Marzo 26, 2015 0

En vivo

Por Pablo en General

Los medios no hacen otra cosa que responder a nuestra necesidad de saber más. Estos días nos despertamos inquietos ante las novedades sobre el accidente del vuelo AU9525 con destino Düsseldorf. La realidad se va sabiendo minuto a minuto. Me la imagino pasando por sus convenientes filtros y dando un salto a nuestra pantalla.

Al día siguiente del suceso, en su edición en papel, El Correo publicaba un gráfico impresionante adelantándose a muchos. Un día después, lo hace el País en un gráfico interactivo poniendo el punto de vista en el otro lado, completado con diferente información que refleja el vandazo que han dado las cosas.

Son solo dos ejemplos cercanos del uso que se ha dado estos días a la infografía, herramienta ya tan necesaria y desarrollada a través de múltiples soportes que cubre nuestra necesidad de realidad virtual, de eliminar hipótesis a falta de haber sido testigos directos de lo que ocurrió en los alpes, que es lo que en cierto modo desearíamos si no nos afectara a ninguno, claro.

Esa capacidad de respuesta a nuestras necesidades es un buen test de funcionamiento de los diarios y gabinetes de prensa de gobiernos y empresas implicadas.

Sea como sea lo que ocurra, hoy podemos saberlo minuto a minuto, y en breve además serán hechos acompañados de vídeos emitidos en tiempo real, si se cumple la predicción (una de ellas) de Zuckerberg en su F8. Las próximas emisiones en directo serán a través del dispositivo de cualquier usuario. Dan escalofríos sólo de pensarlo.

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Marzo 22, 2015 0

Como cuando termina la Navidad

Por Bea en General, Infografía

Ha vuelto a pasar. Malofiej se ha ido otra vez y casi ni me he dado cuenta: meses preparando el 23 y ya estamos mirando al 24. Qué sensación más rara. Pero qué bonita. De este año me quedo con muchos momentos con jurado, asistentes y (no necesariamente por este orden) alumnos. Es increíble cómo un buen equipo puede hacerlo todo tan fácil. Me quedo también con la idea de esa infografista que algún día me encantaría llegar a ser: una mezcla del carácter y empeño de Alberto Lucas, la humildad y dedicación de Josemi Benítez, la minuciosidad y rotundidad de Fernando Baptista y la soltura con la tinta de Adolfo Arranz.

La foto de arriba forma parte del proceso del gráfico de Alberto sobre los edificios más emblemáticos del mundo. Esa página olía a oro desde que llegó. Como casi todo lo que hace: el año 2015 le ha dado ya más de cincuenta premios, ¡y aún es marzo!

En Pamplona ya es domingo. Todos se han ido ya. Llueve. El otro Alberto (el alumno más joven, nuestro Best of Show en la categoría de entusiasmo) me escribe para decirme lo duro que se le hace ir al campus y ver que de Malofiej queda sólo el vinilo de la puerta. Acaba de llegar y ya ha puesto palabras a los días que vienen: “El final de Malofiej es como cuando termina la Navidad”.

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Marzo 13, 2015 2

Digital

Por Javier en General

En Huesca —sí, en Huesca— se celebra desde hace 16 años un importante congreso de periodismo digital.

(En Pamplona —sí, en Pamplona— se celebra desde hace 23 años un importante congreso de infografía periodística. Ciudades pequeñas para citas grandes. Cada cual en lo suyo, ambas pioneras. Interesante, aunque esto es otro tema).

La edición de 2015 del congreso oscense está teniendo lugar precisamente esta semana. Con imagen de Paco Roca. Hoy han intervenido los amigos mexicanos de El Universal —Salvador Frausto— que obtuvieron el premio Ortega y Gasset de periodismo el año pasado. Compromiso mayúsculo, testimonio estremecedor. La apertura antes ha corrido a cargo de Arsenio Escolar, director de 20 Minutos, quien ha propuesto un interesante decálogo ético “para recuperar la credibilidad” del oficio y de los periódicos. Una de las medidas expuestas es ésta: “Acabemos con el estereotipo de lo impreso es antiguo y lo digital buenísimo. Fuera tópicos”.

El programa se completa con una buena ración de tertulias y mesas redondas periodísticas, la visita estrella de Gideon Lichfield, de Quartz, y el diálogo final entre Pedro J. Ramírez e Ignacio Escolar, reconocidos nativos digitales… Como me decía hoy una asistente, mucha reflexión sobre la situación del periodismo hoy y sus exigencias, y poca enjundia digital.

Es lógico.

Por lo que sugiero a los organizadores de este congreso tan exitoso que prescindan en próximas ediciones del apellido digital. Se ha quedado antiguo.

