Mayo 26, 2012 2

Yo me jitanjáforo

Por Javier en General

No he escrito una línea desde que Guardiola anunció que se iba y nos dejó a todos sin habla o, mejor, si ganas de hablar. Ando dándole vueltas al asunto preocupado. No creo que esta sequía tenga relación alguna con la marcha del técnico. O quizás sí. Quiero creer que es una coincidencia. El caso es que la sequía está aquí. Llegó y ha acampado a sus anchas.

Con ella se han escondido los hombrecitos. Se esfumaron: ellos y sus letras. No consigo encontrarlos. Al principio pensé que se trataba de una travesura geográfica. Ahora ya no las tengo todas conmigo. Quizá se me metió algo al ojo, una viga, como tantas veces, y no consigo enfocar la mirada. Me ronda sin embargo la tentación de echarle la culpa al mourinhismo. Esto ya me preocuparía más.

Quiero escribir, encontrar a mis hombrecitos. No me sale nada. Ni siquiera este tosco aunque voluntarioso ejercicio de estilo. ¡Qué sensación más molesta ésta de no encontrar las letras! Es como vivir con una opresión en el pecho, como si faltara el aire. Ya que no veo, abro la boca todo lo que puedo —que no es mucho— a ver si por ahí trago algo. Pienso en el protagonista de ‘The Artist’ cuando sueña horrorizado que ha perdido el habla y comienza a gritar mudo frente al espejo. ¡Qué horror! ¡Qué terrible pesadilla! Pienso, claro, en el duro oficio de pintor: ¿qué pinto hoy?, o en el de escritor: ¿por dónde arranco? Buf.

Los periódicos son también lienzos en blanco y los periodistas afanosos currelas en busca de hombrecitos. Cuando no los encontramos, acabamos rellenando páginas con cualquier cosa. Y eso se nota. Por eso, siempre he creído que los periódicos tenían que ser mucho más flexibles. Hoy no tenemos mucho que contar y, además, desgraciadamente, no tenemos publicidad: cuatro páginas. Mañana, Dios dirá. Dar valor al papel. Aunque esto de dar valor… me suena un poco a cuento chino de banquero.

Busca buscando, me topé con un pueblecito de la provincia de Zaragoza donde dicen que se congregan hombrecitos que venden letras que construyen nombres que hacen listas que alumbran promesas que alivian afanes que procuraron alivios que prendieron luces que nombraron cosas que se deletrean a, b, c, d, e, f, g… (Esto es sólo una mala versión de los caligramas que Carlos Grassa Toro ha escrito para un maravilloso folleto ilustrado por Isidro Ferrer para Agua de Lunares. Agua, aire, tierra, fuego. Como la facada norte o el toldo decotado que ambos instalaron en la Expo 2008: “Yo te chubasco, tu me diluvias…” Espero que no le parezca mal esta admirada usurpación).

En Chodes he aprendido a nombrar y a decir jitanjáforas. Las jitanjáforas son palabras que no existen, pero que llenan de sentido nuestras vidas. Nombrar es dar sentido: encontrar. En Chodes —en La Cala— encontré a los hombrecitos. Y más cosas. ¿Los encontrarán también los diarios? ¿Llenarán sus páginas de jitanjáforas?

El viernes Guardiola se marchó como llegó: jugando maravillosamente con los suyos, con sus hombrecitos. Pero, tranquilos, los hombrecitos se quedan.

Adiós.

Share

Tags: , , , , ,

2 Responses a “Yo me jitanjáforo”

  1. Miguel y Montse says:

    Te hemos echado de menos.

    Nos han gustado mucho los que has escrito.

    Muchos, muchos besos.

Deja un comentario

Sitio web