Abril 5, 2011 0

El valor de un diario

Por Javier en General

Nace en la Plaza de Mayo, centro histórico de Buenos Aires, y finaliza en Merlo, provincia de Buenos Aires, más de 27.500 números después. Sólo en la capital tiene 106 cruces con semáforos. Por ella discurren 83 líneas de colectivos. Debe su nombre al primer presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Bernardino Rivadavia.

Dicen que la avenida Rivadavia es la calle más larga del mundo. Pero lo mejor es que esta arteria marca el límite entre las zonas norte y sur de la ciudad de Buenos Aires, y que todas las calles y avenidas cambian de nombre al cruzarla, con dos excepciones: las avenidas 9 de Julio y General Paz. Me contaba esta mañana un taxista que todas las ciudades en Argentina se organizan en torno a una avenida Rivadavia. Vendría a ser la decumanus maximus de las ciudades romanas, que también las vertebraba de este a oeste.

Pensaba en lo bonito que es trazar ciudades de esta manera cartesiana y solar. Reticular. En lo bien que funcionan los ensanches de nuestras ciudades, siguiendo el ejemplo del de Cerdá en Barcelona. En lo humanos y acogedores que son. En cómo imprimen un estilo de vida vecinal y dialogante. Y en qué distinto es el urbanismo actual. Las ciudades hoy no se construyen en torno a avenidas Rivadavia sino a octópodos campos de golf con sus tentáculos unifamiliares. Hemos perdido referencias. Y en la vida uno necesita referencias para no perderse o para encontrarse cuando está perdido. Una madre. Las calles de la infancia…

Los diarios deberían fabricarse también sobre referencias. Cuidar sus avenidas Rivadavia. No importa a qué precio. Y sembrar nuevas que darán el relevo. Porque el día en que no haya referencias —Fernando Pérez Ollo, José Miguel Iriberri… y sus pocos sosias en otras cabeceras— los diarios no valdrán nada. Y no tendrán ninguna posibilidad.

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