junio 15, 2012 0

Mimodramas

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H.M. Bateman. El hombre que rompió el tubo (1920)

Para hablar de H.M. Bateman hay que saber mucho de todo esto. Así que hablar de él a la ligera mejor que no. Sólo daré algunos datos para quien no lo conozca y contaré mi experiencia después de ‘encontrarle el otro día’. Había visto ya algunos de sus dibujos pero no les había prestado atención. Y como suele pasar, fue al verlos impresos cuando me enganché. Así que puedo decir que en realidad supe realmente de él hace menos de un mes en la librería Parisina  Comme un roman en la calle Bretagne, a 4 esquinas de la redacción de Libération, donde nos llevó Javier a Michael Agar y a mi en uno de los pocos ratos libres que teníamos durante la tercera semana de mayo. Por cierto, que la librería tenía una sección de comic, una de diseño y una de bibliografía musical para quedarse allí a vivir. En la buena selección está la calidad y calidez de aquel lugar.

A lo que iba. Henry Mayo Bateman (1887-1970), ilustrador inglés nacido en Australia, es heredero de la revolución de la imprenta en 1880, cuando el procedimiento fotomecánico que reemplaza al de planchas de madera favorece la aparición de un sinparar de periódicos y revistas. Empieza a dibujar a los 10 años (en 1897). Decide dedicarse a ello a los 13. A los 14 publica por primera vez., y a los 15 lo hace regularmente. Fue un trabajador precoz, lo que le costó sufrir de estrés demasiado joven (depresión a los 21 años) y estar a punto de retirarse a la Malta a recoger fresas, pero resistió hasta algo más tarde. Esto es medio inventado, pero quedaba bien.

Ahora la editorial Actes-Sud publica una recopilación de sus primeros comics en el libro ‘Mimodramas’. En esta joya encontamos tiras publicadas en la prensa inglesa, pequeñas historias sin palabra bajo un epígrafe o título cuya invención sí puede adjudicársele, donde siguiendo un patrón muy básico de secuencias Bateman hace lo que le de la gana. Sus historias de una a cuatro páginas son pequeñas crónicas que tratan personajes y situaciones contemporáneos a él. Nos podemos hacer perfectamente a la idea de cómo era la vida entreguerras. La actitud de la gente, los conflictos de clases, la mentalidad, los problemas sociales, la cultura, el arte, la tecnología, la industria… todo sale reflejado en estas páginas. Es un buen salto en el tiempo. El punto cínico y de humor negro lo pone él, que era un gran aficionado al teatro, y el tono grotesco de sus dramas a veces da un salto caprichoso a la (ciencia) ficción para mostrar hasta dónde puede llegar la realidad dibujada. En cuanto al mimo, hace tiempo que no disfrutaba tanto de estas representaciones de anatomía, de movimiento (humano y también animal). Qué bueno es dibujando las manos. Y por supuesto, todos los gestos, movimientos, caras. Economizando en la linea para lograr la expresión y el tono adecuados a cada historia.

Las situaciones que cuenta varían. A veces la historia es  excepcional, pero otras puede ser algo que ha podido ver, que le han contado (ahora me acuerdo de Riad Sattouf en ‘la vida secreta de los jóvenes’). La lectura rápida de Bateman funciona de maravilla; es un lenguaje cinematográfico. Pero lo que no permite el cine es la lectura paralela. Si lees cada mimodrama dos veces podrás descubrir en muchos casos la otra historia. Los personajes secundarios tienen una importante función, hasta convertirse a veces en verdaderos protagonistas.

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