Noviembre 23, 2017 0

Teobaldos

Por Javier en General

Los premios Teobaldo reconocen cada año a los mejores periodistas navarros. Los convoca con entusiasmo la Asociación de Periodistas de Navarra. Su nombre se debe a Teobaldo I, rey de Navarra entre 1234 y 1253, conocido como el Trovador y uno de los primeros cronistas del reino. Los medios de la comunidad tienden a ignorar estos premios, ellos sabrán por qué.

Antes de la cena y de la ceremonia de entrega de los premios en Olite, los organizadores invitaron este año a los asistentes a la inauguración de la nueva iluminación de la portada de la iglesia de Santa María la Real. La iglesia, adyacente al palacio, es una maravilla gótica del siglo XIII. Se encuadra en el denominado Gótico Radiante. Su portada presenta claras conexiones con la catedral parisina de Notre Dame. Es un conjunto escultórico extraordinario.

Esa noche de final de octubre resulta estupenda. El arquitecto Leopoldo Gil Cornet hace un relato pormenorizado de la portada. Primero, el gran titular: la imagen central de María con el Niño. Alrededor, aún dentro del tímpano, algunos de los pasajes bíblicos más importantes: la anunciación, el nacimiento de Jesús, la matanza de los inocentes, la huida a Egipto, el bautismo. Noticias importantes. En el dintel, en una escala inferior, un hombre encaramado sobre una encina comparte escenario con un ser híbrido que toca la cornamusa. Se distinguen también un cuadrúpedo grotesco y otros seres fantásticos, hombres cazando, dos saltimbanquis… En las jambas se mezclan el Antiguo y el Nuevo Testamento, escenas de la vida cotidiana y otros motivos decorativos. Y vides, como es natural en tierra de vino: una exuberante decoración vegetal se dispone en ocho arquivoltas. A ambos lados de la puerta aguardan obedientes apóstoles y reyes. ¡Cuántas noticias!

Escucho al arquitecto y caigo en la cuenta de que la idea de la Asociación de Periodistas de Navarra es muy pertinente: estamos no ante una simple iglesia sino ante una señora portada. Una primera página riquísima que incluye los titulares de la época. A la espera de Gutenberg y de los primeros diarios impresos, los talleres y sus maestros medievales tallaban en piedra no sólo la fe —los anhelos— del momento sino también muchos detalles de la vida diaria y hasta del poder político, económico y social. La portada era el periódico.

Estas portadas góticas tienen vigencia secular. No amarillean: nos siguen informando. Siglos después, las portadas de los diarios impresos han tenido su vigencia, diaria al menos. Fijaban el tiempo y, por si acaso, admitían visitas tardías. En ellas nos reconocíamos. Las portadas digitales, en cambio, no valen para nada porque se disuelven como un azucarillo. No son inolvidables, no son verdaderas portadas. Confunden con su estúpida ansiedad.

Carmen Echarri es navarra, valiente y directora de El Faro de Ceuta. Y humilde y transparente, como deben ser los que trabajan con la palabra, según dice Francisco Javier Irazoki, que no es cualquiera. Para ella fue el Teobaldo más importante del año. Según el jurado, su trabajo representa la esperanza que aún muchas personas depositan en los periódicos. Frente a abusos y atropellos de todo tipo, como la portada de la iglesia de Santa María la Real de Olite, esa esperanza es radiante. Está esculpida en piedra. Permanece, no se disuelve. Leopoldo Gil Cornet seguía hablando y por un momento me pareció distinguir a Carmen asomarse entre la hojarasca de la portada. No, no era el hambre.

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