Abril 8, 2011 0

Fotografía anti Twitter

Por Javier en General

Estoy fascinado por el trabajo que el colombiano Óscar Muñoz presenta estos días en la galería La Fábrica de Madrid. Se titula ‘Impresiones débiles’: tres series de serigrafías de polvo de carbón sobre metacrilato. “El bombardeo de datos e imágenes crea una especie de amnesia”, aseguraba Muñoz esta semana en El País. El artista expone así una enorme preocupación personal y de paso pone el dedo en la llaga: la incapacidad del ser humano contemporáneo de retener imágenes. “Sólo retenemos lo inmediato, y así se va creando una especie de manto blanco, la amnesia, que hace difícil retener o mantener una posición crítica ante algo porque no hay tiempo para ello”, añadía.

Formado como dibujante y artista gráfico, Muñoz se sirve de la fotografía sin ser fotógrafo, según leo. Es curioso. A partir de imágenes ya existentes, aplica técnicas de impresión para resaltar la necesidad de capturar y recuperar el pasado. En este caso, sobre tres fotos que forman parte de la historia de la Colombia del siglo XX: el cadáver del político Jorge Eliecer Gaitán, las filas de guerrilleros liberales al entregar las armas en 1953, y un encuentro entre guerrilleros ese mismo año. El autor manipula esos documentos históricos para resaltar, difuminar o modificar protagonismos. “Volver a ver una imagen de hace 50 años da la posibilidad de encontrar otros sentidos”, declara.

Al mirar pasmado estas fotografías intervenidas, no he podido evitar evocar el pictorialismo de principios del siglo XX y nombres imprescindibles como Ortiz Echagüe o Miguel Goicoechea. Cuando el mundo circulaba a otra velocidad y los instantes eran eternos, para siempre. Pero no sólo eso: al detenerme en las series ‘Horizonte’ o ‘Testigo’, por ejemplo, he sentido instatáneamente una bruma adormecedora, la realidad más imprecisa, una imposibilidad patológica por identificar y comprender. Lo que viene definiendo a nuestro siglo de usar y tirar.

Hay gallineros y conversaciones. Hay fotografías de 140 caracteres que tomamos con nuestros móviles sin haber mirado antes siquiera y fotos de excepcional hondura que contribuyen a hacer la vida más reconocible, pese a la bruma. Las primeras no valen nada más que para saciar egos impúdicos y figurar en ránkings. Las segundas nos conectan con la esencia porque hacen el silencio en este insoportable mundo ruidoso. En Twitter no se puede ni hablar ni mirar.

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