Marzo 20, 2017 0

Un mes sin escribir

Por Javier en General

Reviso el histórico y confirmo con inquietud: hoy se cumple un mes desde mi última entrada aquí. Nostalgia de día febriles y posiblemente más felices. Lo reconozco, no sé de qué escribir.

Podría escribir sobre el hecho de que no sé de qué escribir, que es lo que estoy haciendo. El yermo. La ausencia. Lo vacío. No deja de ser un temazo. Pero en seguida me acuerdo de los columnistas semanales que recurren a este cliché cuando no se les ocurre otra cosa mejor. Como es algo que detesto, prefiero agarrarme a cualquier clavo ardiendo y ver qué pasa.

A Mark Thompson, por ejemplo, presidente de The New York Times. En La Vanguardia, Lluís Amiguet le vuelve a preguntar por el futuro de los diarios en papel. “Les quedan al menos diez años de vida”, pronostica Thompson, quien subraya también que la crisis del periodismo se debe a que durante décadas dimos la espalda a los lectores. Qué tema tan sobado. Me aburre. Sigo sin saber de qué escribir. ¡Esto sí que es una crisis! Tampoco me inspira George Osborne, ex ministro de Finanzas británico con David Cameron, que será director del londinense Evening Standard a partir de mayo. Sin experiencia periodística ninguna, es la última ocurrencia del extravagante magnate Evgeni Lebvedev, el mismo que cerró The Independent. Pobres diarios. Pero también éste es un tema gastado…

Pruebo con otros clavos salvavidas. De la mano de Gonzalo Torné, me he acercado estos días a cuatro premios Nobel de literatura: Munro, Jelinek, Modiano, Pamuk. Arrebujado al fondo de la librería, me dejo mecer por la exposición. Regreso a los años felices, que además es el título de la última novela de Torné. Por cierto, ¿cuáles son los años felices?, me pregunto mientras habla el catalán. Luego, le pregunto a él: ¿cuándo un tema es un tema? (para escribir, se entiende), ¿cómo saber que ahí hay un tema? Sigo dándole vueltas al asunto mientras camino un sábado soleado por el barrio de mi infancia. Por un momento, siento que me aproximo al corazón del barrio, ese lugar físico que reuniría su densidad esencial, su secreto, lo que lo colma y de paso me colmaría a mí. La ferretería, la pastelería, el estanco… ¡El tema! Como tantas veces, paso de largo sin encontrarlo. La sensación de densidad afloja. Vuelvo sobre mis pasos. Estoy condenado al fracaso. No hay tal corazón del barrio, como tampoco hay un corazón de la ciudad ni un destino al final de la calle o de la carretera. Calle y carreteras se bifurcan o prolongan, no llevan a ninguna parte. El secreto se escapa como el agua entre los dedos. Los años felices no existieron en realidad, son sólo un lugar en la memoria.

En ‘Funes el memorioso’, de Borges, el protagonista vive con el peso horrible de recordarlo todo; en ‘Calle de las tiendas oscuras’, de Modiano, el protagonista no recuerda quién es, y su búsqueda es igualmente angustiosa. ¿Existieron los años felices del periodismo? ¿Fueron acaso los del Watergate o los de la transición española, cuáles? ¿Asistimos hoy al peor periodismo en décadas, como dice algún gurú en Twitter? Asegura David Rieff en ‘Elogio del olvido’ que los recuerdos pueden ser muy injustos con el presente, y no le falta razón. Rieff habla incluso del “imperativo ético del olvido”: “Todo debe llegar a su fin, incluso el duelo. Si no, la sangre nunca se seca”. Qué valiente este Rieff que se atreve a plantar cara a la sagrada memoria, ésa que todos exprimen hoy para arrimar desde el relato el ascua a su sardina. Gastada, pesada, castrante memoria.

Los viejos años felices del periodismo no existieron jamás. No nos lamentemos entonces ni miremos atrás con boba nostalgia. Se habla y debate aburridamente sobre el futuro de los periódicos cuando su única posibilidad es ser capaces de generar diálogo auténtico: escribir para conversar para superar tanta memoria —y tanto cliché—, y quizá entendernos. El cineasta navarro David Arratíbel venció su rabia, su perplejidad y otros miedos antes y, sobre todo, durante el rodaje de ‘Converso’, que acaba de obtener el premio del público en el festival de cine documental Punto de Vista. ‘Converso’ es una conversación pendiente que finalmente se da y cambia una vida. ¿Puede el periodismo cambiar vidas?

Salgo de Punto de Vista. Entro a otro mundo. En la calle sólo se habla del autobús ‘tránsfobo’. Nadie escucha. Me quiero dar la vuelta…

Y, de repente, Andrew Losowski: “Déjenme decir esto, para que conste: internet no está muerto. Lo digital no desaparecerá. El papel no matará a la web. Cuando el impreso fue inventado los diarios digitales lo ignoraron, y hasta se reían al referirse a él como algo de nicho, para un puñado de geeks. Esos mismos periodistas que se reían antes anuncian ahora la muerte de internet. Alrededor de lo impreso se ha creado una enorme expectación que se contagia por todas partes. Los medios se han apresurado a crear periódicos sin tener claro siquiera un plan de negocio para pagarlos. De repente, vivimos en un mundo impreso. El papel ha cambiado tantas cosas en nuestras vidas que es difícil imaginar cómo era todo antes, cuando la vida era sólo digital…” No es una novela de ciencia ficción, son las cubiertas de ‘Fully Booked. Ink on Paper’ (Gestalten, 2013). Tiene miga, escribo.

Escribir, esa irrenunciable obligación.

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