Marzo 6, 2012 1

En el adiós de Público

Por Javier en General

Público ya no está más en los quioscos. El número 1.599 del viernes 25 de febrero fue el último. 1.599 es guarismo de saldo, como todos los que acaban en 99. Aunque a lo mejor es sólo una casualidad.

Echaré de menos su logo Barceló y una voz distinta que se apaga. Pero no su autoadjudicada superioridad democrática, tan típica de cierta izquierda, ni sus ‘insultos’ a los que no pensaban igual, que ponían al diario —les guste o no, lo acepten o no— al nivel de esos otros que tanto detestaban.

Echaré de menos las portadas de Rapa, su vastísima cultura visual, su delicadeza o su mala baba, aunque generalmente había más de lo segundo, su capacidad de sugerir o de provocar, en cualquier caso su enorme potencia, su cartelismo comprometido, tan poco frecuente en el periodismo español contemporáneo. Pero no su sectarismo trasnochado —no el del diseñador sino el del diario—, ni su tosca mirada ultraideologizada: hay muchas otras maneras de ejercer hoy un periodismo comprometido y con punto de vista.

Echaré de menos la elegante Cellini, la rotundidad de la Clan, la versatilidad y el equilibrio de su retícula de 6 columnas estrechísimas y aún así maravillosamente legibles. Pero no la lengua viperina del Gran Wyoming, ni al engreído Ignacio Escolar, ni siquiera a Luis García Montero, tan predecible en todo que casi no reconozco en sus páginas —en las páginas de Público— al autor de ‘Completamente viernes’.

Echaré de menos los frescogramas y los gráficos-moleskine y tantas cosas probadas por Álvaro Valiño y su equipo, aire fresco, exploraciones de altísimo nivel, exigentes y sofisticadas, un lujo visual que se pierde. Pero no tanto su diseño recargado de rayas de mil grosores y longitudes: sobrediseño.

Echaré de menos las ilustraciones de Mikel Jaso, de Patrick Thomas, de Enric Jardí.., el indudable y ejemplar compromiso visual del diario. Pero no tanta bandera (republicana) nostálgico-incendiaria, puro pasado.

Despedimos a un diario. Es triste despedir a un diario, y más hoy. El panorama periodístico español es más pobre. Me conmueve el drama humano y profesional de muchos colegas y sus familias, algunos buenos amigos, por cierto. A todos les envío mi solidaridad y les deseo la mejor fortuna. Pero no hay que olvidar que un diario es ante todo una empresa: para poder informar libremente y perdurar, hay que ser rentable. Como cualquier otra empresa. Sin ventajas. Público no lo era y por eso cierra. Tiene que ser así. Cabe el lamento, pero no el tremendismo. Es la ley implacable del mercado.

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One Response a “En el adiós de Público”

  1. Javier says:

    Se me fue la mano. Bien que me arrepiento. Pido disculpas.

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