diciembre 1, 2014 2

Lágrimas de periodista

Por en General

Una niñita argentina me ha pintado hoy de colores las uñas de los dedos de la mano. Hasta brillantina les ha puesto. Si le dejo, me pinta las de los pies. Nunca antes me habían pintado las uñas.

Hace unos buenos meses, en otro verano austral, muy cerca de este río que tanto me recuerda al Jarama de Sánchez Ferlosio —aunque en nada se le parece—, esta misma niñita me pintó la cara. Luego nos hicimos fotos. Como hoy. No sé si antes me habían pintado la cara.

Lo que sí sé es que nunca antes había visto llorar a los directivos de un diario. Sucedió esta extraña, ubicua e intensa semana. Almorzábamos. Esas empanadas que me saben a gloria. Han sido meses difíciles, de mucha presión. La presión acaba supurando. En la mesa cada uno puso lo mejor de sí mismo, lo más auténtico. Nada va a arreglar la llorera, pero estoy seguro de que por ahí se les ha aparecido un camino de inmensas posibilidades que vale la pena explorar. Imprescindible hacerlo. El mejor periodismo que llevan dentro tiene mucho que ver con abandonarse por ese camino.

En los congresos periodísticos, sin embargo, sólo se habla de teléfonos. No se habla de ninguna otra cosa. Vaya rollo. Es como si habláramos de rotativas, de bobinas de papel o de los motores de los camiones que distribuyen los diarios. Tanta integración nos ha desintegrado el cerebro. ¿El corazón?

A los que quieren hablar de historias se les calla la boca. No tienen autoridad. Telefónica, supongo. Les llaman viejunos. Son tachados de antiguallas. Sólo los ‘avanzados’ digitales tienen la palabra, sólo ellos —parece— saben qué hacer. Al papel, que es lo vuestro, les dicen a los viejunos. Y no se os ocurra salir de ahí. Les conviene mantenerlos a raya, desacreditarlos. ¡Vaya si les conviene!

Pues no, nada de eso.

Hay que combatir de frente las mezquindades que nos matan, tanta estúpida vanidad que es un sumidero por el que se escapa energía a chorros: esa buena onda que necesitan los diarios. Dejar que pase un ángel. Llorar juntos. Humanizar radicalmente las redacciones.

Marcelo, que sabe un rato de esto, piensa como yo. ¿Teléfonos? Conversación.

Esta niñita con nombre de flor es un maravilloso diablillo. Voy a darme un poco de acetona en las manos, que si embarco con estas pintas…

Share

Tags: , , ,

2 Responses a “Lágrimas de periodista”

  1. santi riesco dice:

    Qué buenísimo texto. En forma y, sobre todo, en contenido y fondo. Lo pondría como lectura obligatoria a los alumnos de esta bendita profesión y, sobre todo, lo mandaría a todas las redacciones de medios de comunicación agobiadas por los motores de sus camiones, las bobinas y los malditos teléfonos.

  2. «First Web!».
    Eso es lo que oimos por acá en una redaccion de Medio Oriente.
    El papel es plato de segunda mesa (a ratos), no siempre, pero la tendencia va hacia allá a grandes pasos.
    He terminado de leer el libro «Genealogía de la soberbia intelectual» de Enrique Serna, hay una parte donde habla de que el gusto general de las audiencias se ha degradado debido a la falta de espíritu crítico y porque hay un placer en la evasión de lo que ocurre en el mundo físico. El mundo virtual es un placebo que ayuda a digerir sin saborear la vida diaria.
    Los lectores o las audiencias, estan lobotomizados por pequeñas pantallas luminosas cuyo parloteo se ha convertido en pulso vital.
    Se habla en términos de mercadotecnia de las soluciones BTL (Below the line) que hacen la función de un rifle sniper cuya mira telescópica nos garantiza dar en el blanco, sus balas salen por las pantallas de nuestros telefonos y sí, dan justo en el blanco. Que hacer?
    Por lo pronto; hoy. y seguramente mañana seguire diseñando para, por y desde el papel. La realidad es que sigue vivo.
    Saludos

Deja un comentario

Sitio web