editora. Ahora lo entiendo todo. Quizá sin él mismo saberlo, Chris Ware es otro ángel guardián de los periódicos, uno de esos que hacen que los diarios sean imprescindibles.

“Está atormentado por muchas cosas, y tan ferozmente obsesionado con sus propios sentimientos y con el espacio íntimo de su trabajo que te rompe el corazón”, dice su mujer, Marnie. Le preguntaría a Marvin Teel si hubiera repartido en su bici ‘Fabricar historias’. Estoy seguro de que hubiera dicho que sí porque las historias que conmueven no entienden de soporte, no buscan la comodidad, no se preocupan del asqueroso y cortoplacista beneficio. Las historias que conmueven hay que contarlas y propagarlas como alma que lleva el diablo. Ésas, y no otras mezquinas y autodestructivas que tanto atraen nuestra atención y que encienden Twitter. Nos va la vida en ello.

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Junio 26, 2014 0

Para qué sirve un periódico (8)

Por Javier en General

No sé si habéis leído la apostilla de Gustavo Flores a la anterior entrada de esta serie ‘Para qué sirve un periódico’, que inició ingenuamente —o no tanto— Carlos Grassa Toro, estos días muy ocupado en Albarracín. Os la recomiendo. Su delicadeza, su hondura estremecen. ¡Qué historia! Nerea se suma ahora igual de generosa y me remite a un texto que publica Jaled Abdelrahim —que cita a su vez al sitio www.sprinwise.com— en Yorokobu. Ahí descubrimos —o confirmamos— que un periódico sirve también para salvar la vida. Y de paso para ganar 300.000 lectores o aumentar un 30% sus ventas. ¡Si ya lo decía Grassa Toro!

Veamos.

En la Ceilán fabulosa del Índico el dengue está causando estragos. 13.000 personas han sido infectadas en los últimos seis meses, que se suman a las 30.000 del año pasado. Mawbina es un diario de Sri Lanka, como ahora se llama Ceilán, aunque a mí es un nombre que me gusta menos. No es un diario cualquiera sino uno de los más importantes del país por circulación e influencia. Este año se ha propuesto combatir de frente el dengue y ha declarado la guerra al mosquito aedes aegypti, que es el principal transmisor de la enfermedad. Para ello, ha contratado los servicios de la agencia Leo Burnett Asia. El resultado: una campaña en marquesinas con carteles a los que se les ha aplicado un repelente antimosquitos y un periódico impreso con una tinta que actúa también como repelente. Todo gracias a la acción de la citronela que se añade a la tinta. Ambas forman una mezcla antimosquitos formidable. Mawbina informa regularmente además sobre el dengue y cómo prevenirlo.

Los ceilaneses se han sentido de repente protegidos y se han entregado en masa a un diario que sirve.

Los diarios que sirven no derrochan el dinero en redacciones galácticas ni en gurús de pacotilla; los diarios que sirven son imbatibles, no pasan nunca.

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Junio 20, 2014 2

Para qué sirve un periódico (7)

Por Javier en General

Y cuando desperté, muy lejos, el diario seguía ahí.

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Junio 18, 2014 0

For Sale

Por Pablo en General, visto, vivido

Podría ser un bar cualquiera de un hostal de España (y lo es). España no es el único país del mundo en el que se hacen exposiciones en el bar de un hostal. Tampoco el único en el que exponen los artistas o aficionados locales con la esperanza de que algún extranjero encuentre en sus cuadros el lado exótico que le faltaban a sus vacaciones.

En cualquier caso, este es el bar al que suelo ir una vez por semana a comer mi bocadillo de lomo en manteca con tomate rallao y mi cervecita. Es un pequeño placer de la semana, en el que disfruto de la lectura tranquila del periódico nacional y local, y de un café gigante, en vaso con asa, lo que le da al lugar un aire más señoril (que no señorial).

En este bar se expone y se vende cuadros constantemente. En la bahía de Cádiz hay muchos pescadores, pero desde que vivo aquí he descubierto además a muchos aficionados a la pintura. Los hay que practican el bodegón, el desnudo, que se acercan al impresionismo e incluso al arte abstracto, aunque la mayoría pintan paisajes. El mar (por qué será), la arquitectura y el cielo son, creo, los temas favoritos. En una ocasión compré aquí una pequeña acuarela que representaba un lugar muy señalado de El Puerto, el embarcadero del vapor, en la ría. La escena, bastante bien pintada, se basaba en una fotografía antigua que representa ese mismo lugar en los años 60. Mirar ese cuadro es dar un brinco en el tiempo y plantarte en un lugar con mucha más solera. Eso está claro.

En este mini-lapso republicano de hoy, entre la baja del rey y el alta de su heredero, la exposición de hoy en mi bar estaba presidida –frente a la barra– por el Rey Juan Carlos.

Es el último cuadro que esperaba encontrar. He pensado que, a fin de cuentas, también hay retratos del rey en despachos, centros públicos, comisarías, incluso algún bar sin rebuscar demasiado. Y, ¿su firma? En todos los diplomas, certificados que tanto nos gusta exhibir. Todos ellos, imágenes que de un día para otro se convierten en otra cosa, que pasan a formar parte también del gabinete de curiosidades. He fantaseado con que quizá mañana estén todos en venta y con que los mercadillos del domingo estén repletos de ellos.

En el Larga 70, que así se llama el bar, hay un rey en venta. He preguntado a la camarera:

—¿Que se siente, con el rey delante?

Le divertía verme sorprendido. Lo que a mí me parecía un símbolo recién nacido para ella era un cuadro más de la exposición. Al salir del bar, el único cliente que quedaba allí, un chico de unos 12 años que venía a comprar pan, miraba el cuadro fijamente y parecía preguntarse qué demonios hacía eso ahí.

