Junio 13, 2013 0

Gracias por contar tantas buenas historias

Por Javier en General

Reproduzco aquí debajo la entrevista que me hizo hace unos días Yelitza Linares, editora jefe de Cierre y Calidad del diario Últimas Noticias de Caracas, donde estamos esta semana, invitados por Nathalie Alvaray, Carmen Riera y Cadena Capriles a la séptima edición del Seminario de Diseño de la Información.

Son unos días de sensaciones extrañas para los organizadores. Por un lado, el entusiasmo que rodea a la cita, en el Centro Cultural de Chacao, con más de 400 periodistas y estudiantes hambrientos en el sentido masticable de la palabra: todo lo apuntan, todo lo tuitean, todo lo preguntan. Por otro, la incertidumbre tras la venta de Capriles, que es el mayor grupo de medios de Venezuela. Profesionales hechos y derechos de la casa han llorado amargamente al conocer la noticia porque de repente se han sentido huérfanos. Los entiendo.

Y al fondo está Venezuela poschavista, convulsionada, quebrada, diría que resignada. Donde uno llena el depósito de gasolina con un dólar y sin embargo no encuentra papel higiénico ni otros artículos de primera necesidad. Con autopistas e infraestructuras de hace medio siglo que eran la envidia de América y hoy se caen a pedazos. País riquísimo y derrochador, culto, bipolar. Qué va a pasar en Venezuela es algo que nadie sabe.

Sensación extraña también ésta de leer escritas una después de la otra las palabras que uno ha dicho a un periodista. Es lo más parecido a un strip-tease: descubrir que estás desnudo y que te están mirando. Te lees y no te reconoces. O sólo en parte. Como si fuera otro javiererrea el que estuviese hablando incontroladamente y tú quisieras frenarlo, no, eso no es exactamente así, para, mira, en realidad no quería decir eso, en fin, tú ya sabes.

Pero ahí están las palabras. Dichas. Escritas. Y las palabras pesan. Pesan mucho. Vaya si pesan.

Comoquiera que leo y no me avergüenzo por lo dicho, o no mucho, concluyo que el texto refleja aproximadamente lo que pienso. Me ha parecido que podía interesarle a alguien y por eso lo reproduzco. Confío en que se me disculpe este pronto autorreferencial.

La entrevista se puede leer en http://www.ultimasnoticias.com.ve/noticias/chevere/tendencias/javier-errea-la-batalla-de-la-inmediatez-no-es-la-.aspx#ixzz2W2xinedy, y arranca, según la periodista, con el siguiente título:

“La batalla de la inmediatez no es la del periodismo”

El texto, corta y pega, dice así…

Javier Errea debe de haber sido de esos periodistas que hacía las preguntas incómodas en una rueda de prensa (está visto que no me conoce) y, con seguridad, será el conferencista que dirá lo rompedor, lo inesperado, en el Seminario de Diseño de la Información, que se celebrará el próximo 12 y 13 de junio, en el Teatro Chacao, en Caracas.

Además de periodista, profesor universitario, ganador de cuatro premios de la Society for News Design (SND) al mejor diseño de diarios, director de Errea Comunicación, es un consultor de medios de comunicación, pero no de los tradicionales. Es un autocrítico del oficio.

No cree en la integración de redacciones, en las ediciones de los domingos arrevistadas, ni tampoco le convence la máxima de estos tiempos de que las redes sociales han mejorado al periodismo. Su credo es que publicar buenas historias, escritas con calidad, es la única fórmula mágica para salvar este ejercicio profesional.

“El periodismo tiene que ver única y exclusivamente con eso tan dificilísimo que es contar historias. Es decir, ayudar a entender el mundo y a compadecernos de él. Compadecer es un verbo precioso: significa no lamentarse resignadamente, sino padecer con. Hablamos, por tanto, de empatía, de solidaridad, de humanismo radical. Lo demás es accesorio. No es que lo diga yo, es que es accesorio. Y como las empresas informativas no quieren verlo, o no lo aceptan, y no lo aceptan porque se trata de algo muy complejo, se dedican a comprar soluciones de otro tipo. Es lo fácil. Comprar soluciones como quien compra aspirinas. Pero el periodismo no va de eso”.

¿Qué significa hoy, con todos los recursos multimedia que existen, contar una buena historia?
—”Contar una buena historia es ser capaz de hacer empatía con tu audiencia, y desde ahí, con la sociedad. Es decir, tocar la fibra más honda, allí donde se comparten los valores, las sensaciones, las emociones. Contar una buena historia te hace imprescindible. No importa cómo lo hagas ni por medio de qué plataforma. Eso es lo de menos. Ten esa historia y cuéntala con sabiduría, con ternura, con rigor. ¡Ya verás cómo te buscan!”

¿Es posible contar buenas historias en varias plataformas?
—”Un periodista puede contar buenas historias. Ha de estar en eso. Otros tienen que estar para distribuir esa historia por los canales adecuados. Si un periodista está atento al canal, no está atento a la historia. Y la historia, cómo se cuenta, se resiente. Las organizaciones periodísticas deben tener profesionales especializados en los distintos procesos de comunicación, supongo. Soy bastante radical en esto”.

Muchos quieren contarlas en 140 caracteres. ¿Cree que las redes sociales han mejorado al periodismo?
—”Claramente, no. La batalla de la inmediatez no es la batalla del periodismo. Esa será la batalla de la distribución. No la nuestra. No me importa quién da la noticia primero sino quién la da mejor. ¡Qué más da anunciar algo diez segundos antes que tu competencia! Eso es algo que nos han vendido interesadamente y que forma parte de la sociedad de consumo radical y devoradora en la que vivimos. Una sociedad que no genera más conocimiento sino más ruido. El 99% de lo que se dice o se vive en Twitter son majaderías. A mí eso, que en el fondo tiene que ver con la vanidad y con el intento de satisfacerla, no me interesa. Lo que se ha abaratado es la posibilidad de publicar desahogos personales”.

¿Cree en la integración de redacciones?
—”No”.

¿Por qué?
—”La integración de redacciones es una maniobra fruto del nerviosismo de una industria que no sabe cómo recortar gastos para mantener los beneficios registrados durante años. No responde a una convicción ni está produciendo mejor periodismo. Es una medicina paliativa. A mi modo de ver, una gran mentira. Y a ella contribuyen numerosos consultores. Está produciendo esquizofrenias, por cierto. Lo que pasa es que queda estupendo hablar de salas de redacción con forma de sistema solar en un congreso de editores, organizar giras y visitas, y vender así el elixir del futuro, la pócima que salvará el periodismo. Los resultados están a la vista”.

