Julio 21, 2015 2

Espejismo

Por Javier en General


 
Vi agua, a mares, en Madrid. Tanto calor fotográfico me debió de confundir.

Me quemé con fuego latino en las catacumbas de Cibeles y encontré a Zurbarán no en el Thyssen sino en Gran Vía esquina Guatemala. Decía llamarse Luis González Palma y trabajar obras catóptricas. En Recoletos penetré oquedades, hallé bustos clásicos y el cuello infinito de Rebecca. ¿Cómo pudo olvidarlo Paul Strand? ¿Cómo pudo? China y Venezuela y la Alemania reconstruida y hasta Sunset Boulevard irrumpieron antes del almuerzo por la calle de Zorrilla construyendo mundos de hormigón como si tal cosa, ¡y a esas horas! En fin, olí una rosa roja, saludé cerdos volando y visualicé —como se dice ahora— infografías vacunas de 30, 60, 90 y hasta 120 días de maduración que conformaban diverxos lienzos en Chamartín. Ya digo, el calor…

Cádiz es Chile, estrecho y alargado. La Habana es Cádiz, su malecón… ¡qué más quisiera! Apenas un hilo de tierra une a Cádiz con San Fernando, la isla de Camarón, aunque de isla tiene lo que Pamplona. Por ese istmo donde caben apenas una carretera y una línea férrea ha desfilado media historia de España. Atrapado entre mar y mar, todavía puedo escucharla. Elegiría siempre ese lugar exacto.

Hoy he vuelto la cabeza: de la duna bajan a la playa unos veraneantes desconocidos. No son mis primos, ellos bajaron antes, desde el día 1 hasta ayer. Ya no están, ya se han ido, ya no son. Es otra gente. Miro las hamacas, la terraza de la casa abierta al mar y al rayo verde, que busco y no encuentro. Las mismas hamacas tumbadas por otras personas son hamacas distintas. Nostalgia convexa.

Camino del aeropuerto, por la mañana, todas las señales anuncian, prometen: San Fernando, Cádiz, El Puerto de Santa María, Jerez. Pero uno devora kilómetros y nunca llegan. Desfilan lateralmente San Fernando, Cádiz, El Puerto e incluso Jerez, escurridizos, pasan de largo pese a lo prometido, no hay destino, el viaje es relativo, no colma jamás. ¿Dónde están, dónde su esencia?

Fernando me trajo un día un gorro de un soldado caído del Vietcong y así crecí. Cayéndome, levantándome. Quise ser periodista. Quise seguirle. Nunca le llegué a la suela de los zapatos. Hasta ayer Fernando bajaba la duna, hoy el caído es él: en Chile esquina La Habana esquina Cádiz, puerta del mar, un hospital de mierda.

No sé qué estoy diciendo. Espejismos de verano. ¿Un delirio? Ojalá que sólo una deshidratada pesadilla.

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2 Responses a “Espejismo”

  1. Miguel Ángel says:

    … o el deseo de una estrella suene como un cascabel, tal vez.

  2. Miguel Ángel says:

    … o el deseo de que una estrella suene como un cascabel, tal vez.

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