Abril 4, 2012 2

El alemán

Por Javier en General

Reinhard Gade era el canon.

Reinhard Gade era Reinhard Gade cuando los diseñadores de diarios no tenían nombre en España y escasamente en el mundo (Palazzo, Silverstein…), antes incluso de iniciarse la era Mario García.

Fermín Vílchez, colega del alemán, y por eso mismo amigo del rigor y enemigo de los excesos, conoce todos los nombres y todos los chascarrillos del diseño periodístico español mejor que nadie —su reciente libro ‘Historia gráfica de la prensa diaria española. 1758-1976’ es referencia obligada—; si lee esto me dirá que no es exactamente así, que ya para entonces existían imprescindibles como Suárez de Figueroa, José Escuder, Fernández de la Cancela y su discípulo Luis Infante, por ejemplo. Espero que me perdone el exceso.

Pero es que los de mi generación crecimos con Gade, de quien por cierto no sabíamos nada. Nada más —y nada menos— que El País, su obra. Punto. De repente, el alemán desapareció. No frecuentó nunca congresos. No cultivó focos. Ni siquiera los de El País, que cegaban más que iluminaban de tanto éxito: durante los siguientes 35 años su periódico lo ninguneó. Hizo, sí, episódicamente, Heraldo de Aragón y Diario de Cádiz. Nada comparado con El País. Sencillamente: Gade se borró del mapa, se esfumó. Ha estado viviendo y pintando en Chinchón, con su familia, desde entonces.

Sabían de él, claro, Vílchez y Julio Alonso, ya desaparecido también. Liderados por Gade, los tres formaron el inolvidable equipo que implantó en España el diseño racional y modular. El canon de El País. Las consecuencias de aquella invención que no lo era son incalculables. Todavía hoy siguen vigentes en buena medida. O se parecía a El País o un diario no era un diario.

Esto no es ninguna exageración: ¿por qué todos los diarios, todos, adoptaron un lead en negrita al comienzo de sus textos?, ¿por qué la cursiva es la tipografía que ha identificado invariablemente los géneros de opinión?, ¿por qué la negra es para noticias duras y la regular o blanca para reportajes y cultura?, ¿por qué no hace falta gritar para tituar destacado? (…)

La biografía de Reinhard Gade (Lübeck, 1937) está sobria, modular, alemanamente glosada hoy por el propio Vílchez en su obituario de El País, y por Darío Valcárcel, uno de los promotores de ese periódico, en el Abc del pasado día 1 de abril. Caigo ahora que tenía la misma edad que mi padre…

Lo conocí fugazmente durante el congreso ÑH1, en el otoño de 2004. Tuvimos la feliz idea entonces de reunir a Gade, Alonso y Vílchez en A Coruña. Reconocimos su trabajo. Creo que fue el último homenaje que recibió en vida. Carlos Pérez de Rozas, aún más fetichista que yo, me lo sigue recordando. Poco después, o poco antes, ya no sé, compartí con ellos un almuerzo y muchas risas cómplices en Madrid. Me llevaron a un restaurante castizo en Chamberí. Me recomendaron vivamente un ‘steak-tartar’ que es el mejor que he probado en mi vida. Vino y licores en abundancia, acabamos en el piso madrileño de Vílchez, creo. Yo no decía nada. Sólo miraba y escuchaba.

Leo a Valcárcel que Gade se hizo con el proyecto de El País tras ganar un concurso restringido a otros 16 candidatos, entre ellos Satué y Corazón. Menos mal que ganó… Le dieron 50.000 pesetas por ello y se quedó a vivir en la calle Miguel Yuste. Intensa, exageradamente. Como hacía todo. Tenía un carácter endiablado y pocos pelos en la lengua. Salió enfadado de muchos sitios.

El periodismo y su diseño reflexivo eran para Gade mucho más que un oficio, que ya es mucho: eran una manera de estar en el mundo. Así escribió ‘Diseño de periódicos: sistema y método’, trasunto a su manera de la obra de Müller-Brockman y de la maravillosa escuela radical suiza. Romántico, juramentado, resquicio de otra época, de cuando a los periódicos les gustaba hacer periódicos, lo mejor de Reinhard Gade llega sin embargo al final, cuando vive su momento más sublime al margen de la aburrida y previsible modularidad: cuando, como Robert Graves, encuentra en la meseta su Deià continental, a golpe de cochinillo.

Se daría cuenta entonces, digo yo, de que el tiempo es circular y de que la imperfección siempre sugiere y alumbra territorios más excitantes. Lástima que no le diera tiempo a escribir el segundo volumen de su obra: el contramétodo. Estoy seguro de que hubiera inventado el nuevo El País que tal vez necesita el periodismo español hoy.

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2 Responses a “El alemán”

  1. Laura says:

    Muy emotivo. Gracias

  2. Avilés says:

    Inolvidable aquella conferencia, Javier. Me ha hecho recordar a Julio, con quien trabajé durante algunos años en Joly. Ni siquiera ellos lograron hacer entender a los editores de qué va esto. Tiempos negros…

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