Noviembre 9, 2016 3

50

Por Javier en General

Acabo de cumplir 50. Tranquilo, todavía estás en la meseta, me dice una cuñada. No la creo. Lo llevo mal. Mal es mal. En argentino, siempre tan plástico, dirían re: remal.

Ha comenzado a pesarme el cuerpo. Siento, escucho mortalmente cómo me pesa. Hasta ahora el cuerpo no me pesaba; era mi aliado. He engordado. Me preocupa. De repente, me siento prisionero en mi cuerpo. No me sigue como era costumbre. Tiende a retarme. Y hasta me juega malas pasadas. Mudé la piel no sé bien cuándo ni cómo. La otra semana tropecé en la calle mientras corría. Me di un trompazo nocturno, de película. Caí con el hombro y después el pómulo se incrustó en la acera. Dolió mucho. Pero aún dolía más por dentro. Nadie me vio. Creo que no hay nada roto. Solo lo creo. Sigue doliendo y la zona está hinchada. Antes nunca me hubiera caído.

Así he celebrado los 50: perplejo. Con un despiste monumental. Con pocos proyectos a la vista. Con sensación de término. Agotado. ¿Fracasado? Al menos, en familia y con vino. Una señora botella de 1966. Me la regalaron Miguel y Montse. La descorchamos el domingo sin pensarlo. ¡Cuándo si no! Cincuenta son muchos, muchos años. Bebí un vino que tiene mi edad, otros más jóvenes también lo bebieron. Qué extraño debe de ser tragar algo más viejo que uno. Después pensé en colgar una L de la luna trasera del coche. Y decir que manejo en prácticas, sí, tal y como discurre mi vida.

La revista dominical de El País también ha cumplido años. 40. Con motivo del número especial de aniversario, me he cruzado algunos mensajes con Diego Areso, su director de Arte. Diego defiende con uñas y dientes la portada de esa edición. Un guiño a las redes, un intento de hacerla viral. Yo más bien —se lo dije— creo que es una dejación de responsabilidades. Un signo de los tiempos. Como cuando Time nos eligió a usted, lector, y a mí como personajes del año y puso una pantalla de ordenador en su portada con aquel enorme ‘You’. ¿Que me haga la fotito con la careta de Javier Jaén y la comparta en redes? No, hombre. Además, no es esto lo que espero de mi diario. No es así como pienso que los diarios van a volver a ser imprescindibles.

Un gran periódico no debe desperdiciar nunca el espacio. Ni para agujerearse ni para contarme con alarde cómo afrontará una cobertura electoral, con qué despliegue de periodistas y corresponsales, por muy importante que sea la cita. Eso es provinciano. En cambio, no debe descansar para traerme una y otra vez historias únicas que aporten lucidez al mundo y a mis 50. He leído dos desgarradoras recientemente, y eso me reconcilia un poco: la del banquero Francisco Luzón, atrapado por una terrible esclerosis lateral amiotrófica (ELA), y la de la escritora china Sanmao, seudónimo de Chen Ping, fenómeno de culto en su país y a quien no conocía.

Sanmao nació en 1943 y se ahorcó en 1991 al serle detectado un cáncer. Su familia había huido de China tras la revolución comunista. Luego, viajó por todo el mundo. Se enamoró de un español, José María Quero, al que primero rechazó por jovencito y con quien volvió y se casó después en 1973 en El Aaiún tras el suicidio de una pareja anterior. Enamorada locamente del buzo español, lo siguió en el Sáhara español y en Canarias. Sanmao sobrevivió a duras penas a aquella primera tragedia amorosa, pero aún le esperaba una segunda: Quero murió ahogado en 1979 en una de sus inmersiones. Destrozada, sin fuerzas para vivir, Sanmao decidió regresar a Taiwan. Allí escribió ‘Diarios del Sáhara’ sobre sus años españoles. La editorial Rata ha traducido esa obra por primera vez a un idioma occidental, al español. Buscaban “autores que escribieran desde el corazón, las tripas y la necesidad”, según su editora. ¡Ah, desde las tripas!

A mis perplejos 50, recién llegado de un estupendo congreso sobre revistas independientes en Londres, andamos estos días entre cámaras y entrevistándonos. Hablando con el corazón, con las tripas, desde una profunda necesidad: ¿y ahora? Preguntando, respondiendo o dudando, buscando en cualquier caso, escuchando, interesándonos. Como perfectos periodistas, sugiere Grassa Toro, que no deja de soltar bombitas. Como habrían de vivir los diarios siempre, pienso yo. A ver si el secreto va a estar en la entrevista…

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3 Responses a “50”

  1. Diego says:

    ¡Bueno! Quiero defender (con más uñas y más dientes) la portada del 40º Aniversario. Lo que más me gusta de ella no es que tenga posibilidades virales, que también. Lo que más me gusta es que es una portada alegre, juguetona, y que permite acercarse al papel de una forma más lúdica de lo normal. Que los lectores hayan podido jugar con la revista crea, a mi modo de ver, un vínculo emocional muy interesante.

    Además: para apostar por historias ya está el número normal de la revista. Creo que en un extra de cumpleaños nos podemos desmelenar un poco…

  2. Javier says:

    ¡Javiero!
    Muchas felicidades, aunque sea con un poco de retraso.
    Creo que has estrenado los 50 un tanto alicaído. Los pocos meses que te llevo de ventaja me han servido para confirmar que es un momento magnífico: hemos invertido medio siglo en prepararnos para lo que empieza ahora, que es lo mejor (a pesar de que el cuerpo se resienta y se queje, ay).
    Un fuerte abrazo.
    Javier

  3. Leonardo says:

    Estimado: que oportuno comentario sobre la desconexión de los medios con nuestro público. Como comentas cito: “es el signo de los tiempos”.

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