Noviembre 18, 2014 2

Criptonita multimedia

Por Javier en General

Miguel Ángel Jimeno me pide que defina en una línea cómo veo yo la integración de redacciones, es decir, la fusión —por llamarla de alguna manera— entre las redacciones de papel y digital. Pienso con el estómago, que a veces extrañamente sí está conectado con la cabeza, y le mando mi visión en menos de un minuto:

“La integración papel-web en los diarios que conozco es forzosa (por las circunstancias), voluntarista (por las diferentes sensibilidades) y opcional casi siempre, y a costa del papel”.

MAJ me contesta de inmediato, divertido. Hombre, quien dice una línea dice dos o tres… En fin, una cosa breve, pero no tan breve. Lo que buenamente puedas.

Vuelvo a pensar con el estómago. Lo sigo sintiendo conectado con la cabeza. Le escribo este párrafo un poco más desarrollado en menos de cinco minutos:

“La integración de redacciones es una operación forzada por las cifras menguantes de una industria desorientada y falta de convicciones que dejó crecer el monstruo en su interior sin darse de cuenta de lo que venía. Ahora, trata de paliar aquel despiste mortal con operaciones cosméticas de pseudoarquitectura —animada por consultores de pacotilla y falsarios, añado, como si la solución fuese arquitectónica…— y arracimando equipos multitarea con fórceps. Se pretende llegar a más con menos, lo cual es una contradicción flagrante. La mayoría de las organizaciones deja la cacareada integración en manos de un pequeño equipo de periodistas de mesa y corta-y-pega, y todo lo más en algunos voluntarios sensibles a lo digital. Los más aventajados o poderosos han diseñado operaciones informativas complejas a costa del papel, que sigue trayendo la mayor parte de los ingresos. Jamás había visto tantos diarios pendientes de lo que clican las audiencias y de lo que se dice en las redes sociales y, sin embargo, tan al margen de las historias que realmente interesan y conmueven. Tantos periodistas encerrados en salas de redacción galácticas —y disparatadas, y que costaron millones, qué timo, añado— y tan pocos en la calle. Se dedican tantos recursos a experimentos con gaseosa que al final lo que importa queda desatendido. En fin, el meollo de la cuestión sigue estando en rentabilizar las operaciones digitales, cosa que de momento parece lejos de darse. Lo que me lleva a ser muy crítico y escéptico con la integración. De momento, soy partidario del juntos pero no revueltos. O, aún más, de los medios monomedia”.

MAJ lee este vómito y me contesta más rápido de lo habitual, que es mucho. No me has entendido o no me he explicado: lo que te estaba pidiendo es que me describieras cómo se ha hecho la integración en los diarios en los que has trabajado. Y se muere de risa. Me conoce.

Parece que tenía (yo) tantas ganas de vomitar (esto) que ni siquiera he leído con detalle lo que quería mi amigo. Le pido un poco más de tiempo. Dudo que salga algo muy diferente.

No, no me creo la integración de redacciones. No funciona. Y además rechazo militante la pseudoarquitectura millonaria y ostentosa de esas redacciones de consultor y catálogo. Por irresponsable. Por artificial: tan forzada es que las mesas circulares centrales, más propias de bar de copas o de naves espaciales, siempre están vacías.

El periodismo y los periódicos sólo pueden ser naturales. El dinero sólo debe gastarse en gente, no en muebles. Alguien tiene que protegernos de tanto disparate. Criptonita para los abusadores. ¡Supermaaaaaaaaaán! ¿Dónde estaaaaaaaaaaás? ¡Vuelve!

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Noviembre 14, 2014 6

Aniversarios

Por Javier en General

Acabo de cumplir 48 años.

Se acaban de cumplir 25 de nuestra graduación universitaria. En la comida con intercambio de fotos familiares, a la que no pude asistir, las amigas de Elena se refieren a mí con comentarios elogiosos, casi halagadores.

El sábado fui a comprar zapatos con mis padres. Mi regalo de cumpleaños. Al ir a pagar, la dependienta, joven, creyó por dos veces que yo era el marido de mi madre.

