Enero 24, 2012 1

Una historia de amor

Por Javier en General

Ayer vi el Taj Mahal.

Su belleza es de otro mundo, sobre todo en un atardecer brumoso de enero, con el río Yamuna al fondo.

Mármol de las canteras de Jodhpur, jade y cristal de la China, turquesas del Tibet, lapislázuli de Afganistán, crisolita de Egipto, ágata del Yemen, zafiros de Ceilán, amatistas de Persia, coral de Arabia, malaquita de Rusia, cuarzo de los Himalayas, diamantes de Golconda y ámbar del océano Índico. ¡Cómo debió de querer el pobre emperador Shah Jahan a Mumtaz-i Mahal!

Si un día mueren los diarios, yo también les construiré un mausoleo. Envolveré el cadáver en papel de periódico, que según Grassa Toro sirve para mucho, y así no amarilleará durante los 22 años que me tome levantarlo. No dispondré, como el rey enamorado, de 22.000 hombres, ni de piedras preciosas de países remotos, ni de elefantes del Rajasthan que arrastren todos esos fardos, ni de banda imperial que toque a muerto.

Tengo que pensar con qué material voy a hacer ese mausoleo, no vaya a ser que el fallecimiento me coja por sorpresa. ¿De papel? No, que arde fácil. ¿De tinta? Tampoco, que macha, se derramará seguro. ¿De palabras? No, que ésas se las lleva el viento. ¿De nostalgia? Buf, eso sí que pesa. ¡Ni los elefantes del Rajasthan podrían arrastrar tanto!

Tengo que pensar… Estaré solo.

Por un momento, he creído que las cabeceras de los diarios podrían servir. Tipos góticos orgullosos, egipcios rotundos, de palo seco intimidantes, serifas elegantonas… Pero no. Demasiado lustre, demasiada soberbia.

¡Ya está! Lo construiré con exclusivas, con las mejores historias, con todos los anhelos en ellas contenidos. Lo haré al revés que el Taj Mahal: más bonito por dentro que por fuera. Una vez erguido, espantaré a los sacacuartos que merodeen por la puerta. Cobraré la entrada distinguiendo visitantes y alimañas, según cada cual. Sonará por doquier ‘Mercy Street’, de Peter Gabriel, previo pago de los derechos correspondientes, como es natural. Será obligatorio descalzarse para acceder a la tumba, reclinarse ante ella y guardar silencio respetuoso. Eso sí, las ventanas estarán abiertas para que no huela a pies, que en interior del mausoleo de Agra huele a pinrel que mata.

En realidad, no sé por qué digo estas cosas porque no quiero construir ningún mausoleo y porque los diarios que cuentan buenas historias, no importa cuántos partos lleven encima, van a vivir muchos, muchos años.

Y, además, si resulta que va y se mueren, además de llorar de amor bastante ocupado estaré en buscarme la vida. Con o sin elefantes del Rajasthan.

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One Response a “Una historia de amor”

  1. laura says:

    Es bonito, aunque al final te arrepientas de tan espectacular sueño. Si al final cambias de parecer y te da por construir ese mausoleo, dudo de que estés solo :)

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