Enero 2, 2012 0

Año Nuevo

Por Javier en General

En vísperas de jugar los dos ‘partiditos’ que hicieron ganar al Barcelona el Mundial de Clubes en Japón, Luis Martín le preguntaba a Xavi: “¿Le ha faltado ser más mediático?” Y Xavi le decía a reportero de El País: “Qué va. No fuerzo nada. No tengo twitter ni facebook porque no les veo la gracia. Soy muy sociable, pero con la gente que veo, que se me acerca”. Era lo que me faltaba.

No había acabado de leer la entrevista y ya tenía pergeñada una entrada de libro para este blog, muy en la línea que cabe esperar aquí. La escribí de una tacada. Cómo no, me deshacía en elogios hacia el jugador. Pero, sobre todo, trazaba un hilo argumental entre su naturalidad y el futuro del periodismo. A ver: Xavi es tan maravilloso jugador porque es natural. Asombrosa y periscópicamente natural en el césped; cálida y microcóspicamente natural en la calle. En la edad de la sobreinformación, cuando cae y no escampa el diluvio informativo al que se refería recientemente María Rubio Lacosta, profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Salamanca, Xavi no se altera, no se sobreexpone, no se desenfoca “retuiteando, votando o recomendando experiencias que no tenemos tiempo de vivir”. No quiere ser quien no es. “Pienso mucho y corro lo justo. Veo a muchos delanteros del equipo rival que se pegan unas palizas detrás de la pelota y no tocan una”, reflexionaba para el fútbol lo que valdría perfectamente para la vida… y para los diarios.

No ser lo que no se es (y no angustiarse ni acomplejarse por ello). Salir. Escuchar y rozarse. Mirar. Tocar.

De todas formas, me estaba saliendo una entrada tan previsible y papelera, tan ‘cavernícola’, al decir de algunos amigos y seguidores, que preferí guardármela para mejor ocasión. Fueron pasando los días. Y voló diciembre. Y se esfumó 2011. Sin despedirse siquiera. Y heme aquí un triste lunes, 2 de enero de 2012, todavía con aquel runrún… y otras cosas.

Anoche vi una joyita silenciosa en el cine. Se titula ‘The Artist’. Es francesa. La dirige Michel Hazanavicius y la protagonizan Jean Dujardin y una inolvidable Bérénice Bejo. Cine mudo como el de hace 80 o 90 años. En blanco y negro. Dicen que va a ganar muchos óscares. Puede ser. La película tiene dos momentos mágicos y los dos tienen que ver con el silencio del silencio. En uno, George Valentin (Dujardin) deja de ‘oírse’: puede escuchar todo y a todos, pero no su voz. Es una metáfora angustiosa, claustrofóbica y premonitoria de lo que le va a pasar. En el otro, sin música de fondo siquiera, la respiración de toda la sala suspendida, los dos protagonistas se abrazan y Valentin es por fin capaz de ‘abrir’ los oídos.

A mí me conmovieron dos cosas. Una alimenta mi alma ‘cavernícola’: todo en la película gira aún alrededor de los periódicos. Otra incendia cierto desasosiego: una persona en la cresta de la ola se queda, de repente, fuera de juego y no entiende nada de lo que está pasando.

Salí del cine y pensé —no sé por qué— en Guardiola, capaz de inventarse desde la naturalidad un Barça nuevo, uno más, este año: 3-7-0, el Barça sin delanteros. Y lo vi claro. Tranquilos, no me voy a abrir cuenta en Twitter, pero prometo que no pasa del verano sin manejar con soltura el maldito InDesign.

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