¿No ha servido para que los periodistas y los medios acompañen a sus audiencias en todas las horas que consumen información?
—”No creo que la batalla de los diarios esté en la rapidez. No se puede estar a la vez en la batalla de la rapidez y en la del periodismo de calidad. Es imposible. Requiere dos tipos de profesionales, dos mentalidades, dos preparaciones, dos ritmos, dos flujos diferentes. Pretender coordinarlos en uno y que convivan no es posible. Bueno, sí es posible, porque se hace, pero no mejora ni uno ni otro. Y, a la larga, los empeora. No conozco ninguna redacción integrada que funcione bien. Todo son parches. Esto no es un alegato romántico ni ingenuo por el papel frente a otras plataformas, sino un alegato por las redacciones monomedia: zapatero, a tus zapatos; elige qué quieres ser y ve por ahí con todas tus fuerzas”.

Javier Errea pasó de ser un redactor jefe a un coach de redacciones, como él se define. Aunque adora escribir, asesora a través del diseño.
—”Me parece una fórmula muy interesante y amigable, menos amenazadora, de abordar problemas complejos de las redacciones. Porque el diseño tiene que ver con toda la organización, y cada vez son más los antiguos jefes de diseño o directores de arte a los que se les encomienda la coordinación de cambios de gran alcance, operaciones de convergencia, nuevos proyectos, etcétera. Conozco varios casos muy ilustrativos. En el fondo, el diseño hace alusión al funcionamiento, a los flujos, a cómo organizar todo”.

Hace 10 años, en una conferencia en Guatemala, le escuché sobre su angustia por la abundancia de contenidos en los periódicos de los domingos, porque tenía que decidir entre leerlos y compartir con la familia. Eso se mantiene, los domingos se publican las mejores historias, pero hay que sumarle a ello todos los contenidos digitales que se ofrecen. ¿Ahora está más angustiado?
—”Los diarios del domingo están perdiendo importancia a pasos agigantados. Son datos, tampoco es una opinión. Por supuesto, sigue habiendo una inercia grande que hace que en muchos países las ediciones dominicales sean las más voluminosas, las que más publicidad generan. Pero no siempre son las más interesantes. Un diario no puede ser nunca algo frío ni arrevistado, en contra de lo que algunos han venido predicando insistentemente, y que por desgracia ha encontrado eco en tantos lugares. Un diario debe dar noticias. El arrevistamiento de los diarios trajo algunas cosas buenas, pero después se ha convertido en una de las mayores lacras. Leo mucho más los ejemplares de los días laborables”.

Es organizador de los premios Malofiej de infografía. Es mucho lo que ha visto. ¿Hacia dónde cree que debe evolucionar la infografía?
—”La infografía revolucionó los diarios de todo el mundo y los abrió a otros formatos narrativos que han resultado atractivos a los lectores de todas las plataformas. Pero, como suele pasar, la infografía también cayó en la autocomplacencia y, tras años de grandes avances, se estancó. Sigo pensando que los gráficos son imprescindibles en un diario y que, como sucede con la fotografía, los diarios no se lo acaban de creer. Piensan que los puede hacer cualquiera y que cualquier tablita es un gráfico. Vivimos, por otra parte, un tiempo en el que la visualización de datos ha cobrado un auge tremendo, no solo en los diarios, en el periodismo, sino en cualquier sector. El tratamiento visual de datos procura hacer inteligible el inmenso caudal de información que recibimos. Otra cosa es que ese tratamiento realmente esté facilitando su comprensión o, como pasa con frecuencia, la haga aún más difícil. Es un tema muy interesante y que está suscitando riquísimos debates. En cualquier caso, esto es como los textos: tiene que evolucionar hacia una madurez y hacia una relevancia. No son dibujitos. No se hacen en un minuto. No sirven para rellenar agujeros”.

P.D. El título que acompaña esta entrada es el título de mi presentación de ayer. Un sentido, convencido y reivindicativo acto de afirmación de los diarios y del periodismo en este tiempo de su destrucción masiva.

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Mayo 29, 2013 2

Monstruos

Por Javier en General

Fuimos a La Cala, en Chodes, en busca de árnica creativa y Carlos (Grassa Toro) nos enseñó a mentir. Que no es lo mismo que engañar. Por si acaso.

Y hete aquí que durante tres días nos hemos dedicado a mentir como posesos. Y, por ahí, a crear monstruos, y a nombrarlos —que, por lo menos, es igual de apasionante—, y a dotarlos de una peripecia, de un destino, y hasta a habilitar su gabinete, compuesto por tres salas suntuosas.

De las metamorfosis de Ovidio a la metamorsis de Kafka: pobres monstruos. De Luciano de Samósata a Ambroise Paré, a Javier Villafañe y su increíble hombre-gallo Juan: pobres criaturas desdichadas y solitarias, solísimas criaturas, fruto únicamente de nuestra infinita finitud. Monstruos, sí, pobres, utilizados, manoseados, zarandeados por los de siempre, los que no quieren soltar las riendas. “Se trata de ponerle cara al mal”, nos dice Carlos, siempre punzante. Qué bien funciona la patraña. Menos mal que aún queda Agustín de Hipona: “El mundo está lleno de monstruos. ¡Qué grande es Dios!”

En el camino viejo de Madrid a Barcelona, poco antes de Zaragoza y no lejos de Borja, nueva meca monstruosa y universal. Por esa vía pasaron en el XVI Alonso Quijano y su Sancho Panza; hoy sólo pasa el AVE y no para. La Cala es un molino de viento, una ínsula barataria. Llena de monstruos y libros, con perros que se llaman vaca y conquistadores de madera viva, ojos saltones y nariz importante que hacen llorar en la oscuridad. En La Cala siempre pasan cosas.

La realidad es demasiada, Carlos tiene razón. Las máscaras de Pep Carrió se han apoderado del lugar. Son monstruos dolientes; exageradas, insoportables sus historias, narradas por el cronista Grassa Toro con música del XVI al fondo. No podemos con tanta realidad, ése es el nudo de nuestra soledad, dijo Gabriel García Márquez al recibir el Nobel de Literatura.

