Septiembre 30, 2011 0

Las portadas de Hugonnier

Por Javier en General

Descubro en Babelia una artista y una exposición que despiertan inmediatamente mi curiosidad. Buceo un poco. Se trata de la francesa Marine Hugonnier. Sus cuadros han formado parte de la muestra titulada ‘I Am Still Alive: Politics and Everyday Life in Contemporary Drawing’, que ha albergado el Museo de Arte Moderno de Nueva York hasta el pasado 19 de septiembre de 2011. Hugonnier trae ahora algunos de esos cuadros a Barcelona, a la galería Nogueras&Blanchard, hasta el 26 de octubre: los últimos cincuenta años de la historia de España.

La exposición del MOMA mostraba cómo los artistas reaccionan ante determinados acontecimientos que suscitan emociones violentas o complejas. Marine Hugonnier utiliza portadas de diarios —de ahí mi interés— y sustituye las fotografías por reproducciones de cuadros de Ellsworth Kelly. Kelly, a su vez, sólo emplea colores puros y fabrica formas geométricas sin transfondo alguno: no se refieren a nada, a nada remiten. Son, al decir del crítico que leo, como ventanas ciegas en una fachada. Los colores vibrantes contrastan con el tono sombrío de las noticias. Lo que el texto dice queda neutralizado por la imagen. Resultado: un diario con noticias que marcan la historia, pero ilustrado con imágenes que no quieren marcar nada. Un periodico que es una fachada cuyas ventanas no se abren.

Aunque yo no estaría tan seguro.

Miro la portada ‘intervenida’ del ejemplar de Los Angeles Times que da cuenta de la muerte de Michael Jackson. Puedo percibir y hasta entender lo que sentía Jackson: su fatiga, sus alucinaciones, su desvarío, su infinita soledad…

La elección de Abbas en Palestina no despierta optimismo alguno en Le Monde; al contrario, el vespertino francés lo ve negro. Y negro sigue el panorama hoy.

Un rayo electriza las portadas de The New York Times y de The Washington Post del 1 de enero del año 2000, cuando parecía que se iba a desencadenar el colapso informático. Falsa alarma.

Salto a la portada de The Guardian que da cuenta de la caída del Muro de Berlín en 1989: advierto energía y vitalismo a raudales, escucho el griterío expectante, Pink Floyd al fondo, el futuro se cuela sin remedio por los agujeros que perforan la vieja pared divisoria.

El anuncio de las elecciones generales de marzo de 1979 en España es un canto verde a la esperanza en Ya, mientras que la entrada en vigor de la Constitución de 1978 se celebra con amarilla cautela.

Y así, tras los colores, desmiento al crítico sesudo. Donde él sólo ve ventanas cerradas, yo veo imágenes plenas de sugerencia, incluso vídeos encriptados y documentos sonoros: una tableta en toda regla. Donde para él las abstracciones obstruyen la imagen, yo tengo que apartar la mirada y correr la cortina, cegado por la luz atornasolada de la Historia. Donde se anuncian agujeros negros, realidad suspendida e incluso la muerte del lector para su posterior resurrección como autor —¡qué cosas llegan a decir los críticos de arte!—, yo intuyo el pálpito del quehacer diario, los afanes de la gente y la pericia de los buenos contadores de historia, que todo eso es una portada. Y, por si fuera poco, hasta una versión humanizada y optimista del insondable Mark Rothko.

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