Marzo 7, 2016 4

Carta abierta

Por Javier en General

Señor Caño

Después de leerle con mucha atención y confirmar mis peores presagios, le comunico que con fecha 7 de marzo de 2016, es decir, hoy, he solicitado al departamento correspondiente de El País mi baja como suscriptor. Deseo con todo mi corazón que los otros miles de suscriptores de la edición impresa que sostienen el periódico como yo lean su carta con la misma atención, caigan en la cuenta de la tomadura de pelo y decidan seguir mis pasos.

Y que cada palo aguante su vela.

El País, dice, entra en una nueva era: la de la sincronización. Van tan adelantados, tanto, que ya consideran la integración cosa de viejunos. Las redacciones no se integran, se sincronizan, nos explica. Y se llenan de analistas de audiencias, expertos en posicionamiento y buscadores, responsables de vídeo e imagen, diseñadores, visualizadores… Me produce sonrojo, señor director, casi vergüenza ajena toda esta palabrería de consultor barato.

Esta última lección se la podía haber ahorrado. No debió ahorrarse nunca, sin embargo, el detalle de dirigirse antes a sus lectores, y singularmente a sus suscriptores, lo mejores clientes de El País, los más fieles, a los que más respeto debe. Explicarnos cómo están las cosas. Pedirnos perdón por lo que van a hacer. Una cortesía, tan sólo eso. Tampoco es pedir mucho, ¿no cree?

Pero hace tiempo que no esperamos nada. En realidad, su carta certifica no sólo una felonía sino sobre todo su salto definitivo al marasmo, donde —no lo dude— se disolverán como un azucarillo. Qué pena ver cómo los amos del marasmo, criaturas de fauces pavorosas y más pavoroso magnetismo de cuello blanco, esos Facebook y Google a los que desesperadamente se han echado en brazos, se mueren de risa.

Es un momento triste para el periodismo en español, señor Caño. No me gustaría estar en su pellejo: pasar a la historia como el director que dio la puntilla a El País. Le agradezco al menos que me haya hecho 500 euros al año más rico, los que me ahorro con la suscripción. Aunque seguramente los emplee en suscribirme a otro periódico. Ya veré.

Antes de despedirme, quiero compartirle una historia que ayer traía su diario. La he leído en papel. No sé si usted la leyó. Un día de hace un cuarto de siglo un tal Eduardo Donato se hartó de la construcción, renunció a su puesto y decidió trabajar para vivir. Buscó lugares por España y encontró una dehesa abandonada en la sierra de Aracena. Luego, investigó qué producir de manera sostenible en ese lugar perdido. El catalán Donato, de 67 años, se afincó en Cortegana (Huelva) y hoy produce 80 jamones al año de la variedad Manchado de Jabugo ibérico, el más caro del mundo: a 4.100 euros la unidad. Los cerdos que se crían en Maladúa —así se llama la dehesa, ver en la foto superior— viven entre arroyos, cascadas y encinares; si tienen heridas se las curan con ceniza de encina y aceite de oliva virgen extra; los desparasitan con hierbabuena y pipas de calabaza. Pasan tres años desde que nacen hasta que alcanzan el peso de comercialización, y otros seis o siete para que el jamón se cure en bodega. Donato renuncia al comercio electrónico y entrega las piezas a domicilio: en Madrid, Bruselas, Berlín, Viena y hasta en Hong Kong. La Biofach de Nuremberg, la mayor feria europea de producción ecológica, ha elegido los jamones de Eduardo Donato como el mejor producto del continente. Ojo, no el mejor jamón sino el mejor producto. Enhorabuena.

Sin otro particular, decirle señor Caño que a partir de ahora nos encontraremos gratis en la red.

Atentamente

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4 Responses a “Carta abierta”

  1. Suso says:

    Simplemente sublime. Gracias por decir lo que muchos pensamos. No soy suscriptor pero sí compro a menudo el periódico y es un palo leer la carta de Caño. El papel está condenado a desaparecer porque ellos creen que está condenado a desaparecer. Suerte que aún quedamos algunos…

  2. Gonzalo Abadía says:

    Una gran carta. Sí señor. Un abrazo y enhorabuena

  3. Manuel Gómez says:

    Estimado Javier, igual soy uno de esos consultores. Igual hasta de los baratos.

    Todo esto no es cuestión de quien tiene razón sino de saber donde se va y cómo se va.

    La decisión de usted es tan respetable como la de quienes estimamos que los datos nos mejoran si se saben interpretar correctamente. Por cierto, con su decisión empobrece esa cultura que usted quiere sostener.

    El periodismo tiene muchas velocidades profesionales. Y muchos tipos de producto. Insisto, el asunto es saber donde se va y cómo se va.

    No seré yo quien censure su pensamiento. Tan solo permita que los que disentimos del suyo, trabajemos. Y que usted siga su camino. Y nosotros, el nuestro. Le deseo suerte. Y le confirmo que no tiene sentido desde mi punto de vista que un jamón cueste 4000 euros. Tan solo que desde mi punto de vista la denominación Jabugo es mi favorita. Pero deje que Guijuelo, siga viviendo. No sé si me explico.
    Un saludo muy cordial.

  4. Pablo says:

    Enhorabuena! Pasará usted de pagar por leer publicidad a leerla sin pagar

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