Hasta que el mundo deja de ser mundo, no quedan rincones por descubrir y hay que llevar el monstruo adentro, que es donde nos encontramos. “¿Quién no se ha sentido alguna vez monstruo?”, se pregunta Rosa Montero en ‘La ridícula idea de no volver a verte’. Monstruos, monstruos, monstruos por todas partes.

La conquista de América es un momento estelar de la Humanidad. Sus cronistas, sigue Carlos, son posiblemente los primeros periodistas de la Historia. Gente que comete atrocidades innombrables de día y que de noche se pone a escribir porque no le cabe dentro tanta realidad. Tiene que contarlo. “Más blogueros que propiamente periodistas”. Pensaba al escucharle, rodeado de monstruos, que en los periódicos de nuestro tiempo tampoco cabe tanta realidad. Aquellos conquistadores de día miraban asombrados árboles desconocidos, animales ignotos, seres incomunicables; y por la noche anotaban asombros, inventaban portentos, glosaban prodigios. Más o menos como hoy. Basta hojear cualquier diario para caerse de culo.

PD. Me he levantado al día siguiente y lo he entendido mejor. Si pasarán cosas en La Cala: aquí los conquistadores son conquistados y los conquistados conquistadores. Carolina es de Medellín y, por tanto, un monstruo. Dulzura de monstruo que un día conquistó —sin atrocidades, creo— esta ínsula y ahora domestica moais y máscaras.

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Mayo 22, 2013 0

Memoirs

Por Javier en General

Dice Sergio del Molino: “El horror no es insoportable; se puede vivir en el horror”. Vaya.

A Del Molino se le murió su hijo Pablo de una leucemia espantosa y, en medio del horror, que no ha cesado desde entonces ni un instante, ahora ha escrito ‘La hora violeta’. Un ‘memoir’ —como se llama al género— sin voluntad terapéutica ninguna. Fría disección, milimétrica cirugía, crónica desapasionada. A lo Primo Levi: “La escritura es siempre una forma de ahondar en el dolor. Y el horror no necesita adjetivos”. ¿Será posible?

Sergio fue compañero periodista en Heraldo de Aragón. Escribía sus reportajes en el suplemento ‘Domingo’, en el piso de arriba. No frecuentamos mucho. No sabía de su desgracia reciente. Le envío desde aquí, modestamente, un abrazo sin adjetivos.

Coincide ‘La hora violeta’ con otros ‘memoirs’: el de Rosa Montero sobre Pablo Lizcano, ya reseñado, y los de Francisco Goldman (‘Di su nombre’), Joan Didion (‘Noches azules’), Abad Faciolince (‘El olvido que seremos’) y Giralt Torrente (‘Tiempo de vida’). Del Molino reivindica en su obra y en la de estos otros autores citados un enfoque estricta, “genuinamente literario” como síntoma de la renovación del género. Guerra sin cuartel a los libros de autoayuda. “Es preciso reconquistar el sentimiento”, bramaba —intuyo— en su columna del sábado en Babelia. “Al escribir sobre la muerte de nuestros amados y de nuestros amantes, no sólo nos entroncamos en una poderosa tradición que, en castellano, empieza en Jorge Manrique, sino que resucitamos la capacidad de emocionar”.

Alexei Bolotov (en la imagen que encabeza esta entrada) formaba cordada con Iñaki Ochoa de Olza y con Horia Colibasanu en mayo de 2008. Fue el único que hizo cima en el fatídico Annapurna. A pesar de sufrir un edema pulmonar en la bajada que casi le cuesta la vida, regresó sobre sus pasos cuando se enteró de que Iñaki no podría bajar sin ayuda. “Eso que llaman ‘gloria’ para el alpinista no existe. Esto no es fútbol o tenis. No da dinero. No vamos ahí arriba en busca de éxito, vamos porque es lo que nos da vida”, reconocía en el documental ‘Pura Vida’, de Pablo Iraburu y Migueltxo Molina, otro ejercicio de magistral contención narrativa. Bolotov protagoniza la escena más memorable de la película en su casa de Dvurechensk, en el corazón de los Urales. Afuera hay paletadas de nieve y el frío hiela los huesos. “Yo no corro riesgos en la montaña”, explica a la cámara. En ese momento, su mujer le interrumpe abruptamente. Le censura. “¿Y lo de escalar el Annapurna en solitario? ¿No fue eso arriesgado?”, estalla en lágrimas. Bolotov se encoge, no acierta a decir palabra. El mismo Bolotov que el miércoles 15 de mayo de 2013, siete años después del legendario intento de rescate, fallecía al rompérsele la cuerda mientras trataba de abrir una nueva vía en el Everest.

En el mismo periódico y el mismo día que Sergio del Molino, la escritora mexicana Ángeles Mastretta asegura: “Somos lo que dejamos en los otros, lo que recuerdan de uno”. ¿Será eso la famosa resurrección?

Escribo esto con horror y con hache. Sin remedio y sin adjetivos. Contar historias sirve de mucho. Sirve para que nos recuerden. Y así no morir nunca. Es decir, sirve para sobrevivir. Para vivir eternamente.

PD. En el Museo del Prado se exhibe estos días ‘La belleza encerrada’. La maravillosa fotografía sobre estas líneas es de Samuel Sánchez y fue publicada en El País el sábado 18 de mayo de 2013. En ella, una visitante se asoma por una de las paredes agujereadas —entre otros ingenios— que la pinacoteca ha ideado para cruzar miradas, estirar perspectivas, vencer el tiempo. Colándose furtivamente entre un posible autorretrato de Alonso Sánchez Coello y ‘Caballero anciano’, de El Greco, la visitante es cuadro. Sobrevive. Vive

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Mayo 20, 2013 1

Dalí periodista

Por Javier en General

Salgo de la exposición de Dalí aturdido. La muestra es extensa, más de lo esperado. Y densa, densísima. Abrumadora. No sólo eso: las salas, corredores, accesos… están repletos. Hay demasiada gente. Supongo que Dalí estaría encantado. Fuera ya, en la plaza, busco un poco de aire. Es un sábado de mayo extrañamente frío y lluvioso en Madrid. Las huestes colchoneras van dejándose caer hacia Neptuno en los alrededores. No sé qué pensar.

