Octubre 21, 2013 0

Papanatas

Por Javier en General

Mi sobrino Miguel es un crío especial. Tiene sólo cuatro años, pero habla como una persona adulta. Lo sabe todo de los animales. Y cuando digo todo es todo. Me llama ‘tío loco’ y su palabra favorita es ‘papanatas’. Así se dirige a cualquier mayor que dice una bobada. No falla.

Papanatas significa en realidad ‘crédulo’ o ‘inocente’, ‘fácil de engañar’. Es un término que se usa igual en inglés y en francés. Ahora recuerdo que los inolvidables payasos de la tele cantaban ‘La gallina papanatas’…

Emilio Trigueros escribió el pasado 10 de octubre en El País ‘El papanatismo tecnológico’, una de las mejores reflexiones sobre la actualidad que he leído en mucho tiempo. Debería ser de obligada lectura en el próximo congreso de la WAN. “Siempre es síntoma de falta de progreso en una época el hecho de que se adentre en exceso en la pedantería de lo técnico”, dijo Goethe. Apoyándose en Goethe, dice Trigueros, que sorprendentemente es químico especialista en mercados energéticos: “Suscita una aprensión, comparable a la de Buñuel ante los aparatos de música, la idea de que un día existan ciudades sin librerías ni salas de música ni cine. La imagen nos evoca un paisaje lunar carente de ficciones o pensamientos, un mundo de androides que se comunican desde sus hogares automatizados con frases cortas y consumen entretenimiento masivo rentable, carente de riesgo o autenticidad, a través de ordenadores y móviles”.

Y sigue, sigue Trigueros: “Llama la atención hasta qué punto la cultura tiene una tendencia natural al cuestionamiento, también sobre sí misma, mientras la evolución tecnológica se muestra siempre con un halo de optimismo adánico, plagado de promesas de un futuro mejor (…). Es indudable que la velocidad a la que se transmiten acontecimientos e ideas es un rasgo definitorio de nuestro tiempo y que la Red está alterando mentalidades y jerarquías, y abriendo posibilidades impensables. Con todo, parece desproporcionada la atención prestada al medio frente al mensaje; a los múltiples aparatos por los que nos llega la misma información mil veces, frente a los cada vez mayores intereses por controlar esa información; a cada nueva función de esos cacharritos chinos con diseño californiano que permiten ver películas y leer gratis, frente a la despreocupación sobre las dificultades económicas de sectores enteros de la cultura y la comunicación, que mejor o peor han alimentado la aspiración de varias generaciones de que comprender y saber, escuchar o sentir, transitar por esa senda común de la curiosidad y el espíritu que es una buena historia, hacen la vida diferente, valiosa. Confiemos en que gurús y prohombres de negocios multimedia hayan subestimado la terquedad de los libreros para resistir y de los cineastas para soñar, la pasión incondicional de una vocación artística o la simple perduración biológica de lectores a los que nos gusta formar una biblioteca propia y regalar libros en momentos especiales”.

El cierre del texto es conmovedor: “Novelas y películas, obras de teatro o poemas, nos hacen falta porque a veces solo explorando el pasado o indagando en símbolos podemos destilar verdades de las groseras simplificaciones en que aprisiona nuestro entendimiento el lenguaje de las élites, o incluso nuestra propia pereza; porque en los flujos de información dominantes existen demasiados intereses en juego para que sea posible, solo con ellos, comprender lo que pasa. Y porque cuando encontramos ideas o descubrimos historias tras los hechos, desdoblamos la aventura humana en otra dimensión; del mismo modo que, tras una infancia feliz, algunos adolescentes se encuentran de pronto desdoblados entre quienes son y quienes les gustaría ser, entre el mundo que se encuentran y el que debería ser posible, y de ahí, a través de pequeñas historias sucesivas de esperanza, de lucha y de conquista, arranca el destino de toda una vida: poder hacer mejor de vez en cuando un lugar en el mundo, y que baste el encanto”.

Pienso en mi sobrino Miguel, que no es químico industrial, cada vez que escucho una bobada periodística o —mejor— a costa del periodismo, que no es lo mismo: un gurú que dijo el otro día que ya no estamos más en el negocio de los medios sino en el del software, la inauguración de otra redacción galáctica más hace pocas semanas en Centroamérica… Periodismo papanatas. Periodistas papanatas. Huelga decir que últimamente me acuerdo muchas veces del chaval.

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