enero 17, 2011 1

Fotodelicatessen

Por en General

Desde hace años, no sé muy bien por qué, me gusta coleccionar páginas de periódicos. Lo hago desde antes incluso de la carrera. Guardo, por ejemplo, ejemplares del viejo y asabanado Diario de Navarra, de cuando el golpe del 23-F. O de la Gaceta Ilustrada, un magnífico semanario ya desaparecido que compraba mi padre. O del Diario 16 de los primeros ochenta: atesoraba todo lo que escribía Fernando Múgica, mi tío, desde Beirut, Portland o la Conchinchina. También primeros números de publicaciones nacientes o rediseñadas. Tuve mucho tiempo un baúl lleno de diarios y polvo que me acompañaba en cada mudanza. Sabía que aquel trasto estaba condenado a la basura más tarde o más temprano. Rara costumbre ésta de espécimen analógico. Existiendo los pdf, ¿para qué acumular pesadas páginas que amarillean? El caso es que sigo esquilmando diarios. Hoy mismo en un avión interoceánico para pasmo de mi compañero de viaje. ¿A qué te dedicas?, me ha preguntado muy razonablemente. Le he debido de parecer un verdadero dinosaurio. Soy periodista, le contestado. Odio con toda mi alma intimar en un avión. En seguida, me he dado cuenta de que esa estúpida respuesta me condenaba a una larga conversación aclaratoria que después se ha extendido a cosechas, ordenadores, azafatas y hasta hijos. Error de principiante.

La culpa de todo la ha tenido Pedro Madueño. Cinco libros a cuestas, tres primeros premios FotoPress, fotógrafo oficial del Príncipe Felipe y 30 años de trayectoria profesional en el zurrón, Madueño (La Carlota, Córdoba, 1961) pertenece a la inagotable cantera de fotógrafos de La Vanguardia. Ignoro si su abuelo o su padre fueron ‘pintores de cámara’ como la estirpe de los Pérez de Rozas. (Por cierto, La Vanguardia publicaba hoy también una foto de Carlos Pérez de Rozas padre: la VI Flota estadounidense atracada en el puerto de la Barcelona de los años 50). Pero no me cabe la menor duda de que mis queridos duendecillos deconstruyeron su mirada desde que empezó a publicar con sólo 15 años.

Conocí personalmente a Madueño en noviembre de 2007, durante el congreso ÑH4 que se celebró ese año en Barcelona. Le habíamos invitado para que nos revelara cómo es posible casar poesía y política en imágenes, y desmentir de paso algunos tópicos sobre el periodismo y el aburrimiento. Por su presentación desfilaron durante una hora fundamentalmente políticos catalanes. Vimos negociaciones de café y barra, soledades de despacho oficial, celebraciones y fracasos. Repasamos, claro, las fotos del consenso —como se las conoce— y su making off: todos los candidatos a las elecciones autonómicas catalanas reunidos cada cuatro años desde 1984. Pero recuerdo más que nada la narración delicada del conferenciante y el silencio sobrecogedor de la sala pese a ser viernes por la tarde. Gracias, Pedro, le dije cuando acabó. Hoy, me lo he encontrado de nuevo: volando yo muy alto y él a vueltas con un timón. No el del avión sino el de Artur Mas, recientemente nombrado presidente de Cataluña: Mas con el timón de su bisabuelo en el asiento trasero del vehículo oficial, Mas con el timón subiendo las escaleras del Palau de la Generalitat, Mas fijando el timón en la pared de su despacho. No me impresiona tanto el hecho de que Madueño sea capaz de seducir magistralmente a sus personajes para que se dejen hacer como la íntima, la silenciosa, la delicada atmósfera con que los atrapa. Dispara como habla. Casi de puntillas. Cálidamente. En zapatillas. Qué suerte saber mirar así el mundo.

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One Response a “Fotodelicatessen”

  1. Agradezco mucho tus comentarios sobre mi persona. Recuerdo perfectamente ese congreso, fue muy reconfortante para mi comprobar que había gente interesada en mi trabajo.

    Un abrazo y gracias de corazón.

    Pedro Madueño

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