Mayo 29, 2013 2

Monstruos

Por Javier en General

Fuimos a La Cala, en Chodes, en busca de árnica creativa y Carlos (Grassa Toro) nos enseñó a mentir. Que no es lo mismo que engañar. Por si acaso.

Y hete aquí que durante tres días nos hemos dedicado a mentir como posesos. Y, por ahí, a crear monstruos, y a nombrarlos —que, por lo menos, es igual de apasionante—, y a dotarlos de una peripecia, de un destino, y hasta a habilitar su gabinete, compuesto por tres salas suntuosas.

De las metamorfosis de Ovidio a la metamorsis de Kafka: pobres monstruos. De Luciano de Samósata a Ambroise Paré, a Javier Villafañe y su increíble hombre-gallo Juan: pobres criaturas desdichadas y solitarias, solísimas criaturas, fruto únicamente de nuestra infinita finitud. Monstruos, sí, pobres, utilizados, manoseados, zarandeados por los de siempre, los que no quieren soltar las riendas. “Se trata de ponerle cara al mal”, nos dice Carlos, siempre punzante. Qué bien funciona la patraña. Menos mal que aún queda Agustín de Hipona: “El mundo está lleno de monstruos. ¡Qué grande es Dios!”

En el camino viejo de Madrid a Barcelona, poco antes de Zaragoza y no lejos de Borja, nueva meca monstruosa y universal. Por esa vía pasaron en el XVI Alonso Quijano y su Sancho Panza; hoy sólo pasa el AVE y no para. La Cala es un molino de viento, una ínsula barataria. Llena de monstruos y libros, con perros que se llaman vaca y conquistadores de madera viva, ojos saltones y nariz importante que hacen llorar en la oscuridad. En La Cala siempre pasan cosas.

La realidad es demasiada, Carlos tiene razón. Las máscaras de Pep Carrió se han apoderado del lugar. Son monstruos dolientes; exageradas, insoportables sus historias, narradas por el cronista Grassa Toro con música del XVI al fondo. No podemos con tanta realidad, ése es el nudo de nuestra soledad, dijo Gabriel García Márquez al recibir el Nobel de Literatura.

Hasta que el mundo deja de ser mundo, no quedan rincones por descubrir y hay que llevar el monstruo adentro, que es donde nos encontramos. “¿Quién no se ha sentido alguna vez monstruo?”, se pregunta Rosa Montero en ‘La ridícula idea de no volver a verte’. Monstruos, monstruos, monstruos por todas partes.

La conquista de América es un momento estelar de la Humanidad. Sus cronistas, sigue Carlos, son posiblemente los primeros periodistas de la Historia. Gente que comete atrocidades innombrables de día y que de noche se pone a escribir porque no le cabe dentro tanta realidad. Tiene que contarlo. “Más blogueros que propiamente periodistas”. Pensaba al escucharle, rodeado de monstruos, que en los periódicos de nuestro tiempo tampoco cabe tanta realidad. Aquellos conquistadores de día miraban asombrados árboles desconocidos, animales ignotos, seres incomunicables; y por la noche anotaban asombros, inventaban portentos, glosaban prodigios. Más o menos como hoy. Basta hojear cualquier diario para caerse de culo.

PD. Me he levantado al día siguiente y lo he entendido mejor. Si pasarán cosas en La Cala: aquí los conquistadores son conquistados y los conquistados conquistadores. Carolina es de Medellín y, por tanto, un monstruo. Dulzura de monstruo que un día conquistó —sin atrocidades, creo— esta ínsula y ahora domestica moais y máscaras.

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2 Responses a “Monstruos”

  1. Pep Carrio says:

    Javier, que texto mas emocionante…. enhorabuena. Un abrazo transatlántico. Pep

  2. Rosa says:

    Bueno, bueno, bueno

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