Marzo 26, 2017 0

El fracaso de la infografía

Por Javier en General

Todavía no he visto un gráfico que explique por qué la velocidad de la vida se incrementa año tras año, o eso me parece. Sería un gráfico sumamente interesante. Aunque no sé si me tranquilizaría o si verlo me generaría más ansiedad.

¿Cómo sería este gráfico?, me pregunto.

Me viene a la cabeza un tipo de visualización con forma de espiral o torbellino, como uno de esos tornados que, a su paso, arrancan de cuajo las cosas y se las tragan, se tragan todo. No habría números, o estarían todos ellos diseminados de cualquier forma, o serían las propias coordenadas del gráfico las que se dislocarían… En fin, un caos de gráfico.

Podría ser también un gráfico de flujo, criatura de mil tentáculos que se retuercen, me atrapan y me asfixian antes de arrojarme a sus fauces. O bien, por qué no, un gráfico de dispersión: un denso estado mental poblado de burbujas lisérgicas que flotan y chocan y rebotan, o que simplemente refulgen titilantes. Burbujas hipnóticas que me adormecen con su melodía reptil: mecido, me dejo llevar. Es probable que no despierte jamás.

Sería, de eso estoy seguro, un gráfico agobiante. Opresivo. Con rasgos psicóticos. De diván. Todo eso sería. No es para menos. La vida no es una simple cronología. Lo voy consultar con Cairo, con Fernando Baptista, con Duenes, con Heumann, con Loscri… A ver qué dice Grimwade. ¿Qué pensará del vértigo el nonagenario Urabayen?

Hace unos años escribí que sólo la infografía salvaría a los periódicos. Creía entonces que la experimentación con nuevas narrativas nos ofrecía inmensas posibilidades de desarrollo. Que el futuro de los diarios pasaba por acabar con la tiranía del texto-foto, texto-foto, texto-foto. Por abrirse a la condición de sobre-sorpresa. Y ahí, sí, la infografía parecía un elixir.

Pues bien, hemos llegado a un punto en que ni siquiera los gráficos parecen tener esos superpoderes. ¡Si hasta Supermán nos ha dejado tirados! Por mucho que nos quieran hacer creer lo contrario, por muchos congresos y ensayos y libros y gurús que clamen, el periodismo actual es más débil que nunca. La situación de los medios es comatosa. Y es así no porque lo diga yo o porque me guste chapotear en la miseria y recordar los buenos viejos tiempos. No, el problema es que hombres y mujeres de 2017 ya no conceden al periodismo la autoridad que tuvo un día. Hoy, reconozcámoslo, sólo somos una voz más en medio del griterío. Y no la más confiable.

Malofiej, la cumbre y los premios, cumple 25 años. En este tiempo, la cita ha visto cómo nacía, se desarrollaba y consolidaba la infografía moderna hasta convertirse en una vedette. De todo ha pasado en este cuarto de siglo: guerras crueles y siempre injustas, formidables movimientos migratorios con su drama, el final de un mundo bipolar y la vuelta a una suerte de medievo incontrolable, el nuevo terrorismo islamista y también el exhibicionista, los dos muy virales, casquetes polares derritiéndose, seres humanos transmutados ahora con cinco extremidades, el advenimiento de una nueva tiranía tecnológica-telefónica que lo trastoca todo, ¿el final de la conversación?
No sé si la infografía ha revolucionado el periodismo, como solemos convenir. Sí que forma parte indisoluble del paisaje periodístico con todo lo que eso supone. También del no periodístico, es decir, de todo lo demás. Nos hemos zambullido con nuestras cinco extremidades —no soltamos el móvil ni torturados— en las profundidades abisales del ‘big data’. Y ahí al fondo permanecemos, no sabemos si bien o mal, mecidos o zarandeados, en cualquier caso instalados. Ya no respiramos por la nariz sino por la mano, ahora prolongada. Ya no miramos con los ojos sino con el ombligo, selfi de muchos pixeles. Ya no escuchamos con los oídos sino con shazam. Ya no hablamos con la boca ni con su lengua desnuda sino a través de siri, secretaria de lujo. Ya no hacemos el amor acariciándonos sino sólo por whatsapp. ¿A qué sabrá la próxima comida smartphone? ¿Sabrá?

De esta vida nuestra acelerada no se sustraen los Malofiej. No podrían hacerlo aunque quisieran. A sus inicios revolucionarios, pero serenos y un punto ingenuos, se han sucedido después desarrollos extraordinarios y extraordinariamente veloces. Tanto que no ha sido fácil decir no a surfear la ola en primera línea… ¿Ola? ¿Quién dijo ola? ¡Es un tsunami en toda regla! Llegados a este punto, ¿tiene sentido convocar una nueva edición de los Malofiej: enviar y juzgar trabajos, conceder premios, comentarlos, publicar el libro? ¿Por qué seguir reuniéndonos? ¿Para qué y cómo hacer gráficos en el fondo del mar?

Ésa es la cuestión y el objeto de este libro. No tanto celebrar los éxitos, los hallazgos, todo lo bueno que hemos hecho, sino escudriñar con la mayor seriedad posible los retos y opciones que tiene la infografía en los próximos 25 años. Prestigiosos infografistas de medio mundo han aceptado el reto: poner sobre la mesa sus inquietudes, subrayar algunas (pocas) certezas, aventurar caminos. Lo hacen todos desde su indiscutible experiencia. Nuestro agradecimiento por delante a su generosidad y talento.

Entonces, ¿cómo sería el gráfico de nuestra vida, el que contase por qué todo va más y más deprisa? No, no sería una espiral. No debería asfixiarnos ni agobiarnos ni abrumarnos. Debería ser, más bien, un gráfico silencioso. Discreto. Una pieza modesta, ordenadita, de vía única. Que estimule preguntas y suscite diálogos, conversaciones. Entendimientos. Amores. O quizá no ser nada y dejar que la vida siga acelerándose como quiera. Porque la infografía, por muy buena que sea, tampoco va a encontrar su secreto.

Prefacio publicado en ‘Past, Present, Future. 25 Years of Information Graphics. What’s Next?’, libro editado por el Capítulo Español de Society for News Design con motivo del vigesimoquinto aniversario de los Premios Internacionales y de la Cumbre Malofiej de Infografía.

Share

Tags: , , , , , , , ,

Deja un comentario

Sitio web