He sentido que Dalí me tomaba el pelo. Me he cabreado con Dalí, egocéntrico y excesivo, ridículo de capas y pelucas, una especie de Gaddafi anticipado. Me ha dejado boquiabierto Dalí: renacentista, inabarcable, arrollador. Dalí me ha hecho empequeñecer hasta convertirme en un gusano: soy diminuto. Y me ha leído la cartilla: Dalí jamás tuvo miedo a lo nuevo, todo lo incorporaba, incluso al final, singularmente los últimos avances científicos y las nuevas tecnologías. Me ha conmovido Dalí, el Dalí del Angelus atardecido. He conocido a Dalí amigo de Zweig y de Lorca, personaje libérrimo. He despreciado a Dalí, farsante, autista, insensible de puro ególatra. Dalí impresionista, Dalí fauvista, Dalí cubista, Dalí surrealista, Dalí onírico, Dalí paranoico-crítico. Dalí exuda: he podido oler a Dalí.

Busco aire en la plaza del Reina Sofía porque no hay aire en los cuadros de Dalí. No corre ni una brizna de viento. Los paisajes y cielos, vastísimos, oprimen el alma. Le quitan todo resuello. Sin aire, no estallan los gritos: nadie te escucha. No hay escapatoria al aplastamiento… Caigo en la cuenta de que ése era un sueño recurrente de mi infancia: el más aterrador de todos.

Al menos, me he reído con Dalí también. No conocía el Dalí News, del que se publicaron dos ejemplares. El primero, el 20 de noviembre de 1945, con motivo de la exposición ‘Recent Paintings by Salvador Dalí’ en la Bignou Gallery de Nueva York; el segundo y último, en 1947. Con un formato de 61 centímetros de alto por 45,7 de ancho, los editó el propio Dalí para mayor gloria suya: en ellos sólo se habla de su figura y de su obra. Descubro admirado este periodismo surrealista y desternillante —pero periodismo al fin y al cabo— y me subyuga. Me llama la atención cómo en su delirio Dalí es plenamente consciente de la importancia de los medios masivos para la divulgación de sus ideas, de su obra, de sí mismo.

Ignorante de mí, su etapa periodística y estadounidense —entre 1940 y 1948— me interesa. Mucho. Ya el 14 diciembre de 1937 la revista Time (número 24) le había dedicado su portada con fotografía de Man Ray. Es en esta época cuando Dalí realiza maravillosas portadas para Vogue. Cuando escribe e ilustra en Life y Esquire. Cuando publica su primera novela (‘Hidden Faces’), diseña joyas y arranca su colaboración con el fotógrafo Philippe Halsman. Cuando conoce a los hermanos Marx y trabaja con Harpo en la película ‘La mujer surrealista’, que nunca llegó a completarse. Cuando comienza a realizar decorados y vestuario para obras de danza y ballet que se estrenan en Broadway. Cuando colabora con Hitchcock en ‘Recuerda’ y con Walt Disney en ‘Destino. Cuando acepta participar en campañas publicitarias aún más desternillantes que el Dalí News para marcas como Bryans Hosiery (medias) o Lanvin (chocolate).

Genial Dalí periodista y comunicador que me echa un capote. Son las ocho de la tarde y en Madrid vuelve a llover. ¿Para qué sirve un periódico? Para que corra el aire.

PD. A la mañana siguiente, domingo ya, me he despertado con sobresalto. He soñado que El País y El Mundo unían sus redacciones en una flamante sala convergente y multimedia. Yo estaba en medio de aquello. Escuchaba murmullos. Sentía miradas clavadas en mi nuca. No entendía nada. No corría el aire. No es una broma.

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Mayo 17, 2013 2

Libre y atrapado

Por Alvaro en General

Así puedes sentirte viajando en tren o en avión o en barco. De viajes en avión, Javier sabe un rato. Y conoce los secretos para exprimir ese tiempo desconectado. Algún día nos los contará.

Atrapado. Sin poder salir hasta llegar al final. Atrapado. En el recorrido, sin poder cambiar el destino. Ni el origen. Atrapado. En el número de asiento asignado. Atrapado. Por las vías, los cables y las ruedas. Atrapado. Sí, también por las ruedas. Y por el tiempo, sea cíclico o no. Fascinada por los trenes (y por la Semana Santa sevillana), mi hija mayor descubrió las ruedas de los vagones del antiguo Estrella Galicia, ahora reconvertido en Alvia. Los trenes necesitan los raíles como nosotros las normas y los límites para no estar atrapados. Para entender la paradoja, vaya usted a Chodes.

Libre. Al final del trayecto, sales. Y respiras. Libre. Para buscar otro destino. Y descubrir el verdadero origen. Libre. Para inventar un número, una letra, una palabra, un idioma. Libre. Para dedicarte a lo importante y olvidar lo urgente. El tren me persigue. Desde la tragedia y el misterio siento que me atrapa, pero me gusta. No tanto como para adquirir el ‘diccionario ferroviario’, editado por Adif, que “incluye 1.900 términos de los servicios que componen la electrificación ferroviaria”. A saber lo que significan perrillo, seta, rabo de cerdo, pegón, tija o pendolón. Otro idioma.

Como apenas existen señales en la línea ferroviaria, busco otras referencias en el trayecto. Hileras de frutales, viñas perfectamente alineadas, molinos de viento orientados a la energía que les llena. Todo ordenado, como la retícula de los periódicos. Por cierto, que no consigo hacerme con un ejemplar impreso de un diario hasta un largo paseo por Atocha. Un desastre. Mientras, voy descubriendo las inmensas posibilidades —publicitarias— de soportes y espacios para lanzar mensajes. Puertas y ventanas, pasillos, asientos, auriculares, pantallas, grafitis en puentes y vagones, traseras de fábricas, una revista editada por Renfe… Tanto quieren parecerse a los aviones que hasta los avisos son bilingües, aunque sea con un inglés básico: “Ladies and gentleman. Next station: Alfaro”.

Me viene a la cabeza, una campaña de una emisora de radio de hace unos años. No sé muy bien por qué. En un polígono industrial de Pamplona me encontré —de frente y bien grande— con una valla: “Somos libres”. Yo también.

PD. Los iconos de viajes los he tomado ‘prestados’ de John Grimwade, un gran tipo y un genio.

