Marzo 3, 2014 4

En la rotativa

Por Javier en General

En las pantallas de televisión pasan en vivo la ceremonia de los Oscar. Gana una majestuosa Blanchett. Me alegro. Luego, sube al escenario a recoger su estatuilla y el encanto de ‘Blue Jasmine’ se desvanece. Lástima. Siempre lo he pensado: los actores me emocionan en su papel, pero cuando se quitan la careta se convierten en uno más. Y entonces tienden a cargarme. Mal que les pese, nadie les ha dado vela en otros entierros… Pierde Di Caprio, un actorazo. No me alegro. Como no sube a hablar, el encanto permanece. De eso sí me alegro.

Cerramos el periódico con los Oscar de fondo y media hora de retraso. No está mal dadas las circunstancias. Hoy lunes llegará despolillado, nuevecito a las casas. Y a las luces —semáforos—. Y a los quioscos. Ha sido un día de locos. ¡Cómo me gustan estos días! No importan los fallos ni cuántos lanzamientos ha vivido uno: se repite siempre —siempre— el mismo misterio, idéntico agrado.

Mientras montaban las planchas, en la rotativa, me he dado cuenta de tres cosas importantes. Y cuando quiero decir que me he dado cuenta quiero decir que me he dado cuenta.

Una: la producción de un diario es algo verdaderamente arcaico. La rotativa es una mole de otro tiempo. Un artefacto mecánico que emociona de puro decadente. Como aquellos ordenadores de los años sesenta que entonces eran la repera. Vale, no he descubierto la pólvora. Sólo he abierto los ojos. Mis ojos. Con todo y antiguo, qué gozosa experiencia recoger un ejemplar impreso de los que acaban ser escupidos por la máquina. Esos periódicos de tinta aún fresca son únicos. Las noticias no son de verdad hasta que no las trae entintadas el periódico.

Dos: esta profesión se va a ir al carajo. En la rotativa sólo estábamos cuatro periodistas. Literal. Hace pocos días, en otro lugar y en otro lanzamiento, no hubo ninguno. Ni el director. Para qué hablar de directores generales, gerentes de publicidad y mercadeo… Estos suelen malmeter mucho, pero luego cumplen escrupulosamente horario y libranza de fin de semana. Aunque eso no es lo peor. Lo malo es que no vibran los periodistas. Cuando llega la hora del cierre y se supone que la curiosidad debe desbordar, la cosa en los rediseños últimos —sin distinción de país— viene siendo más o menos así: gente que acaba su tarea, recoge los bártulos y se larga a casa. Sin alterarse. Cero emoción. Cero celebración. Nada, aquí no ha pasado nada.

Tres: el olor a tinta me excita.

Vuelvo a la redacción. No queda nadie. No gana la de Scorsese. Me voy a dormir.

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4 Responses a “En la rotativa”

  1. Norma says:

    Me encanta Javier. Cuando ganó Cuaron mi comentario fue: Un mexicano gana el Óscar a mejor director, paren las prensas! y enseguida pensé, que comentario más old fashion, pero es que que tenía más adrenalina que retwitealo, que es lo de hoy.

  2. Yohana Silvera says:

    Oh! Sí! ¿Cuándo será que Di Caprio gane? ¿Cuándo será que la profesión se terminará de ir al sipote? Saludos! Gracias por su blog!

  3. MANU says:

    perdona, pero te he leido solamente un poco por encima…..pero me he quedado lo siento con la duda si curras en algun medio de comunicacion… :P

  4. Jorge says:

    18 años en un periódico importante. Quitando 4 de cuatro corresponsal y otros 4 de enviado especial, el resto de noche. Y un montón de fines de semana. Creo que no he visto nunca a esas horas a un solo directivo. Ni de visita con los amigos para ver cómo funciona una rotativa.

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