Mayo 24, 2017 1

Cómo salvar los diarios

Por Javier en General

Renzo Piano detesta las palabras ‘icono’ y ‘gesto’. “Un arquitecto no puede trabajar pensando en crear un icono”, ha dicho recientemente. En términos generales, estoy de acuerdo, aunque eso de los ‘iconos’ y los ‘gestos’ en el fondo sólo responde a nuestra desesperada e inútil lucha por perdurar. Autor del disruptivo e icónico Centro Pompidou de París, Piano ha diseñado ahora el centro de arte Botín, que se inaugura en Santander en junio. Será un icono en la ciudad, le guste o no. Lo sabía desde que el banquero cántabro le encargó el proyecto.

Genovés como Colón, y por tanto más bien tímido y recogido, el Pritzker italiano tiene la edad de mi padre; sigue convencido de que la belleza puede cambiar al mundo, lo cual no está nada mal para tener ochenta años. Estos días he leído cómo inicia cualquiera de sus proyectos. Sigue un método que le enseñó Italo Calvino: pliega una hoja de papel en ocho partes, se la mete en el bolsillo y pasea por el terreno donde edificará. En ese papelito anota las emociones que le sugiere el paseo. “Que los pies del edificio se metan en el agua”, escribió en Santander. El alma de un proyecto en una frase. “Que vuelva a la calle y proteste sin complejos”, me dije al iniciar el rediseño de Libération en 2015. No usé ningún papel plegado, aunque sí una libretica en la que suelo dibujar bocetos. Tiré del hilo y fueron saliendo cosas: filetones gruesos, tramas y sombras setenteras, epígrafes volumétricos, iconografía estilo grafiti, ensalada de tipografías, colores primarios… Libé ya era un icono, no necesitaba de ningún diseñador que quisiera dejar su huella. ¿Supe escuchar en mi ‘paseo’ la emoción autentica de Libération o fue más bien aquello voluntad de autor? Todavía me lo pregunto.

El pasado domingo 14 de mayo The New York Times lanzó una cuaderno especial para niños de 9 a 12 años. Forma parte de una estrategia para que los lectores y suscriptores de la edición impresa “se sientan importantes”. Es la segunda acción que el Times realiza en este sentido. La primera fue a finales del año pasado: Puzzle Spectacular, que incluía el crucigrama más grande de la historia del periódico. No salgo de mi asombro. Un crucigrama de Guinness hace seis meses y un suplemento infantil ahora. ¿Es ésta la manera de reforzar el periodismo impreso? ¿Es así como salvaremos los diarios?

Y en esto, aparece Tyler Brûlé, viejo conocido. Encuentro al fundador y editor de Monocle esta semana en Viena, donde tiene lugar el European Newspaper Congress. Asisten quinientos directivos y periodistas de todo el continente, que no sé si acaban de entender lo que dice. Habla tan deprisa que es difícil seguirle, pero no es por eso que no lo entienden… ¿Pionero? ¿El primero? “Eso no vale de nada”. ¿Silicon Valley? “Ellos no tienen la respuesta para todo. Mejor una perspectiva europea”. ¿Internet? ¿Redes? ¿Pantallas? “Todo eso no dice nada de ti. Son trabajo”. “Lo que verdaderamente vale la pena, lo que dice de uno, lo premium es el papel. Y recuperar el valor de la marca”, sentencia. La receta Brûlé no es nueva, viene repitiéndola como un mantra desde que lanzó Monocle en 2007. Todavía hoy la revista no se puede leer en internet.

De periodismo no ha hablado mucho, pero sí de autoestima y de emoción. Para comprar periódicos, ha dicho, no sólo hay que dar un buen producto sino que hay que crear las condiciones para que ese producto se contemple, se admire, se desee… “Todos los sectores han revolucionado los canales de venta menos el nuestro, que sigue anclado en el viejo quiosco”, criticó ayer duramente. ¿Por qué no una boutique? ¿Por qué no un espacio maravilloso donde huela a papel, donde la mercancía se exhiba esplendorosa, donde uno pueda sentarse a tomar un café y extender su sábana cómodamente? ¿Por qué no recuperar la distribución —añadiría yo— en lugar de cederla como tantas cosas a agentes externos? Nuestro oficio tiene que ver no sólo con la generación de contenidos sino también —y esto no se acaba de entender— con la distribución de esos contenidos. Es imprescindible recuperar el control de ese canal. Seguro que Brûlé está de acuerdo conmigo, como yo estaba de acuerdo con Renzo Piano.

Tyler Brûlé llegó con sus grandes gafas de pasta y su chaqueta verde, disparó con sofisticada metralleta y desapareció. Anda abriendo cafés e inventando productos de lujo impresos para diarios como el suizo NZZ (Z) o el alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung (Quarterly). También él ha creado algunos bellos iconos. Otra vez, belleza; me persigue. Leo: la belleza sólo puede darse a partir de una reflexión positiva sobre la existencia o sobre algo. Tienen razón Brûlé y Piano. Los diarios sólo se salvarán con belleza… y si queremos salvarlos.

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One Response a “Cómo salvar los diarios”

  1. Pablo says:

    Yo creo que los diarios son la única salvaguarda que le queda al periodismo escrito

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