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Marzo 12, 2015 1

25 años

Por Javier en General

Los diarios de los aniversarios de los diarios son por lo general previsibles y aburridos. Y demasiado frecuentes. De un tiempo a esta parte, se celebran los cinco, los diez, los quince, los veinte, los veinticinco, los treinta años… Y además el número mil, y el diez mil, y el veinte mil, y el treinta mil… Por una cosa o por otra, he visto a algunos diarios celebrar dos aniversarios el mismo año. Tanta celebración no sólo desvirtúa y trivializa las ocasiones de verdad sino que agota a los lectores y exprime a los anunciantes con ediciones de medio pelo, síntoma tal vez de que tenemos pocas cosas que contar y mucha necesidad de hacer caja.

El 5 de marzo pasado, sin embargo, el diario portugués Público cumplió deliciosamente 25 años.

Público es sin duda ninguna uno de los mejores diarios del mundo. Por su propuesta editorial y por su elegantísimo diseño, que lleva el inconfundible sello de Mark Porter y la delicada dirección de arte de Sónia Matos. Conjuga clase y vigor. Alterna serena voz baja y, de pronto, sólida presencia: una contundencia que nunca es gritona ni chabacana, sino esbelta. Es un diario para leer y a la vez lleno de sorpresas. Inteligente, sutil, provocador. Ancho.

Para celebrar su vigésimoquinto aniversario, Público ha recurrido a otro aniversario: el centenario de la teoría de la relatividad de Einstein. Paradoja por paradoja, en Einstein se apoya para precisar genialmente cuál es el secreto del periodismo: dar tiempo al tiempo. No correr más de la cuenta, no competir por ser el primero. Tan sólo dar tiempo al tiempo.

Con la humildad galáctica de quien sabe que nuestras vidas son apenas (nada menos) un fulgor, Público transfigura su portada de los 25 años y, con ella, toda su edición impresa, cuya dirección fue cedida por un día al físico nuclear João Magueijo. Un ejemplar con más de cien páginas, gratuito y para guardar. Además, ofrece un especial multimedia —’Un día normal’— construido con 24 horas de vídeos de un minuto cada uno, es decir, 1.440 minutos: 1.440 historias portuguesas que muestran en directo “a vida como ela é” (la vida tal y como es), en palabras de Sónia Matos. Una pieza bellísima que se puede ver aquí: http://www.publico.pt/25anos/um-dia-normal

Sólo me queda felicitar a Público, agradecer admirado su compromiso y desearle al menos otros 25 años igual de fecundos. Si viviera en Portugal, Público formaría parte de los diarios de mi rincón.

PD. Cosas de la vida, la SND no ha incluido a Público entre los 17 finalistas al diario mejor diseñado del mundo de 2014. Increíble, pero cierto. Aprovecho la ocasión para meterme en camisa de once varas. Con el debido respeto… ¿En qué andarían pensando los integrantes del jurado para prescindir de Público e incluir, por ejemplo, a The Grid, un semanario ‘inspirado’ en el diario i que desapareció hace más de medio año, o para elegir una vez más al mexicano Excelsior, posiblemente el diario más sobrevalorado del mundo desde el punto de vista gráfico: recargado, desproporcionado, tipográficamente disparatado, definitivamente ilegible? Hay que atenerse y respetar la decisión del jurado, faltaba más. Y felicitar deportivamente a los ganadores cuando se haga público el fallo en abril. Lo cual no es obstáculo para compartir mi rotunda disconformidad. Público merecía estar junto a The Guardian, Dagens Nyheter, National Post, Politiken, De Morgen, La Nación, i o Die Welt, que son algunos de esos 17 candidatos.

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Marzo 9, 2015 2

Revolución

Por Javier en General

Unos diarios los leo de principio a fin, es decir, de adelante hacia atrás, muy ordenadamente; otros, en cambio, los leo de atrás hacia delante, no menos ordenadamente; y aún otros los abro hacia la mitad, y desde allí voy dando brincos un poco por sensaciones. Son todos ellos mis diarios, los del rincón, y sin embargo me comporto con cada uno de manera diferente. Soy uno, dos, tres lectores transfigurados. Cada uno con sus tics y manías. ¿Por qué será así?, me pregunto.

En realidad me gustaría que mis diarios fueran una cremallera (lingüística, tal y como la he aprendido en el juego de las reglas): que pudiera leerlos en sentido descendente —de adelante hacia atrás— y, de rebote, en sentido ascendente —de atrás hacia delante—, y que en cada pasada me dijeran cosas nuevas o que la realidad contada cobrara perfiles diferentes, añadiera sugerencias, propusiera interpretaciones anchas, puede que hasta bifurcaciones o dobles sentidos. Me gustaría que mis diarios me hicieran dudar siempre.

