febrero 24, 2011 0

Cómics periodísticos

Por en General

El pasado domingo El Mundo traía consigo una edición especial de su Magazine dedicada al trigésimo aniversario del intento de golpe de estado en España, el tristemente famoso 23F. La rememoración de los hechos, nuevas investigaciones y datos y hasta un monólogo —que no verdadera entrevista— del general golpista Armada se presentaban en esas páginas en formato cómic. No es la primera vez que un diario de los considerados de prestigio recurre al cómic para informar; es más, este género vive en los últimos años una segunda edad de oro asociado al periodismo y a los géneros de no ficción. Es inevitable citar aquí a Joe Sacco, premio Pulitzer, y referirnos a sus reportajes visuales sobre Palestina, Irak y otros territorios en conflicto. Sacco reportea con sus viñetas lo mismo que otros enviados especiales aporrean sus ordenadores o disparan con sus cámaras fotográficas.

El cómic es lineal o secuencial y, por tanto, ordenado, fácil de seguir. Y, además, presenta las historias con textos cortos y tiene una potencia visual indudable. La reflexión sobre el futuro de los diarios y su desesperada lucha por recuperar lectores o crear otros nuevos me (nos) ha llevado con frecuencia a hablar de formatos narrativos alternativos. Y, entre ellos, singularmente, del cómic. El diario La Nación de Buenos Aires viene probando, por ejemplo, unas interesantísimas entrevistas en formato viñeta que firma su dibujante de postín, Liniers. Hasta la fecha ha publicado tres o cuatro en la tapa del cuaderno de Espectáculos. Con gran aceptación, por cierto. Liniers cita a sus entrevistados (el actor Ricardo Darín, el cantante Andrés Calamaro…) y comparte con ellos varias horas. Luego, selecciona algunos de los diálogos mantenidos y los reproduce en esas páginas-cómic realmente originales. A falta de texto tradicional para describir situaciones o gestos, Liniers despliega su agudeza en algunos bocadillos y morcillas que intercala entre diálogo y diálogo, de manera que también en estas entrevistas hay lugar para la ambientación. El caso de Libération y su especial anual dedicado al Salón del Cómic de Angulema es ya un clásico.

Con todo, y volviendo al Magazine de El Mundo, pensaba yo que la cosa funciona y no funciona. Claro, el domingo me fijé en el Magazine, vi la nómina de ilustradores y me dije: qué buenos son estos tipos. Sin embargo, en seguida lo dejé a un lado: reconozco que leí mucho más a gusto El País y sentí que me enteraba de más cosas importantes (Paco Laína, la foto del mismo general Armada…) a pesar de no venir empaquetado ideal de la muerte. ¿Y si al final esto de los nuevos formatos es sólo una empanada mental?

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