octubre 2, 2011 1

Adriana

Por en General

Todavía sobrecogido por la muerte en accidente de tráfico de Adriana Acosta, mi primer pensamiento ha sido para sus hijos y para Carmen Riera, la bruja buena, cuyo dolor las palabras no alcanzan.

Adriana y su marido Antonio regresaban a casa después de celebrar los 70 años de Últimas Noticias, el diario del que ella era coordinadora de diseño. Había culminado recién el manual de identidad visual de Cadena Capriles y acababan de nombrarla responsable de diseño del grupo, que también edita en Venezuela el diario financiero El Mundo y el deportivo Líder. Antonio Guerra era director de Líder. Las noticias dicen que perdieron el control del vehículo y que éste volcó.

Eran jóvenes —sobre los 35—, tenían un amplio futuro profesional y se les veía felices. De repente, todo se trunca.

Aturdido aún por la noticia, todo lo que leo este triste domingo me recuerda la maldita fragilidad de la existencia. «Nuestra vida está basada en la decepción», dice Anselm Kiefer en El País. El desgarrador artista alemán, protagonista del arranque de temporada del Teatro Real de Madrid, admite que piensa en su muerte cada día, sin excepción, y que sólo así da sentido a su vida.

Del poeta José Ángel Valente, fallecido hace once años, se publica ahora ‘Diario anónimo’, que reúne sus notas de cuatro décadas. Valente estaba obsesionado con la perfección, pobre: «No estamos en la superficie más que para hacer una inspiración profunda que nos permita regresar al fondo. Nostalgia de las branquias», apunta.

En una de sus últimas anotaciones, de septiembre de 1998, al saber que se le ha detectado un cáncer, escribe este poema-despedida:

«Me cruzas, muerte, con tu enorme manto
de enredaderas amarillas.
Me miras fijamente.
Desde antiguo
me conoces y yo a ti.
Lenta, muy lenta, muerte, en la belleza
tan lenta del otoño.
Si esta fuese la hora
dame la mano, muerte, para entrar conmigo
en el dorado reino de las sombras».

Valente tuvo tiempo de prepararse. Murió en Ginebra dos años más tarde sin añadir apenas nada en su cuaderno. Estoy seguro de que Adriana también lo tuvo. No dos años sino un instante. Más que suficiente conociendo su vitalismo. Imagino que antes de apagar su celular, darle la mano a la muerte y entrar en el reino de las sombras, miraría con esos ojos oscurísimos a su marido y enviaría éste su último tuit con otros versos del mismo Valente:

«Al norte
de la línea de sombras
donde todo hace agua, rompientes
en que el mar océano
se engendra o se termina,
y el naufragio inminente todavía
no se ha consumado, ciegamente
te amo».

Hoy, ya lunes, certifico que mi naufragio no se ha consumado aún. Me dispongo vivir intensamente. Jódete, muerte.

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One Response a “Adriana”

  1. Luis dice:

    Mientras hacía una busqueda para el poema de Valente, “Me cruces ,muerte” tropecé con este hermosísimo articulo.

    No conocía a Adriana Acosta; no obstante, en este momento siento como si hubiera perdido a una amiga intima. Valente tenía 70 años cuando se murió. Ahora, con mis 67 años, 70 parece muy joven para morir. Ángel González tenía 83 y la puta muerte lo alcanzó demasiado pronto. Los 35 años de Antonio y Adriana parecen un desfalco, un timo.

    Tienes razón al hablar de la “la maldita fragilidad de la existencia.” En los ultimos años he sufrido la perdida de amigos y familiares. Enfrento ahora amenazas inminentes a mi propia existencia. Sí, “Nuestra vida está basada en la decepción.”

    No conocía las otras lineas de Valente que citó. Lo de “el naufragio inminente todavía no se ha consumado, …” parece un buen lema para todos.

    Le agradezco mucho este articulo.

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