diciembre 11, 2012 1

Nacimiento

Por en General

Óscar Niemeyer tuvo el privilegio de inventar una ciudad. Hágase de la nada: y le salió Brasilia. Fascinante. Curvilínea. A los romanos les salía algo más básico, sobre el eje perpendicular de los campamentos de sus legiones, aunque igualmente racional. Cardo y decumana. En la segunda mitad del XIX a Cerdá le salió una malla humanísima con rebajes en las esquinas y patios interiores que nunca veré. No inventó una ciudad, pero casi.

Salvando las distancias, inventar un periódico es otro privilegio. Y no menos fascinante ni curvilíneo. La cosa está llena de intrincados vericuetos, más aún hoy. En medio de la estampida, suena casi a locura o a desfachatez. Yo he tenido la inmensa fortuna de participar en varias invenciones, que quedan grabadas a fuego. Comenzando por aquel ingenuo y remoto Diario de Noticias (España, 1994), luego he visto cómo venían al mundo sucesivamente Diario Libre (República Dominicana, 2001), el primer gratuito distribuido a domicilio del mundo, un verdadero pionero que hoy es líder del mercado, un exitazo; El Economista (España, 2006), que cambió por un tiempo la propuesta de la prensa económica en España; Clave (República Dominicana, 2006), que fue antes digital que impreso, otro pionero… ya extinto; El Mundo (Venezuela, 2009), refundado de sábana, generalista y vespertino a tabloide, financiero y matutino; i (Portugal, 2009), una propuesta conceptual deslumbrante que ahí sigue a trancas y barrancas; o Pulso (Chile, 2011), el nuevo financiero chileno.

Los alumbramientos periodísticos atesoran una mística difícilmente igualable. Se asemejan al de las ciudades porque establecen rutas nuevas por las que transitar y dejarse el alma, precisamente. Así es: hay que darles alma, insuflarles un cierto aliento humanizante que toma su tiempo, como también a los barrios de nueva factura que se arremolinan extramuros. Como a los bebés, que en un primer momento son seres verdaderamente extraños, ¿verdad, Laura, Álvaro?: hace un instante no estaban, ahora sí.

En México hay un gran diario que pronto cumplirá cien años. Niemeyer lo vio nacer. Fue de los más importantes del mundo en lengua española. Luego, se le subió el éxito a la cabeza y si no desapareció casi al final del siglo XX fue por el empeño heroico de sus cooperativistas. En realidad, hacía tiempo que Excelsior había perdido a su búho, es decir, a su alma: ese animalucho que al principio de los tiempos hizo del edificio del Paseo de la Reforma su casa y al que los trabajadores adoptaron como mascota, hasta el punto de incorporarlo a la iconografía corporativa. Ahora Excelsior trata de recuperar aquel esplendor sin búho en portada, aunque encomendándose a la Virgen de Guadalupe, que parece proteger desde su altarcito cada noche el trantrán de sus rotativas. ¡Qué no inventará México!

Pero hablaba de otras invenciones. De paralelismos. De locuras y vértigos emocionantes. Seguirá habiéndolas: seguirán naciendo diarios, por mucho que algunos augures repitan vaticinios negros, negrísimos. Porque los diarios son parte de nuestras vidas. Porque somos mejor personas si hay buenos diarios, y nuestras maravillosas ciudades más habitables. Porque el búho ve mejor en la oscuridad.

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One Response a “Nacimiento”

  1. Álvaro dice:

    Seres extraños sí. Han estado escondidos nueve meses y, de repente, aparecen. Parece magia, un milagro. Y sólo puedes quererles apasionadamente, ¿existe algo más? Gracias

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