Marzo 30, 2013 0

Malofiej 21: sensaciones, impresiones, obsesiones

Por Javier en General

Una nueva edición de los Premios Internacionales Malofiej de infografía a nuestras espaldas, la número 21, con decenas de trabajos de todo el mundo a concurso y sus ganadores, ya publicados puntualmente (www.malofiej21.com y www.snd-e.com) gracias al impagable esfuerzo de Ángela. La vida sigue. Por Pamplona, cada mes de marzo, desfilan los mejores infografistas. Muchos en representación de sus medios; otros —los menos— pagándose viaje e inscripción de su bolsillo, por puras ganas de aprender. Admirable. Y más y más caras nuevas y extranjeras: los españoles son menos del 10% de los asistentes. Imposible, claro, no echar de menos a los que un día venían y hoy ya no vienen… Sí, la vida sigue. No se detiene. Implacable. Hay que aceptarlo.

Es curioso comprobar cómo, a pesar de llevar en esto doce o trece años, aún me considero extraño o extranjero o intruso, y según esto mi mirada sobre la infografía y todo lo que sucede en Pamplona cada mes de marzo tiene un punto de distante, como si la cosa no fuese conmigo, lo cual es bueno y es malo, supongo. No soy infografista. Debates encendidos, juicios y polémicas, conteo de medallas, rivalidades… Todo eso uno lo vive con menos pasión. Eso sí, procuro mantener los ojos y los oídos bien abiertos pese a la tentación de aferrarme a viejos argumentos. En cada Cumbre Mundial de Infografía, en cada nueva edición de los Malofiej, me pasa por encima un caudal abrumador de talento, casi siempre joven, y me vuelven a sobresaltar las mismas dudas. Aunque lo peor —o lo mejor— es cuando, de repente, se descuelga un veterano, superviviente de mil batallas, pongamos un Michael Robinson de The Guardian, un Tom Heumann del Frankfurter Allgemeine Zeitung, un Joe Ward de The New York Times, o los mismos John Grimwade y Nigel Holmes, con ese punto británico-americano que los hace únicos. Entonces me froto los ojos, los miro y remiro, admirado. No puede ser, me digo, me repito. Pero, sí, ahí están, unos muchachos cualesquiera, incluso en el vestir, dispuestos a seguir contando historias. Como Miguel, Miguel Urabayen, aunque puestos al día tecnológicamente hablando. ¡Cómo pesan complejos y miedos al verles! Es algo que me sucede siempre, en cualquier redacción: busco a los mayores y me pregunto qué hacen allí, por qué siguen, de dónde sacan la fuerza…

Jaime Serra sigue persiguiendo la emoción e infografiando sentimientos, pero el Best of Show de estos Malofiej 21, es decir, el máximo galardón, recayó en la categoría de medios impresos en la revista National Geographic por ‘An Army for the Afterlife’, un soberbio trabajo sobre los 8.000 soldados de terracota descubiertos en China en 1974 y que hoy cobija el mausoleo de Qin Shi Huang. Con todo, esta vez me ha interesado más el trabajo ganador en la categoría de medios online: ‘Lolo Jones, Cleared for Take Off’, de Joe Ward y Xaquín González, publicado en The New York Times. Como hace dos años ‘How Mariano Rivera Dominates Hitters’, que también se hizo con el primer premio, ‘Lolo Jones….’ representa para mí lo mejor del periodismo en la red precisamente porque no es interactivo, porque no deja que el usuario elija qué camino tomar, porque no abre posibilidades. O porque, por eso mismo, las abre todas.

http://www.nytimes.com/interactive/2012/07/18/sports/olympics/lolo-jones-cleared-for-takeoff.html