A la salida pasamos por delante de lo que un día fue la zapatería de mi abuela. De pequeño pasaba horas en la trastienda entre montañas de cajas y escaleras empinadísimas. Se me debió de quedar cara de zapato. O de abuela. El establecimiento cerró al jubilarse mi tía Marisol. El céntrico chaflán lo ocupa hoy una firma de bragas y sujetadores. Hay veces en que no me reconozco.

Se acaban de cumplir once años de los ÑH, ¡once años!, y también de La Cala, en Chodes, donde pasan cosas.

Se acaban de cumplir 50 años del importantísimo Programa de Promoción Industrial de Navarra. Julio Martínez Torres, que fue mi director en Diario de Navarra, ha contabilizado con obsesiva precisión —la que nos enseñó— los números y el alcance de aquella iniciativa que transformó mi tierra. En una intervención reciente recuerda además cómo el diario fue herramienta activa del plan. “Pensábamos que un periódico, además de informar, formar y entretener, está para cambiar la sociedad. (…) Cuando un periódico defiende sin tapujos y con independencia lo que preocupa a los lectores, a la sociedad, estos se agarran a su credibilidad”. Martínez Torres cedió los trastos a Inés Artajo en 2006 y nunca más se supo de él. Mi padre solía verlo hasta hace poco en el monte. Sonrío al reencontrarlo envejecido en la foto del periódico.

El Mundo también acaba de cumplir 25 años. Algunos compañeros de carrera formaron parte del equipo fundacional. En medio de la trifulca, vienen a mi memoria —cómo no— el discurso de Pedro J. Ramírez y la inolvidable fotografía de portada del pasado enero, la del día siguiente a su emocionante despedida. En primer término, mirando a cámara, con sus tirantes y protagonista absoluto, Pedro J. Junto a él, levemente inclinado, ¿abrumado?, la vista clavada en el suelo, Casimiro García Abadillo. Detrás, casi con lágrimas, Victoria Prego, y abrazado a ella Antonio Fernández Galiano. ¡Qué gran farsa! Y yo me la tragué. Otras consideraciones al margen, incluida la brillantez del cesado, a quien no le perdono que me engañara, Pedro J. debería aprender de Julio.

Acaba de morir nonagenario Ben Bradlee, el director legendario de The Washington Post, incansable buscador de datos y referencia —según él— de Ramírez. Los reporteros del Watergate, Bob Woodward y Carl Bernstein, le han tributado un precioso homenaje escrito. Cuentan Woodward y Bernstein (que para mí siempre serán Robert Redford y Dustin Hoffman) que en una entrevista grabada con Bradlee en 2008 éste les confesó ya entonces su honda preocupación por la situación de los medios. Por su declive económico y social. Sobre todo, por la impaciencia y la velocidad a la que circulan las noticias. “No puedo imaginarme un mundo sin periódicos. No soy capaz. Me horroriza”, decía entonces.

A mis 48 también yo uso tirantes a veces. Entiendo y no entiendo a Pedro J. El suyo sí que es un drama versallesco. Por eso, ahora que me han confundido con un abuelo y me he convertido en ser sexualmente transparente, me atrevo a leerle estas líneas magistrales del catedrático Manuel Cruz publicadas en El País: “(…) Nada consigue derrotar a la alegría por la vida vivida. El que ha amado profunda e intensamente deja un rastro, imborrable, de amor tras de sí. Y esa alegría por lo sentido puede con todo, incluso con la muerte, ante la que no agacha la cabeza. Esto es lo que significa, en definitiva, que el amor posee una inmensa capacidad de revelación: que, frente a la triste inanidad y la perplejidad sin remedio de aquel que se consume en la infatigable fugacidad de su presente, el amor derrama luz y verdad sobre el entero tiempo de quien lo vive (en incluso un poco más allá)”.

Yo tampoco imagino un mundo sin abuelas ni cumpleaños, sin zapatos, sin dependientas desorientadas, sin miserias ni vanidades ni mitos caídos. No imagino un mundo sin periódicos, pero que lo cuenten a la manera de Julio.

La vida es un aniversario, muchos.

Felices aniversarios.

