Mayo 14, 2014 0

Selfies

Por Javier en General

Las lenguas latinas me conmueven por su musicalidad. Por su retardo: ese punto alambicado y demodé, paciente, sobre el que se articulan. El alemán, por su precisión para nombrar a partir de la yuxtaposición de palabras que generan otras nuevas. Pero reconozco que la versatilidad del inglés es fascinante. El inglés es como un prestidigitador o, mejor aún, como un contorsionista. Es el idioma blandiblú. Capaz de decir más con menos, siempre lleva ventaja y siempre está a la última.

El inglés ha impuesto ahora —en tiempo récord— el término ‘selfie’; en realidad, el inglés y algunos conocidos actores de Hollywood que se prestaron al anuncio de Samsung durante la pasada gala de los Óscar. De repente, todo el mundo a hacerse ‘selfies’. Y, por supuesto, a compartirlos en las redes sociales. Valiente estupidez. Lo malo es que éste es el material que mayormente cargan las redes dizque sociales: un submundo de vanidades manifiestamente inútil y prescindible en el que por arte de birlibirloque andamos todos enganchados. Hay que estar, dicen, y estamos. Para qué es otro cantar. No acabo de entender este vendaval de ‘selfies’, pero hoy o tienes el tuyo o no te enteras, colega.

Es descorazonador comprobar cómo en nuestros diarios cada vez se publican más ‘selfies’ o sucedáneos del calibre y menos fotografías que merezcan llamarse eso: fotografías. Esto me hace pensar mucho. No es igual en todas partes, claro. Viajo por Escandinavia y compruebo cómo allí la fotografía es un género que se respeta y cultiva, y cómo a través de la fotografía la vida entra a raudales en las páginas de los periódicos. Los fotógrafos importan y su mirada se incorpora significativamente al relato en cada historia. Texto y foto tienen de verdad la misma jerarquía.

Me preguntaba ayer un director de diario por cosas interesantes que se están haciendo fuera, por ver si alguna de ellas es aplicable en el suyo. Repasamos varias. Ninguna —advierto, por si acaso— poción mágica: no existen las pociones. Nos detuvimos singularmente en Noruega, en Suecia y Finlandia, en Dinamarca: rige en esos diarios escandinavos un cierto y venerable silencio que los hace más humanos. No quise pasar por alto, casi al final, el valor incalculable del fotoperiodismo en esos países del norte. Fotografían a la gente común como si fueran estrellas de cine, le dije a mi interlocutor, que navega esta tortuosa crisis con menos heridos que la mayoría. Sí, estrellas. Ahí está el truco. Y por ahí se abre un territorio inexplorado en la mayor parte de los diarios españoles y latinoamericanos.

Hace mucho tiempo, un jefe de fotografía me dijo que me cortaría la mano si se enteraba de que giraba 90 grados una imagen para hacer que alguien —pongamos— mirara hacia adentro en la página porque le convenía al diseño. Pecado de principiante, impunidad ampliamente extendida hoy en tantas redacciones. Las dichosas ‘selfies’ no son imágenes giradas, como alguna vez he llegado a pensar. Pero cuando disparas tu móvil lo que ves en su pantalla no es real sino la imagen ‘girada’ que te devuelve un espejo. La vida para ser contada no está en los espejos ni mucho menos en canales narcisistas y autistas cuyo único objeto es —como en los mítines políticos— la compra vanidosa de seguidores para ver quién ‘la’ tiene más larga. No sé en inglés cómo quedaría esto.

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