abril 16, 2011 1

Lágrimas en la lluvia

Por en General

En 1961 el cosmonauta ruso Yuri Gagarin es el primer ser humano que viaja al espacio: ve la Tierra como nadie nunca la ha visto antes. Se acaban de cumplir 50 años de su fantástico viaje orbital y pionero. Buscaba respuestas y sólo encontró silencio y belleza. En 1971 la Mars 3, también soviética, es el primer ingenio humano en posarse sobre Marte. En 1982, hace casi treinta años, Ridley Scott imagina en ‘Blade Runner’ el futuro inalcanzable y sin futuro: 2019. En 1991 desaparece la URSS. 2001 es a 1968 lo que 2019 a 1982: Kubrick vislumbra un siglo XXI remoto y fabuloso, aunque el futuro acaba ese año un 11 de septiembre… En 2011 Rosa Montero (Madrid, 1951), recién cumplidos los 60, escribe ‘Lágrimas en la lluvia’, su última novela, ambientada en el Madrid de 2109, un título que hace referencia a la escena culminante de la película de Scott. Lástima que ‘Blade Runner’ sea de 1982, y no de 1981, porque el juego de aniversarios me hubiera quedado perfecto. Pero ya se sabe en periodismo que un dato no debe arruinar nunca un buen titular…

Los Ángeles, 2019: una cortina de agua perpetua, una oscuridad perpetua. No corre el aire. El policía Rick Deckard es humano, pero no sueña. El ‘replicante’ Roy Batty es un ingenio como aquellas naves rusas y estadounidenses lanzadas al espacio, diseñadas para funcionar un tiempo limitado, pero sueña: quiere tiempo. Más humano que los humanos, asume su extinción y regala un tiempo extra al ‘blade runner’, que a pesar de su humanidad —o, precisamente, por eso— también ha sido ‘diseñado’ con fecha de caducidad. No parece darse cuenta de eso en la película, pobre.

‘Blade Runner’ es fascinante y desoladora. La habré visto más de una docena de veces. A veces suelo recitar de memoria la despedida de Roy sobre el tejado, bajo la lluvia: «He visto cosas que vosotros no creeríais…» 2019 es dentro de ocho años. El futuro mañana. Xavi se habrá retirado. También, seguramente, Iniesta. Vivo ya la nostalgia de cuando hoy sea ayer. He visto cosas, diré en 2019: machacar 2-6 al Madrid y dejar el Bernabeu en llamas más allá de Cibeles; brillar como rayos a Messi y a los demás en Roma cerca del arco de Tito; conseguir de nuevo el triplete en 2011… Este Barça, el mejor equipo de la historia, se habrá perdido en 2019 como lágrimas en la lluvia.

Hoy he visto los campos de la Cuenca de un maravilloso verde provisional. Primavera número 45. Me quiero consolar con Rosa Montero: «Escribimos para dar al mal y al dolor un sentido que no tiene. La belleza es la única eternidad posible».

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One Response a “Lágrimas en la lluvia”

  1. Ya se cumplieron 50 años, lo recuerdo como si fuese ayer

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