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Octubre 27, 2014 0

Diarios de mierda

Por Javier en General

Acabo de cerrar ‘Así empieza lo malo’, la última novela de Javier Marías. Deseaba que no acabara nunca. Que el escritor prolongara esa magistral suspensión de las cosas tan suya y le diera carrete a la narración. Otras 500 páginas por lo menos. Seguir dando vueltas a lo mismo. A las vidas —es un decir— de Eduardo Muriel y Beatriz Noguera. Al joven De Vere. Al omnipresente profesor Rico, que salta de libro a libro. Nada pasa y pasa de todo en ‘Así empieza lo malo’, tan intensamente. Monumento al fingimiento, a la indiferencia, a la impostura, a la mediocridad… A la insatisfacción que casi asfixia. A la imperfección infinita de la vida. Qué tío el Marías, y qué personaje de novela él mismo: tan buen escritor de ficción y tan impostor en su no aceptar premios literarios, en sus odiosas y cargantes columnas.

‘Así empieza lo malo’ me deja suspendido…

Me saca del ensimismamiento el artista mexicano Soto Climent en una entrevista con Babelia: “En Zurich… como que me hacía falta un poco de mierda para sentir la vida”, se sincera al añorar su mastodóntica capital. Para ganar dos mundiales consecutivos y batir el récord de precocidad en Moto GP, Marc Márquez dice en otra entrevista que sólo pidió a Honda un montura imperfecta. Sentirla. Con ella, contaba recientemente, “sé que si se mueve no me voy al suelo”.

Estamos trabajando estos meses en el DF con El Gráfico, el diario popular de mayor circulación del país. Esta semana acabamos de rediseñar Primera Hora en San Juan, Puerto Rico, otro periódico sabroso y sudoroso, aunque no salchichero. Diarios ambos en las antípodas del pluscuamperfecto The Guardian y de todos los que —no sé bien por qué— acaparan anualmente los premios de la SND. (Me preguntaría ‘by-the-way’: ¿qué coño premiamos? Pero ésta es otra historia). Andamos sintiendo una determinada prensa, y por ahí viviendo la verdadera realidad de los diarios, que no es muy estimulante. Ni siquiera intensa. Más bien frustrante. Contradictoria. Intensamente.

Los periódicos que no admiten margen de error en su puesta en página son tan admirables y herméticos como los robots. De pura perfección, asustan. Yo me quedo con los diarios que sudan, con los abigarrados, con los que nunca sabes por dónde te van a salir. Con los quebrados. Con los que mezclan colores estridentes. Con los que equivocan un formato y no pasa nada porque eso jamás le importó a ningún lector. Con los más feos…

Me quedo —creo que me repito— con esos diarios, sí, que son los más humanos.

Marías, Soto Climent, Márquez. El DF. Diarios. Vivir. Es todo la misma mierda.

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Octubre 17, 2014 0

Era de titanio

Por Pablo en Apple Mac, diseño

Un nuevo mac luce encima de la mesa de “El Moma” robusto y pide a gritos que cambiemos todos los materiales del estudio por titanio, o algo duro. El primer uso que le doy no precisa de corriente eléctrica. Me miro en él y veo reflejada la cara de un pingüino. Apple siempre ha ido en ese plan de impresionar con sus fantásticas piezas de museo que rompen moldes en esta vida ultra-moldeada que llevamos en la que uno corre constantemente el riesgo de pasar desapercibido, y no digamos el ordenador de uno… Por eso —y por muchas más cosas— me gustan estos aparatos.

Cuando llega un mac nuevo es mucho más importante que cuando llega un coche nuevo, más divertido que cambiar de casa, traumático como cambiar de lugar y enfrentarse a no encontrar nada donde estaba antes. No sigo con comparaciones… Hay que revisar bien los fondos de armario para no perder nada importante en la mudanza.

También se corre el peligro de migrar como imagen calcada de lo que se era antes. Los ordenadores de hoy permiten hacerlo así. Mejor hacerlo manualmente para saber lo que uno lleva consigo, porque no nos engañemos: un ordenador no se ordena solo, aunque la propia palabra española ‘ordenador’ lo intente.

Cuando llega un nuevo mac afloran recuerdos del primero, el segundo, quizá del tercero o el cuarto. Uno se ve envuelto en un viaje atrás en el tiempo y recuerda esas fechas inevitablemente.