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Mayo 16, 2013 1

Angelina

Por Javier en General

Este señor no es Angelina Jolie sino Alfredo Landa. La imagen es de Jordi Socías y fue tomada hace cinco años. La publicó El País en portada el otro día, al informar de la muerte de Landa. Me gustaría que os fijarais en sus ojos, en los ojos acuosos del actorazo navarro. Vete tú a saber por dónde andaban entonces, qué miraban sin mirar. Vete tú a saber por qué remotos andurriales andará hoy el bueno de Landa.

Angelina es una mujer guapa, Alfredo era bastante feo. Qué extraño mecanismo me ha hecho vincularlos esta noche no lo sé. Quería hablar de lo de Angelina, de su doble mastectomía preventiva. No sabía cómo. Los ojos de Alfredo me han ayudado.

El mundo y Brad Pitt saludaban ayer el coraje de la actriz de 37 años. Según los médicos y lo que he leído, la presencia de un gen defectuoso en su organismo le hacía tener un 87% de posibilidades de desarrollar cáncer de mama. Al parecer, ese riesgo se ha reducido ahora a un 5%. Por ese mismo gen, Angelina Jolie sufre un alto riesgo de padecer cáncer de ovario: el 50%. Ya planea extirparse también los ovarios.

Nada que decir, naturalmente, sobre una decisión tan íntima salvo alegrarme de que la paciente se haya recuperado y esté bien. Estaba sana y sigue sana. Sin embargo, no puedo evitar seguir mirando los ojos de Alfredo Landa, que son los de Paco el Bajo, aunque ya no son. ¿Qué maldito gen defectuoso se lo habrá llevado? Por un momento, se me ha despertado una curiosidad morbosa. ¿Tendré yo también uno, dos, cien genes defectuosos? ¿Cuáles? ¿Cuál es mi riesgo de padecer cáncer? ¿Qué tipo de cáncer me espera, qué muerte probable, cercana o lejana? ¿Qué he de cortarme o extirparme o mutilarme para atajar ese riesgo?

Como me entraban tantas dudas, he decidido cortar… la espiral morbosa.

Gay Talese decía este domingo en El País que lo que de verdad le interesan son las historias de perdedores. No los momentos de gloria de un campeón del mundo sino “las heridas que dejó la derrota en su alma”. “El deporte trata de gente que pierde”, le decía a Eduardo Lago. ¡Cuánto sabemos de esto este año precisamente! No es sólo el deporte: la vida trata de gente que pierde. El riesgo de perder —de perder la vida— es del 100%. Ojalá tuviéramos sólo un gen defectuoso para extirpar. El problema es de origen y afecta al paquete completo, que está condenado pavorosamente al fracaso: nos fabricaron defectuosos (afortunadamente, esto lo digo yo). Una ruina. No hay nada que hacer. Ni siquiera Angelina Jolie puede luchar contra eso. Paco el Bajo y Angelina no se diferencian en nada, salvo en que uno es feo y la otra guapa (aunque esto daría mucho juego, ya hablamos del tema en el post anterior). Ambos son perdedores.

Bueno, sí, en realidad sí hay algo que hacer: me parece crucial no caer en la paranoia.

Salir a la calle cada mañana. Cerrar los ojos. Dejar que el frío, la lluvia y el viento de Pamplona que no cesan te corten la piel, te despierten quieras o no quieras. Abrirlos, abrir los ojos entonces y mirar con la mirada perpleja de Alfredo Landa. Agradecer el milagro de la mañana, de esta modesta mañana, de esta única mañana, precisamente. No hay otra. Desperezar el día y disponerse a recorrerlo junto a millones de personas que están en lo mismo que uno. Con ellas y con sus genes defectuosos coexistimos hoy fugaz, íntima, solidariamente. Somos estrellas, aunque no de cine. “Una buena historia nunca muere”, dice el maestro Talese. Ésa es mi secreta esperanza: contarla. Contarla —defectuosamente, seguro— y no morir nunca.

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Mayo 7, 2013 1

Bonito

Por Javier en General

La ciudad está tan bonita que hoy he estado a punto de llamar al diario para contárselo y que mañana salga la noticia a toda plana. He imaginado incluso el texto, que se desplegaría en una Flama de buen tamaño, o en Relay, condensada en caja alta, según se trate de uno u otro periódico. Antetítulo propiciatorio: “¡Atención, vecinos, no se pierdan el espectáculo!” Título rotundo, indiscutible: “Pamplona deslumbra”. Subtítulo informativo-aclarativo: “Las lluvias, incansables, provocan el mayor verdor en décadas”.

Luego, lo he pensado mejor y he colgado el teléfono: sería una noticia muy ñoña. Eso no vende. ¡Si al menos uno de esos árboles verdísimos se tragara a un niño! ¡O si el verdor deslumbrara de verdad a los conductores, hasta el punto de provocar accidentes en cascada en las vías principales de la ciudad! ¡O si tanta belleza hipnotizara a los ciudadanos, a todos los que cayeran en la cuenta, y disparara el absentismo laboral! Entonces sí, entonces no habría duda: titulares a cinco columnas.

Pero no. La ciudad tan sólo está deslumbrante. Como cada mayo y junio. Después llegan los Sanfermines y la ruina.

Claro que a otros les parecerá que no, que no es para tanto, y que además la ciudad es más bonita en otoño, pongamos, o bajo la nieve que nos ha enterrado en 2013, o incluso bajo el polvo abrasador de la canícula. Esto de la belleza es muy subjetivo. Pasa lo mismo en todos los órdenes de la vida. Una mujer o un hombre guapos. Una camisa, una corbata. Un periódico… ¿Quién dice qué periódico es bonito o feo y por qué? ¿Es más bonito Die Zeit que Bild? ¿The Guardian que The Sun? ¿Dagens Nyheter que Aftonbladet? ¿Con base en qué criterio? ¿Por qué un diario popular —feo— nunca gana un premio de diseño? ¿Por qué todo es tan previsible?