El humorista Joaquín Reyes anda estos días en el rebote, de atrás hacia delante, leyendo a Proust, porque quiere redescubrir cómo se contaban las cosas “antes de que las contáramos a toda hostia”. “Los amigos estamos todos con el puñetero móvil. Dicen que se lo están pasando bien porque lo tuitean, pero no se ríen”, le confesaba ayer a Juan Cruz.

Al parecer, ésta es la revolución que propone Twitter (o Facebook, o cualquier red social) y a la que nos entregamos incautos lectores y diarios porque sí: contar (es un decir) antes que vivir. Es como esos japoneses que no han bajado aún del autobús y ya están fotografiándolo todo compulsivamente sin haberse dignado antes a echar una mirada. Porque lo importante no es estar sino decir que has estado. Que se sepa.

Valiente revolución. Ser el primero en contarlo a como dé lugar, sin reparar en qué cuentas ni cómo. Engrosar a toda costa el contador de seguidores y progresar así en el ránking. Confundir marca y vanidad, pretender ser más que la marca. Vivir pendiente de ‘likes’ y ‘shares’. Construir mensajes con ridículos signos ortográficos y hacer de ello casi una ciencia.

Una escalofriante epidemia de ignorantes conectados, eso es lo que trae la revolución de Twitter, el puñetero móvil.

La revolución pendiente, en la vida como en los medios, es esta otra muy distinta: “Tratar de ver el mundo como lo ve el otro”. No lo digo yo, lo dice el escritor Sergio Ramírez, ex vicepresidente sandinista, ex revolucionario.

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Marzo 6, 2015 3

Cosas normales

Por Nerea en General, visto

Ella pidió su última voluntad. La compañía de ambulancias Stichting Ambulance Wens, que se dedica a cumplir los últimos deseos de pacientes enfermos, la llevó hasta allí.
En una intimidad sobrecogedora, ni siquiera empañada por el azul médico estridente o el metal amarillo o los tubos, ella mira a Rembrandt. La imagen queda grabada como en un cuadro que otro artista podría pintar.
Intimista, cálido, callado, detenido.
Antes que ella, un hombre tocó un caballo, otro visitó el zoo y recibió el lametazo de una jirafa, una mujer pidió ver de nuevo la playa.
Como dijo el locutor de la noticia: “En sus últimas horas, la gente solo pide cosas normales”.

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Marzo 2, 2015 1

Para qué sirve un periódico (9)

Por Javier en General

Leía recientemente un interesantísimo artículo de Ernesto Hernández Busto en El País titulado ‘La casa del rumor’. En él, el autor —que edita el blog PenultimosDias.com— reflexiona sobre la dictadura del presente y la ilusión casi fáustica de poder que genera tanta tecnología. Pretendemos, alucinados, haber ganado la batalla del espacio y la del tiempo. No caemos en la cuenta de que es la tecnología la que nos ha devorado victoriosa… y monstruosa. Habitamos un lugar lleno de ruido y rumores confusos donde todo se reduce a “la inanidad gratificante” de lo inmediato.

“Hay un imperativo de ser feliz en todas partes, todo el rato”, corrobora el extravagante filósofo Roger-Pol Droit, autor de ’101 experiencias de filosofía cotidiana’. Droit, francés de París, 66 años, acaba de publicar ‘Si sólo me quedara una hora de vida’ y la doble conclusión a la que llega es de perogrullo… aunque no tanto: 1) es más importante sentir que reflexionar; y 2) la clave de la vida es escogerla.

No sé cuánta vida le queda a Oliver Sacks, catedrático de Neurología en la Universidad de Nueva York y autor de numerosos libros. Ni él lo sabe. (Ni nadie). A sus 81 años, le ha sido diagnosticado un cáncer de hígado irreversible, terminal. Eligió este mes las páginas de The New York Times (‘De mi propia vida’, el mismo título de la breve autobiografía de Hume) para referirse a ello con estremecedora naturalidad. “Debo decidir cómo vivir los meses que me quedan. Tengo que vivirlos de la manera más rica, intensa y productiva que pueda. Eso no significa que dé mi vida por terminada. Por el contrario, me siento increíblemente vivo, y deseo y espero ahora estrechar mis amistades, despedirme de las personas a las que quiero, escribir más, viajar si tengo fuerza suficiente, y adquirir nuevos niveles de comprensión y conocimiento”. Sacks concluye así su breve despedida: “No puedo fingir que no tengo miedo. Pero el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado, y escrito. He tenido relación con el mundo, la especial relación de los escritores y los lectores. Y, sobre todo, he sido un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta, y eso, por sí solo, ha sido un enorme privilegio y una aventura”.

