Abril 9, 2016 1

Al revés

Por Javier en General

Hace mucho frío en Pamplona, un frío tardío que no hay manera de sacudirse. Este inicio de primavera está siendo duro, al contrario que el invierno: el mundo al revés.

Ni un mes después de anunciar que la edición impresa es un miserable resumen para ingenuos-nostálgicos, El País sube su precio. El precio del boletín de papel, claro está, el que lo sostiene todo; la versión completa en internet sigue siendo gratis. Si ya lo decía: el mundo al revés. Como rediseñar un estupendo magazine dominical para volverlo gráficamente insípido en lugar de poner patas arriba el diario, que es lo que verdaderamente se cae a pedazos.

Pero el otro diario de mi rincón también me ha propinado una patada en el culo. En lugar de hacernos la ola a los suscriptores de toda la vida, va y nos cierra su edición digital. Conformaos con el papel, nos dice sin decirlo. Y sin explicaciones. A cambio, ha creado otra figura, y parece que más importante: el suscriptor digital. Alertas en el móvil, contenidos sin candado (que son, paradójicamente, los que produce y proporciona el papel: los que yo mantengo con mi suscripción), acceso al pdf de la edición impresa, incluso dos ediciones exclusivas para tabletas: una vespertina y otra de fin de semana. ¡Y le da todo a precio de saldo!

Así que tengo dos opciones: o clausuro definitivamente mi rincón o cambio en este caso una suscripción por otra. Me hago suscriptor digital, pago la cuarta parte y obtengo todo lo nuevo, todo eso que viral y lustrosamente ha pregonado mi diario. Más por menos. Otra vez el mundo al revés. (Eso sí, no puedo evitar preguntarme: ¿y si hacen lo mismo que yo todos los demás suscriptores?)

Asisto al congreso anual de la Society for News Design en San Francisco. Cerca de Silicon Valley, el programa está repleto de desarrolladores y otros tipos estrafalarios que invitan a la audiencia a hacer ruiditos con sus teléfonos móviles. Sesiones ¿muy inspiradoras? En medio del despiste, la SND valora seriamente la posibilidad de pasar a denominarse Society for New Design. Para estar a la altura de los tiempos y de lo que se nos demanda, argumenta sin pestañear. New Design… De no creer, como diría en La Nación Carlos Roberts. Iba a California buscando algo de calorcito y regreso congelado y meditabundo. ¿No serán muchas tres cancelaciones?

En el aeropuerto compro el último número de Panenka. Dedica su número 50 a mi promoción, la de 1966. Me reencuentro con una cuadrilla de cincuentones mayormente calvorotas y barrigones. A muchos de ellos no los vi más: Penev, Futre, Milla, Stoichkov, Djukic, Pantic, Zola, Romario, Nayim, el maldito Savicevic, Kosecki, Rubén Sosa, Nadal, Higuita, Weah, Mazinho… Caigo en la cuenta de que Mazinho es el padre de Thiago y Rafinha. Sonrío resignadamente, que es como sonreír al revés. En medio de tantas calamidades, The Times sigue fuerte. Su edición impresa crece, me cuentan. Y además ha decidido dejar de actualizar al instante sus plataformas digitales. A partir de ahora sólo lo hará tres veces al día y dos los fines de semana. Qué maravillosa decisión al revés.

De tanto dar vueltas, he acabado por confundirme. Ya no sé si cuando digo al revés es para criticar o para elogiar. Será el frío. ¡Abril antipático y adverso!

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One Response a “Al revés”

  1. Estela says:

    Pues, Javier, con tus palabras desde Pamplona, me llenas de calorcito… ¡Yo tampoco entiendo nada!

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