Noviembre 14, 2014 6

Aniversarios

Por Javier en General

Acabo de cumplir 48 años.

Se acaban de cumplir 25 de nuestra graduación universitaria. En la comida con intercambio de fotos familiares, a la que no pude asistir, las amigas de Elena se refieren a mí con comentarios elogiosos, casi halagadores.

El sábado fui a comprar zapatos con mis padres. Mi regalo de cumpleaños. Al ir a pagar, la dependienta, joven, creyó por dos veces que yo era el marido de mi madre.

A la salida pasamos por delante de lo que un día fue la zapatería de mi abuela. De pequeño pasaba horas en la trastienda entre montañas de cajas y escaleras empinadísimas. Se me debió de quedar cara de zapato. O de abuela. El establecimiento cerró al jubilarse mi tía Marisol. El céntrico chaflán lo ocupa hoy una firma de bragas y sujetadores. Hay veces en que no me reconozco.

Se acaban de cumplir once años de los ÑH, ¡once años!, y también de La Cala, en Chodes, donde pasan cosas.

Se acaban de cumplir 50 años del importantísimo Programa de Promoción Industrial de Navarra. Julio Martínez Torres, que fue mi director en Diario de Navarra, ha contabilizado con obsesiva precisión —la que nos enseñó— los números y el alcance de aquella iniciativa que transformó mi tierra. En una intervención reciente recuerda además cómo el diario fue herramienta activa del plan. “Pensábamos que un periódico, además de informar, formar y entretener, está para cambiar la sociedad. (…) Cuando un periódico defiende sin tapujos y con independencia lo que preocupa a los lectores, a la sociedad, estos se agarran a su credibilidad”. Martínez Torres cedió los trastos a Inés Artajo en 2006 y nunca más se supo de él. Mi padre solía verlo hasta hace poco en el monte. Sonrío al reencontrarlo envejecido en la foto del periódico.

El Mundo también acaba de cumplir 25 años. Algunos compañeros de carrera formaron parte del equipo fundacional. En medio de la trifulca, vienen a mi memoria —cómo no— el discurso de Pedro J. Ramírez y la inolvidable fotografía de portada del pasado enero, la del día siguiente a su emocionante despedida. En primer término, mirando a cámara, con sus tirantes y protagonista absoluto, Pedro J. Junto a él, levemente inclinado, ¿abrumado?, la vista clavada en el suelo, Casimiro García Abadillo. Detrás, casi con lágrimas, Victoria Prego, y abrazado a ella Antonio Fernández Galiano. ¡Qué gran farsa! Y yo me la tragué. Otras consideraciones al margen, incluida la brillantez del cesado, a quien no le perdono que me engañara, Pedro J. debería aprender de Julio.

Acaba de morir nonagenario Ben Bradlee, el director legendario de The Washington Post, incansable buscador de datos y referencia —según él— de Ramírez. Los reporteros del Watergate, Bob Woodward y Carl Bernstein, le han tributado un precioso homenaje escrito. Cuentan Woodward y Bernstein (que para mí siempre serán Robert Redford y Dustin Hoffman) que en una entrevista grabada con Bradlee en 2008 éste les confesó ya entonces su honda preocupación por la situación de los medios. Por su declive económico y social. Sobre todo, por la impaciencia y la velocidad a la que circulan las noticias. “No puedo imaginarme un mundo sin periódicos. No soy capaz. Me horroriza”, decía entonces.

A mis 48 también yo uso tirantes a veces. Entiendo y no entiendo a Pedro J. El suyo sí que es un drama versallesco. Por eso, ahora que me han confundido con un abuelo y me he convertido en ser sexualmente transparente, me atrevo a leerle estas líneas magistrales del catedrático Manuel Cruz publicadas en El País: “(…) Nada consigue derrotar a la alegría por la vida vivida. El que ha amado profunda e intensamente deja un rastro, imborrable, de amor tras de sí. Y esa alegría por lo sentido puede con todo, incluso con la muerte, ante la que no agacha la cabeza. Esto es lo que significa, en definitiva, que el amor posee una inmensa capacidad de revelación: que, frente a la triste inanidad y la perplejidad sin remedio de aquel que se consume en la infatigable fugacidad de su presente, el amor derrama luz y verdad sobre el entero tiempo de quien lo vive (en incluso un poco más allá)”.

Yo tampoco imagino un mundo sin abuelas ni cumpleaños, sin zapatos, sin dependientas desorientadas, sin miserias ni vanidades ni mitos caídos. No imagino un mundo sin periódicos, pero que lo cuenten a la manera de Julio.

La vida es un aniversario, muchos.

Felices aniversarios.

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6 Responses a “Aniversarios”

  1. Norma says:

    Feliz cumpleaños!

  2. Amaya says:

    De lo mejorcico que he leído últimamente.

  3. Alfonso says:

    Grande Javi, como siempre. Abrazos

  4. chuss says:

    Recuerdo perfectamente la tienda de tu abuela. Iba con mi madre y mi abuela. que se echan de menos esos recuerdos.
    Felicidades por cierto

  5. Manuel says:

    Gran artículo: ¡enhorabuena y felicidades, Javier!

  6. Luisgui says:

    Me gustan estas reflexiones, vienen bien

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