Mayo 5, 2014 0

El periódico de ayer

Por Javier en General

Stefan Zweig escribió un ensayo magistral y estremecedor titulado ‘El mundo de ayer’. Me lo recomendó, como tantas cosas, el inolvidable Fernando Pérez Ollo. Recientemente, he leído la novelita ’14′, de Jean Echenoz, una de las mejores de 2013 al decir de la crítica. Y acabo de ver la película ‘El Gran Hotel Budapest’, de Wes Anderson, casualmente inspirada en los libros de Zweig, y la estupenda exposición itinerante ‘Ilusionismo, ¿magia o ciencia?’, organizada por la Caixa.

Todas ellas me trasladan a otro tiempo. Lo sitúo entre el final del siglo XIX y el periodo de entreguerras. No es necesariamente mejor, aunque sí de ida, creo. Y aunque en algunas cosas coincidente con el que vivimos hoy, sobre todo por la fascinación tecnológica, es desde luego menos instrumental, más narrativo y por tanto predispuesto al asombro.

Los periódicos favoritos que se acumulan durante mi ausencia en el rincón de la cocina de casa ya mencionado aquí en alguna ocasión hablan también de otro tiempo. Todo discurre tan rápido, tal es el vértigo que vivimos, que el diario de ayer se considera una reliquia informativa; o peor aún: un fajo de papel amarilleado sin valor de ningún tipo. Si hoy se discute la vigencia del diario impreso que circula al día siguiente de producirse las noticias, ¡cómo no habrán de despreciarse los diarios atrasados! ¿A quién se le puede ocurrir guardarlos y leerlos 48 o 72 horas después de su fecha de circulación? No es éste el periodismo 24/7 e hiperactivo que nos venden los gurús de pacotilla. Nada que ver.

Y, sin embargo, ¡qué bien envejecen los diarios! ¡Qué gusto da leerlos con dos días de retraso! A mi modo de ver, no se pasan, no caducan. Diría incluso que saben mejor, como un buen arroz, que al día siguiente aún está más sabroso. Me encanta leer el periódico de ayer o anteayer. Lo prefiero al del periódico del día porque me informa con calma. No tiene prisa, no trata de ser el primero. (Ni yo tampoco). No es presuntuoso ni gritón, no tiene una ambición desbocada. Contiene las mismas historias: ahí siguen, me esperan. Y además ofrece perspectiva. Con los días, las historias adquieren nuevos matices y uno las lee mejor pertrechado para entender… y asombrarse.

Os recomiendo comprar el periódico y guardarlo en la cocina uno o dos días antes de leerlo. Veréis qué cantidad de cosas pasan.

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