mayo 21, 2014 3

La última foto

Por en General

El 15 de octubre de 2001, un mes después del atentado contra las Torres Gemelas, el Ground Zero era todavía un terreno polvoriento, inhóspito, chirriante de hierros, rodeado por vallas repletas de fotos de desaparecidos, dibujos, mensajes, velas. Los edificios de alrededor todavía colmados de un polvo denso, de partículas de todo lo que se había pulverizado, que se acumulaba en montoncitos en los alféizares y repisas de las fachadas que miraban hacia donde estuvieron las torres.

La ciudad todavía no sabía muy bien qué hacer con la magnitud de lo acontecido, y eso se notaba en la aún fina y precaria separación que había entre la gente y el desastre. Desde las calles laterales, si uno se acercaba caminando todavía se veía el destrozo, tiras de acero retorcido y colgante, como manos ganchudas de Alien, horribles sauces llorones de un planeta metálico. Y polvo, más polvo en el aire, sobre aquel cementerio de 3.000 personas.

Hoy, 13 años, 4.500 días después, se abre al público el museo y el monumento a las víctimas del 9/11 situado sobre ese terreno. Un museo resultado de años de conversación entre diseñadores, arquitectos, familiares, psicólogos, historiadores, un espacio controvertido especialmente para las familias de las víctimas.

Me lo imagino impresionante, con la cristalera que mira a las piscinas gigantes, esos espacios replegados hacia dentro que ocupan lo que fueron las bases de las torres. Con esa entrada en las tripas de lo que fue el World Trade Center, con el muro de contención que lo separaba del río Hudson y que aguantó el envite, y la última columna que mantuvieron en pie y que los trabajadores convirtieron en su propio monumento a las víctimas. Me gustaría entrar y bajar al sótano, un lugar oscuro en el que cuentan que han colocado en la penumbra y bajo puntos de luz los restos fantasmagóricos del atentado: las ropas de una tienda cercana cubiertas de cenizas y partículas, los restos de un camión de bomberos o del fuselaje de un avión. Trágicas esculturas congeladas en el tiempo como en su propia Pompeya.

12.000 objetos se recogieron en los días y meses posteriores al atentado. Miles de ellos han vuelto a los sótanos del Ground Zero, cientos de ellos se exponen. Entre lo archivado: las flores que colocó la gente, los mensajes, los pósters con fotos de desaparecidos, zapatos, gorros, carteras, cascos de bombero, papeles. Una carta en un sobre rojo que iba en uno de los aviones, que alguien se encontró en el suelo y envió a sus destinatarios.

Algunos de los objetos que se exponen en el museo

Jake Barton, Director de la agencia Local Projects, encargada de la parte digital y de nuevos medios del museo, explica cómo quisieron que la exposición cobrara vida y reflejara de alguna manera el impacto mediático y emocional que tuvo en el mundo. «Un tercio de la población mundial presenció los atentados en directo».

De modo experimental, en 2009 crearon «Make History», un espacio en la red en el que todo el que quisiera podía enviar fotos, vídeos, comentarios relacionadas con el atentado: dónde estaban, qué vieron, su punto de vista de los hechos. Cientos de personas enviaron material. Entre todas ellas, alguien envió la foto de un bombero en el Tunel de Brooklyn Battery. En medio de un atasco enorme, los miembros de su unidad dejaron el camión, cargaron con 32 kilos de peso y caminaron dos kilómetros y medio hasta Manhattan. Desde el interior de un coche alguien le fotografió en su carrera, entre las prisas y el caos de alrededor.

Años después, su madre se encontró con la foto: «Mientras veía miles de fotos en el website, de pronto encontré la foto de mi hijo. Verlo supuso un gran impacto emocional y una bendición. Me gustaría agradecer personalmente al fotógrafo que envió la foto, porque para mí significó un mundo. Es probablemente la última foto que alguién tomó de mi hijo».

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3 Responses a “La última foto”

  1. Asier dice:

    Un apunte; El 15 de Enero de 2001 aún faltaba tiempo para el atentado. ¿Igual querías poner Octubre?

    Un saludo

  2. Amaya dice:

    Nerea, vez tras vez te superas. Deberías escribir más. Me has emocionado con tu post. ¡Un beso!

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