Todo esto lo he leído en un periódico. Qué suerte tengo.

Ah, también he leído la crónica de una diáspora bárbara: la de los eritreos que huyen de su país y acaban torturados en el desierto del Sinaí. Y otra crónica más, la de mi hija, que relata hoy otra diáspora: la de algunas decenas de tudelanos cuyas viviendas ha anegado el río Ebro, enloquecido estos días hasta el punto de convertir la Ribera en un mar.

Porque un periódico sirve para esto: para ensanchar la mirada y ser más humanos.

No para saber de qué color era el puto vestido.

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Febrero 10, 2015 0

Inolvidable

Por Javier en General

“En la era del contagio informativo, compartir una noticia es más importante que consumirla”, escribía Daniel Verdú en El País este domingo. No importa qué sea: sólo importan los ‘like’, los ‘share’. Compartir. Que te retuiteen. Acumular seguidores. De cualquier clase y condición. Hasta los compañías periodísticas serias se bajan los pantalones y hacen seguidismo de los BuzzFeed y compañía, y de esta maligna fiebre viral que todo lo contagia.

No son conscientes estas compañías —los medios serios— de que por ahí se están haciendo el harakiri. No es verdad, por mucho que lo diga The New York Times en un informe, que ganar la batalla del periodismo signifique perder la batalla de los lectores. Puedo estar ciego. Sin duda, ando trasnochado. (Afónico de tanto gritar sí estoy). Pero algo me dice que nuestro oficio debe olvidarse de la viralidad y buscar —precisamente— lo inolvidable.

¿Qué merece la pena contar, denunciar? ¿Dónde hay que estar y con quién? ¿Cuándo se nos espera? ¿Cuáles deben ser nuestras prioridades y por qué? ¿En qué concentrar nuestros esfuerzos? ¿Cómo formarnos para ser testigos del fulgor, de tanta pura vida que se va quedando en los márgenes?

En definitiva, ¿qué es inolvidable? No a lo que se refieren un domingo tras otro los cronistas deportivos. No, desde luego, toda esa basura viral. “Inolvidable es que un enfermo condenado se salve”, le dice a Juan Cruz José Ramón Arribas, jefe de Enfermedades Infecciosas del hospital de La Paz, en Madrid. Por ejemplo.

Tenemos el privilegio de poder contar lo inolvidable. Que guste o se comparta, que sea trending topic, ¿a quién le importa?

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Febrero 9, 2015 1

Diarios antiglobalizados

Por Javier en General

Salgo de una exposición apabullante de Paco García Barcos (www.udermohr.com). La vida —pienso— es un collage a punto de desbordarse: densísimo, intrincado, delirante. Que rima con apabullante. Sobrecogen el griterío compactado en cada pieza o instalación, y la cripta helada escogida por el autor como sala de exposiciones. La mezcla no puede ser más aragonesa.

Una vez marché a trabajar de Pamplona a Zaragoza. 170 kilómetros y un río. Pensaba que navarros y aragoneses somos primos hermanos. Encontré, sin embargo, una distancia sideral que García Barcos ahora me confirma. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales y con un máster en auditoría de cuentas, el artista dice de su muestra: “Es una especie de híper romanticismo ultraísta y surrealmente modernista que resucita los arquetipos del fondo del subconsciente. Aparecen objetos poéticos/simbólicos nacidos del encuentro fortuito de dos realidades dispares, la posibilidad del multiverso, la posibilidad de que seamos uno y muchos a la vez, pero que no siempre seamos el mismo”. No entiendo ni palabra. Soy de Pamplona.

La pregunta acude con toda naturalidad: ¿puede ser un diario de Zaragoza igual que uno de Pamplona? ¿Por qué insistimos en clonar diarios? ‘The Hashis Book’, libro catálogo que reúne el universo de García Barcos, es como deberían ser los periódicos aragoneses: surrealistas, llenos de prodigios, asombrosos. Abigarrados. Caóticos. Como el Heraldo que encontré en 2001 y me empeñé en cambiar aplicando el kit del consultor. Error.

¿Son como deberían ser todos los diarios que hemos diseñado o rediseñado estos años? ¿Cómo debería ser el futuro Libération?

Hay que hacer la guerra a la globalización de los diarios.

