marzo 15, 2011 0

El mapa del origen… y el del final

Por en General

Leía este fin de semana en ‘El País’ una información fascinante sobre el origen de la humanidad titulada de una manera no menos turbadora: «Adán y Eva se entendían a besos». Qué suerte, pensé. Qué improbable. Comerse a besos aún, ¡pero entenderse a besos! Imaginé a Eva poniendo morritos, vete tú a saber por qué, y a Adán, el pobre, tratando de entender qué querría decir su compañera. Expulsados del Paraíso, condenados a no entenderse. A besos tal vez se entenderían antes del exilio porque lo que es luego…

No, el título tenía truco. Un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) revela que, al parecer, la humanidad proviene de una población de cazadores-recolectores bosquimanos del sur de África, y no de Etiopía, como se pensaba. Y que estos bosquimanos de hace 200.000 años se comunicaban en khoisán, la lengua ancestral de los seres humanos, un lenguaje clic en el que las consonantes suenan como chasquidos y besos. Los hablantes de khoisán, dice el estudio, pueden matizar cada clic o chasquido básico de varias maneras —nasalizándolo, aspirándolo, sonorizándolo…— y combinarlo con otras consonantes más convencionales hasta producir sistemas fonéticos complejísimos. ¡Son capaces de distinguir hasta 120 consonantes!

Un equipo de matemáticos y genetistas se ha acercado un poco más a la respuesta de la pregunta que tanto nos inquieta: de dónde venimos. Lo ha hecho a través de un secuenciador de genes. Es la comparación genómica más completa de cuantas se han hecho hasta la fecha. De ella resulta un mapa de África maravilloso que refleja la probabilidad de que el origen del ser humano moderno se sitúe en una zona concreta (la escala va del azul marino: mayor grado de probabilidad; al verde amarillo: menor grado) y no en otra. El suroeste africano, entre Tanzania, Namibia y la actual África del Sur, vendría a ser algo así como el punto donde sucedió el big bang humano: desde allí, los humanos modernos se extendieron rápidamente por todo el continente.

Miro y remiro este mapa y no puedo evitar sentir el vértigo de un remolino que engulle todo a su paso. Es un mapa embudo, una máquina del tiempo que me arroja inevitablemente 200.000 años atrás y que me sitúa frente a mí mismo. Un mapa espejo que hace que me sienta desnudo, como Adán y Eva, pero sin entender khoisán.

Tan fascinante como esto es pensar que sólo una pequeña parte de esos bosquimanos acabó colonizando el planeta mucho después: apenas un grupito de unos 1.000 o 1.500 individuos salieron de África hace unos 60.000 años, siempre según el estudio de Brenna Henn y otros colegas. Eso explica que los africanos sean aún hoy mucho más diversos que todo el resto de la humanidad junto. De las 6.909 lenguas que se hablan actualmente en el mundo, casi un tercio son africanas. Por contra, en Europa se han catalogado únicamente 234.

El origen y el final. Hace un tiempo leí ‘La Carretera’, de Cormack McCarthy. Recientemente, por sugerencia de Juan Gracia, he leído ‘Sukkwan Island’, de David Vann. Dos relatos estremecedores, de esos que te meten el frío en el cuerpo. Dos novelones apocalípticos. Dos mapas del final: cuando ya la soledad no se puede disimular más. No sé por qué he unido el mapa vitalista de esa África generosa y besucona, balbuciente, con los mapas de la demolición que dibujan McCarthy y Vann. Y me ha sobresaltado otra pregunta no menos importante que la primera: ¿dónde morirá el último de los seres humanos, el último de los nuestros? ¿En qué lugar exacto sucederá nuestra extinción?

Así que, con la misma escala de probabilidades en la mano, pero a la inversa, ando ahora buscando esa pavorosa localización. Honestamente, no creo que después tenga el valor de visitarla.

Puedes ver aquí un vídeo que muestra cómo ‘suena’ un lenguaje clic.

Share

Tags: , , , , , , , ,

Deja un comentario

Sitio web