Abril 4, 2017 0

Inmortales

Por Javier en General

Every NYT front page since 1852 from Josh Begley on Vimeo.

Javier Barriocanal y Octavio Pardo me advierten gentilmente de que sí se ha hecho una infografía sobre la percepción acelerada de la existencia. Se lo agradezco. Entro en la página de Maximilian Kiener, diseñador austriaco, y ahí está Why Time Flies. Hecha con gusto, muy ilustrativa. Pero nada inquietante. Lo que pasa es que a mí, más que la percepción, que sólo es eso, una percepción, y como tal subjetiva, lo que me preocupa es la aceleración real de la vida. Los relojes y el calendario avanzan cada vez más deprisa, eco seguramente de la expansión acelerada del cosmos, aunque esto me lo acabo de inventar.

Convivir una semana entre infografistas y con gráficos de todo tipo no ayuda mucho a estar tranquilos. Mi agobio proverbial se ha vuelto a acelerar. Alguien muestra de repente el artefacto de Josh Begley, que en 55 segundos ha condensado todas las portadas de The New York Times desde 1852. Desfilan —las portadas— en cámara rápida sobre una cuadrícula de 9×5; las noticias sólo confirman un destino anunciado, inexorable. El vídeo tiene aroma de cine mudo. Sólo faltan carátulas y créditos. La música no la identifico. Es triste y opresiva. Muy a tono con el gran hallazgo de esta vigésimoquinta cumbre mundial de infografía: estamos hartos del big data. De su apariencia científica, que nos enredó y confundió. De sus ínfulas, de sus aires de grandeza, de su afán de superioridad. Se acabó. “Distanciémonos de los datos”, levanta la mano y concluye uno de los asistentes. Llego al final de los Malofiej sin resuello, realmente cansado. ¿Alguien podría detener este vértigo?

Mi padre acaba de cumplir 80 años. Lo dice el periódico y él lo sabe. Nos hemos reunido para celebrarlo. No ha parado de llover en todo el fin de semana. En la gruta de Sara, en el País Vasco francés, la guía cuenta que las estalactitas crecen un centímetro cada cien años. En las paredes calcáreas encontramos incrustados moluscos y otros restos marinos de hace miles de años, cuando el océano cubría la zona. De inmediato, me acuerdo de los mapas de National Geographic y del trabajo portentoso de Fernando G. Baptista. Ajeno a algunas modas y a la estúpida sacralización de lo innovador porque sí, sus gráficos son capaces de atrapar el tiempo. Nos hablan al oído con voz pausada de lo verdaderamente importante. Sus tiburones, sus embarcaciones vikingas, la columna de Trajano o el origen de la ciudad de Londres: allí nos reconocemos. La obra de Fernando es de un rigor impecable, pero a la vez es como un cuento, y por eso produce una cálida ilusión de intemporalidad. Toca lo que John Yorke denomina en su libro Into The Woods “la parte perdida de nosotros mismos” (lo citaba el jueves Jon Schwabish). Esa que, por un instante, hace que nos sintamos inmortales.

La pieza de Maximilian Kiener ‘Why Time Flies’ se puede ver en https://www.maximiliankiener.com/digitalprojects/time/

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