junio 1, 2014 0

Crisis

Por en General

«La verdadera diferencia entre los periódicos de antaño y los de ahora es que los de antaño tenían consideración hacia el lector y entendían que debían brindarle lecturas jugosas llenas de poesía, cultura, ironía y donaire que alimentasen su espíritu; mientras que los de hogaño se conforman con arrojar al comedero un pienso reciclado para consumo de la ciudadanía.» Son palabras de Juan Manuel de Prada en el XL Semanal de hoy.

Durante algunos años, la crisis ha servido a muchos de excusa. Hace algunas semanas se nos ocurría, a raíz de un trabajo, comparar en dos fiebres las cifras del paro y las del PIB per cápita de los últimos años. Pobres muy pobres, ricos muy ricos. Quizá a estos últimos les conviene que el foco público apunte hacia los primeros, sin darse cuenta de que esto no hace sino retrasar algo que de todas formas llegará. A los periódicos les pasa un poco de lo mismo: están en crisis pero no parecen buscar la solución mirando hacia atrás. Buscan integrar redacciones, rentabilidad por los contenidos de internet, reducir plantilla para equilibrar las cuentas. Nadie parece darse cuenta de que es posible que lo que haya que hacer sea mirar atrás. Desconectar para conectar. Hay demasiadas corbatas en los periódicos de hoy, ya lo decía Paul Hansen en ÑH hace algunos meses. Lo dice también Juan Manuel de Prada: «… Tenemos que  bregar con noticias que parecen dictadas desde Génova o Ferraz, según el negociado de las oligarquías partitocráticas hayan asignado al periódico en cuestión; tan escoradas y tendenciosas que el lector, a veces, tiene que suspender su incredulidad, como si estuviese leyendo una novela de vampiros o marcianos, para poder llegar hasta el final». Lo oí hasta la saciedad en la facultad: la prensa ha tomado demasiadas copas con el poder. Demasiados compromisos, pero casi ninguno con el ciudadano de a pie. El que paga por sus contenidos.

Se ha tratado a la crisis como si fuera un filtro que edulcora la realidad. Gran parte de lo que fallaba era debido a la crisis. ¿Y si no lo es? ¿Y si hay algo que no estamos haciendo bien? ¿Y si lo que tenemos que buscar es aquello que funcionaba y se dejó de hacer? El hartazgo por la crisis crece. Infinita nunca fue el apellido de la paciencia. Y el nudo de la corbata cada vez aprieta más.

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