Agosto 30, 2012 1

Graffitis en la redacción

Por Javier en General

Nunca me han gustado los graffitis. Y eso que valoro el género. Recuerdo como si fuera ayer cuando paseaba la canícula madrileña de 1987 con mi tío Carlos, penando un desamor y ‘Bienvenidos’ de Miguel Ríos al fondo. Él me hablaba de muchas cosas. Del legendario Muelle, que por aquel entonces ocupaba con sus intervenciones decenas de paredes hábiles de la capital. Tenía gracia el tipo. Sin embargo, los graffitis incomodan mi maniática tendencia al orden y a la limpieza, de la que no se libran —aspiracionalmente— las calles de una ciudad.

Otra cosa son los mensajes arrebatados. También los hay y uno se los encuentra por ahí cuando menos lo espera. “Sonia, te amo con toda mi alma”, leí hace bien poco en Pamplona. No dejan de ser graffitis, es verdad, ni de ‘ensuciar’, atendiendo al criterio de mis manías. Pero hay algo en esos gritos tipográficos que, por el contrario, provoca mi adhesión. En realidad, esto de escribir en un blog no deja de ser un arrebato: un graffiti virtual. Como suena. Tengo para mí que entre todos estamos ‘ensuciando’ con tanto blog el pobre y mentiroso espacio virtual, aunque de momento al menos no corremos el riesgo de que nos pongan una multa.

En México he encontrado por primera vez un diario que acoge en sus paredes graffitis periodísticos o, más bien, mensajes con un punto de arrebato. En las escaleras que comunican las distintas plantas de El Financiero uno puede leer bajo los fluorescentes mensajes escritos por sus redactores. Los hay más o menos cursis. Alguien pensará que tienen poco de espontáneos y que hay mucho de paternalismo en ellos al haber sido promovidos por la el fundador y alma del diario, Rogelio Cárdenas. Puede ser. A mí me han gustado. En sobrio blanco y negro, sobre el sepia avejentado de las paredes, sin alardes, revelan pasión y compromiso. Ingredientes que no abundan en la profesión últimamente.

Más allá de debates estériles, me quedo con dos. El de Alejandro Cruz Medina: “Valor es… El Financiero”. Y el Miriam de Regil: “Mi vida entre sus páginas”. Mézclense ambos, déjense a fuego lento unos minutos y… ¡voilá! El buen periodismo de toda la vida. El único que vale.

PD. En realidad, la primera vez que me topé con graffitis en un diario fue este invierno en Bergen. El estupendo edificio que acoge al no meno estupendo diario Bergens Tidende está decorado con provocadores y coloridos murales de un conocido artista local. Aquí muestro dos. Pero ésta es otra historia.

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One Response a “Graffitis en la redacción”

  1. David! says:

    Me ha gustado. Me gustan los buenos grafitis.
    Un día estaria bien que hablases sobre la decoración de las redacciones Me parece un tema que no he visto por ahí. A mí me gustan las viejas. Quizá por que es donde mejor he estado. Y las del futuro. Esas que serán pequeñas y los plumillas harán su trabajo desde casa. (esto lo digo yo…)

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