Junio 10, 2017 0

Respirar

Por Javier en General

Faenza es una pequeña ciudad italiana pegada a Bolonia famosa por su cerámica, las agrupaciones de abanderados y ser sede de la escudería de fórmula 1 Toro Rosso, antes Minardi. El circuito de Imola está cerca, pero aquí todo el mundo se desplaza respetuosamente en bicicleta sin necesidad de haber hecho obras faraónicas. En Faenza nació Torricelli, insigne matemático que —seguro— se sorprendía como yo por la luz asombrosa de la tarde.

Desde hace seis años se celebra en Faenza el congreso Kerning de tipografía. Me recuerda mucho a los Malofiej por su ambiente como de familia. Ha venido gente hasta de Suráfrica y Nueva Zelanda. Las charlas tienen lugar en un viejo teatro; los descansos y cafés, en un claustro anejo. Al fondo, una familia regenta un taller de tipos. Lo he visitado con la boca abierta.

La cartelería promocional de Kerning 2017 dice: ‘Divina proportione’. El título se basa en el libro ‘De divina proportione’ que escribió Luca Pacioli en 1498. Se trata de un estudio de las mayúsculas clásicas a partir de la columna de Trajano. Pacioli y otros se han empeñado en descubrir proporciones matemáticas en las inscripciones. La bibliografía al respecto es extensa.

Antes de las charlas, hemos pasado dos días dibujando letras con lápices, plumillas y pinceles. Nos ha dirigido otro Luca, Luca Barcellona, un calígrafo de Milán con nombre de pinchadiscos. ‘Capital Importance’, como su nombre indica, ha sido un viaje iniciático al país de las mayúsculas. En línea con el título genérico del congreso. A mí las mayúsculas me han parecido por lo general bastante insípidas. Esta semana me he dado cuenta de que es sólo cuestión de ignorancia. Aunque lo mejor ha sido cuando conteníamos la respiración para trazar curvas imposibles con el pincel. De repente, ha estallado Barcellona (sí, con dos eles): “¡Hay que respirar!”

Vuelvo a casa y no puedo quitármelo de la cabeza. En Faenza hemos aprendido muchas cosas. Que un tipógrafo puede preparar la presentación menos legible de la historia de las presentaciones, por ejemplo. Que la tipografía clásica en realidad no tiene nada que ver con proporciones áureas, como algunos estudiosos han pretendido, y sí con seres humanos escribiendo o tallando letras. Y, sobre todo, que cuando van a suceder cosas importantes jamás hay que contener la respiración; al contrario, hay que respirar a fondo y sentir, sentirlo todo. Si la tipografía es un organismo vivo y las mejores tipografías están repletas de maravillosas imperfecciones, ¿no será que estamos haciendo periódicos sin respirar, acojonados?

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