Marzo 31, 2012 0

Malofiej 20

Por Javier en General

La edición número 20 de los Malofiej ya es pasado, como casi todo. Releo las consideraciones que hice hace justamente un año y pienso que la mayoría de ellas siguen vigentes. Podría calcar aquella entrada hoy. Trataré, sin embargo, de no repetirme. Tan sólo apuntaré algunas cosas que me han hecho pensar de manera especial.

1. El gráfico merecedor del Best of Show / Premio Peter Sullivan en medios impressos —’Guantanamo Detainees’, de The New York Times— es un homenaje a la página par en blanco y negro. Sólo por eso ya el premio merece un aplauso. Lo señaló mejor que yo Gonzalo Peltzer en la sesión de presentación y comentarios del jurado. Los periodistas nos comprometemos fácilmente con las portadas o las grandes aperturas, con los temas de postín. Ahí sí echamos el resto. Porque luce. Sin embargo, tendemos a menospreciar el detalle: una conferencia de prensa, un rincón perdido en una columna de breves, por ejemplo. Sin embargo, hoy más que nunca, cada centímetro cuadrado de papel —cada pixel— es una oportunidad única. El futuro de los diarios pasa sin ninguna duda por resolver con magia los fondos olvidados de las páginas pares.

2. Obvio, pero fundamental: ¡qué distinto funcionan las cosas en papel y en pantalla! Los dos premios máximos del certamen, ambos de The New York Times, se refieren a la prisión de Guantánamo y a sus presos. Son la cara impresa y digital de una misma cobertura. Las dos se comportan maravillosamente. Cada gráfico aventaja al otro en lo que debe aventajarle, en aquello en lo que es singular e intransferible por la naturaleza de su soporte. La información es la misma, pero los planteamientos, la resolución, la usabilidad y la experiencia de usuario difieren y hasta se complementan. ¿Tenemos esto siempre en cuenta?

3. La visualización de datos —lo que algunos llaman ‘big data’ y su representación visual— no es que esté de moda entre los infografistas: es que su presencia resulta abrumadora. No estoy seguro de que siempre informe y clarifique, aunque desde luego fascina. Todos los ejemplos vistos durante el congreso me retrotraen a cuando era chaval. Ahora me reiría al ver aquellas películas de ciencia ficción, pero su recuerdo me sigue inquietando. Láseres verdísimos, pantallas y proyecciones con imágenes de ultratumba en arcaico 3D, esferas flotantes como pompas de jabón, códigos binarios ampulosos e indescifrables… Los protagonistas de aquellos largometrajes sí sabían interpretar lo que los computadores vertían; yo no, pero confiaba en mis héroes. Ahora resulta algo parecido. Las visualizaciones casi nunca informan, o al menos no claramente. Pero dan caché. Y si llevan determinada firma… ¡pues habrá que creérselo! Todavía peor: crean complejo de culpabilidad. Si no las entiendes, es que eres medio tonto. Hace tiempo que vengo repitiendo que la infografía periodística —como todo en la vida— tiene unos límites y que si esos límites se traspasan entonces no estamos cumpliendo con nuestra labor de informar.

4. Jaime Serra es un tipo excéntrico en el buen sentido de la palabra. Si es que hay un mal sentido. Gente como Jaime es imprescindible. Él mismo reivindicó al excéntrico —a su Duchamp del alma, sin ir más lejos— en su inolvidable presentación. Sin excéntricos, la vida sería mucho más aburrida y el mundo demasiado predecible y empaquetado. Gracias a excéntricos como Jaime todavía es posible creer en el periodismo. Cuando llevábamos ya horas visualizándonos y mineralizándonos, va este catalán y nos regala… una historia. Una historia leída pausadamente. Como un cuento. Doblemente historia. De esto va el periodismo: de contar historias. Y de esto debe ir también la infografía periodística: de contar historias. Es decir, de informar y emocionar. Las columnas dominicales de Jaime Serra en La Vanguardia son, a mi juicio, la principal aportación registrada en la infografía mundial en los últimos diez años. Desde la cobertura del 11S de The New York Times. Se me dirá que estas columnas no son propiamente infografía. Y yo digo: ¡qué más da!

5. A pesar de su viaje relámpago, Simon Rogers tuvo tiempo de dejar alguna perla: “El diseño importa”. Eso dijo el responsable de DataBlog en The Guardian. Y lleva razón. Hay miles de buenas ideas arruinadas por una mala presentación. No vale escudarse en la idea, como tantos hacen: la infografía es periodismo visual y el periodismo visual exige a estas alturas del partido sofisticación. El periodismo, si quiere sobrevivir, lo pide a gritos. Las audiencias a las que servimos no son las de hace 20 años. Mientras las direcciones de los medios no entiendan esto, es normal que el público huya de los diarios.

6. Existe una obsesión por el futuro. Por adelantarlo. Por vivirlo antes de tiempo desaprovechando el presente. Por inventar. Por ser originales. La obsesión por la innovación, por dar los primeros, lleva a cometer muchísimas tonterías sin sentido y, claro, a tener luego que envainársela. Jaime Serra pasa olímpicamente de innovaciones y, sin embargo, qué curioso, es el que más progresa. Bryan Christie, cuyas ilustraciones despertaron el asombro de todos, reivindicó a Leonardo, a Kandinsky, a Matisse, a De Kooning… Habló de cómo ‘La Piedad’ de Miguel Ángel le emocionó tanto en una ocasión que con ella encontró el camino que había perdido en el curso de un encargo. Christie apenas usa uno o dos colores, y muy ténuemente, en sus obras, que son frágiles y sublimes como la porcelana. “Una cosa está clara: no hay progreso en el arte”, dijo. Y también: “Arte y ciencia son dos caras de una misma cosa: emoción”. La belleza de lo clásico. ¿Hay mayor y mejor innovación que lo bien hecho?

7. Se debatió horrores sobre la omnipresencia y la omnipotencia de The New York Times. Se puso de manifiesto un malestar cada vez más extendido por acumular éste la mayoría de oros año tras año. Se echó de menos la infografía clásica, más ilustrada y menos conceptual. Se llegó a poner en tela de juicio la profesionalidad del jurado. Todas las opiniones son válidas. Todas tienen su parte de razón. No creo que deba ser yo quien defienda a los profesionales de The New York Times ni la honorabilidad del jurado. Unos y otros se defienden fácilmente por sí mismos. Lo que me parece más peligroso, y lo dije el año pasado, es echar balones fuera. Me encantó escuchar a Jaime Serra cuando recogía su premio como el infografista más influyente de los últimos veinte años: la famosa ballena y aquellos años de Clarín, luego continuados por Tumas y Loscri, son el ejemplo de cómo no es necesario disponer de grandes recursos para hacer las cosas bien y alcanzar —aunque esto es lo de menos— el reconocimiento de unos premios. Otros lo han demostrado también con creces, y además en España, y además no hace tanto: El Correo (Zarracina, Baptista) y Público (Valiño y compañía).

8. Creo que las redes sociales deben dar mucho más de sí en cuanto a infografía se refiere. Me da la sensación de que, pese a lo apuntado el año pasado, la cosa no ha acabado de explotar. Terreno para explorar.

9. “La información es digital, la belleza de papel”, dijo Peltzer. Yo también lo creo, Gonzalo.

10. Me miro al espejo, agotado, y me pregunto cómo sería la infografía de mi vida.

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