Entre Logroño y Pamplona hay 600 señales de tráfico, según ha contado Álvaro, que se quejaba en el post anterior a éste de la hiperindicación en esta dizque sociedad del conocimiento. En las ciudades romanas del siglo I, en cambio, las calles no se rotulaban, aunque sí se hacían pintadas políticas. Todo era entonces un sucio y bullicioso galimatías las 24 horas del día, según acabo de saber gracias a la exposición ‘Romanorum Vita’, una joya de La Caixa. Pues bien, me seduce más el desorden romano que la pulcritud excesiva de la Autovía del Camino. Entre señales y GPS, viajar ya no es viajar porque es imposible perderse. Nos hemos vuelto un poco tontos. También me seducen más los diarios feos que los bonitos. Los encuentro más prometedores. Quizá porque uno puede zambullirse y perderse en ellos.

Bah, en cualquier caso ni unos ni otros hablarán mañana de lo bonita que está la ciudad. Sino de dietas municipales mal cobradas, del mutismo de un Rajoy cada vez más espectral, del esperpento calculado de Mou. Así que me voy a la cama con el póster —precioso— de Nerea para el certamen de pintura al aire libre de la Mancomunidad, que llega puntual, como cada mayo, al hilo de la belleza. Con el póster y con las palabras-vacuna de Caballero Bonald, último premio Cervantes: “Si es cierto, como opinaba Aristóteles, que la historia cuenta lo que sucedió y la poesía lo que debía suceder, habrá que aceptar que la poesía puede efectivamente corregir las erratas de la historia y que esa credulidad nos inmuniza contra la decepción”. Buenas noches.

Mayo 3, 2013 3

PK 24+500

Por Alvaro en General

De los 76 kilómetros construidos de la autovía A-12 entre Logroño y Pamplona, me toca recorrer 71 kilómetros y medio todos los días, en ambos sentidos. 457 señales de tráfico he contabilizado desde Pamplona, casi una cada 150 metros, sin contar las pequeñas señales de los puntos kilométricos (71), ni las que se encuentran ya en las salidas y las incorporaciones de los enlaces (21), con las que sumarían más de 600 señales.

Supongo que este afán por señalizar trata de satisfacer la necesidad de información de los conductores. Las autoridades deben creer que los usuarios carecen de memoria y se deben repetir tres o cuatro veces la siguiente salida. También suponen que todos están familiarizados con el lenguaje usado y lo entienden perfectamente. O igual piensan que somos tontos.

Desde hace unas semanas, en los tres carteles luminosos instalados entre el kilómetro 9 y 14, dirección Logroño (dos antes del Túnel del Perdón y otro dentro del propio túnel) se puede leer: ‘corte de carril pk 24+500’ o ‘carril cortado pk 24+500’. Se refieren a una zona en obras donde se produjo un desprendimiento del monte entre Puente la Reina y Mañeru y que ha quedado reducido a un carril durante apenas medio kilómetro. ¿Es necesario informar en los tres carteles luminosos? ¿La información telegráfica es la única posible? ¿Todos conocen el significado de ‘pk’? ¿Y dónde está el punto kilométrico 24? ¿Todos conocen la situación de cada pueblo de la ruta? Esto es algo reservado para los que hemos viajado durante mucho tiempo en la ‘Estellesa’ —experiencia no deseable ni para el peor de tus enemigos— y que somos capaces de repetir de carrerilla todas las paradas en las dos horas de trayecto por la geografía navarra: Pamplona, Zizur Mayor, cruce de Zaratiegui, Astráin, Legarda, cruce de Obanos, Puente la Reina, Mañeru, Cirauqui, Lorca, Villatuerta, Estella, Ayegui, Villamayor de Monjardín, Urbiola, Los Arcos, Sansol, Torres del Río, Bargota, Viana y Logroño.

El exceso de información se ha convertido casi en una obsesión. Nos demandan que estemos conectados las 24 horas del día, siempre informados, con la última hora en el móvil para saberlo todo. Así, por ejemplo, otras señales nos indican las distancias hasta algunas localidades tan dispares como A Coruña, Oviedo, Cáceres, Lisboa o Santiago de Compostela. Puedo entender que se informe de los kilómetros hasta Santiago, por algo se denomina ‘Autovía del Camino’. Pero, ¿para qué sirve saber a cuánto se encuentra Lisboa? Sólo se me ocurre una razón —la misma que Grassa Toro atribuye a un periódico—: “para salir del país el día antes del golpe de estado”.

De momento, tanto exceso no me impide disfrutar —aunque sólo sea durante unos pocos segundos—de la maravillosa, viva, brillante vista de la sierra de Urbasa desde las faldas de Montejurra, iluminada por los mañaneros rayos de sol. Todo sin perder de vista las señales. No puedo dejar de mirarlas.

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Abril 25, 2013 1

Cuando nunca perdíamos

Por Javier en General

Un periódico sirve también para no querer abrirlo, para alejarse de él, para salir pitando y huir como alma que lleva el diablo, al fin del mundo si es posible, para esconderse y no regresar en una buena temporada. Sí, también para eso sirve un periódico.

Y, si aún tienes ánimo, que lo dudo, un periódico sirve para entender verdaderamente el significado de aplastar y machacar: para sentirse aplastado, machacado por la infinita tristeza de Ramón Besa. Ni el propio Besa, siempre científico, pudo ocultarla.

Un periódico sirve, a pesar de todo, aplastado y machacado, para volver a pisar el suelo. Y para levantarse. Para entender la vida y sus rachas. Para aceptar que todo acaba siempre cayendo con estrépito. Que cada día tiene su afán.

Aunque un periódico sirve al día siguiente para rescatar una columna de Ezequiel Fernández Moores. ‘Cuando nunca perdíamos’ se publicó el 7 de marzo en las páginas deportivas del diario La Nación de Buenos Aires, justo después de quedar el Barça eliminado en la Copa (1-3 contra el Madrid) y de perder contra el Milan (2-0) en el partido de ida de los octavos de final de la Champions. Vale la pena leerla ahora que perdemos. Antes de que estallen los enojos, que estallarán. Antes de que todo se estropee. Para seguir siendo felices por lo vivido, ¡tanto!, y por lo por vivir, comoquiera que venga. Para saludar generosamente al nuevo campeón, sea quien sea. Para agradecer infinitamente a todos los que participaron en este sueño.

