Una compañía aérea dice mucho de un país. Es como un autorretrato. Nada gaseoso, por otra parte. Muy fiel y concreto. Bien cierto. Es como las filas de inmigración, que también hablan de cómo somos, ¡y de qué manera! Cada vez que me toca guardar vez para mostrar el pasaporte pienso lo mismo: es imposible ‘engañar’ al visitante. Como se gestionan las colas y como te tratan en aduana, así son el país que te recibe y sus gentes.
Hablando de aviones, un buen amigo, con enorme cultura gráfica y gran sensibilidad visual, me dijo hace un tiempo que el logo de Iberia era, a su juicio, uno de los peores del mundo si hubiera que hacer un ranking iconográfico de compañías. No compartí entonces ni comparto ahora su criterio. Reconozco que me gusta el logo de Iberia. Su tipografía sin serif e itálica, rotunda, desprende un nostálgico aroma de otra época. De cuando volar era algo glamuroso, las azafatas eran azafatas y subirse en un avión toda una aventura. Hoy cualquiera vuela por dos duros. No está mal que se haya democratizado la aviación. Pero luego pasa lo que pasa.
Lo he comprobado definitivamente esta semana. Bajaba de un imponente Airbus 340-600, llamado Pío Baroja. Ya se sabe que Iberia bautiza su flota de largo radio con nombres de personajes históricos españoles que han destacado en los campos literario, artístico o científico. En los últimos años he volado con los Concha Espina, Rosalía de Castro, Rosa Chacel, María Guerrero o María Zambrano. Y, más recientemente, con Julio Romero de Torres, Salvador Dalí, Ignacio de Zuloaga, Joaquín Rodrigo, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez… Nombres insignes que dan aún lustre romántico a la aviación. Aurora y Flora, dos Junker G24 de 1929, son los nombres de avión más antiguos que se conocen de la flota histórica de Iberia. Pues bien, bajaba, digo, del avión y caminaba somnoliento por el interior del ‘finger’ después de un largo viaje. Miré fuera, al avión que estaba aparcado junto al nuestro, uno de Air Europa. Todavía no me explico cómo los pilotos de la compañía no están al menos en huelga de celo: el dichoso aparato ése se llamaba —se llama— David Bisbal.
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Curiosa reflexión. Mientras que Iberia ha reducido su calidad hasta lo indecible, es cierto que ha sabido mantener su imagen de marca y de “prestigio” como pocas. El logo y la librea de Iberia a mi, personalmente, no me entusiasman ( mi favorito es el anterior que duró hasta 1975 aprox) pero lo cierto es que siguen teniendo mucho éxito entre los aficionados aeronauticos junto con otros “clásicos” que llevan mucho tiempo sin cambiar como el de Alitalia.
Me parece muy acertada esa idea que apuntas sobre los nombres de los aviones. Y especialmente curioso, dado que probablemente la calidad del servicio en Air Europa sea a dia de hoy practicamente igual y seguramente superior al de IB. Pero efectivamente es patética la imagen de la empresa y da una idea muy pobre del país, y de la cultura empresarial bautizar un avion como Davida Bisbal. Asi no me extraña que la empresa no sea capaz de quitarse de encima la imagen de empresa charter, popular, para llevar turistas de vacaciones.