El primer mac con el que trabajé estaba en una oficina en valencia —primer lugar en el que trabajé de ‘diseñador’—, y recuerdo enfrentarme a él como chucho indefenso, avergonzado de no saber ni cómo se ordenaban las fuentes tipográficas. Nos odiábamos. Apenas fui capaz de conectarlo a internet en los 9 meses que pude utilizarlo, aunque por aquellas internet no era tan necesario. Tengo mejores recuerdos de los libros que leí y las personas que conocí entonces que de aquel ordenador.

Cuando llega un nuevo mac surgen nuevas preguntas: ¿cuántos mac me quedan? ¿dónde estaré el próximo mac? ¿habrá más mac? Es probable que ya no, que el elemento físico desaparezca (que desaparezca el mac, o el que lo usa, puestos a dramatizar). No me extrañaría que este sea el último mac en este mundo cada vez más virtual y nublado. Puedo afirmar que ya no ocupa el espacio físico de antes, ni impresiona por su tamaño, cada vez más parecido a una nespresso. Es posible que el título de este post sea un verbo y no un sustantivo de aquí a unos años.

Steve Jobs sabía todo esto (y mucho más, claro) sobre el componente sentimental de los aparatos que inventó, y por eso cuidaba los detalles hasta el punto de que podía echar atrás un material si se veía feo. Steve Jobs hubiera echado atrás, no me queda ninguna duda, las arandelas plateadas de los botoncitos de los nuevos iPhone 5S y 6. Puede resultar absurdo, pero no lo es. La muerte de Steve Jobs es por desgracia mucho más dramática para quienes piensan –pensamos– que un mac es un aparato fabricado y diseñado con buen gusto.

Este es el documento visual que conozco que mejor retrata a Steve Jobs

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Octubre 14, 2014 0

Portadista

Por Javier en General

Anuncian la llegada del nuevo diccionario de la Real Academia Española, el primero desde 2011 y el número 23 desde 1713, fecha en que fue creada la institución que da brillo al idioma. Este pedazo de tomo no será el último en papel, pero sí el último que se conciba primero para el soporte impreso. Contiene en 2.376 páginas 91.111 entradas, de las que 19.000 son americanismos, un récord.

Me encanta saber que el primer americanismo recogido por la primera compilación, la de Nebrija en el siglo XV, es canoa. Canoa es una palabra sonora, retardada y deslizante, preciosa. Con una canoa uno se adentra a lo más recóndito y descubre. Me acuerdo aquí de Marcelo Godoy: en Chile —y entre amigos— canoa significa otra cosa, innombrable, pero ésa es otra historia.

Historia y apasionante es la que cuenta Javier Rodríguez Marcos, en esta ocasión a propósito del diccionario. Historias. Nos revela, por ejemplo, que cultura es por mucho la palabra más buscada (51.085 búsquedas) desde 2012. En junio de este año la superaron efímeramente abdicar (en España) y puto (en México), ambas por razones coyunturales obvias. Pero después volvió al primer lugar. La segunda palabra más buscada del diccionario es bizarro (35.172 búsquedas) y la tercera procrastinar. ¿Por qué será? Enigmas de la lengua y de los hablantes.

Han entrado por fin tuitear, interactuar, spa, externalizar o multicultural; y tienen que esperar clicar, identitario, choni, pibón o táper. También, Facebook, que es la más buscada de las no aceptadas. Me pienso gastar los 99 euros que cuesta el diccionario porque es periodístico y genial.

Por aplicar términos del diccionario ya mencionados, José Juan Gámez es un periodista y diseñador andaluz multicultural y bizarro, que no quiere decir como se cree estrafalario (esto es por influencia del inglés) sino valiente, lúcido y generoso. Gámez es hijo predilecto de Luis Infante, uno de los diseñadores de prensa españoles más importantes de la segunda mitad del siglo XX, como bien se encarga de recordar Fermín Vílchez a cada rato y en su libro imprescindible: fue el inventor de Marca. Infante, a su vez, es discípulo de Cancela, otro de los grandes del diseño periodístico español… y tan desconocido. No me extraña que cultura sea la palabra más buscada del diccionario. Ni nosotros sabemos de dónde venimos.

