Julio 6, 2016 3

Red the News

Por Javier en General

Este año no he escrito sobre el esplendoroso verde de mayo y junio en Pamplona. Para cuando me doy cuenta el campo está ya amarillo y cosechado. Y la ciudad, preparada para el rojo, a punto de estallar.

Me miro las manos venosas, hoy como a los cuarenta. Me fatigo corriendo como nunca antes. Los médicos rondan. Husmean. “El cuerpo acaba manifestándose, siempre”, dice Carlos. No me tranquiliza. Son las tres de la mañana. Había escrito una entrada larga; la he perdido completica. Será por algo, pienso en lugar de desesperarme.

Reconocía en esa entrada, y ahora en este sucedáneo, a Victoria Prego por su adiós discreto y delicado, que dice mucho de ella y del diario (El Mundo) en el que ha trabajado los últimos dieciséis años. El adiós profesional más bonito que he leído nunca.

Reconocía también a Juan Carlos Laviana, uno de los fundadores de ese periódico, que no menos discreta ni menos delicadamente ha dado un paso al costado. Le echaremos de menos. Y a Rodrigo Sánchez, el mejor diseñador periodístico que conozco, y una de las personas más buenas en esta profesión, que de momento resiste. A Rodrigo le decía que no se fuera nunca. Que en este tiempo de desbandada él perseverara en su maravillosa locura: arriesgar, arriesgar, arriesgar.

Reconocía, en fin, en mi entrada perdida, y ahora en este sucedáneo, el papel del diario El Mundo, precisamente cuando vive su peor momento, o su momento más difícil. El Mundo, sí, tan despreciablemente despreciado por otros colegas que se arrogan el derecho de adjudicar la etiqueta de la calidad periodística. A ellos mismos, claro. El Mundo, con todos sus defectos, pero posiblemente el diario menos sectario, el más guerrillero e imprevisible de cuantos han existido en España en las últimas décadas. ¿Se puede decir algo mejor de un periódico?

Las noticias no dan respiro. La que me ha hecho sonreír estos días: en Pamplona impregnan las paredes del Casco Viejo con una sustancia repelente de orina que hará que los meones infractores se pongan perdidos. Tecnología sanferminera. Vamos a ver cuánto salpica. La que me recuerda mi fragilidad y el enigma de la vida: ha muerto en accidente de moto el comisario de la Policía Foral Mario Zunzarren, articulista y poeta, responsable durante años de la lucha contra la siniestralidad en las carreteras. La que me descoloca: el dichoso ‘brexit’, que ha dejado al Reino Unido temblando tras su órdago irresponsable. Humano pavor. La que me enoja: aquí, en cambio, los políticos no saben cómo se conjuga el verbo dimitir. ¡Qué difícil es decir adiós! ¿Verdad, Victoria?

En esa entrada que he perdido y que ya no voy a tratar de recuperar criticaba duramente la auditoría “creativa” (sic) de El País, más preocupado por aparecer en las revistas de arquitectura y decoración, con sus sofás y áreas de esparcimiento, que por hacer un periodico como Dios manda y servir así a sus sufridos e incomprendidos suscriptores. No, ya no hay papeleras ni impresoras en la redacción de El País, ya no se puede dejar nada encima de la mesa ni colgar un triste abrigo de la silla. ¡Te lo tiran! Por no haber, dicen, ya no hay ni puestos de trabajo fijos, aunque sí, naturalmente, el viejuno y previsible superdesk, aquí llamado ‘command center’ (y no es broma). ¿Es esto un periódico?

En Florida ha muerto en otro accidente Joshua Brown, dueño de un Tesla Model S, que funciona con piloto automático. El coche en el que Brown viajaba —que no conducía— se empotró contra un camión. Es la primera víctima en la carretera de la inteligencia artificial aplicada a vehículos. “Lo que compras no es lectura o cine, sino experiencias. Y el soporte es parte irremplazable de esa experiencia. Por eso sobreviven las salas de cine y los discos, y algunos periódicos y revistas, y los libros, porque son más que su contenido: son expresión material de afecto y afinidad. El hartazgo digital potencia lo presencial, lo directo, lo próximo, lo auténtico”, irrumpe en La Vanguardia Andrew Keen, director del Salón de Innovación de Silicon Valley.

Cumplimos diez años como estudio. Hemos vivido y sobrevivido un poco quijotescamente. Leo la mofa en las caras de muchos, su complejo de superioridad cada vez que pataleo. Lo reconozco: me cansé. He perdido. Ganaron los ventajistas del algoritmo, los prestidigitadores de la gran mentira. Ahora, tomando prestadas las palabras de Keen, tan sólo quiero disfrutar del afecto y de la afinidad de los míos, y de estos Sanfermines que comienzan. Y de los viejos diarios… el tiempo que les quede. Como lector siempre, impenitente, y con nuestra camiseta de aniversario, eso sí. Hemos perdido, pero está prohibido agachar las orejas. Salud.

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3 Responses a “Red the News”

  1. Fernando says:

    Gran entrada. Y gran camiseta. Felicidades!

  2. Todos hemos perdido y solo unos cuantos han caido en cuenta.
    Sin embargo creo que habrá supervivientes, unos se canibalizarán a otros en aras de la supervivencia, otros con gran estoicismo seguirán, y eso sera gracias a los anunciantes, el lector (o la audiencia) esta lobotomizado por su teléfono, los dueños de los medios estan perdidos y desesperados y siguen contratando “a los prestidigitadores de la gran mentira”, pero veo algunos anunciantes que conocen a sus clientes y saben del potencial del papel, ellos seran los verdaderos salvadores, como dicen en mi barrio: “Ya veremos, dijo un ciego”
    Saludos y muchas gracias.

  3. miguel says:

    Muchas felicidades por los 10 añazos.

    Que lejos quedan las charlas sobre los temores de los primeros tiempos. Me alegro enormemente del éxito de esta aventura.

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