Febrero 16, 2013 2

Saber latín

Por Javier en General

Invité el otro miércoles a Carlos Pérez de Rozas para que hablara de fotoperiodismo en la clase de Diseño Avanzado. Ya habíamos superado con creces la hora de salir, ese umbral a partir del cual los alumnos te miran con cara de pocos amigos o directamente recogen sus bártulos y se marchan sin pedir permiso. Los bedeles esperaban pacientes, sin una mala cara, a cerrar el edificio. Va una alumna y le pregunta entonces al invitado: “¿Cuándo va a volver?” Que una alumna le eche un piropo así a un profesor, ya sea invitado, es hoy algo tan rarísimo que Pérez de Rozas vaciló, como si no acabara de entender… “Que cuándo va a volver a darnos clase”, terminó de aclarar ella.

Apenas éramos 15 personas en un aula para más de 150. Desangelado ambiente universitario para recibir a uno de los maestros del periodismo visual español. Carlos Pérez de Rozas se había pasado las dos horas anteriores contando increíbles historias que habitan —el verbo no puede ser más ajustado— al fondo de las fotografías. La de Kaira Harrison y Los Pedro’s, por ejemplo. Pero eso no interesa en la universidad. Ni a alumnos ni —qué tristeza— a profesores. Interesan el espectáculo y el poder. Zuckerberg, el de Facebook, por ejemplo, que llega y no cabe un alma, da igual lo que diga. Mayormente memeces y vaciedades. Cualquier cosa que tenga que ver con los garajes y las dichosas redes sociales. Ahí sí, ahí se da cita borreguilmente hasta el apuntador. La universidad también se ha convertido en un pobre espectáculo, por utilizar el argumento de Vargas Llosa. Las historias, el periodismo, no interesan. Y yo me pregunto: ¿qué estamos formando en las facultades de Periodismo?

Piropear a estas alturas a Carlos Pérez de Rozas no es muy original. ¿Qué más puede uno decir de él? Es el mejor profesor, el mejor conferenciante. El qué más sabe, el que mejor lo cuenta. Es un periodista puro porque quiere saber constantemente, porque busca y entonces sabe, porque le apasiona y lo comparte. Comparte lo que sabe y su pasión. Lo comparte todo con una generosidad sin límites.

La periodista de la agencia italiana Ansa Giovanna Chirri sabe latín y por eso dio antes que nadie la exclusiva de la renuncia del papa Benedicto XVI. “Es la venganza de la cultura ante la preparación de los futuros periodistas”, ha dicho Luigi Contu, director de la agencia. Pérez de Rozas comparte esta opinión. Así lo recomendó también una, dos, cien veces a los alumnos: “Menos Twitter y más latín. ¡Hay que saber latín!” Fantástico, formidable, colosal.

Con el adjetivo ‘phantasticus’ los romanos se referían al mundo de la fantasía: la imaginación y su poder. ‘Formidabilis’ tenía antes el sentido de temido, se aplicaba a aquello que daba miedo o que imponía respeto. ‘Colossus’ eran las estatuas de gran tamaño, y también los seres o cosas gigantes. Cuando Carlos se deshace en elogios por una foto y su historia y quiere compartir con el auditorio su admiración, levanta los brazos, los agita en el aire y cruza el aula de un lado a otro como poseído, no para: “¡Fantástico! ¡Formidable! ¡Colosal!”

Nieto, hijo y hermano de periodistas (ver imagen superior, ¡qué familia!), Carlos Pérez de Rozas sabe latín. Este año cumple 65. Cum es, venit?

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2 Responses a “Saber latín”

  1. Sulpicia says:

    Quando rediturus es?

  2. Joan says:

    Muy de acuerdo con el fondo pero, humildemente, me gustaría romper una lanza por Twitter. Como dijo Bernard Pivot (una persona nada sospechosa de ser un jovenzuelo tecnofílico) no hace mucho en una entrevista, Twitter es una magnífica escuela para aprender a ser conciso (entrevista en La Croix). Es verdad que en Twitter uno no encontrará filosofía profunda, pero cada cosa en su lugar. Sí sirve para lanzar una idea o un concepto y enlazar hacia una página en la que esa idea se desarrolle oportunamente. Además se puede entablar un mínimo diálogo entre iguales.

    También es verdad que vivimos unos tiempos de desenfreno tecnológico en los que se exagera el papel de las redes sociales y etc. en contraposición al “periodismo de toda la vida”, pero con el tiempo seguro que surgirá la forma de combinarlos, y las tonterías, como ciertamente es Instagram, desaparecerán. Pero yo estoy con que Twitter está para quedarse. Como los blogs, sin ir muy lejos. Tiempo al tiempo.

    PS: Por cierto, fui alumno de C.P. de Rozas y, aún a riesgo de pasar por pelota, doy fe de lo apasionantes que eran sus clases.

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