Pues bien, José Juan Gámez capitaneó durante años la nave imbatible de Recoletos: una mezcla de gabinete de curiosidades y laboratorio de I+D. Allí podía encontrar uno a gente del calibre de Pablo Ramírez, Germán Pizarro, Manuel Romero o Antonio Martín. Vaya equipazo. Y, sobre todo, ¡cómo se lo pasaban! Ellos —es mi opinión— jugaban como niños grandes y por ahí pusieron patas arriba el diseño periodístico español a partir de la llegada de los Mac a las redacciones. Fueron los primeros, unos ‘frikies’, que no sé si es palabra aceptada por el diccionario aún, pero que lo será. En aquel garito, el comandante Gámez lo mismo estaba rediseñando Marca por enésima vez que pilotando su flamante simulador de vuelo, con el que viajaba en tiempo real a Nueva York y siempre se la pegaba al tratar de aterrizar en el JFK. Inolvidable.

Después de 25 años en el grupo, en 2013 José Juan Gámez dejó Marca, que ya era parte de Unidad Editorial. Era y no era lo mismo. Me cuenta Manolo Romero esta semana que no ha durado mucho su exilio puesto que este verano ha regresado a la prensa, que es su casa. Lo ha reclutado Abc como diseñador senior de portada. No lo sabía, pero sí que algo estaba pasando en ese diario. Bastaba con ver sus porradas en el quiosco. Lo sabía sin saberlo.

Me paro a pensar: creo que el fichaje de Gámez por Abc y su nuevo rol son una de las grandes y escasas novedades de la prensa española en los últimos años, del nivel de las columnas visuales de Jaime Serra en La Vanguardia. Por su coraje y trascendencia. José Juan ha empezado a hacer de las suyas. Está disfrutando como un enano, eso seguro. Y de paso, jugando jugando, ha puesto a la Academia en un brete. Ni clicar, ni choni, ni táper ni pibón: ya puede ir pensando en incluir en la próxima edición del diccionario el término portadista.

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Octubre 8, 2014 1

Demeuncacharritodeesos

Por Nerea en General, visto, vivido

— Hola, buenas, ¿podría darme unos cacharritos así para cerrar prendas, por ejemplo, una chaqueta? Tela con tela. —Me manda mi madre.
— Mmmm, así, como de arriba abajo, ¿como una cremallera?
— Eh, no, me los ha enseñado —mira que no traer un ejemplo— son así como pin y pin, dos cositas.
— A ver… ¿Será un corchete? Tenemos corchetes de latón, con muelle inox, sin muelle inox, con presilla, para pantalón y falda, peletero…

— …
— Tenemos también alamares, alamar normal, alamar para trenka, alamar con botón, de punto para chaquetas y jerseys, con forma de Rosa..

— No, no son así. Son como redonditos, los tenía en la falda del uniforme del cole de pequeña…
— ¿Broches doble aro snaps? ¿Botones magnéticos? ¿Broches automáticos? ¿Broches de cierre pajaritas?


— (¡Fiuu!) No, mire, son así, circulares, como chinchetas pero distintos, como ruedas de coche pequeñas, metálicos, un poco feos, con unos agujeritos y se cierran apretando uno contra el otro, clip, clip
— Ahhhh, tú quieres unos broches a presión metálicooos…

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En algunas ciudades y pueblos de Kenia, la conversación habría sido más breve. Allí, los pequeños comerciantes ilustran las puertas de sus tiendas con dibujos de los productos del interior, y así solo hay que señalar: “deme uno de esos”.

pd. Una imagen suele valer más que mil palabras, aunque en ocasiones está bien dejar espacio a la imaginación :].

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Octubre 3, 2014 2

Cosas serias

Por Javier en General

La inminente salida de un diario en el que has venido trabajando los últimos meses sigue despertando en mi estómago algunas mariposas. Es tiempo de nervios y relativa incertidumbre: al final, claro, un diario siempre sale porque conoce el camino. Más o menos puntual, haciéndose o no de rogar, pulcro o descuidado, latino o escandinavo. De una u otra forma, las rotativas acaban escupiéndolo. Y yo no puedo evitar ese viejo conocido temblor al entresacarlo del carrusel, sin secar, aún calentito.