‘Lolo Jones, Cleared for Take Off’ es un vídeo asombroso de poco más de dos minutos. Un vídeo que tiene detrás un aparato tecnológico abrumador, aunque no efectista ni estetizante. Un vídeo que en el argot se llama motion graphics. Un vídeo, sí, que cuenta una historia: la de la enorme decepción de la vallista estadounidense y gran favorita Lori ‘Lolo’ Jones en los 100 metros de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, que perdió en el último obstáculo. Yo no me acordaba de esa historia. Tampoco había mirado nunca antes así la otra historia del vídeo: la que muestra cómo los saltadores de vallas vuelan sobre el tartán sin mirar los obstáculos que tienen delante, siguiendo únicamente automatismos que han asimilado tras repetir horas y horas los mismos movimientos. De la precisión con que se realicen estos automatismos dependerá que el vallista alcance la meta sano y salvo o que, por el contrario, se ‘coma’ un obstáculo, como Lolo Jones, y pierda toda opción de victoria. Prodigioso.

No hay interactividad posible en ‘Lolo Jones, Cleared for Take Off’; sólo cabe pulsar el botón de ‘play’ y disponerse a ser espectador durante los siguientes dos minutos y pico. Aquí está la clave para mí, como lo estaba en ‘How Mariano Rivera Dominates Hitters’ o como lo está también en  ‘Snow Fall: The Avalanche at Tunnel Creek’ y en otros trabajos que The New York Times ha presentado con el mismo formato ‘pasivo’: periodismo es unilateralidad, no participación. Lo decía con buen criterio Tyler Brulé, el editor fundador de Monocle, al referirse a su nueva emisora de radio, que cierra el camino a la participación: “¿Por qué no escuchar y nada más?”

¡Hay tanta demagogia con esto del periodismo ciudadano, con la supuesta democratización de nuestro oficio, con el papel benefactor de las redes sociales! El consultor John Paton, fundador de Digital Media First (octavo grupo de noticias por audiencia en Internet), acaba de proclamar que las redes sociales sirven para hacer mejor periodismo. “Si no se entiende esto es mejor dejar el periodismo. ¿Cómo entiendes a tu audiencia si no interactúas con ella?”, le decía recientemente, sin resquicio a la duda, a Rosa Jiménez Cano en El País. No contento con esto, Paton se mostraba en esa entrevista contrario al ‘pay wall’, al pago de contenidos en la red. Y aún mostraba arrestos para hablar del periodismo del futuro, ejem: “(Tendrá) las habilidades del clásico, por supuesto, pero con capacidad para dar un contexto más amplio, seleccionar contenido, generar y conducir debates, captar reacciones, usar vídeos, mapas… Me gustaría que se usara más Storify, que se explorasen nuevas narrativas. La formación del futuro incluirá algo de programación y lenguaje audiovisual”. Las cifras de Digital Media First son de las que quitan el hipo: presta servicios a 75 diarios, suma más de 800 proyectos web, dispone de 10.000 empleados y 61 millones clientes mensuales, ingresó más de mil millones de euros en 2012…Vamos, ¡como para llevarle la contraria!

Y, sin embargo, hay en sus declaraciones algo que me produce urticaria. Tanta seguridad, seguramente. Así que se la llevo (la contraria).

El periodismo es servicio, y sensibilidad, y escucha. El periodismo no es soberbio, no se aísla, no transita con orejeras. Ojo, pero el periodismo no es asambleario, ni participativo, ni interactivo. Nunca lo ha sido. ¡No puede serlo! Dudo mucho que las redes sociales sirvan para hacer mejor periodismo, al menos tal y como se vienen usando hoy y como se anima a los estudiantes de periodismo a usarlas: compulsivamente. Contar historias. Eso, y no otra cosa, es el periodismo. Algo imposible de enseñar en una facultad, algo mucho más sutil y complejo que un conjunto de destrezas técnicas, algo que no está en las redes sino bien lejos de ellas. Lo recoge con tino Pedro Lozano Bartolozzi en su nuevo libro ‘El rapto del periodismo’.

Algo que sí contiene a manos llenas ‘Lolo Jones, Cleared for Take Off’.

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