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Febrero 4, 2015 0

Profesionales de la palabra

Por Javier en General

El fin de semana un sacerdote madrileño que habla diferente, con autoridad, joven y muy digital él, pidió públicamente por los periodistas: por los “profesionales de la palabra”, dijo. Me quedé pensando. Al fin y al cabo, todo es palabra y sin palabra nada de lo que hay puede ser. Existimos porque nombramos o somos nombrados.

Profesional de la palabra me sonó a mucho e importante. Sentí responsabilidad… También me desasosegó un poco, para qué negarlo. Profesional es un adjetivo desprestigiado, venido a menos: profesional de la política, profesional del arte, profesional de la educación, profesional del sexo… Cuando decimos de alguien que es un profesional, ponderamos su destreza técnica, claro, pero en el fondo queremos señalarle la ausencia de calidez. Eficaz, pero sin alma. Como los partidos (políticos), que por algo ya no quieren llamarse partidos sino cualquier otra cosa, como bien dice el lingüista José Antonio Millán. Menos literal y oclusiva, más abierta y sugerente: ciudadanos, podemos, ganemos… Igual que ellos (los políticos), los profesionales (cualquiera, de cualquier índole) vienen a ser (perdón por el cliché) una casta. Y eso, aplicado a los periodistas, me gusta más bien poco.

Sin embargo, profesional significa apenas (¿apenas?) “de la profesión u oficio”, y también “persona que ejerce una profesión”. Si los periodistas somos los “profesionales de la palabra”, eso quiere decir que las palabras están en el corazón mismo de nuestro oficio. Y que por esa razón debemos cuidarlas más que nadie en el mundo.

Las palabras, como los dibujos, no son inocentes. Significan mucho. Pesan. Las palabras, dichas como hay que decirlas, comprometen. Hay que aprender a usarlas humildemente y evitar su manoseo. Desde esta radical humildad, que es como decir respeto o hasta temor, nace y se proyecta la autoridad. Tan necesaria en periodismo.

Vaya discurso me ha salido. No hago más que pontificar. Desgastar palabras. Odioso. La escritora uruguaya Ida Vitale, discípula de José Bergamín, me lo reprocha desde la altura de sus 91 años: “Si algo está socialmente sobrevalorado es la comunicación. Me da la impresión de que la gente está dentro de casa y fuera del mundo”. Dentro de casa y fuera del mundo, ¡qué bueno! Es, más o menos, lo mismo que decía ayer el cineasta Guillermo del Toro: “El horror es el guantazo en la cara que nos muestra lo delicada que es nuestra piel y el callo que tenemos por alma”.

Palabras comprometidas, dichas con autoridad, coleccionan desde hace trece años los amigos de Ken, empeñados en saludarnos el año nuevo con pequeñas joyas ocultas de la literatura primorosamente ilustradas. No pontifican, y eso es lo mejor; sólo son mensajeros: Chejov por Fernando Pagola, Carver por Isidro Ferrer, Dahl por José Miguel Corral, Conrad por Pello Irazu, Capote por Álvaro Matxinbarrena, Mansfield por Javier Pagola, Stevenson por Javier Balda, Melville por Miguel Leache, Saki por Carlos Patiño, Kessel por Jean Moral, Mozart por Paco Polán, Delibes por Marijose Recalde. Y, en 2015, Grossman por Taxio Ardanaz.

‘La perra’ es un cuento escrito por el autor de ‘Vida y destino’ entre 1960 y 1961, justo antes del histórico vuelo orbital de Yuri Gagarin. Es la primera vez que se traduce al español directamente desde el ruso. Recrea a una perra imaginaria, Petruschka, que consigue sobrevivir a un vuelo espacial. Dicen que el valor de la literatura de Vassily Grossman está en lo pequeño. El valor del periodismo está también en lo pequeño. De ahí la necesidad de ejercer el oficio con modestia. Seguir a pies juntillas lo que nos recomienda Montaigne, según rescatan muy oportunamente Luis y Rafa en la nota que acompaña a la edición:

“Nacer cada día
Despertar del sueño de la costumbre
Cuestionarnos todo
Prestar atención
Leer mucho y olvidar gran parte de lo leído
Tener una habitación propia
Ser sociable, convivir con los demás
Vivir con moderación
Hacer algo que nadie haya hecho antes
Ver mundo
Reflexionar sobre todo, no lamentar nada
Conservar nuestra humanidad
Ser ordinario e imperfecto
Sobrevivir al amor y a la pérdida
No preocuparse por la muerte
Dejar que la vida sea su propia respuesta”.

Mañana miércoles la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra celebra la festividad del patrón de Periodismo, San Francisco de Sales. Por pedirle al patrón, que no quede: ordinarios e imperfectos, salud y larga vida a los profesionales de la palabra (y a los periódicos).

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