abril 11, 2012 0

GeCé

Por en General

Un diario es como una ensalada de frutas —en mi casa decíamos macedonia, que es una palabra maravillosa—. En la ensalada te llevas a la boca gajos de mandarina, ruedas de plátano… y si hay mala suerte hasta trozos de melón disfrazados de manzana o pera. En el diario me he desayunado hoy consecutivamente con el inmaduro y mandarino Peter Pan, y con su enorme influencia vigente en las sociedades modernas; también con el placer de los soldados nazis cuando reventaban autobuses llenos de niños plataneros; y, melón, melón, con Jeff Jarvis y Arianna Huffington, aburridos sabelotodo de la vida… digital.

Me cargan los tipos como Jarvis y Huffington, que van de gurús y no han hecho otra cosa en la vida más que hablar y, sobre todo, agregar: parasitar. Y, claro, pontificar para sobresalir en cuantos más rankings mejor. Alguien que dice que el periodista es primero su propia marca es que no tiene ni idea de qué va en el fondo esto del periodismo. El periodismo tiene que ver con marcas de prestigio —auténticas escuelas, naturalmente— y con la vida de verdad. Pero de ésta los gurús digitales saben más bien poco. Por eso, a falta de pálpito, todo caduca en un abrir y cerrar de ojos para ellos, nada se saborea ni tiene vocación de permanencia. El síndrome Peter Pan. Lo dice bien en el diario el filósofo José Luis Pardo: «La sociedad condena a la obsolescencia al que llega a la madurez». Lástima. ¡Cómo se abrazan los medios a los voceros de la agregación! ¡Cómo me repite el melón!

Menos mal que hoy la macedonia —el diario— trae también piña y uva y mango. Maduros y de gusto largo. Me encuentro a toda página en Babelia el cartel ‘Universo de la literatura española contemporanea’, realizado por Ernesto Giménez Caballero (GeCé) entre 1925 y 1927, una tosca pero sugerente y original infografía con forma de carta astronómica. Vaya joya.

Los carteles fueron un hallazgo de Gecé creados a partir de sus críticas de libros en El Sol. Su propósito, incitar a la lectura. Éste en concreto me recuerda a los gráficos interplantearios del primer Fortune o a la literatura gráfica que ha venido haciendo recientemente Francesco Franchi en la revista IL. En su base, el autor coloca un telescopio que mira al Sistema Solar (Giménez Caballero colaboraba en El Sol, de Urgoiti). A su derecha el Sistema por ABC (Luca de Tena, Fernández Flórez, D’Ors…) y la Nebulosa de la Academia (Benavente, Azorín, Machado…); a su izquierda, planetas solitarios como Unamuno y Juan Ramón Jiménez, cometas como Baroja, Pérez de Ayala y Valle-Inclán, o planetas rodeados por el anillo de una revista, como Ortega y la Revista de Occidente o Menéndez Pidal y la Revista de Filología Española, con sus correspondientes satélites.

Leo que Ernesto Giménez-Caballero (1899-1988) era hijo de un modesto empleado de imprenta que prosperó en el negocio de las artes gráficas creando su propia empresa. Que se licenció y doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid. Que a los 20 años, recién acabada la Gran Guerra, ejerció de profesor de español en la Universidad de Estrasburgo. Que más tarde ganó la cátedra de Literatura del Instituto Cardenal Cisneros de Madrid, fue profesor de Literatura en la Escuela Oficial de Periodismo y ejerció durante varios años como diplomático en América Latina.

Animador de la vida intelectual de la década de 1920, GeCé fue no sólo un destacado cartelista —una treintena larga de los mismos se recopila en su obra ‘Carteles’— sino también impulsor de las vanguardias literarias en España: surrealismo, ultraísmo y futurismo. En 1927 funda ‘La Gaceta Literaria’, en la que colaboraron Federico García Lorca y Salvador Dalí y, en general, lo mejor del 27 español, de derecha y de izquierda. Es, sin duda, la revista más importante del momento. También se interesa por el cine. Realizó varios documentales y cortos y fundó el primer cineclub en España. Allí se estrenó ‘La edad de oro’, de Luis Buñuel. Luego, sería uno de los primeros intelectuales españoles en abrazar abiertamente las ideas fascistas. Hasta el punto de participar de forma destacada en la fundación de las JONS y en el nacimiento del movimiento falangista, aunque luego sería uno de esas almas libres, incómodos por definición incluso entre los suyos.

¡Para vida rica y planetaria la suya, la de GeCé! Otra historia de carne y hueso que ha hecho más rica mi vida macedónica después de la Semana Santa.

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