Pamplona, San Juan de Puerto Rico, Tampere, Oporto, Kalmar. Ahora, México. En breve, otra vez, San Juan de Puerto Rico, en ese Caribe que inflamaron Hearst y Pulitzer mientras modelaban la prensa moderna tal y como después la conocimos: fin del imperio español de ultramar. Sacar un diario impreso a la calle es algo muy serio.

Hay profesionales que nos miran por encima del hombro. Muchos. Hoy, por ejemplo, en Pamplona, un arquitecto; otras veces, antes, han sido médicos o ingenieros. También el señor Karl Lagerfeld, conocido diseñador de moda, nos mira así. Por mucho que proclame su amor por la prensa, ‘Karl Daily’, su última ocurrencia disfrazada de diario, es una muestra de falta de consideración. Tengo muchos, muchos millones, sacar un diario es pan comido, debió de pensar. No pasaría de ser un estrambote más en su disparatada y egocéntrica carrera, si no fuera porque con los diarios no se juega.

El lanzamiento de ‘Karl Daily’ el pasado 20 de septiembre, coincidiendo con la semana de la moda de París, fue saludado con alborozo por críticos, publicistas y blogueros, que rindieron sus honores al octogenario y hasta quisieron ver en el experimento luces para salvar el periodismo impreso. Yo, más bien, no creo que su gata Choupette —presentada como columnista estrella— tenga nada interesante que decirnos. Además, regla número uno, un diario no habla de sí mismo. O lo menos posible. Y este ‘Karl Daily’ es un pesado monumento a la vanidad, un ‘selfie’ coñazo. ¿Por qué nos empeñamos en ser unos botarates fascinados?

Sí, un diario es una cosa seria. Comprar y leer un diario cada día es un acto de civismo. Hoy más que nunca. Debería ser gozosamente obligatorio, en casa y en las escuelas. Y, por ahí, amasaríamos una de las mejores herencias que dejar a nuestros hijos. A los míos les he hecho prometer esta semana que comprarán siempre uno —cada cual el suyo— cuando salgan de casa o cuando yo ya no esté. Uno serio, no el ‘Karl Daily’ ni ninguna de las otras fruslerías que inundan los quioscos. Porque convengamos que los quioscos están repletos de subperiódicos y subrevistas. Todos dicen lo mismo: ¡nada! Diarios, lo que se dice diarios, van quedando pocos. Y las sociedades no son lo mismo con o sin diarios de verdad. No van a ser lo mismo.

Financial Times es un diario muy serio, pero en su reciente cambio la maravillosa tipografía de Kris Sowersby se les quedó pequeña. Ser serio no quiere decir ser aburrido ni tomarse a uno mismo demasiado en serio, que en el fondo son la misma cosa y el mismo problema. Para ser serio hay que desdramatizar, ser capaz de hacer autochanza. Por ejemplo, el FT debería regalar a sus lectores unos lentes de aumento y reconocer con sorna que se quedó corto. Y después hablar seriamente de Escocia o de la deuda pública.

En fin, en un diario serio uno lee cosas serias como las que escribe Jordi Soler en ‘La vida sin cuerpo’: “Los ordenadores y los teléfonos que sirven para facilitar la comunicación entre las personas también nos simplifican esa comunicación, le restan complejidad y misterio, liman rugosidades y lo que queda es un intercambio liso de palabras; se trata, desde luego, de un intercambio preciso y eficaz, pero sin temperatura, demasiado expuesto, sin rastro, sin cicatriz, sin cuerpo”. ¿Se habrán enterado los maestros?

O como la profundísima entrevista de Javier Rodríguez Marcos a Adonis, el poeta sirio de 84 años, un clásico de las letras árabes, que me ha dejado rumiando, bastante noqueado: “¿La identidad? Según la noción al uso, la identidad es una pertenencia en la que es central el pasado: de una familia, de una raza, de un pueblo… Para mí, lo esencial es el individuo, aunque el individuo no se entiende sin el otro. La identidad es una creación perpetua, una apertura, no una adquisición. No se hereda porque el ser humano es una proyección hacia el futuro”. ¿Se habrán enterado los que pugnan por romperlo todo?

