mayo 15, 2011 1

Diarios silenciosos, diarios sorpresa

Por en General

Leo estos días que el cerebro humano consume lo mismo que una bombilla: unos 20 vatios. Cien mil millones de neuronas y todas las sinapsis entre ellas que nos definen como especie están concentradas en una masa de apenas kilo y medio de peso que se desarrolló durante millones de años antes de alcanzar su actual esplendor. Un esplendor que sólo precisa de 20 vatios. Qué maravilla.

También leo que trece instituciones europeas han lanzado un proyecto científico de gran alcance (Proyecto Cerebro Humano, HBP por sus siglas en inglés) para tratar de descubrir cómo el cerebro es capaz de autocomprender y de autorrepararse tan ecológicamente. Prometen luz para combatir enfermedades, medicina a la carta… Disculparéis mi escepticismo. Sobre el éxito del proyecto, quiero decir. Estoy seguro de que el cerebro, como el corazón, va a seguir siendo siempre una incógnita. Y que en ese ser inasible radica precisamente su potencia. Su grandeza. Lo mejor y lo peor de nosotros. El misterio, que es lo más bonito y lo más terrible de la vida.

No sé definir el misterio mejor que Félix Grande. Grande acaba de presentar ‘La cabellera de Shoá’, un poemario de mil versos que pone fin a cuatro décadas de silencio literario. Un silencio no buscado sino resignado. Doliente. «Si no llegan las palabras, es que no las mereces», ha dicho. El cerebro del poeta decidió callar —callarle— y él respetar ese silencio. ¿No es la ausencia de palabras durante cuarenta años un tremendo misterio?

La poesía ha regresado a Grande después de una visita a Auschwitz, donde descubrió —cuenta— 1.950 kilos de pelo de mujer que ocupaban un mueble de 14 metros. De esa «pesadumbre craneana» resonaron estos versos nuevecitos:

«Ésta es la cabellera de la Shoá.
Calla más que el silencio y está ciega.
Lo ve todo. Retumba».

Leo a Félix Grande y siento mucha vergüenza. Hablamos, hablamos, hablamos. Escribimos sin parar. Llenamos páginas con historias que no son historias. Nos mostramos impúdicos en blogs como éste. La tecnología ha venido para hacer menos ensordecedor el silencio y con ella satisfacemos nuestra vanidad y seguimos engañándonos. ¡Es tan fácil y tan barato cotorrear!

No nos merecemos las palabras. Aún así seguimos sin escuchar el silencio. «No basta con escribir sobre temas eternos para asegurarnos la eternidad», advierte el poeta. No creo que los periodistas busquemos la eternidad con lo que escribimos. Sería demasiado presuntuoso. Sin embargo, el misterio nos pone muy nerviosos y procuramos taparlo con algunos mecanismos de seguridad. Uno, y no el menos importante, es el de la paginación.

Mañana es lunes. Me encantaría que mi diario de siempre me estuviera esperando en la alfombrilla de casa de esta guisa: «Hoy no tenemos nada digno de contar. Que tenga un buen día». Me ducharía, desayunaría mi fruta y saldría a la calle informado. Hablaría luego con mis compañeros de trabajo sobre la ausencia de noticias, que llenaría toda la conversación del café. No se me ocurriría conectarme a internet para comprobarla. En lugar de 80 páginas, el diario ocuparía apenas una cuartilla.

Pasado mañana, martes, en cambio, el mismo diario podría venir así: «Nada en Internacional. Nada en Economía. Pero en la sección Local traemos una historia —y sólo una— que no le va a dejar impasible». Sería un diario de —pongamos— 16 páginas. Fantástico. Sin complejos. Sin compararse con la competencia. También el martes saldría a la calle seguro e informado. El miércoles, pudiera ser, el diario vendría con 120 páginas llenas de sorpresas inesperadas, de nuevas secciones nunca antes vistas, por supuesto de historias y de matices. El jueves…

Me imagino un diario atento al silencio de las palabras, misterioso y ecológico, y me apetece comprarlo para entender mejor el mundo. Ese diario sí. ¿Muy ingenuo por mi parte?

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One Response a “Diarios silenciosos, diarios sorpresa”

  1. URBANO ANSA dice:

    Ya lo decía Henry Fielding (1707-1754) Novelista, autor teatral y jurista inglés:

    «Un periódico consta siempre del mismo número de palabras, haya noticias o no las haya».

    Y contar historias con el silencio es difícil pero no imposible. Aunque una imagen valga por mil palabras otra cosa será su interpretación… Pues en eso estamos…

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