Ya lo sé: es sólo es fútbol. Me lo he repetido hoy —al día siguiente— ciento cincuenta mil veces. Y a mi hijo Carlos, merengón aplastado y machacado el pobre, por lo menos otras tantas también hoy, al día siguiente…

‘Cuando nunca perdíamos’ decía así:

El 28 de abril de 2009 Pep Guardiola entendió que había llegado el momento del gran cambio. Chelsea, ultradefensivo, anuló con una marca escalonada a Lionel Messi y rescató un valioso empate sin goles en el Camp Nou, por las semifinales de ida de la Liga de Campeones. Cuatro días después, el 2 de mayo, en el Bernabéu, Messi fue sacado de la banda derecha y debutó como falso 9. Fue tan falso que, en rigor, Messi inició el partido en su posición entonces habitual de extremo derecho, frente a Marcelo. A los ocho minutos intercambió posiciones con Samuel Eto’o y se fue al centro del ataque. Al término del primer tiempo, cuando la defensa de Real Madrid se dio cuenta de la maniobra, Barcelona ya ganaba 3-1. Terminó en paliza: 6-2. Y Messi, que ese día anotó sus primeros dos goles en el Bernabéu, no volvería a abandonar más ese puesto. Hizo cada vez más goles, hasta los 91 de 2012 —selección argentina incluida—, cifra récord en la historia del fútbol mundial. Messi sigue haciendo goles. Pero ya no alcanzan, y Barcelona está hoy en una crisis que parecía impensada unas semanas atrás. ¿Será necesario reinventarse otra vez para que Barcelona sorprenda el próximo martes a Milan y revierta el 0-2 de San Siro? ¿Aceptaría Leo dejar la posición que lo convirtió en goleador histórico a cambio de beneficiar al equipo?

“Aquella sorpresa de Guardiola de colocar a Messi en el centro del ataque ha llegado, tal vez, a su final”. Ramiro Martín, periodista argentino radicado hace más de una década en Barcelona, sabe de qué habla. Su libro, ‘Messi, un genio en la escuela del fútbol’, que aparecerá dentro de diez días en Barcelona, intenta explicarnos en qué influyó el club catalán y su escuela de La Masía para que Leo sea considerado hoy uno de los mejores futbolistas de la historia. Martín, que habló con todos los entrenadores que tuvo Leo en el Barça y sigue al equipo desde hace años, escribió su libro cuando Messi y Barcelona estaban ambos en una carrera que parecía imparable. No se imaginaba que, algunos meses después, con el libro a punto de salir a la calle, el tándem Messi-Barcelona precise de una remontada épica el martes que viene para avisarnos que, ni uno ni otro, están dispuestos a resignar fácilmente sus respectivos reinados en el fútbol mundial. Claro, no está Guardiola, el director técnico obsesivo que obligaba a jugar cada partido como si fuera una final y que extremaba su audacia táctica en los duelos culminantes. Ni siquiera está Tito Vilanova, su sucesor, recuperándose de un cáncer en Nueva York y reemplazado por Jordi Roura, el hombre que unos meses atrás analizaba a los rivales. De Nueva York o Barcelona, ¿habrá decisión, capacidad y autoridad para ordenar alguna sorpresa que conmueva a un equipo que parece haberse quedado inesperadamente paralizado? ¿Aceptaría Messi, de ser necesario, ceder su reinado del centro del ataque? “Piensa qué le conviene a Barcelona y no te equivocarás”. La frase que un dirigente expresó una vez a Guardiola la leí en otro libro hermoso sobre Barcelona de título inevitablemente irónico y profético: ‘Cuando nunca perdíamos’.

El relato sobre cómo convenció Guardiola a Leo para que jugara de falso 9 es acaso uno de los momentos más fascinantes del libro de Martín. Desde sus inicios como titular, Messi esperó su tiempo para salir de la banda derecha. Creía tal vez que, llegada la hora, pasaría a jugar de media punta, como solía hacerlo en La Masía. Vilanova, entonces asistente de Guardiola y que había sido director técnico de Messi en el Cadete B, le insistió a Pep sobre el notable poder de gol de Leo. La decisión, entonces, fue que Messi jugara más cerca del arco, con licencia para retrasarse. Falso 9. O 9 mentiroso. Algo parecido intentaron en su momento primero Rivaldo y luego Ronaldinho Gaucho. Fracasaron. Ninguno de ellos había tenido el aprendizaje de los movimientos colectivos de La Masía. Leo sí. Xavi también. “Leo —le dijo un día Xavi a Messi—, si te enfrentan cuatro rivales, pásala atrás, que siempre habrá alguien en la ayuda. Si tienes uno o dos y quieres ir, ve, pero con cuatro por delante tócala, que aquí estamos”. Messi, dice Martín, era para Guardiola el nuevo gran símbolo. El director técnico se encontró ante un plantel demasiado relajado. Si Ronaldinho y su sonrisa eterna componían una figura lúdica y playera, Messi, en cambio, venía del potrero, “donde el fútbol —afirma Martín— no ríe”. Se juega a ganar. Y ese Barça ganó todo.

Para convencer a Messi de que pasara a jugar cerca del arco y no morir entre dos grandotes, Guardiola se planteó el gran desafío que, además, fue la pregunta inicial que motivó a Martín a escribir su libro: “¿Cómo enseñarle a un genio?” Pep no dio órdenes, sí sugerencias. “Fueron diversas charlas. Algunas en el despacho del entrenador, en el primer piso de la moderna estructura de la ciudad deportiva del club. Allí le mostró Pep resúmenes de partidos que le ayudaron a mostrar a Leo detalles, matices, pequeños secretos de la demarcación de cómo se movería el equipo a partir de su juego en el centro del ataque. Le mostró posibilidades y le garantizó que, si el equipo y él lo hacían bien, llegarían más goles. Ex jugador, Guardiola tenía claro que nada se conseguía por imposición”. Y le recordaba a Messi aquel golazo que había anotado al Getafe, parecido al de Diego Maradona contra Inglaterra de México 86. No se lo recordaba para felicitarlo, sino para decirle que no quería que se sintiera obligado a que debía hacer una jugada así en cada partido. “También en el fútbol acaso lo importante no sea la libertad en sí, sino saber qué hacer con ella”. Lo escribe Martín. Su libro carece de golpes bajos, chimentos y polémicas. Respira fútbol de principio a fin.