El de los diarios, como el de tantos otros, puede que sólo sea en el fondo un serio problema de identidad. Tendremos que hacérnoslo mirar a fondo. Al menos, leo que a Lagerfeld le gusta escribir cartas a mano: cicatrices. Yo ya pienso en la rotativa, tan carnal. Continuará.

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Septiembre 26, 2014 0

Viernes inuit

Por Ángela en General, visto

Mi gran amigo H me manda casi todos los meses el Suplemento Ojarasca del diario La Jornada calentito, recién salido del horno.

¡Ahí te mando el mes de agosto!—, escribe entre exclamaciones. Y esas mañanas, al leer sus escuetos emails, no puedo evitar imaginarme a la mitad de los días del verano saliendo de la pantalla del ordenador y desparramándose encima de mi mesa, como si abriera un buzón lleno de cartas  —de cuando recibíamos postales además de propaganda— y H se empeñara en regalarme, incomprensiblemente, todos los días del mes.

Después de la reflexión recurrente, me dedico a repasar el ejemplar que llega. Todos los números de Ojarasca, sin excepción, son especiales. Todos dan un repaso al mundo, te ponen los pies en el suelo y terminan con un aporte del arte que más me gusta: el que todavía no conozco. En el último envío, por ejemplo, publicaron una ilustración del artista inuit Pudlo Pudlat (1916-1992).

Pudlo, cuyas obras están presentes en la mayoría de las colecciones de los museos de Canadá, reflejaba en sus trabajos el mundo tal y como lo percibía: natural, espontáneo, simple, y lo enriquecía con colores y algunas fantasías. Esquimales, pavos, arcoíris, renos, búfalos y cacerías. Todo esto dibujaba este señor indígena, descendiente de los indígenas del Ártico, también llamados esquimales, expertos piragüistas, pescadores y cazadores de focas. Sobre todo me ha parecido muy simpático y muy moderno. Ya lo hubiera querido conocer ‘el aduanero’ Rousseau, icono de la pintura naïf, he pensado.

En la obra de Pudlo también se puede leer entre líneas algo de travesura. Me ha parecido que tenía mucho que ver con una tranquila y soleada tarde de viernes como la de hoy.

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Septiembre 24, 2014 1

Papel interactivo

Por Bea en General

Ayer me encontré de casualidad con este anuncio de Ikea. Caprichos de la red y sus enlaces enlazados.

No enseña el producto. No dice dónde está, ni cómo encontrar alguno de sus locales. En lugar de ello, se dedica a evocar a otra marca. Y a esperar a que una sola persona con cuenta en alguna red social lo vea. Tras esto, está todo hecho. Hay quien mira a lo digital con recelo. No le falta parte de razón: el papel -los periódicos- ha pagado cara la expansión de la red. Pero las ventajas también están ahí, sólo es cuestión de dar con ellas. Ikea lo ha intentado. Y no le ha ido mal.

Septiembre 22, 2014 0

Nacimiento

Por Javier en General

Han nacido en septiembre, que yo sepa…

…el curso con su otoño, ¡vaya lata!

…’Popular problems’, decimotercer álbum de un octogenario genial: Leonard Cohen.

…’Así empieza lo malo’, la última novela de Javier Marías, el maestro de la suspensión narrativa, que me voy a leer del tirón, muerto de envidia, como siempre.

…uno no que es un sí en Escocia, menos mal, ojalá, porque es mejor estar juntos y yo soy geográficamente clásico.

…un equipo de fútbol sala que se llama como nuestro estudio, que estrena así vena patrocinadora por culpa de la perseverancia de mi hijo Javier, capitán y presidente.

…un hermoso proyecto de crowfunding para mantener vivo un loco lugar donde nacen monstruos.

…un amigo periodista, aragonés y cuarentón, Pablo, con su nuevo páncreas: ¡vive!

…otro amigo periodista con su trabajo nuevo y unas castañuelas.

…un amor secreto y periodístico con olor a vaca, desbordante, gozoso.

…un niño minúsculo y guapo —cosa rara en un bebé— llamado Lucas, hijo de Patricia y Miguel, o sea mi sobrino: una cosita tan pequeña e inexplicable que no hay diario en el mundo capaz de contarlo.

¡Y aún hay periodistas que dicen que no hay noticias!

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