Septiembre 25, 2013 0

Quilombo

Por Javier en General

La Nación dejó el domingo con gran quilombo su céntrica redacción en Bouchard, a pocas cuadras de la Casa Rosada y de donde se cuece todo en Buenos Aires. Gonzalo Peltzer siempre ha defendido que las redacciones de los diarios permanezcan a toda costa en el centro de las ciudades. Concuerdo ciento por ciento con él. Pero estamos en minoría. La Nación deja el corazón de la capital federal, donde ha estado por décadas, y migra a la zona norte, a un edificio nuevecito.

Más de una espalda dolorida ganará con el cambio. En la quinta planta de Bouchard el mobiliario era de aluvión y lucía ajado. La mayor parte de las sillas andaban ya renqueantes, si no desvencijadas. Yo mismo lo padecí. Había algo, sin embargo, en esa redacción que me reconfortaba. Solía acudir temprano por las mañanas. Compraba mi café en Starbucks, cogía —con perdón— el diario y me sentaba en cualquier rincón vacío. Era un ratico mágico de lectura sin interrupciones. No había nadie, no, pero aquella sala y su mobiliario estaban vividos.

Un lugar hay que vivirlo. Una sala de redacción necesita su tiempo. Cada cual debe procurarse un sitio y habitarlo. Convivir con él. Encontrarse en él. Aprender a mirar desde esa nueva perspectiva. Darle calor. Y por ahí con los colegas, que también andan encontrándose: encontrando su lugar en ese nuevo mundo.

La flamante redacción de La Nación en Vicente López será un lugar muy extraño durante las próximas semanas y meses. Estoy convencido de que, aunque ellos no lo hayan pensado, las páginas del diario lo van a notar. Incluso los lectores. Porque no es lo mismo escribir o diagramar en Bouchard, donde siempre, oscurito, que en zona norte: otro trayecto en colectivo, otro ambiente —blanco, tirando a frío—, nuevos vecinos de mesa. Firmarán los mismos, sí, pero sus textos no serán los mismos. Estos han de sonar por fuerza más metálicos, un punto huecos. Hasta que llegue el calor de las palabras del que siempre habla Juan Cruz.

Para que un periódico sea un periódico es imprescindible que mi mesa sea mía y no de cualquiera que pasa por ahí esta mañana, que se levanten torres de papel, que se peguen afiches en las paredes, que corra algo de vino… Que no parezca un banco, ni un bolsa de valores, ni una nave espacial. El calor de las palabras regresará a La Nación cuando se vuelva a armar un enorme quilombo. Les deseo que lo armen cuanto antes.

Domingo, 22 de septiembre de 2013. Último día en la redacción de Bouchard.

Lunes, 23 de septiembre de 2013. Primer día en la redacción de Vicente López.

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