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Junio 17, 2014 0

Barbarismos

Por Javier en General

919 barbarismos en 136 páginas, si los he contado bien, que no creo. Puras páginas de espuma (nunca mejor dicho), como las de Eloy Tizón. Andrés Neuman (1977) es argentino de Buenos Aires, aunque terminó de crecer en Granada, donde la mala follá y donde vive. Quizá eso —la mezcla— lo explique mejor. Ha ganado todos los premios literarios imaginables, la revista británica Granta lo incluyó entre los 22 mejores narradores jóvenes en lengua española, su blog ‘Microrréplicas’ es imprescindible. Y su librito, “terminado de imprimir el 1 de mayo de 2014, cuando nadie imprime”, ilumina el tobogán de mi primavera.

Homenaje y sátira de los diccionarios, o “diccionario canalla”, según él mismo, ‘Barbarismos’ nombra el mundo a su manera y, por ahí, crea otro, muchos, tantos, para mí que con infinita ternura. Son historias mínimas. Cada palabra… retorcida. Nada neutrales. Haikus urbanos, dice otro. Heterodoxias que leo en junio, sí: este junio que viene por lo menos igual de retorcido e imprevisible. A nombrar el mundo nos invitó hace un tiempo Carlos Grassa Toro y desde entonces ya nada es igual. El lenguaje, ese vértigo. Un fulgor doliente. El límite de la precisión. No me lo saco de encima.

Arranca Neuman con ‘abecedario’: “pensamiento muy poco a poco”, y termina con ‘zzz’: “onomatopeya indicativa de que el último lector se ha quedado dormido”. Por en medio, este fascinante ‘leer’: “acción de viajar hasta donde uno se encuentra”, o también “acción y efecto de vivir dos veces”. Julio Casares define así ‘barbarismo’ en su ‘Diccionario ideológico de la lengua española’: “emplear vocablos impropios”. Impropiamente, el autor argentino incluye en su glosario algunas palabras que me interesan aquí por reiteradas razones. Las recojo por si acaso y porque no tienen desperdicio. El autor tira con bala y a dar:

• Actualidad: “conjunto de contingencias que tiende a confundirse con el presente”.

• Agenda: “incumplimiento minuciosamente organizado”.

• Becario: “individuo especializado en quimeras”.

• Blog: “mausoleo mañana”, y también: “sonido gutural que se emite tras haber opinado en demasía”.

• Bloguero: “ocioso atareadísimo”.

• Editorial: “en el argot periodístico, texto anónimo con fines que tampoco tienen nombre”.

• Entrevista: “error de transcripción”.

• Facebook: “sistema inmejorable de espionaje en que los vigilados colaboran activamente con sus vigilantes”.

• Hipertexto: “recurso posmoderno mediante el cual un autor cita y su lector trabaja”.

• Internet: “éter superpoblado”.

• Kiosco: “juguetería de la información”.

• Mass-media: “emisión de soledades”.

• Narrar: “verbo que se conjuga como respirar”.

• Noticia: “ocultación de otra noticia”, y también “lo que en este mismo momento está dejando de importar”.

• Texto: “en la jerga periodística, ornamento de la foto”.

• Tuit: “telegrama de Narciso”.

• Twitter: “conjunto de pies descalzaos, gatos soñolientos y platos sin ingerir, expuestos en orden cronológico”.

¿Quién da más?

Alguno pensará que me he saltado ‘diario’ o ‘periódico’, y que lo dejo para el final, como Grassa Toro en su inolvidable ‘In prensa”. O que se lo ha saltado con trampa Neuman. Pues no. Ni ‘diario’ ni ‘periódico’ encuentran hueco entre el millar de definiciones. No hay lugar para ellos. Gran decepción. Acaso Neuman los considere (a los periódicos) barbarismos: impropios, un cadáver. Hablando de cadáveres, en México me he encontrado una calavera que vende diarios y me ha dado un subidón. ¿Muertos? ¿Muertos los diarios? Va bueno el argentino. He comprado el canillita sin pensarlo. Lo he colocado en el salón de casa, junto a la colección de Tintín y a una foto en blanco y negro en la que aparezco saliendo de la Trinidad de Arre, donde se casaron mis padres, hacia 1970. Soy yo, sí, corriendo, mirando al frente, confiado. Con mi traje de marinero y toda la vida por delante. Ya he creado otro rincón preferido. Donde los diarios sobreviven al muerto. Voy a releer para qué sirve un periódico, no vaya a ser que se me olvide con tanto retortijón.

Por cierto, Neuman no recoge ‘periódico’, pero sí ‘prensa’. No la deja para el final —la trampa en esta ocasión es ‘colofón’—, pero yo sí . La he dejado a propósito porque se las trae: “poder encargado de informar sobre aquello que provoca”, y también, y sobre todo: “conjunto de novedades periódicas acerca de los formatos y soportes, antiguamente dedicado a sus contenidos”. Nada menos.

Postdata

En realidad yo hubiera dado un dedo de mi mano por haber escrito estos otros barbarismos de Neuman, menos periodísticos:

• Bolero: “alegría de llorar”.
• Brevedad: “eso”.
• Casi: “medida exacta de casi todas las cosas”.
• Cumpleaños: “aniversario del que fuimos”.
• Erección: “signo de admiración que tiende a cerrarse antes de tiempo”.
• Escuchar: “extraer música del ruido”.
• Esperanza: “deporte olímpico”.
• Felicidad: “misterio cuyo hallazgo depende de su falta de búsqueda”.
• Héroe: “personaje encargado de distraernos del auténtico protagonista”.
• Isla: “ahogo del mar”.
• Mar: “ánimo del que mira”.
• Tango: “placer de haber perdido”.

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