Todo ciclo, es obvio, tiene un final. ¿Cómo no relajar después de haberlo ganado todo? ¿Y cómo no entender un posible agotamiento cuando además se elige ganar no de cualquier modo? Tomar la iniciativa, adueñarse de la pelota las dos terceras partes del partido y hacerlo con jugadores formados en casa es un proceso algo más interesante que apelar al contragolpe. Barcelona no cambiará. Su estilo es toque y posesión. Y no se trata sólo de tradición o amor al espectáculo. “Jugamos así —dijo una vez Vilanova— porque creemos que es el camino más corto hacia la victoria”. “Los grandes inventores en el fútbol —escribió Mario Sconcerti en el Corriere della Sera— mueren siendo fieles a su invención”. Milan lo sabe. “El fútbol italiano —dice Sconcerti— es fiel a su vez a su modelo pobre, universal, atemporal”. Milan esperará el martes próximo el error cada vez más probable del Barcelona actual. Tal como están las cosas, es más que posible entonces que asistamos a un fin de ciclo. Fuerte en el juego y el placer, este Barcelona se ha desnudado frágil en el combate, lejos de una de las primeras máximas de Guardiola al plantel: “Perdono que no se acierte en el campo, pero no que no se esfuercen porque el club está por encima de todo. El talento depende de la inspiración, pero el esfuerzo depende de cada uno”.

“Siempre existirá otra estética de la victoria que volverá a dominar.” Lo dijo hace unos días el periodista italiano Michele Dalai, autor de otro libro flamante y de título inequívoco: ‘Contra el Tiqui-Taca’. “¿Sabés qué es lo mejor de todo?”, me dice Martín. “Que el Barça es invencible porque gane o pierda la escuela [de La Masía] sigue funcionando, paciente, ajena a los vaivenes de los profesionales. Hay cosas que los rivales del Barça nunca van a conquistar, ni siquiera cuando le ganan al propio Barça”.

http://www.periodistasanonimos.com/2013/03/cuando-nunca-perdiamos-por-ezequiel.html

PD. Me gustaría que un periódico sirviera siempre, incluso cuando no sirve. Como hoy.

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Abril 24, 2013 1

Super nannies

Por Nerea en General, visto, vivido

Domingo por la tarde.
El periódico cuenta la historia de Vivian Maier, una niñera neoyorkina criada en Francia que, desde los años 50, documentó con miles de fotos la vida en las calles y barrios de Nueva York y Chicago. Nunca se lo dijo a nadie.

Tres fotos sobre una página saben a poco. Ya en internet, galerías de colecciones, Nueva York 1, Nueva York 2, Chicago. El trailer de un documental que está produciendo el joven que descubrió los negativos, las entrevistas a gente a quien ella cuidó que habla de los “malos vecindarios” a los que les llevaba en sus paseos por la ciudad.

Entre las fotos, un circo de las maravillas, mujeres elegantes, chiquillos, gente por la calle, mendigos, jóvenes que miran directamente a la cámara, cuerpos esquivos, gestos robados, vida en las aceras que ya no existe así, retratos de los 50 y 60, instantáneas urbanas tomadas obsesivamente. Autorretratos en escaparates de una mujer seria y enigmática que durante 40 años guardó su secreto en 100.000 negativos que nunca tuvo dinero para revelar.

Mi sobrina Uxue, de 5 años, está conmigo. Le enseño la página.

- Mira, Uxue, ésta era una niñera que cuidaba niños como tú y, a escondidas, hacía fotos a gente de la calle. Y durante cuarenta años guardó esas fotos, miles de fotos, y las han encontrado ahora. Una PASADA.

Intento contagiar mi entusiasmo enfatizando especialmente esta última palabra.

Coge el periódico, que se le sobra por todas partes. Con gesto serio examina el titular como lo haría un abuelo con lentes de cerca. Se acerca mucho y mueve su cabecita a lo largo de la frase. Para ella, que acaba de aprender a leer, las cosas escritas no existen hasta que ella no las aprehende leyéndolas a su ritmo.

- “La ni-ñe-ra… es-condí-a un te-so-ro”.

- Y se murió a los ochenta y pico, y encontraron sus fot…
- ¿Se MURIÓ?

(Uy).

- Msssi, pero era mayor… no te preocupes. Mira, hizo muuuchas fotos de Nueva York, ¿Sabes dónde está Nueva York?
- …
- Una ciudad enorme, con rascacielos… Sí sabes.
- Ah, sí.

Al solecillo de la tarde, con una magdalena en la mano que come perezosamente mientras se le deshace en mil migas que le caen por todos lados, no sé si termino de captar su interés. Reflexiona.

- ¿Era una nanny?

———

(Después de pasar la época Mary Poppins, mi sobrina lleva meses fascinada con Nanny McPhee. Una Emma Thompson nanny-maga llena de verrugas que cuida a unos niños en una fábula infantil y que, conforme avanza la película y les hace favores con su magia, se vuelve más y más bonita.
A la altura de la película en la que McPhee ya ha perdido todas sus verrugas y solo le queda un diente “cuñao”, mi sobrina ya se ha hecho una bola y está hundida en el fondo del sofá totalmente acongojada y con los ojos llenos de lágrimas, anticipando el triste final.

- Te quito la tele, ¿eh?
- Nooooooo. Es que me da penaaaa que se va a irrrrr).

——–

- Sí, era una nanny. –Empezamos a hablar el mismo idioma.
- Pero… ¿hacía magia?
- Bueno, no, hacía fotos, muchas fotos. Así, con una cámara antigua grande, súper bonitas, de gente de la calle, de niños… y llevaba a los niños que cuidaba por distintos sitios de la ciudad para dar paseos y hacer fotos. (La historia me hincha por dentro e imagino con emoción ese callejeo y esas instantáneas tomadas sin que los padres supieran nada).
- ¿Pero era como Mary Poppins o como Nanny McPhee?
- mmm, psfs mmmno, era distinta.

(…)

- ¿Pero es una nanny de verdad o es de un cuento?
- Es de verdad.

Examina de nuevo la hoja. Luego las fotos. Luego cada uno de los elementos de la página, y parece interesarse.

- ¿Me la puedo quedar? Nos ha pedido la profesora que recortemos un titular, una foto y un pie de foto. Esto es el pie de foto. —señala con convicción.

- ¿Qué?? Jaja, sí, (qué cosas) claro, te puedes llevar la página enterita.
- No, los tengo que recortar.
- Vale, pues los recortas. Les contarás también la historia de la niñera, ¿verdad?

Sopesa el hecho de que no haga magia.

(…)

- Vale.

Nanny McPhee y su magia. Vivian Maier y la suya.