julio 31, 2015 1

El diario del 31

Por en General


 
Recorro la cartografía de la urbanización, bajo los pinares. Las calles tienen nombres de árbol: abedul, cerezo, sauce; de pájaro: alondra, colibrí, perdiz; de país: Australia, Bulgaria, Holanda. Busco su corazón, el lugar exacto donde se condense todo, el secreto de las vacaciones. No consigo encontrarlo, ni siquiera cerca de Andorra o Francia, calles de. A derecha e izquierda escucho voces, un cortacésped, chapotear en las piscinas. Ayer, cantos desafinados. Felicidad de veraneante. Ando detrás de ella, cada día desde hace quince, todos los años. Se escabulle.

Mañana recogeremos todo —quizá algún bañador—, cerraremos la puerta, enfilaremos el interior, al norte. Habrá por fin silencio en la casa. Llegará la nueva hornada agosteña, otras vidas, otras vacaciones, acaso con ellas la densidad que no alcanzo. Aunque no creo…

Cierro julio, cierro ‘La pecera’, de Juan Gracia; me adentro en agosto, me adentro en ‘El impostor’, de Javier Cercas. Todavía Johnny martillea mi cerebro. Pronto se irá Carlos. Mi sobrino Miguel, seis años, le pregunta a su padre: ¿cuánto falta para que dejes el móvil? Diez minutos. Yo le reto: ¿a que no sabes cuánto son diez minutos? Claro que lo sé, me contesta displicente, como siempre. Pienso para mí, desolado: ya estás jodido, chaval.

Diez minutos es lo que se tarda en leer —como mucho— un mal diario de verano (Este verano los diarios están malísimos en general). Los periódicos son como las vacaciones, como la puta vida en realidad: persiguen, porfían, pero no colman nunca. Novelas diarias de esta insatisfecha impostura.

Share

Tags: , , , , ,

One Response a “El diario del 31”

  1. Tomas dice:

    No me digas que has estado en Roche !!!!!

Deja un comentario

Sitio web