Julio 17, 2013 4

El norte del sur

Por Javier en General

Para los que vivimos en el norte todo lo demás es sur, sin matices y sin remedio. Al menos hasta un determinado confín, a partir del cual tiende a surgir otro norte: Buenos Aires, Johannesburgo, Sidney. Pero, en general, no nos cabe un norte en ese vasto sur que se extiende a nuestros pies y que miramos como niños ricos.

Nunca había oído hablar del Norte de Etiopía.

El norte de Etiopía es verde y fresco. Su tierra es roja y fértil. Allí, a dos mil metros, nace el Nilo Azul, que debe de llamarse así porque es de color café con leche… Las gentes del lugar lo llaman río Abay, es la fuente de todas las cosas. En el norte de Etiopía, profundamente cristiano ortodoxo, vivió la reina de Saba y hoy los niños no se mueren de hambre y —cómo no— llevan la camiseta de Messi y pronuncian el nombre de Iniesta.

El norte de Etiopía… Del misterioso reino de Aksum, 3.000 años antes de Cristo, quedan en pie ruinas de templos, palacios y baños, viejas inscripciones, obeliscos. Son el testimonio de la gran civilización etíope. En la capital medieval, Lalibela, la segunda Jerusalén, se ubican once iglesias de los siglos XI y XII excavadas en roca que son patrimonio de la humanidad. A Gondar, capital en los siglos XVII y XVIII, se le conoce como la Camelot de África y muestra imponentes castillos medievales y monasterios de influencia ibérica.

Todo esto lo sé gracias a Elena y a Google, por este orden.

Un día hace un año Elena me dijo que se iba al norte de Etiopía a comprar aire y a sacar fotos. Se hizo con un señor equipo y marchó vía Estambul, Addis Abeba y no sé cuántos sitios más. Yo me vine a Cádiz. Volvió dos semanas después con miles, miles de fotos. Se trajo el norte del sur. Los ojos le brillaban. Estaba guapísima.

Elena dice que estudió periodismo porque quería ser fotógrafa. Ella no lo sabe, pero es justamente al revés: quería hacer fotos porque es una periodista de tomo y lomo. No una periodista tal y como se entiende ahora el oficio: chismosa y metomentodo, prepotente, vanidosa. No, Elena es capaz de mirar sin que su mirada deforme las cosas. Suave, ancha, pudorosa mirada: la mirada propia de una reportera. Y eso es un arte. Se tiene o no se tiene. Lo decía bien Grassa Toro en Chodes el otro día, el día del montaje de la exposición que se inaugura el sábado 20 de julio en La Cala: ¡es tan raro que un fotógrafo desaparezca en sus fotografías! Desaparecer, dejar que los otros o las cosas brillen generosa, incondicionalmente, por sí mismos. Elena sabe cómo hacerlo. Lleva viviendo así toda su vida. Respetar hasta que duele. Estar sin que se sienta mucho. ¡Pero qué presencia tan insustituible!

La imagino en el norte de Etiopía disparando su cámara. Discreta. Calladamente. Invisible. Las dieciocho imágenes que han seleccionado ella y Grassa Toro para La Cala son tan transparentes que, como quien no quiere la cosa, se te cuelan a lo más hondo y te hablan desde adentro. Sin impostura. Sin trampa ni cartón. De un norte en el sur vivo, resplandeciente, que interpela hasta que ya no puedes ser el mismo.

Siempre hay un norte en el sur de nuestras vidas. Llenos de norte del sur: así son los periódicos que a mí me gustaría seguir leyendo todos los días, hasta el último.

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4 Responses a “El norte del sur”

  1. Nerea says:

    Queremos ver más fotos de esta resplandeciente Elena!

  2. Laura Moreno says:

    El perfecto artículo para la mujer más maravillosa del mundo! Ojalá podamos ver más fotos de la tía Elena prontito!! Estoy súper orgullosa de ser vuestra sobri ;)

  3. Ángela says:

    Con muchas ganas de volver a la Cala, de ver las fotos donde pueda ser, Elena. ¡Enhorabuena por la expo!!!

  4. spurgus says:

    Buena definición del Periodismo, Javi: estar sin que se vea, y ser insustituíbe… y qué certero que el carácter de Elena sea tan así. Un abrazo.

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