diciembre 5, 2015 2

Branded content

Por en General

El escritor Manuel Rivas citaba a René Char al comienzo del Festival Eñe 2015, que tuvo lugar recientemente: «Tienes prisa por escribir / como si fueras con retraso respecto de la vida». Me vienen Rivas y Char a la cabeza estos días que camino con Henning Mankell sobre arenas movedizas…

El penúltimo chute paliativo de los diarios se llama ‘branded content’. Aunque quizá ya es el antepenúltimo y no me he enterado. ‘Branded content’ es una muy cuidada (y cínica) manera de evitar la palabra maldita: publicidad. A mí en la facultad —y siempre— me enseñaron que la información y los anuncios son como mucho compañeros de piso y mal avenidos, pero nunca de cama. Eso, claro, cuando las facultades eran y se llamaban de periodismo; ahora que se llaman de comunicación es otro cantar.

Porque el corazón de las facultades de comunicación no es periodístico sino corporativo, el ‘branded content’ campa a sus anchas. Sofisticadamente, eso sí. Todo esto, en el fondo, no es sino una muestra más de eso que los diarios llaman puertas giratorias… para señalar a otros. No caen o no quieren caer en la cuenta de que el presentador lee muy serio las noticias y, sin solución de continuidad, y no menos serio, anuncia de pronto la irresistible oferta de una telefónica. No me extraña que a Gerva (Gervasio Sánchez) se le lleven los demonios.

En fin, a los diarios les pasa como a las facultades. A falta de anuncios, venden sus páginas a los bancos y las disfrazan de foros de debate donde se habla, en el mejor de los casos, del sexo de los ángeles. En esos foros con mantel surtido se da cita lo más selecto de la sociedad local o nacional, todos y todas bien peinados para la foto. Al día siguiente, al pobre lector se le castiga con seis u ocho páginas repletas de obviedades, estúpida crónica social y largos pies de foto para que no falte nadie. El diario llena sus páginas y el banco las paga, discretamente. Todos contentos. ¿Todos contentos?

Uno de los diarios de mi rincón ha estado dando la lata durante semanas con ‘su’ debate electoral. Han sido decenas de páginas autorreferenciales, bien en forma de contenido pseudoeditorial bien en forma de abierta publicidad. Con una excusa dizque «histórica»: el primer debate que tiene lugar en internet en España.

No leí las previas, no seguí el debate del lunes. Compré el diario el martes. Me encontré…

• una portada de excepción, monográfica, con la sola excepción de una nota una columna sobre la cumbre del cambio climático de París;
• un titular en portada a cinco columnas y dos golpes, tan grande que cuando vi el diario en el quiosco lo primero que pensé es que se había producido un nuevo atentado yihadista… o que había resucitado Emilio Botín;
• este (pretenciosísimo) titular: «El debate de El País consolida las opciones de cambio el 20D»;
• este (pretenciosísimo) artículo editorial: «Gracias al debate de El País, internet se asienta en las campañas electorales españolas»;
• en el interior, diez páginas, diez, de cobertura;
• la firma de veinte periodistas, veinte, entre reporteros (16) y columnistas (4);
• la misma foto del escenario con los candidatos tomada por tres fotógrafos diferentes desde ángulos diferentes, mostrando siempre, como era de esperar, el atril vacante de Rajoy: a cinco columnas en portada, a ocho columnas en la apertura de sección, y a tres, cinco y dos columnas y media, respectivamente, a continuación;
• una ilustración y dos gráficos.

No sé cuántas personas más, al margen de los firmantes, estuvieron de uno u otro modo en la cobertura del debate.

No hice recuento de la cobertura en internet: abrumadora.

No entiendo por qué los diarios acaban hablando de sí mismos, incluso esos que antaño hacían gala de que se nunca se convertirían en protagonistas de la información y miraban con desdén a los que venían haciéndolo.

No encontré en el diario del martes una sola línea sobre la muerte de Pío Caro Baroja, hermano de Julio, el último de la dinastía irrepetible de Itzea. Caro Baroja murió en Málaga el lunes 30, el mismo día del debate. Tenía 87 años. Era un ‘bon vivant’. Administraba a su manera el legado de la familia, y lo administraba bien: a diferencia de don Julio, él prefirió dar a conocer las novelas faltantes de su tío Pío, las de la guerra civil.

Pero los periodistas del diario de mi rincón andaban demasiado ocupados en disfrazar periodísticamente un nuevo y versallesco ejercicio de ‘branded content’. Nuestras arenas movedizas…

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2 Responses a “Branded content”

  1. miguel angel dice:

    estupenda reflexión.

    saludos,
    ma

  2. Miguel dice:

    Para contrapunto, la edición de El País del día de hoy. Ni noticia del debate de ayer lunes. Mi asombro ha sido absoluto.

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