febrero 2, 2011 0

Retículas naturales

Por en General

Gracias a Gazeta do Paraná, que acabamos de rediseñar en Cascavel, Brasil, esta mañana teníamos el privilegio de visitar un lugar único: las cataratas de Iguazú. El espectáculo es de tal calibre que se escapa a la mediocre escala de un europeo. Tanto viaje y tanto avión a veces tienen recompensa. A Ana y a mí hoy nos tocó el gordo. Hemos paseado atónitos durante todo el tiempo, sin importarnos la lluvia ni el vapor de agua, que lo empapa todo. Sin pronunciar palabra. Admirados. Sobrecogidos. Pensaba ante tanta maravilla en el esplendor. Uno lo encuentra cuando menos lo espera. En medio de la cuesta de enero, por ejemplo. Pensaba también en lo difícil que es compartir ese esplendor y en que, en definitiva, discurrimos muy solos por este mundo.

Y pensaba también, maldita deformación profesional, en que la naturaleza no entiende de retículas: el agua se desploma en Iguazú por cada rendija, libremente. Segura de sí misma. He sonreído al recordar el acalorado debate que tuvo distraídos durante décadas a diseñadores y artistas hasta el punto de aglutinarlos en dos escuelas mortalmente enfrentadas: ¿diseño con o sin retícula? Estoy convencido de que la retícula es para los que, como yo, necesitan referencias. A falta de creatividad, la retícula ofrece seguridad. Y así uno transita por la profesión —y por la vida— disimulando sus carencias. Gran invento éste de la retícula.

La única pieza que no encaja en Iguazú es una pasarela construida en el lado brasileño para que los turistas se planten confiados en medio del abismo: pura retícula. Una fea estructura de hormigón con la que los humanos creemos que hemos sometido al esplendor. No conformes con la contemplación y el asombro, trazamos con regla y cartabón artefactos como la dichosa pasarela para poder ‘tocar’ —incrédulos— las cosas. La otra cara de la civilización y de la ambición. ¡Si hasta el cielo es hoy una profusa retícula de autopistas aéreas!.

Claro que la retícula nos ayuda también a comprender. O, al menos, eso pensaba en el camino de vuelta, con el estruendo de las cataratas al fondo.

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