diciembre 14, 2012 4

Redacciones

Por en General

En las rampas parisinas de Libération, rue Beránger, se apilan decenas de archivadores con recortes de papel amarilleado, en las paredes conviven con adhesivo pasquines sindicales y portadas muy históricas, a eso de las siete y media comienzan a circular queso y vino, huele todo muy setentoso, y si los baños hablaran…

Sobre la moqueta sueca e inmaculada de Dagens Nyheter el café es gratis, hay cestas con manzanas golden deslumbrantes, la gente se descalza y a veces huele a pies, suena el silencio.

En el majestuoso edificio Eiffel de Les Echos no se escucha ni el silencio, unas lamparitas de mesa dan el aspecto íntimo de cuarto de estar al entorno… y se echa de menos a Sophie.

En Courrier International, junto al Sena, se organizan picnics, más que reuniones tienen lugar asambleas, uno puede toparse con revistas de Birmania y hasta con personajes que las traducen, y, desde luego, es imposible echar de menos a Sophie-Anne.

Semanário Ecónomico se pergeña —es un decir— en la nueva y desolada Luanda, donde las hamburguesas cuestan 60 euros, en un chalecito con recibidor, escalera de madera y hasta dormitorio del director arriba, caro Pedro.

El tercer diario más grande de la India, Malayala Manorama, no tiene una sala de redacción que se le parezca, y sí pequeñas unidades locales con sus cubículos de otro tiempo, ventiladores zumbando para ahuyentar sin éxito el calor pegajoso, mucho bigotón y el té de las cinco tan puntual como el Big Ben.

La redacción de La Nación, en Buenos Aires, se parece en cierto modo a la de Manorama: está en el mismo centro, raro es el día en que no te invitan a picar algo (las mortales empanadas de ‘Los Inmortales’), el mobiliario es viejo viejísimo, doblaespaldas, y tocan el triángulo para llamar a portada.

En el edificio griego y nuevo de Eleftheros Tipos nunca dejaron entrar a la pareja que regentaba la cantina antigua: así les fue con su nave espacial o su barra de alterne, según se mire.

En las afueras de Lisboa la redacción de i tiene una mesa o redondel central que casi siempre estaba vacío (como casi todos los redondeles centrales); en torno al redondel de Jornal de Notícias, en Oporto, se forma por lo común un barullo de padre y señor mío.

Excelsior, en el DF mexicano, quedó huérfano sin su búho, al menos siguen ahí protectores los altarcitos floridos de la Virgen, y huele a tinta que mata.

Dubai es otro planeta y en Al Bayan, ¡ojo!, los urinarios tipo estadio no son urinarios. También es otro planeta, casi siempre, Santo Domingo: Clave se hacía en una antigua sucursal bancaria y su sala de juntas buscaba cobijo dentro de la caja fuerta acorazada.

The New York Times es un atrio espléndido, apabullante, la catedral de los diarios.

En El Diario de Hoy, en San Salvador, la redacción no es catedralicia sino que creció celularmente, sin plan previsto, Juan Pablo II es un trasunto de Big Brother, al fondo del jardín yace varado un vagón de entrevistas, y sobre todo te reciben amablemente con metralletas, no vaya a ser.

En Vicuña Mackenna, La Tercera y Santiago de Chile, vi perder a España con Suiza, del enfado mandé imprudentemente a hacer gárgaras a un directivo, a pesar de eso aún me quieren y Marcelo anda experimenta, experimentando.

Murales tipográficos y coloristas decoran el hogar de Bergens Tidende, donde a las cuatro no queda ni un alma; en Cascavel, Brasil, hay una rotativa de juguete que funciona a golpe de manivela y, entre golpe y golpe, llega el fragor de Iguazú, maravilla.

(…)

En San Juan de Puerto Rico El Nuevo Día y Primera Hora se han fundido en una macrorredacción única que impresiona. Lo han hecho en tiempo récord, siguiendo la pauta solar imperante que tanta urticaria me produce… habitualmente. Y, sobre todo, ellos solitos: han sabido añadirle salsa caribeña, su cariñito, sin consultores vendemotos, embusteros, sacacuartos por ahí danzando. Esta tarde la han llenado de globos rojos. Distintas rondallas cantaban la Navidad a su manera. Con estrépito. Un liazo.

Las redacciones son espacios habitados por periodistas que procuran escuchar la vida y contarla. Personas. Las mejores son las más creíbles, aquellas en las que los periodistas no se sienten disfrazados sino en casa; las que no se concibieron para fardar en revistas de interiorismo ni para acoger a expediciones papanatas de la WAN. Afortunadamente, el futuro de nuestros diarios no tiene nada que ver con la arquitectura de nuevo rico. Pensaba en todo esto —entre globos— cuando casi me he puesto a bailar un merenguito.

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4 Responses a “Redacciones”

  1. pablo dice:

    JARRRRRRRRRRRRRR

  2. Rosa dice:

    Bien, bueno, completo, explicativo… La repera

  3. […] apropio de este post ajeno como felicitación navideña, especialmente para todos los que habéis pisado alguna vez una […]

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