mayo 20, 2013 1

Dalí periodista

Por en General

Salgo de la exposición de Dalí aturdido. La muestra es extensa, más de lo esperado. Y densa, densísima. Abrumadora. No sólo eso: las salas, corredores, accesos… están repletos. Hay demasiada gente. Supongo que Dalí estaría encantado. Fuera ya, en la plaza, busco un poco de aire. Es un sábado de mayo extrañamente frío y lluvioso en Madrid. Las huestes colchoneras van dejándose caer hacia Neptuno en los alrededores. No sé qué pensar.

He sentido que Dalí me tomaba el pelo. Me he cabreado con Dalí, egocéntrico y excesivo, ridículo de capas y pelucas, una especie de Gaddafi anticipado. Me ha dejado boquiabierto Dalí: renacentista, inabarcable, arrollador. Dalí me ha hecho empequeñecer hasta convertirme en un gusano: soy diminuto. Y me ha leído la cartilla: Dalí jamás tuvo miedo a lo nuevo, todo lo incorporaba, incluso al final, singularmente los últimos avances científicos y las nuevas tecnologías. Me ha conmovido Dalí, el Dalí del Angelus atardecido. He conocido a Dalí amigo de Zweig y de Lorca, personaje libérrimo. He despreciado a Dalí, farsante, autista, insensible de puro ególatra. Dalí impresionista, Dalí fauvista, Dalí cubista, Dalí surrealista, Dalí onírico, Dalí paranoico-crítico. Dalí exuda: he podido oler a Dalí.

Busco aire en la plaza del Reina Sofía porque no hay aire en los cuadros de Dalí. No corre ni una brizna de viento. Los paisajes y cielos, vastísimos, oprimen el alma. Le quitan todo resuello. Sin aire, no estallan los gritos: nadie te escucha. No hay escapatoria al aplastamiento… Caigo en la cuenta de que ése era un sueño recurrente de mi infancia: el más aterrador de todos.

Al menos, me he reído con Dalí también. No conocía el Dalí News, del que se publicaron dos ejemplares. El primero, el 20 de noviembre de 1945, con motivo de la exposición ‘Recent Paintings by Salvador Dalí’ en la Bignou Gallery de Nueva York; el segundo y último, en 1947. Con un formato de 61 centímetros de alto por 45,7 de ancho, los editó el propio Dalí para mayor gloria suya: en ellos sólo se habla de su figura y de su obra. Descubro admirado este periodismo surrealista y desternillante —pero periodismo al fin y al cabo— y me subyuga. Me llama la atención cómo en su delirio Dalí es plenamente consciente de la importancia de los medios masivos para la divulgación de sus ideas, de su obra, de sí mismo.

Ignorante de mí, su etapa periodística y estadounidense —entre 1940 y 1948— me interesa. Mucho. Ya el 14 diciembre de 1937 la revista Time (número 24) le había dedicado su portada con fotografía de Man Ray. Es en esta época cuando Dalí realiza maravillosas portadas para Vogue. Cuando escribe e ilustra en Life y Esquire. Cuando publica su primera novela (‘Hidden Faces’), diseña joyas y arranca su colaboración con el fotógrafo Philippe Halsman. Cuando conoce a los hermanos Marx y trabaja con Harpo en la película ‘La mujer surrealista’, que nunca llegó a completarse. Cuando comienza a realizar decorados y vestuario para obras de danza y ballet que se estrenan en Broadway. Cuando colabora con Hitchcock en ‘Recuerda’ y con Walt Disney en ‘Destino. Cuando acepta participar en campañas publicitarias aún más desternillantes que el Dalí News para marcas como Bryans Hosiery (medias) o Lanvin (chocolate).

Genial Dalí periodista y comunicador que me echa un capote. Son las ocho de la tarde y en Madrid vuelve a llover. ¿Para qué sirve un periódico? Para que corra el aire.

PD. A la mañana siguiente, domingo ya, me he despertado con sobresalto. He soñado que El País y El Mundo unían sus redacciones en una flamante sala convergente y multimedia. Yo estaba en medio de aquello. Escuchaba murmullos. Sentía miradas clavadas en mi nuca. No entendía nada. No corría el aire. No es una broma.

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One Response a “Dalí periodista”

  1. Rosa dice:

    Me gusta y te entiendo

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